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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2009

En contra de la igualdad

Santiago Alba Rico
La Calle del Medio (Cuba)


La tierra no es esfrica sino rugosa, ondulada, abollada, bulbosa, irregular como un boniato. Vista de lejos -desde el espacio, desde un avin, en un mapa-, con los pies en el aire, se nos antoja tan geomtrica que no la podemos sentir amenazada, nos parece tan prxima que no puede darnos miedo. Pero en lo alto de la montaa ms alta seguimos tocando el suelo y por eso all nos sentimos inseguros; lo que llamamos vrtigo o acrofobia es en realidad un horizntigo o geofobia; el miedo, no a las alturas, no, sino a la extensin irregular de la Tierra, a su bajura temblorosa e inclinada desplegada ante los ojos desde la raz de los zapatos. Desde el cielo, el planeta parece un juguete; desde la colina, parece una patata. Todo en l son arrugas, pliegues, inclinaciones; todo en l son bultos y hendiduras. Hasta la lnea del horizonte se baja, no por catetos, hipotenusas y cosenos, sino por quebraduras, sinuosidades, levantamientos, aproximaciones. La Tierra es un terremoto provisionalmente endurecido, un oleaje momentneamente slido.

Como ya slo imaginamos la Tierra -con sus mares, continentes y pases- desde el aire y en los mapas, hemos acabado por considerarla un producto nuestro, artificial y controlado. Nos tranquiliza concebirla as, como un producto industrial y no como un azar natural, porque cada vez nos da ms miedo aceptar la fragilidad, la inexactitud, la irregularidad, la irrepetibilidad de nuestra existencia. La oposicin entre la industria y la naturaleza, y la superioridad de la primera, tiene que ver con el hecho de que, mientras que la naturaleza slo produce gemelos como excepcin y anomala, la industria puede producir en serie y de manera potencialmente ilimitada objetos idnticos. La naturaleza no sabe reproducirse sin producir diferencias: entre dos cuerpos, entre dos montaas, entre dos hierbas. La industria se reproduce, al contrario, produciendo identidades: la misma tuerca, la misma camisa, el mismo coche. Que la naturaleza produzca dos cosas iguales resulta inquietante; que una cadena de montaje produzca dos cosas distintas se considera un defecto. Los iguales naturales dan miedo; los distintos industriales van a parar al cubo de los desperdicios. Nos tranquiliza, s, pensar en el planeta como salido de una fbrica, redondo, bien acabado, reproducible a voluntad. No podremos hacer otro igual, otros iguales, cuando se nos acabe? Llenar el universo de bolitas azules, ponerlas en fila, habitarlas eternamente?

El capitalismo, a travs del mercado, ha impuesto una medida industrial para valorar la calidad no slo de las tuercas y los accesorios elctricos -necesariamente sometidos a estandarizacin o normalizacin- sino tambin de los alimentos y los conocimientos. As lo explica con irona el veterinario y msico Antonio Calvache en un excelente artculo: No hay comida de ms calidad que la que puedes encontrar en un Macdonald's. En efecto, pide una Macpollo en cualquier lugar del planeta, cualquier da del ao y a cualquier hora y recibirs exactamente la misma masa, consistencia, sabor, olor de carne, la misma esponjosidad y dimetro del pan, el mismo color, grosor, textura de los trocitos de lechuga, idnticos granitos de ssamo, etc. Para conseguir esto, la multinacional se jacta de tener proveedores en los cinco continentes. As, si plantamos la misma variedad de tomate en una tierra con similar composicin y utilizamos los mismos abonos, se conseguir que un tomate chileno en febrero sea igual que uno marroqu en abril o uno de Almera en junio(1). Curiosamente, la asociacin mental entre calidad e igualdad, inducida por las grandes multinacionales de la alimentacin, ha acabado por acelerar la trgica prdida de biodiversidad en el mundo. El planeta es una patata y las patatas son todas distintas entre s, abolladas e irregulares; el planeta es un tomate y los tomates son todos distintos entre s; el planeta es un cigarro habano y los cigarros habanos, si son buenos, son todos distintos entre s. Pero el planeta es una canica y las canicas, reproducibles en serie, son todas lisas, brillantes, idnticas entre s. Tambin deben serlo las patatas, los tomates, las manzanas; y as acabamos desconfiando de todas las irregularidades que introduce la naturaleza, de todas las diferencias que introducen las manos. Queremos manejar siempre el mismo coche, lo que es bastante sensato; pero queremos comernos siempre la misma naranja y fumarnos siempre el mismo cigarro, lo que amenaza 10.000 aos de enriquecimiento biolgico y de placeres civilizados.

Resultado? La Organizacin de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentacin (FAO) estima que el 75% de la diversidad gentica de los cultivos se ha perdido durante el ltimo siglo. Histricamente, el ser humano ha utilizado para sus necesidades entre 7.000 y 10.000 especies; hoy, slo se cultivan unas 150 y doce de ellas representan ms del 70% del consumo humano. En Estados Unidos, por ejemplo, ha desaparecido de los campos el 93% de las variedades de frutas y productos hortcolas en los ltimos cien aos. En Espaa, en los aos setenta haba 380 variedades de meln; en 2009 se encuentran en el mercado entre 10 y 12. En Mxico en la actualidad slo sobrevive el 20% de las variedades de maz que se cultivaban en 1930. A mayor produccin, pues, menor variedad y menor diversidad.

Resultado? El buen gusto, el refinamiento, el know-how , el cuidado, la atencin, la destreza, la belleza de cientos de generaciones se pierden al mismo tiempo que el respeto por las cosas, el sentido de la supervivencia y la capacidad de resistencia. Vivimos en el aire, sin vrtigo ni angustia. El planeta tierra es un producto industrial; las papas y los tomates tambin. El planeta tierra es una canica; las naranjas y los melones tambin. Lo mismo, por supuesto, que los hombres, las mujeres y los nios.

Imaginamos el mercado como una gran fiesta de la variedad, la multiplicacin y la diferencia. Es, ya lo vemos, todo lo contrario. Se puede decir al menos que, en una relacin inversamente proporcional, el capitalismo sustituye la biodiversidad por logodiversidad y nos compensa de la riqueza natural de que nos priva, de los refinamientos que nos roba y de la vida que nos acorta multiplicando las marcas, ya que no los productos? Ni siquiera eso es cierto. De las miles de bebidas refrescantes registradas en todo el mundo, el 73% pertenecen a Coca-Cola o Pepsi-Cola. La cervecera Heineken, por su parte, es duea de 130 marcas de cervezas en 65 pases y la ominosa casa Nestl es propietaria de 15 marcas de cafs, 12 de bebidas, 16 de productos no frescos, 30 de helados, 17 de comida infantil, 3 de alimentos para deportistas, 5 de condimentos, 5 de congelados, 4 de productos refrigerados, 51 de chocolates y galletas y 19 de alimentos para mascotas. Segn la visin religiosa tradicional, un solo dios cre la pluralsima riqueza de la madre tierra; bajo el capitalismo, 4 o 5 dioses, al mismo tiempo que la destruyen, crean en su lugar, para ocultar la prdida colectiva, para obtener beneficios privados, un alegre bullicio de nombres y logotipos.

Esto es malo. Pero peor an es que nos sintamos tan contentos, tan civilizados, tan avanzados, tan ricos, con este empobrecimiento.

(1) http://www.rebelion.org/noticia.php?id=13582

Rebelin ha publicado este artculo a peticin expresa del autor, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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