Sentir más y pensar menos. Es lo que está buscando la gente en la posmodernidad. Frente a esa demanda, quienes ofrecen respuestas fáciles, inmediatas y concretas a los problemas cotidianos están ganándole el mercado a los guardianes tradicionales de las almas. El aderezo es la sobreexposición de ofertas. El mercado de los sentimientos está abierto, y cualquiera puede vender su receta
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