Jorge Majfud

Artículos

En 1957 Howard Hunt fue asignado a Montevideo. Hunt era uno de los cerebros de la CIA en la campaña de propaganda que culminó con el derrocamiento de Jacobo Árbenz en Guatemala tres años antes. Poco después, el mismo Árbenz llegó con su familia y alquiló una casa a pocas cuadras de la residencia de Hunt. Ambos coincidieron en una reunión social pero Hunt, copa en mano, no le reveló la verdad a su víctima, a quien en 2007 todavía llamaba “dictador”.

A la modesta búsqueda de las verdades inconvenientes le llaman “propaganda de la izquierda” o “indoctrinación marxista”. La propaganda de la derecha es tan abrumadora que no se ve, como no se ve el aire. Nada o poco se dice de las multimillonarias inversiones en publicidad y en noticias falsas que los lobbies y las compañías invierten, por ejemplo, para propagar teorías y rumores sin base científica, para negar el cambio climático o para destrozar programas de salud públicos.

El 24 de marzo de 1983, en un acto en la Biblioteca del Congreso, el presidente Ronald Reagan repitió las palabras del historiador Henry Commager: “la creación de los mitos nacionales nunca estuvo libre de conflictos; los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

En un panel de la III Conferencia Global 2020 de Nueva York se nos propuso volver sobre el viejo tema de “El rol de los intelectuales hoy”. Para comenzar debo reconocer que nos produce pudor y nos incomoda cada vez que nos presentan con ese título tan elástico y desprestigiado.

Las ideas de superioridad de la raza blanca para explicar y justificar el imperialismo moderno fueron moneda común durante el siglo XIX en ambos lados del Atlántico, generaciones antes que apareciera la excusa del comunismo. En Estados Unidos las justificaciones científicas eran necesarias para mantener oprimida a su numerosa población negra.

En 1897 Theodore Roosevelt, luego de insistir como muchos otros políticos en la fortuna de ser hombre y blanco para tomar sabias decisiones, había publicado que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo Mundo…»

Carta abierta al Canciller de Uruguay Ernesto Talvi

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