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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-10-2009

El socialismo del siglo XXI en su contexto histrico

James Petras
Rebelin

Traducido para Rebelin por S. Segu


Introduccin

La victoria electoral de gobiernos de centro-izquierda en al menos tres pases de Amrica Latina y la bsqueda de una nueva identidad ideolgica con que justificar su poder, ha conducido a idelogos y gobernantes a abrazar la idea de que representan una nueva versin del socialismo, propia del siglo XXI. Destacados escritores, acadmicos y portavoces de estos gobiernos celebran una variante totalmente nueva del socialismo, completamente distinta de lo que llaman el fallido socialismo del siglo XX, es decir, el socialismo de estilo sovitico. Los defensores y publicistas del socialismo del siglo XXI aseguran que se trata de un nuevo modelo poltico-econmico, basado en lo que ellos consideran una ruptura radical tanto con el neoliberalismo de libre mercado de los gobiernos precedentes, como con la anterior versin estatista del socialismo, encarnada por la antigua Unin Sovitica, China y Cuba.

En este trabajo procederemos a examinar las diferentes crticas planteadas por el nuevo socialismo tanto al neoliberalismo como al socialismo del siglo XX, la autenticidad de sus afirmaciones de novedad y originalidad, y realizaremos un anlisis crtico de su desempeo real.

La crtica del neoliberalismo

El aumento del nmero de gobiernos que se adscriben al socialismo del siglo XXI fue resultado de la crisis y desaparicin de los gobiernos neoliberales que dominaban Amrica Latina desde mediados de la dcada de 1970 hasta finales de la dcada de 1990. Su desaparicin se vio acelerada por una serie de levantamientos populares que impulsaron el ascenso de gobiernos de centro-izquierda con programas de rechazo de las doctrinas socioeconmicas neoliberales y la promesa de cambios fundamentales a favor de las grandes mayoras. Si bien existen importantes diferencias programticas entre los diferentes gobiernos de este grupo, todos comparten una crtica comn a seis caractersticas de las polticas neoliberales:

(1) rechazan la idea de que el mercado deba tener prioridad para el Estado y dominar a ste, es decir, que la lgica de la clase capitalista de maximizacin del beneficio deba dar forma a las polticas pblicas. El colapso del capitalismo de mercado en la recesin de 2000-2002 y el empobrecimiento masivo desacreditaron la doctrina de los mercados racionales, a medida que crecan las quiebras empresariales y bancarias, que la clase media perda sus ahorros, y las calles y plazas se llenaban de obreros y campesinos desempleados;

(2) los gobiernos del socialismo del siglo XXI condenan la desregulacin de la economa que condujo al auge de los especuladores en detrimento del capitalismo productivo. Bajo la gida de los dirigentes neoliberales, la legislacin reglamentaria adoptada desde la Gran Depresin fue derogada y en su lugar las polticas de control de capitales y la supervisin financiera se suspendieron en favor de un sistema de autorregulacin, en el que los agentes del mercado establecieron sus propias normas, lo que condujo, segn sus crticos, a la especulacin, las estafas financieras y el saqueo de las tesoreras pblicas y privadas;

(3) el predominio de las finanzas sobre la produccin es la pieza central del discurso anticapitalista de los gobiernos del socialismo del siglo XXI. Hay implcita una diferenciacin entre el mal capitalismo, que obtiene riquezas sin producir bienes, y el buen capitalismo que supuestamente produce valor de utilidad social;

(4) relacionada con esta crtica global del neoliberalismo, hay una crtica concreta de la reduccin de las barreras arancelarias, la privatizacin de empresas pblicas por debajo de su valor real de mercado, la desnacionalizacin de la propiedad de los recursos estratgicos, y el crecimiento masivo de la desigualdad;

(5) el socialismo del siglo XXI asegura que los gobiernos neoliberales entregaron las palancas de la economa a banqueros privados y extranjeros (como el FMI) que impusieron medidas deflacionarias en lugar de reflotar la economa a travs de transfusiones de gasto pblico. Los dirigentes polticos de centro-izquierda utilizan esta crtica del neoliberalismo y la promesa implcita de una ruptura futura decisiva con el capitalismo neoliberal, sin comprometerse a una ruptura concreta con el capitalismo de otras variedades;

(6) mientras que la crtica de los gobiernos de centro-izquierda atrajo a las clases populares, su rechazo al socialismo del siglo XX iba dirigido a la clase media y a tranquilizar a las clases productivas (empresarios), asegurando que no iban a invadir la propiedad privada en su conjunto.

Crtica al socialismo del siglo XX

En una especie de acto de equilibrio poltico a su oposicin al neoliberalismo, los defensores del socialismo del siglo XXI tambin se distancian de lo que denominan socialismo del siglo XX. En parte como una tctica poltica para desarmar o neutralizar a los numerosos y poderosos crticos de los gobiernos socialistas del pasado, en parte como afirmacin de un socialismo en sintona con los tiempos, el socialismo del siglo XXI hace la siguiente crtica del anterior socialismo, a la vez que pone de relieve sus diferencias con el mismo:

(1) el socialismo del pasado estaba dominado por una burocracia de mano dura, que realizaba una mala asignacin de recursos y ahogaba la innovacin y la eleccin personal;

(2) el viejo socialismo era profundamente antidemocrtico, tanto en la forma de gobierno, como en la organizacin de elecciones y el Estado de partido nico. La represin de los derechos civiles y de todo tipo de mercado forma parte de la narrativa del socialismo del siglo XXI;

(3) el socialismo del siglo XXI relaciona la democracia como sistema con la va electoral al poder o la alternancia en el gobierno; condena los cambios de gobierno producidos por la lucha armada, y especialmente los movimientos guerrilleros, aunque los tres gobiernos adscritos al socialismo del siglo XXI llegaron al poder mediante elecciones que siguieron a levantamientos populares;

(4) uno de los principales argumentos de los gobiernos del socialismo del siglo XXI es que en el pasado, los socialistas no tenan en cuenta las especificidades de cada pas. Concretamente, destacan las diferencias en materia racial, tnica, geogrfica, cultural, de tradiciones y prctica histrica, etc. que ahora son tenidas en cuenta en la definicin de socialismo del siglo XXI;

(5) en relacin con el punto anterior, el socialismo del siglo XXI hace hincapi en la nueva configuracin global de poder del presente siglo, que da forma a las polticas y potencialidades del nuevo socialismo. Entre los nuevos factores citan la desaparicin de la antigua URSS y la conversin de China al capitalismo; el descenso relativo de una economa mundial centrada en EE.UU.; el crecimiento de Asia, especialmente China; la emergencia de iniciativas regionales promovidas por Venezuela; el aumento de los gobiernos de centro-izquierda en toda Amrica Latina, y unos mercados diversificados, en Asia, en Amrica Latina, Oriente Prximo y otros lugares;

(6) los gobiernos del socialismo del siglo XXI afirman que la nueva configuracin de la sociedad y el Estado no es una copia de otros Estados socialistas, pasados o presentes. Es casi como si cada medida, poltica o institucin fuese un diseo del actual rgimen. La originalidad o novedad es un argumento que permite reforzar la legitimidad del rgimen ante las crticas externas e internas de la derecha anticomunista, y permite tambin descartar las crticas de fondo de la izquierda;

(7) los gobiernos del socialismo del siglo XXI hacen hincapi en el hecho de que el liderazgo no tiene vnculos pasados o presentes con el comunismo, y en el caso de Bolivia y Ecuador rechazan abiertamente el marxismo como instrumento de anlisis o como base de formulacin de polticas. La excepcin es el presidente Hugo Chvez, cuya ideologa es una mezcla de marxismo y nacionalismo vinculado al pensamiento de Simn Bolvar. Tanto Rafael Correa como Evo Morales evitan las divisiones de clase, y les contraponen la revolucin ciudadana contra una oligarqua de partidos corrupta, en el caso del primero, y las comunidades indgenas andinas culturalmente oprimidas contra una oligarqua europea.

Crtica de los gobiernos socialistas del siglo XXI

Si bien los gobiernos del socialismo del siglo XXI afirman, ms o menos claramente, lo que no son y lo que rechazan del pasado, a izquierda como a derecha, a la vez que plantean en trminos generales lo que son, sus prcticas, polticas y configuraciones institucionales arrojan serias dudas sobre sus pretensiones revolucionarias, su originalidad y su capacidad para satisfacer las expectativas de su electorado popular.

Aunque una serie de idelogos, lderes polticos y publicistas se refieran a s mismos como socialistas del siglo XXI, hay entre ellos una gran variedad de diferencias en la teora y la prctica. Un examen crtico de las experiencias de cada uno de los pases pondr de relieve tanto las diferencias entre los gobiernos como la validez de sus pretensiones de originalidad.

Venezuela: la cuna del socialismo del siglo XXI

El presidente Hugo Chvez ha sido el primer y principal defensor y practicante de socialismo del siglo XXI. Aunque otros presidentes y publicistas de Amrica Latina, Amrica del Norte y Europa se hayan subido a este carro, no hay una prctica uniforme que coincida con la retrica pblica.

En muchos sentidos, el discurso del presidente Chvez y las polticas del gobierno venezolano definen los lmites radicales del socialismo del siglo XXI, tanto en trminos de su poltica exterior, que desafa las polticas de guerra de Washington, como en trminos de las reformas internas de tipo socioeconmico. Sin embargo, aunque el modelo venezolano de socialismo del siglo XXI tiene rasgos innovadores y novedosos, tiene tambin fuertes semejanzas con las reformas de anteriores regmenes populistas-radicales de Amrica Latina y Europa que configuraron estados de bienestar.

La novedad ms llamativa y rasgo ms original de la versin venezolana del socialismo del siglo XXI es la fuerte mezcla de nacionalismo histrico bolivariano, marxismo del siglo XX y populismo latinoamericano. La concepcin del nuevo socialismo que tiene el presidente Chvez tiene su origen intelectual y se legitima en una escrupulosa lectura de los escritos, los discursos y las acciones de Simn Bolvar, padre fundador de la independencia de Venezuela en el siglo XIX. La concepcin de una ruptura profunda con las potencias imperiales, y su dependencia del apoyo de las masas en contra de las lites nacionales poco fiables capaces de vender al pas para defender sus privilegios est profundamente arraigada en sus lecturas de la ascensin y cada de Simn Bolvar. Sin pretextar una identificacin entre Bolvar y marxismo, el presidente insiste en el carcter endgeno y las races nacionales de su ideologa y su prctica. Si bien apoya a la revolucin cubana y mantiene una estrecha relacin con Fidel Castro, es evidente que no hace ningn esfuerzo por asimilar o copiar el modelo cubano, aunque adapte a la realidad venezolana determinadas caractersticas de sus organizaciones de masas.

Su prctica econmica incluye la nacionalizacin y la expropiacin (con indemnizacin) de amplios sectores de la industria del petrleo; la nacionalizacin de empresas clave sobre la base de consideraciones polticas pragmticas, entre otras los conflictos entre trabajadores y capital (sectores del acero, cemento, telecomunicaciones); y la bsqueda de una mayor seguridad alimentaria (reforma agraria). Su programa poltico incluye la formacin de un partido socialista de masas que compita en el marco de un sistema pluripartidista, y la convocatoria de referndums libres y abiertos para asegurar las reformas constitucionales. La novedad consiste en el fomento del autogobierno local, mediante la formacin de consejos comunales no partidistas, basados en los barrios, con el fin de evitar el peso muerto de una burocracia ineficiente, hostil y corrupta. El objetivo de Chvez parece ser el de la sustitucin de unas polticas electorales representativas, dirigidas por la clase poltica profesional, por un sistema de democracia directa basado en la autogestin en fbricas y barrios. En trminos de poltica social, se ha financiado una gran cantidad de programas destinados a elevar el nivel de vida del 60% de la poblacin, que incluye a la clase obrera, los trabajadores autnomos, los pobres, los campesinos y las mujeres cabeza de familia. Estas reformas incluyen la atencin mdica y la educacin hasta la universidad, ambas con carcter universal y gratuito. Asimismo, la contratacin de ms de 20.000 mdicos, dentistas y tcnicos cubanos, y un programa masivo que abarca la construccin de clnicas, hospitales y unidades mviles que circulan por todo el interior del pas y prioriza los vecindarios de bajos ingresos, ignorados por los anteriores gobiernos capitalistas privados y los mdicos privados. El rgimen de Chvez ha construido y financiado una amplia red de supermercados de gestin pblica que venden alimentos y artculos domsticos a precios subvencionados a las familias de bajos ingresos. En materia de poltica exterior, el presidente Chvez se ha opuesto sistemticamente a las guerras de EE.UU. en Oriente Prximo y Asia Meridional, y a toda la justificacin de las guerras imperiales basada en la doctrina de la Guerra contra el terrorismo.

Qu hay de nuevo en el socialismo del siglo XXI venezolano?

Varias preguntas surgen en relacin con la versin venezolana de socialismo del siglo XXI: primera, es realmente socialista o, mejor an, representa una ruptura con el socialismo del siglo XX en todas sus variantes?; segunda: cul es el equilibrio entre los rasgos capitalistas anteriores y actuales de la economa, y las reformas socialistas introducidas durante el decenio de Chvez?; tercera, en qu medida los cambios sociales han reducido las desigualdades y proporcionan una mayor seguridad a la masa de la poblacin en este perodo de transicin?

Hoy Venezuela es una economa mixta, con un sector privado que sigue siendo predominante en bancos, agricultura, comercio y comercio exterior. La propiedad estatal ha crecido, y las prioridades sociales nacionales dictan la asignacin de los recursos petroleros. Si bien la economa mixta de Venezuela se asemeja a las economas de la primera poca posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa, hay una diferencia clave: el Estado posee el sector de exportacin ms lucrativo y la principal fuente de ingresos de divisas.

Aunque el gobierno ha incrementado el gasto social en magnitudes comparables o superiores a algunos de los primeros gobiernos socialdemcratas, no ha reducido la gran concentracin de la riqueza ni los ingresos de las clases altas por medio de altos tipos impositivos progresivos, como en Escandinavia y otros lugares. Las desigualdades siguen siendo mucho mayores que las que existan en siglo XX, y son comparables a las restantes sociedades latinoamericanas de hoy. Adems, los niveles medio-alto y alto de la burocracia estatal, especialmente en el sector del petrleo e industrias afines, tienen niveles de remuneracin que son comparables a sus homlogos capitalistas, como sucedi con las industrias nacionalizadas en Gran Bretaa y Francia.

La autogestin de las empresas pblicas, una idea relativamente nueva en Venezuela, ha ido ms all de los lmites de los programas de coparticipacin socialdemcrata aplicados en Alemania, y se limita a menos de media docena de grandes empresas, muy lejos de las extensas redes a escala nacional existentes en la Yugoslavia socialista entre los aos 1940 y 1980.

Las propuestas de reforma agraria del rgimen, aunque radicales en su intencin y promovidas por la fuerza por el presidente Chvez, no han podido cambiar la relacin entre los trabajadores agrcolas, los campesinos y los grandes terratenientes. Cuando se han hecho progresos en la distribucin de la tierra, la burocracia gubernamental no ha proporcionado a los beneficiarios de la reforma los servicios de extensin, financiacin, infraestructuras y seguridad.

La Guardia Nacional, por accin u omisin, no ha conseguido poner fin a los asesinatos de dirigentes y defensores de la reforma agraria a manos de pistoleros a sueldo de los terratenientes. A finales de 2009, hay ms de 200 asesinatos de campesinos sin resolver.

Mientras que los publicistas de socialismo del siglo XXI han hecho hincapi en las nacionalizaciones de las empresas de petrleo de los anteriores propietarios, no dan cuenta del creciente nmero de nuevas empresas conjuntas establecidas con compaas transnacionales de China, Rusia, Irn y la Unin Europea. En otras palabras, mientras que el papel de algunas transnacionales de EE.UU. ha disminuido, la inversin de capital extranjero en los sectores de la minera y el petrleo se ha incrementado, especialmente en los extensos yacimientos del Orinoco. Aunque el cambio de socios de inversin en el mbito del petrleo reduce la vulnerabilidad estratgica de Venezuela a las presiones de EE.UU., no por ello se potencia el carcter socialista de la economa. Las empresas conjuntas aaden peso al argumento de que la economa basada en empresas de propiedad pblico-privada se aproxima al modelo de la socialdemocracia de mediados del siglo XX.

El aspecto ms cuestionable de la autoafirmacin de Venezuela en el socialismo es su ininterrumpida dependencia de un nico producto el petrleo en un 70% de sus ingresos de exportacin, y su dependencia de un mercado nico Estados Unidos, un socio comercial abiertamente hostil y desestabilizador. Los esfuerzos del gobierno venezolano por diversificar sus socios comerciales adquieren mayor urgencia tras el pacto militar de Obama con el presidente colombiano lvaro Uribe, de instalacin en siete bases militares. Igualmente amenazador para la base de masas de la va de Chvez al socialismo es la altsima tasa de delincuencia basada en el crecimiento de un lumpenproletariado, y en sus vnculos con el narcotrfico colombiano y funcionarios civiles y militares. En muchos barrios populares, los delincuentes compiten con los lderes de los consejos comunales por la hegemona, utilizando los disturbios y la violencia para ejercer su dominio. La ineficacia del Ministerio del Interior y de la polica, y la falta de una estrecha relacin de trabajo con las organizaciones de barrio representan una seria debilidad en la movilizacin de la sociedad civil, y marcan una limitacin en la eficacia del movimiento de los consejos comunales.

Las importantes reformas introducidas por el gobierno de Chvez y la original sntesis de anticolonialismo de emancipacin bolivariano con el marxismo y el antiimperialismo marcan una ruptura con las prcticas neoliberales predominantes generalizadas en Amrica Latina en el cuarto de siglo anterior, que siguen vigentes en numerosos gobiernos contemporneos de otro signo.

Lo qu es dudoso, sin embargo, es si todos estos cambios equivalen a una nueva versin del socialismo, dado el predominio de las relaciones de propiedad capitalista en los sectores estratgicos de la economa, y las desigualdades de clase persistentes tanto en el sector pblico y privado.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que el socialismo no es un concepto esttico, sino un proceso continuo, y que la mayor parte de las medidas recientes tienden a ampliar el poder popular en las fbricas y los barrios.

Ecuador

En Ecuador, el presidente Correa ha adoptado la retrica del socialismo del siglo XXI y ha ganado credibilidad con varias de sus iniciativas de poltica exterior, entre otras la terminacin del contrato de arrendamiento a EE.UU. de la base militar de Manta, el cuestionamiento de una parte de la deuda externa contrada por los gobiernos anteriores, la crtica de las incursiones transfronterizas de Colombia y el asalto militar de un campamento clandestino de la guerrilla colombiana, as como su crtica a los tratados de libre comercio con EE.UU. y su apoyo al programa de integracin regional de Venezuela, el ALBA (Alternativa Bolivariana para las Amricas). Numerosos medios, entre otros el New York Times, el Financial Times y periodistas de izquierda, del Norte y el Sur, han calificado al presidente Correa como parte de una nueva ola de presidentes izquierdistas.

En cuanto a los asuntos de poltica interna, la pretensin del presidente Correa de ser miembro fundador del socialismo del siglo XXI se basa en su crtica de los partidos de derecha tradicionales y de la oligarqua. En otras palabras, su socialismo se define por aquellos a los que se opone, ms que por ningn cambio social estructural.

Sus principales logros nacionales giran en torno a su denuncia de los principales partidos electorales, su apoyo y el liderazgo del movimiento ciudadano, y su xito en el derrocamiento del gobierno derechista respaldado por EE.UU. de Lucio Gutirrez, su convocatoria de una Asamblea Constituyente, y la redaccin de una nueva constitucin. Estas transformaciones jurdicas y polticas definen el lmite exterior del radicalismo de Correa y conforman las bases sustantivas de su pretensin de ser un socialismo del siglo XXI. Si bien estas decisiones de poltica exterior y estos cambios polticos nacionales, especialmente si se observan en el contexto de un aumento de los gastos sociales durante sus primeros tres aos de mandato, permiten calificar al gobierno ecuatoriano como de centro-izquierda, no son suficientes o no equivalen a un programa socialista, en particular al observarlos en una matriz estructural socioeconmica ms amplia.

Crtica del socialismo del siglo XXI ecuatoriano

La diferencia ms notable respecto a cualquier reivindicacin creble del socialismo es la persistencia y la expansin de la propiedad privada capitalista extranjera de los recursos estratgicos minerales y energticos: el 57 por ciento del petrleo ecuatoriano lo producen transnacionales extranjeras. Se han firmado o renovado contratos de gran escala y largo plazo que garantizan el control mayoritario por parte de empresas transnacionales de los sectores que proporcionan la mayor parte de los ingresos por exportaciones. Y lo que es peor, Correa ha reprimido y rechazado violentamente las reclamaciones de larga data de las comunidades indgenas amaznicas y andinas que viven y trabajan en las tierras otorgadas a las transnacionales mineras. Al rechazar las negociaciones, Correa ha descalificado a los cuatro grandes movimientos indgenas y sus aliados ecologistas tildndolos poco menos que de ser un puado de elementos atrasados, si no algo peor. La contaminacin de las aguas, el aire y la tierra, que produce graves enfermedades y muertes, por las compaas petroleras extranjeras ha quedado demostrado en los tribunales de EE.UU., donde Texaco se enfrenta a una denuncia que puede costarle millones de dlares. A pesar de las sentencias judiciales adversas, Correa ha continuado su esfuerzo para hacer de la explotacin minera de exportacin el elemento central de su estrategia de desarrollo.

A la vez que ha atacado vigorosamente a la clase capitalista agroexportadora de la costa, centrada en Guayaquil, Correa ha apoyado decididamente y subvencionado a los capitalistas de Quito (zona andina). Su retrica antioligarquca no es ciertamente una retrica anticapitalista, como su respaldo del socialismo del siglo XXI pudiera indicar.

El xito del presidente Correa en la creacin de un movimiento electoral ciudadano de masas se mide por sus impresionantes victorias electorales, que le han asegurando mayoras presidenciales en competencia multipartidista, y de ms del 70 por ciento en las elecciones constitucionales. A pesar de su popularidad, el respaldo popular de Correa se basa principalmente en concesiones a corto plazo, en forma de aumentos salariales y concesin de crditos a la pequea empresa, medidas que no son sostenibles en esta fase de comienzos de la recesin mundial. La concesin de monopolios de telecomunicaciones a empresas privadas, su oposicin a la reforma agraria, y las restricciones a los movimientos huelguistas, aunque no han provocado problemas sistmicos han producido un nmero creciente de huelgas y protestas. Ms importante an, el fortalecimiento capitalista, sobre todo de propiedad extranjera, del control estratgico de la banca; la exportacin comercial; y los sectores mineros, reducen las pretensiones de socialismo del siglo XXI a un ejercicio meramente simblico, retrico. Lo que es evidente es que la base del nuevo socialismo se basa en decisiones de poltica exterior (susceptibles de ser revertidas), en lugar hacerlo en cambios en las relaciones de clase, la propiedad y el poder popular. El socialismo del siglo XXI, en el caso de Ecuador, aparece como una forma conveniente de combinar unas acciones innovadoras de poltica exterior con una estrategia de desarrollo neoliberal de modernizacin. Por otra parte, las medidas radicales iniciales no se oponen a un posterior retroceso conservador, como se evidencia en el cuestionamiento de la deuda externa, que caus una explosin prematura de alegra por parte de la izquierda, y un posterior regreso a los pagos completos de la deuda.

El socialismo boliviano: capital blanco, trabajo indio

El mayor contraste entre el socialismo del siglo XX y el del XXI se observa entre el rgimen actual de Evo Morales (2005-) y la presidencia de corta duracin Juan Jos Torres (1970-1971).

Mientras que el primero ha invitado, abierta y pblicamente, a las compaas transnacionales de los cinco continentes a explotar el gas, el petrleo, el cobre, el hierro, el litio, el zinc, el estao, el oro, la plata y una larga lista de otros minerales; en el siglo, el corto gobierno de Torres nacionaliz y expropi las empresas capitalistas nacionales y extranjeras. Mientras que en la actualidad se han repatriado miles de millones de beneficios durante y despus del boom de los productos bsicos, en tiempos de Torres, el control estatal sobre los flujos de capital y el comercio exterior limit la descapitalizacin del pas. A la vez que Evo Morales ofrece cientos de millones en prstamos, subvenciones a la exportacin e incentivos fiscales a los exportadores agrcolas ms ricos, y expulsa de las grandes propiedades a los ocupantes indgenas sin tierra, en la presidencia de Torres se foment la toma de tierras, como medio de profundizar las polticas de reforma agraria. Hay una abundancia de datos socioeconmicos que demuestran que las polticas socialistas emprendidas durante la presidencia de Torres son diametralmente opuestas a las polticas sociales liberales practicadas por el rgimen de Morales. En las secciones siguientes se destacan las principales polticas sociales y liberales del rgimen de Morales, a fin de evaluar el verdadero significado del autoproclamado socialismo del siglo XXI en Bolivia.

Los cambios sociales

En sus primeros cinco aos en el poder (2005-2009), el gobierno de Evo Morales ha llevado a cabo numerosos cambios sociales. La cuestin es si estos cambios equivalen a alguna de las definiciones ms generosas de socialismo, o incluso a medidas de transicin conducentes al socialismo en un futuro cercano o lejano, dado el alcance y la profundidad de las polticas econmicas liberales adoptadas.

Morales ha implementado cambios sociopolticos en nueve mbitos. El cambio interno ms significativo es en el mbito poltico, cultural y de derechos jurdicos de los pueblos indgenas. El rgimen ha reconocido derecho de autogobierno a los municipios indgenas, ha reconocido y promovido el bilingismo en los asuntos locales y la educacin, y ha dado rango nacional a las celebraciones de religiosas y festivas indgenas, a la vez que promueve la persecucin de los que violen o vulneren los derechos civiles de los indgenas.

Con Morales, el Estado ha aumentado ligeramente su cuota de ingresos provenientes de las empresas conjuntas establecidas con corporaciones transnacionales, ha aumentado el precio del gas vendido a Brasil y Argentina, y tambin el porcentaje del ingreso destinado al gobierno estatal por encima y en detrimento de los gobiernos provinciales. Dados los precios rcord de las exportaciones agrcolas y mineras de Bolivia entre 2005 y 2008, los municipios locales aumentaron su flujo de ingresos, si bien en realidad las inversiones en los sectores productivos y de servicios se han retrasado a causa de obstculos burocrticos.

Morales autoriz aumentos sustanciales del salario mnimo y los salarios en general, con lo que ha mejorado marginalmente las condiciones de vida. Los aumentos, sin embargo, estaban muy por debajo de las promesas electorales de Morales de duplicar el salario mnimo, y ciertamente no son equiparables a los beneficios extraordinarios obtenidos como resultado del auge de las materias primas.

El juicio abierto a funcionarios locales y al gobernador provincial de Pando, as como a los terroristas de derecha, por el ataque y asesinato de activistas indgenas ha puesto fin a la impunidad de las agresiones contra los ciudadanos indgenas.

El xito del que ms satisfecho est el gobierno es la acumulacin de reservas de divisas por un monto de 6.000 millones de dlares, en lugar de las anteriores de 2.000 millones; la disciplina fiscal y el control estricto del gasto social; y una balanza de pagos favorable. En este sentido, las prcticas de Morales han estado ms en consonancia con el FMI que con nada remotamente parecido a las prcticas expansivas de los gobiernos socialistas y socialdemcratas.

Triplicar las reservas ante una continuidad de los niveles de pobreza del 60 por ciento de la poblacin indgena, en su mayora rural, es una poltica nueva para cualquier gobierno que se pretenda socialista. Ni siquiera otros pases capitalistas contemporneos de Amrica del Norte y la Unin Europea han sido tan ortodoxos como el rgimen poltico revolucionario de Morales.

Morales ha promovido las organizaciones sindicales y sobre todo ha evitado la represin de los movimientos mineros y movimientos campesinos, pero al mismo tiempo ha cooptado a sus dirigentes, disminuyendo as el nmero de huelgas y demandas colectivas independientes, a pesar de las persistentes desigualdades sociales. De hecho, una mayor tolerancia va acompaada por una relacin corporativista creciente entre el rgimen y los sectores populares de la sociedad civil.

La estrategia econmica del gobierno se basa en una triple alianza entre las transnacionales agroindustriales y de minerales, los capitalistas de las pequeas y medianas empresas, y los movimientos indgena y sindical. Morales ha invertido millones de dlares en subvencionar a las denominadas cooperativas, que son en realidad propiedades privadas de minas de pequeo y mediano tamao que explotan el trabajo asalariado con remuneraciones iguales o inferiores al salario normal de los mineros de las grandes explotaciones.

Los principales cambios se dan en su poltica exterior y en la retrica internacional. Morales se ha alineado con Venezuela en apoyo a Cuba, se ha incorporado a ALBA, ha desarrollado los lazos con Irn, y, sobre todo, se ha opuesto a la poltica de EE.UU. en varias reas importantes. Asimismo, se opone al embargo de este pas contra Cuba, a sus siete bases militares en Colombia, al golpe de Estado en Honduras y al levantamiento de las preferencias arancelarias. Igualmente importante, Bolivia ha puesto fin a la presencia de la Drug Enforcement Agency (DEA), organismo oficial estadounidense de lucha contra la droga, ha reducido algunas de las actividades de la US Agency for International Development (AID) por subvencionar a organizaciones sociopolticas de derecha, y realizar actividades de desestabilizacin. Morales se ha pronunciado enrgicamente contra las guerras de EE.UU. en Afganistn e Irak, ha condenado los ataques de Israel contra los palestinos, y se ha manifestado firme partidario de la no-intervencin, salvo en el caso de Hait, donde Bolivia sigue enviando tropas.

Crtica del socialismo del siglo XXI boliviano

El aspecto ms llamativo de la poltica econmica boliviana es el mayor volumen y alcance de las inversiones de empresas transnacionales extranjeras en capital de extraccin. Cerca de un centenar de transnacionales explotan en la actualidad los minerales de Bolivia y sus recursos energticos, en condiciones muy lucrativas, dados los bajos salarios y las pocas regulaciones ambientales. Por otra parte, en un discurso ledo en Madrid, en septiembre de 2009, Morales invit a una audiencia de lite de banqueros e inversores a invertir en Bolivia, siempre y cuando no intervinieran en la poltica interna y estuvieran dispuestos a aceptar la propiedad conjunta. Con independencia de los resultados de estas estrategias de explotacin minera basada en el capital extranjero que en la actualidad no son muy alentadores, el esquema da un toque peculiar a este socialismo del siglo XXI: la sustitucin del proletariado y los campesinos por los ejecutivos extranjeros y los tecncratas locales es una novedad en la practica del socialismo de cualquier siglo, y est ms adecuadamente asociada con el capitalismo de libre mercado.

De acuerdo con las polticas de Morales de puertas abiertas al capital minero, el gobierno ha fortalecido y subvencionado generosamente y otorgado prstamos a bajo inters al sector agroindustrial, incluso en aquellas provincias, como la Media Luna, donde la agroindustria ha apoyado a grupos de extrema derecha para desestabilizar el rgimen. La voluntad de Morales de pasar por alto la hostilidad poltica de la elite agroindustrial, y de financiar su expansin es un claro indicio de la alta prioridad que da al crecimiento capitalista ortodoxo por encima de cualquier preocupacin por el desarrollo de un polo alternativo en torno a los campesinos y los trabajadores agrarios sin tierra.

Una visita a las zonas rurales y los barrios urbanos confirma los informes publicados acerca de la naturaleza inmutable de las desigualdades de clase. Las cien familias ms ricas de Santa Cruz siguen poseyendo ms del 80 por ciento de las tierras frtiles, y ms del 80 por ciento de los campesinos y los indgenas rurales estn por debajo del umbral de pobreza. La propiedad de las minas, el comercio mayorista y minorista, la banca y el crdito continan concentrados en una oligarqua que en los ltimos aos ha diversificado su cartera en otros sectores econmicos, creando as una clase dirigente ms integrada y con una mayor vinculacin con los actores del capitalismo mundial.

Morales ha cumplido su promesa de proteger y fortalecer a la lite econmica multisectorial tradicional, pero tambin ha sumado y promovido a recin llegados, privados y burocrticos, sobre todo altos ejecutivos extranjeros y altos funcionarios, muy bien pagados, que dirigen las empresas conjuntas.

Aunque la mayora de los socialistas de cualquier siglo estaran de acuerdo en que los grandes propietarios no son los mejores fundamentos posibles para una transicin socialista, Morales se ha apoyado y ha promovido la produccin agraria destinada a la exportacin en lugar de la agricultura familiar de produccin local de alimentos. Peor an, las condiciones de vida de los trabajadores agrcolas apenas ha mejorado, y, en un caso extremo, algunos miles de indgenas seguan siendo explotados como mano de obra esclava tres aos despus de la llegada de Morales al poder. La dura explotacin de los trabajadores agrcolas es una preocupacin menor que el aumento de la productividad, las exportaciones y los ingresos del Estado. Si bien se ha aprobado una legislacin laboral que facilita la actividad sindical, sta no se aplica en el campo, sobre todo en las provincias de la Media Luna, donde los inspectores laborales evitan enfrentarse con las asociaciones de propietarios, bien afianzadas. Las ocupaciones de tierras por algunos trabajadores rurales sin tierra han sido denunciadas por el gobierno. Los movimientos de base que presionan por una reforma agraria en extensas fincas infracultivadas han sido decididamente rechazados por el gobierno, que viola con ello sus propias declaraciones que slo las granjas cultivadas no seran expropiadas.

Dado el nfasis del gobierno en los aspectos cultural y poltico de su versin de socialismo del siglo XXI, no es sorprendente que se hayan dedicado ms tiempo y ms recursos a la celebracin de fiestas, cantos y danzas indgenas que a la expropiacin y distribucin de tierras frtiles a la masa de indgenas desnutridos.

El esfuerzo del rgimen para desviar la atencin de la reforma agraria, mediante la solucin de instalar a los indgenas sin tierra en las tierras pblicas tropicales alejadas ha sido un desastre. Este plan de colonizacin, organizado por el llamado Instituto de Reforma Agraria, arroj a los indgenas del altiplano a unas tierras asoladas por las enfermedades y sin preparacin de la tierra, sin las herramientas, las semillas y los fertilizantes necesarios, e incluso sin viviendas. Huelga decir que en menos de dos semanas, los indgenas exigieron su transporte de vuelta a sus pobres aldeas, que resultaban mejores en comparacin que las zonas infestadas de malaria de aquellos remotos asentamientos improvisados. Para compensar la falta de un amplio programa de redistribucin de la tierra, Evo Morales de vez en cuando organiza, con pompa, ceremonia y mucha publicidad, regalos de tractores a los agricultores medianos y pequeos, en lo que es ms un acto de clientelismo poltico que no parte de un movimiento social transformacin.

Los dos aspectos ms llamativos de la estrategia econmica y poltica de Morales son el nfasis en las exportaciones tradicionales de minerales y la construccin de una maquinaria electoral de tipo corporativista y clientelista clsico.

En el quinto ao de su gobierno, las empresas conjuntas establecidas con las transnacionales extranjeras han extrado y exportado materias primas con poco valor aadido. Resulta sorprendente el bajo nivel de industrializacin y transformacin en productos finales, que podran generar un mayor empleo industrial. La misma historia se aplica a las exportaciones agrarias: la mayor parte de los cereales y otros productos agrarios no se procesan en Bolivia, lo que proporcionara miles de puestos de trabajo a la masa pobre de indgenas sin tierra. El rgimen ha acumulado grandes reservas, pero no ha conseguido financiar o fomentar la industria local de sustitucin de las importaciones de capital, bienes intermedios y bienes de consumo duradero.

Esta estrategia poltica se asemeja mucho a la adoptada hace medio siglo por el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), gracias a la cual los sindicatos y, especialmente, los movimientos campesinos se incorporaron al Estado. A falta de cambios socioeconmicos relevantes, el gobierno se ha basado en el patrocinio pblico, canalizado a travs de sindicatos y dirigentes campesinos e indgenas, que fluye en forma de favores a elementos locales leales al partido. El clientelismo, estilo Morales, est constantemente reforzado por una serie de gestos simblicos de afirmacin de la identidad tnica indgena, y la solidaridad entre el donante y el receptor en la relacin de clientelismo poltico.

El socialismo del siglo XXI, en la prctica poltica de Evo Morales es mucho menos innovador y socialista, y est mucho ms cerca en su estilo poltico de sus predecesores corporativistas del siglo XX. Los observadores que tengan poco conocimiento del pasado poltico en Bolivia, los periodistas impresionistas enamorados de las polticas simblicas, y los escritores de asuntos financieros que colocan de forma indiscriminada la etiqueta de socialista sobre polticos que slo cuestionan de manera retrica la doctrina del libre mercado, han reforzado la imagen radical o de socialismo del siglo XXI del gobierno de Morales. Teniendo en cuenta lo que hemos descrito sobre las prcticas reales de los gobiernos socialismo del siglo XXI, resulta til ubicarlos en un marco histrico comparativo ms amplio a fin de poder discernir su posible impacto en la sociedad latinoamericana.

Anlisis histrico comparativo de tres casos de socialismo del siglo XXI

A pesar de las afirmaciones de los publicistas gubernamentales, el aspecto ms llamativo de los gobiernos del socialismo del siglo XXI es lo escasamente nuevo o especfico de sus polticas. La adopcin de una economa mixta y un juego poltico acorde a las normas institucionales de un estado capitalista liberal, difiere poco de las prcticas de los partidos socialdemcratas europeos de fines de la dcada de 1940 hasta mediados de 1970. En la medida en que el socialismo del siglo XXI persigue una poltica nacionalista (y debemos tener en cuenta que nacionalizacin significa expropiacin y propiedad pblica), las polticas son un plido reflejo de las medidas adoptadas desde la dcada de 1930 hasta mediados de los 70. Con la excepcin del rgimen de Chvez, el resto de lo que pasa por socialismo del siglo XXI ha nacionalizado en el mejor de los casos empresas privadas en quiebra, ha aumentado sus participaciones en empresas conjuntas, y ha aumentado los impuestos a los exportadores de minerales y productos agrarios.

El indigenismo, que se expresa con ms fuerza expresadas en los dos gobiernos andinos, Bolivia y Ecuador, reproduce la retrica del indoamericanismo de la dcada de 1930, expresada principalmente por el terico peruano marxista Jos Carlos Maritegui y el lder poltico del APRA Haya de la Torre; as como el Partido Socialista de Chile; algunos tericos de Bolivia y Mxico; Augusto Sandino, el lder guerrillero nicaragense; y el lder revolucionario salvadoreo Farabundo Mart. En llamativo contraste con los indigenistas del socialismo del siglo XXI, sus predecesores centroamericanos impulsaron profundas reformas agrarias, con la restauracin de millones de hectreas de tierras frtiles confiscadas, y un profundo rechazo del modelo de exportacin agroindustrial. La versin anterior del indigenismo combinaba una identificacin simblica junto a profundos cambios de fondo, a diferencia de los indigenistas contemporneos que dependen sobre todo de los gestos simblicos y la poltica de identidad.

Las actuales polticas basadas en las empresas conjuntas recuerdan las alternativas reformistas a la revolucin cubana, que encontraron su expresin en la poltica de Alianza para el Progreso, impulsada por John F. Kennedy, y recogidas por los regmenes cristianodemcratas y socialdemcratas contrainsurgentes de la dcada 1960. En oposicin a los socialistas y comunistas del siglo XX, que estaban a favor de la socializacin de la economa, el gobierno demcrata-cristiano de Chile (1964-1970) promovi una chilenizacin alternativa similar a las empresas conjuntas creadas por Evo Morales y Rafael Correa. En otras palabras, el modelo econmico del socialismo del siglo XXI se acerca mucho ms al modelo antisocialista reformista promovido por EE.UU. en la dcada de 1960 que a cualquier variante socialista del pasado.

Socialismo del siglo XXI y socialdemocracia del siglo XX

Si bien el alcance y la profundidad de los cambios socioeconmicos perseguidos por el socialismo del siglo XXI no se aproximan a los cambios estructurales de socialismo del siglo XX, podemos analizar en qu medida se equiparan a la variante reformista o socialdemcrata.

Tres casos de gobiernos social-democrticos, de base electoral, vienen a la mente: el rgimen de Jacobo Arbenz en Guatemala (1952-1954), el rgimen de Joao Goulart en Brasil (1962-1964) y el rgimen de Salvador Allende en Chile (1970-1973). Estos tres gobiernos socialdemcratas emprendieron reformas agrarias de mayor calado, que beneficiaron a miles de campesinos, que las iniciadas por el socialismo del siglo XXI contemporneo. Y tambin se produjeron ms nacionalizaciones sustanciales reales de empresas extranjeras que en dos de los tres gobiernos socialdemcratas del socialismo del siglo XXI (Venezuela ha expropiado un nmero comparable de las empresas).

En cuanto a las posturas y prctica en materia de poltica exterior y la retrica poltica antiimperialista, son similares, pero los primeros socialdemcratas eran ms propensos a expropiar el capital extranjero. Por ejemplo, Arbenz expropi tierras de la United Fruit; Goulart nacionaliz la ITT, empresa telefnica; y Allende expropi Anaconda, la gran empresa del cobre. En cambio, nuestros socialistas del siglo XXI han fomentado la explotacin de la tierra y los recursos minerales por las transnacionales extranjeras. Las diferentes polticas econmicas exteriores corresponden a la diferente composicin interna de clase y a los diferentes alineamientos econmicos de las socialdemocracias de los siglos XX y XXI. En contraste con las ideas errneas convencionales, el socialismo del siglo XXI ha consumado los pactos entre los tecncratas del rgimen, las transnacionales y las elites agro-mineras nacionales, todos los cuales tienen un peso mucho mayor en los centros de toma de decisiones que la base electoral de masas de indgenas y obreros. En comparacin, los movimientos campesinos y obreros tenan una mayor representacin e independencia de accin dentro y fuera de los gobiernos socialdemcratas del siglo XX.

El socialismo del siglo XXI: una historia nueva, o un proceso poltico cclico?

Un examen de los pasados 60 aos de historia latinoamericana revela un patrn cclico constante y alterno, de una oleada de gobiernos de izquierda tras una de gobiernos de derecha. La constante subyacente ha sido la lucha entre, por un lado, las proyecciones imperialistas de EE.UU., sea a travs de la intervencin directa, las dictaduras militares o los gobiernos civiles satlites, y, por otro lado, los movimientos y gobiernos populares y socialistas. La cuestin es saber si esta ltima oleada de centro-izquierda es simplemente la ltima expresin de este patrn cclico, o si las modificaciones de base en relaciones estructurales internas y externas subyacentes estn operando para facilitar un proceso ms sostenible. Vamos a proceder a esbozar la evolucin cclica izquierda-derecha del pasado, y a continuacin debatir algunos cambios clave contemporneos a escala mundial y regional que podran conducir a una mayor sostenibilidad de la hegemona poltica de la izquierda.

Desde la Segunda Guerra Mundial, Amrica Latina ha experimentado globalmente cinco ciclos de predominio izquierda-derecha.

El perodo inmediatamente posterior a la Segunda Guerra Mundial, tras la derrota del fascismo, fue testigo en todo el mundo del avance de la democracia, la lucha contra el colonialismo y las revoluciones socialistas. Amrica Latina no fue la excepcin. Gobiernos de centro-izquierda, socialdemcratas y nacionalistas-populistas de frente popular asumieron el poder en Chile, Argentina, Venezuela, Costa Rica, Guatemala, Brasil y Bolivia, entre 1945 y 1952. Juan Domingo y Eva Pern nacionalizaron los ferrocarriles, legislaron uno de los programas de bienestar social ms avanzados, y elaboraron a escala regional una tercera va en poltica exterior independiente de EE.UU. Una coalicin de socialistas, comunistas y radicales gan las elecciones de 1947 en Chile con la promesa de amplias reformas laborales y sociales. En Costa Rica, un levantamiento poltico llev al desmantelamiento del ejrcito nacional. En Venezuela, un partido socialdemcrata (Accin Democrtica) se comprometi a extender el control pblico sobre los recursos del petrleo y a incrementar los ingresos fiscales. En Guatemala, el recin elegido presidente Arbenz expropi los campos no cultivados de la United Fruit Company, puso en prctica una amplia legislacin laboral que promova el crecimiento de los sindicatos, y acab con el peonaje por deudas de los indgenas. En Bolivia, una revolucin social dio lugar a la nacionalizacin de las minas de estao, una profunda reforma agraria, la desaparicin del ejrcito y de la formacin milicias obreras y campesinas. En el Brasil de Getulio Vargas se promovi la propiedad estatal, una economa mixta y la industrializacin nacional.

La puesta en marcha de la doctrina Truman en la dcada de 1940, la invasin por EE.UU. de Corea (1950), y el fomento agresivo de la Guerra Fra comportaron una intervencin enrgica de EE.UU. contra los gobiernos democrticos de centro-izquierda y nacionalistas en Amrica Latina. Con el visto bueno de Washington, las oligarquas de Amrica Latina y los intereses empresariales de EE.UU. respaldaron una serie de golpes militares y de dictaduras durante toda la dcada de 1950. En Per, el general Odra tom el poder, el general Prez Jimnez hizo lo propio en Venezuela, el general Castillo Armas fue instalado en el poder por la CIA en Guatemala, el presidente elegido Juan Domingo Pern fue derrocado por los militares argentinos en 1955, y el presidente brasileo Vargas fue empujado al suicidio. EE.UU. logr forzar la ruptura del frente popular y la ilegalizacin del Partido Comunista de Chile, y dio su apoyo al golpe de Fulgencio Batista en Cuba, y las dictaduras de Pap Duvalier en Hait y de Rafael Trujillo la Repblica Dominicana. El ascenso de la extrema derecha, el derrocamiento de gobiernos de centro-izquierda y la sangrienta represin de sindicatos y movimientos campesinos consiguieron asentar la hegemona de EE.UU., la aceptacin de las polticas de Guerra Fra de este pas, y abri la puerta a la invasin econmica de las corporaciones.

A finales de la dcada de 1950, el extremismo de la dominacin y explotacin de EE.UU., la represin brutal de todos los movimientos sociales democrticos y partidos de izquierda, y el saqueo a cargo de las oligarquas del tesoro pblico condujo a levantamientos populares y un retorno a la hegemona de la izquierda.

Entre 1959 y 1976, regmenes de izquierda gobernaron o estuvieron a punto de gobernar en todo el continente, con diferentes grados de xito y duracin. La revolucin social cubana de 1959 y una revolucin poltica en Venezuela en 1958, fueron seguidas por la eleccin de los gobiernos nacional-populistas de Joao Jango Goulart en Brasil (1962-1964); Juan Bosch (1963), restablecido brevemente en 1965; Salvador Allende en Chile (1970-1973); y Pern en Argentina (1973-1975). Militares nacional-progresistas populistas tomaron el poder en Per (Velasco Alvarado, 1968), Guillermo Rodrguez en Ecuador (1970), Ovando (1968) y Juan Jos Torres (1970) en Bolivia, y Omar Torrijos en Panam. Todos ellos desafiaron en mayor o menor grado la hegemona estadounidense. Todos fueron respaldados por movimientos populares de masas, que exigan radicales reformas socioeconmicas. Algunos gobiernos nacionalizaron sectores econmicos estratgicos y aplicaron medidas anticapitalistas de largo alcance.

Sin embargo, todos menos la revolucin cubana tuvieron corta vida. Incluso en pleno giro a la izquierda de los aos 60 y 70, EE.UU. y sus satlites militares intervinieron enrgicamente para revertir la perspectiva de los cambios sociales progresistas. El gobierno del brasileo Goulart cay ante un golpe militar respaldado por EE.UU., en 1964; ste fue precedido por el derrocamiento de Juan Bosch en 1963 y seguido por la invasin militar estadounidense contra la revolucin restauradora dominicana de 1965-66; un golpe militar respaldado por EE.UU. en Bolivia derroc a Torres en 1971; y Salvador Allende fue derrocado por un golpe conjunto CIA-militares en 1973, seguido por Velasco en 1974, y Pern en 1976. La prometedora y profunda oleada de izquierda haba terminado por el resto del siglo XX.

Entre 1976 y 2000, con la notable excepcin de la victoria de la revolucin sandinista en 1979, la derecha fue en ascenso, y su largo mandato se realiz por medio de la peor oleada de represin en todo el continente en la historia de Amrica Latina. Los gobiernos militares y los gobiernos civiles neoliberales autoritarios posteriores desmantelaron todas las barreras arancelarias y los controles de capitales en una zambullida salvaje en el libre mercado ms extremista y daino, y en sus polticas econmicas imperiales. Entre 1976 y 2000, ms de cinco mil empresas pblicas fueron privatizadas y la mayora fueron adquiridas por transnacionales extranjeras; asimismo, ms de un billn y medio de dlares fueron transferidos al extranjero en concepto de beneficios, regalas, pagos de intereses, pillaje de fondos pblicos, evasin fiscal y blanqueo de dinero. Sin embargo, esta edad de oro del capital estadounidense, durante la dcada de 1990, fue un perodo de estancamiento econmico, polarizacin social y creciente vulnerabilidad a las crisis. El escenario estaba listo para las revueltas populares de los primeros aos del nuevo milenio y el ascenso de la ltima oleada de gobiernos de centro-izquierda en la regin, lo cual nos lleva a la cuestin de la sostenibilidad de este nuevo grupo de gobiernos.

Algunos cambios histrico-estructurales mundiales

Uno de los factores clave para revertir las pasadas oleadas de gobiernos de izquierda en Amrica Latina fue el poder econmico y la capacidad intervencionista de EE.UU..

Hay pruebas slidas que muestran que en ambos aspectos el poder estadounidense ha sufrido una disminucin relativa. EE.UU. ya no es un pas acreedor, ya no es el primer socio comercial con Brasil, Chile, Per y Argentina, y est perdiendo terreno en el resto de Amrica Latina, excepto Mxico. Washington ha perdido influencia incluso en su patio trasero: el Caribe y Amrica Central, donde varios pases han firmado un acuerdo de petrleo subsidiado venezolano (Petrocaribe). Washington, como para compensar su prdida de influencia econmica, manifestada en el rechazo de su propuesta de un acuerdo de libre comercio de alcance latinoamericano, ha aumentado su presencia militar, mediante la implantacin en siete bases militares en Colombia, el apoyo al golpe de estado en Honduras contra un presidente social-liberal, y con la presencia de la IV Flota frente a las costas de Amrica Latina. A pesar de la proyeccin del poder militar, circunstancias fuera de Amrica Latina se han debilitado la capacidad de EE.UU. intervencionistas, a saber, la prolongada costosas guerras sin fin en Irak, Afganistn, Pakistn y la confrontacin militar con Irn. Los ya altos niveles de agotamiento del pblico y de la oposicin, hace que sea difcil para Washington para lanzar la guerra cuarto en Amrica Latina. Por lo tanto, se basa en las finanzas y militar cliente local - configuraciones de poder civil, para desestabilizar y derrocar de centro-izquierda adversarios. El aumento en los mercados mundiales, especialmente en Asia, ha permitido a los gobiernos de Amrica para diversificar sus mercados y socios de inversin, lo que limita el papel de EE.UU. MNC y limita su posible papel poltico como proveedores de las polticas del Departamento de Estado. La financiarizacin de la economa de EE.UU. ha erosionado su base industrial y ha limitado su demanda de productos agrarios y minerales de Amrica Latina, desplazando la dependencia de esta regin a las nuevas potencias emergentes. Adems, por haber sufrido las consecuencias de las crisis financieras, los gobiernos de Amrica Latina han impuesto normas relativas a los movimientos de capital, lo que limita el funcionamiento de los bancos de inversin estadounidenses especuladores, principales impulsores de la economa de EE.UU. A pesar de la chchara de Washington sobre los mercados libres, su aplicacin de medidas proteccionistas y subsidios a la agricultura (azcar, etanol) han contrariado a los principales pases de Amrica Latina, como por ejemplo Brasil. En tanto que principal exponente de la fallida doctrina neoliberal de libre mercado, EE.UU. ha sufrido una gran prdida de influencia ideolgica en la regin como consecuencia de la recesin mundial de 2007 a 2010.

Por estas razones, una de las principales partes interesadas (el imperialismo estadounidense), responsable de los ciclos de auge y cada de los gobiernos de izquierda, se ha debilitado estructuralmente, lo que potencia la posibilidad de una mayor duracin. Sin embargo, sigue siendo un factor importante que acta con potentes recursos basados en sus estrechos vnculos con las principales fuerzas militares y econmicas de derecha de la regin. En segundo lugar, por la naturaleza misma de las estrategias de desarrollo elegidas por los gobiernos de centro-izquierda, stos son muy vulnerables a las crisis, en particular las polticas de exportaciones agrarias y mineras basadas en las lites econmicas extranjeras y nacionales y afectadas por las fluctuaciones de la demanda mundial. En tercer lugar, los gobiernos de centro-izquierda no han podido resolver los desequilibrios regionales de base: reducir significativamente las desigualdades sociales y recuperar la propiedad y el control de sectores econmicos estratgicos. Estas consideraciones ponen en duda la durabilidad a medio plazo de los actuales gobiernos de centro-izquierda.

Hay pocos cambios internos en la naturaleza del aparato estatal y la estructura de clases que puedan impedir una vuelta atrs a las polticas neoliberales. La cuestin bsica de si los actuales gobiernos del socialismo del siglo XXI son peldaos hacia la socializacin o simplemente gobiernos transitorios que abren camino para la restauracin neoliberal pro estadounidense en la regin, sigue estando abierta a discusin aun cuando se estn acumulando pruebas de que el resultado citado en ltimo lugar es ms probable que el primero.

Conclusin

La cuestin de si el socialismo del siglo XXI es mejor o peor que el del siglo XX depende de qu versiones de cada uno elijamos como trminos de comparacin, y qu dimensiones polticas seleccionemos en nuestra evaluacin comparativa.

En primer lugar no existe un modelo nico del socialismo del siglo XX, a pesar de la ecuacin fcil que lo identifica con la variante sovitica. Ha habido fundamentalmente cuatro tipos radicalmente diferentes de regmenes socialistas en el siglo XX, que a su vez tenan una composicin interna variada:

(1) los gobiernos revolucionarios de partido nico, que incluyen Cuba, Corea del Norte, China, Vietnam y la URSS. Los cuatro primeros combinaron las luchas por el socialismo y las luchas de liberacin nacional, y se configuraron en forma independiente de la URSS, a la vez que mostraron en diferentes momentos un grado mayor y menor de apertura al debate y las libertades individuales. Los cuatro tuvieron que combatir invasiones de EE.UU. y todos estuvieron sujetos a embargos y fuertes campaas de desestabilizacin que requirieron medidas de seguridad de alto nivel;

(2) los gobiernos revolucionarios socialistas con elecciones multipartido: Chile (1970-1973), Granada (1981-1983), Guyana (1950), Bolivia (1970-1971) y Nicaragua (1979-1989). Fomentaron la competencia partidista y las cuatro libertades incluso a expensas de la seguridad nacional. Todos fueron objeto, con xito, de intervenciones militares, golpes militares y embargos econmicos promovidos por Estados Unidos;

(3) el socialismo autogestionario fue puesto en prctica en las fbricas de Yugoslavia desde finales de 1940 a mediados de la dcada de 1980, y fue brevemente experimentado en Argelia entre 1963-1964. Movimientos separatistas promovidos por EE.UU. y Europa disolvieron el estado de Yugoslavia, y un golpe militar puso fin al experimento de Argelia;

(4) la socialdemocracia basada en programas sociales de gran escala y larga duracin vinculada a la gestin estatal de la poltica macroeconmica se llev a cabo en los pases escandinavos, especialmente en Suecia.

El estereotipo del modelo sovitico de socialismo autoritario impuesto desde el exterior era aplicable slo a Europa Oriental, e incluso estaba sujeto a cambios y momentos democrticos, como en 1968 en Checoslovaquia y Hungra en el decenio de 1980.

Asimismo hay variaciones significativas entre los socialismos del siglo XXI.

Venezuela ha nacionalizado las principales empresas extranjeras y nacionales (petrleo, acero, cemento, banca, telecomunicaciones), ha expropiado grandes extensiones de tierras de cultivo donde ha establecido ms de 100.000 familias, ha financiado programas generales de salud pblica universal y educativos, y ha fomentado los consejos comunales y la autogestin de los trabajadores, en unos algunos los casos.

Bolivia ha expropiado pocas de las grandes empresas, si es que ha expropiado alguna. En cambio, Evo Morales ha promovido la formacin de empresas conjuntas pblico-privadas, y ha abierto la puerta a decenas de consorcios de empresas mineras extranjeras, ha apoyado reformas que mejoran y amplan los derechos civiles de los indgenas, y ha aumentado el gasto social en vivienda, infraestructura y alivio de la pobreza. No se ha producido ni est prevista ninguna reforma agraria.

La tercera y ms conservadora variante de socialismo del siglo XXI se halla en Ecuador, donde importantes concesiones a las empresas mineras y petroleras han acompaado a la privatizacin de las concesiones y subvenciones a las empresas de telecomunicaciones y las lites empresariales regionales. En lugar de una reforma agraria, Correa ha transferido algunas tierras indgenas a empresas mineras para su explotacin. Los principales rasgos de socialismo se encuentran en unos ms altos niveles de gasto social, la revocacin de la utilizacin por EE.UU. de la base militar de Manta, y una crtica general de las polticas comerciales y militares de EE.UU. Correa mantiene la economa dolarizada, lo que limita las polticas fiscales expansionistas.

Recurriendo a los criterios comnmente aceptados para evaluar el carcter socialista tanto del socialismo del siglo XX como el del siglo XXI, podemos formar un juicio bien fundamentado sobre su desempeo en el logro de mayor independencia econmica, justicia social y libertad poltica.

Propiedad pblica

Todas las variantes del socialismo siglo XX excepto el modelo escandinavo lograron un mayor control pblico sobre las principales palancas de la economa que sus contrapartes del siglo XXI. Venezuela es la aproximacin ms cercana a la experiencia del siglo XX. El desempeo comparativo de los modelos pblicos, pblico-privados y privados vara: en trminos de crecimiento y productividad, las empresas pblicas del siglo XX han tenido resultados dispares, de alto crecimiento que ha derivado en estancamiento; las empresas conjuntas, sujetas a los caprichos del mercado y la demanda mundial, alternan entre un crecimiento elevado en tiempos de auge, y depresin en los periodos de bajos precios agrcolas.

En trminos de relaciones sociales, los beneficios sociales y las condiciones de trabajo en el sector pblico en general son ms generosos que en las empresas conjuntas y las de propiedad privada, aunque la remuneracin salarial pueda ser mayor en las segundas.

Reforma agraria

El socialismo del siglo XX tuvo mucho ms xito en la redistribucin de la tierra y la quiebra del poder de la clase terrateniente que el socialismo del siglo XXI con ninguna de las medidas aplicadas. Las reformas redistributivas del socialismo del siglo XX contrastan con las agroestrategias de exportacin del nuevo socialismo contemporneo, que ha promovido una mayor concentracin de la propiedad y la desigualdad entre las lites de la agroindustria y los campesinos y trabajadores rurales sin tierra. Las reformas agrarias, sin embargo, estuvieron mal gestionados, especialmente en el caso de Cuba y China, y condujeron a una segunda transformacin, la redistribucin de las granjas estatales entre agricultores familiares y cooperativas.

En general, los socialistas del siglo XX tuvieron mucho ms xito en la reduccin de las desigualdades en los ingresos sin llegar a eliminarlas que sus colegas contemporneos. Debido a que los capitalistas del siglo XXI, especialmente los propietarios de grandes minas, la agroindustria capitalista, y los banqueros, todava controlan las palancas fundamentales de la economa, las desigualdades histricas entre el cinco por ciento superior de la sociedad y el sesenta por ciento inferior siguen sin cambios.

En trminos de bienestar social, el socialismo del siglo XXI ha aumentado el gasto social, el salario mnimo, pero, con la notable excepcin de Venezuela, sus programas educativos y de salud pblica gratuita no estn a la altura de los programas financiados por el socialismo del siglo XX.

Aunque hubo desequilibrios regionales entre el campo y la ciudad en el socialismo siglo XX, la poblacin rural del siglo pasado tuvo acceso a una atencin mdica gratuita, una seguridad social y una atencin sanitaria bsica que an falta en la mayora de los gobiernos de socialismo del siglo XXI.

En trminos de luchas antiimperialistas, las acciones del siglo XX fueron muy superiores a las del socialismo del siglo XXI. Por ejemplo, Cuba envi tropas y ayuda militar al sur de frica (especialmente a Angola) para rechazar una invasin del rgimen racista de Sudfrica. China envi tropas en solidaridad con Corea y defendi la mitad septentrional del pas del ejrcito invasor de EE.UU. La URSS suministr armas esenciales y misiles de defensa antiarea en apoyo a la lucha vietnamita de liberacin nacional, y proporcion a Cuba los subsidios econmicos y la ayuda militar que le permiti sobrevivir al embargo estadounidense.

A da de hoy, con la excepcin parcial de Venezuela, el socialismo del siglo XXI no ha proporcionado apoyo material a las luchas de liberacin en curso. Al contrario, Brasil, Bolivia, Chile y Argentina siguen proporcionando fuerzas militares de apoyo a la ocupacin de Hait, patrocinada por Estados Unidos. En el mejor de los casos, el socialismo del siglo XXI ha condenado el golpe de Estado, respaldado por EE.UU., en Honduras (2009), Venezuela (2002) y las bases militares en Ecuador y Colombia, y rechazan los acuerdos de libre comercio propuestos por Estados Unidos.

La nica rea en la que el socialismo del siglo XXI tiene una ventaja evidente es en la promocin de las libertades individuales y los procesos electorales. Hay una mayor tolerancia del debate pblico, las elecciones competitivas y los partidos polticos de la que se toler en algunas variantes de socialismo del siglo XX.

No obstante, la democracia econmica o el poder de los trabajadores fue mucho ms avanzado en el socialismo del siglo XX en Chile y Yugoslavia que en el socialismo del siglo XXI de elecciones parlamentarias. Por otra parte, en el pasado haba una mayor preocupacin por las opiniones de los trabajadores en la formulacin de polticas, incluso en los sistemas autoritarios, que la que hay en el actual socialismo agro-minero del siglo XXI. La mayor apertura de socialismo del nuevo siglo est relacionada con el hecho de que se enfrentan a amenazas militares de menor intensidad, en parte debido a que no han alterado la naturaleza bsicamente capitalista de su economa.

En comparacin con el del siglo anterior, el socialismo del siglo XXI es en general ms conservador, opera ms estrechamente con las transnacionales, es menos antiimperialista, y se basa en coaliciones interclasistas que abarcan todo el espectro de clases, vinculando a los sectores pobres y de clase media a las poderosas lites mineras. Aunque el socialismo del siglo XXI de vez en cuando pueda hacer referencia a los anlisis de clase, en tiempos de crisis de sus conceptos operativos oscurecen las divisiones de clase mediante el uso no vago y poco especfico de categoras populistas.

Tal vez la imagen radical del socialismo del siglo XXI sea el resultado de su contraste con los anteriores gobiernos extremistas de derecha que gobernaron durante el cuarto de siglo anterior. La etiqueta socialista colocada a estos gobiernos por Washington y los medios de comunicacin occidentales representa una nostalgia de un pasado de sumisin poltica sin trabas, saqueo econmico no reglamentado y fuerte represin de los movimientos populares, en lugar de un anlisis emprico de sus polticas socioeconmicas.

A pesar de que el socialismo del siglo XXI es menos radical y tal vez diste de las definiciones comnmente aceptadas de la poltica socialista, sigue siendo un dique de contencin del militarismo e intervencionismo de EE.UU., ha puesto un tope al control de los recursos naturales y proporciona una mayor tolerancia para la organizacin de movimientos sociales.

El escritor estadounidense James Petras es profesor emrito jubilado de Sociologa en la Binghamton University, State University of New York.

S. Segu es miembro de Rebelin y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingstica.

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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