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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-08-2008

El socialismo del siglo XXI: notas para su discusin

Atilio Born
Defensadelahumanidad.cult.cu


El propsito de esta ponencia es aportar algunos elementos para la discusin sobre el socialismo del siglo veintiuno. El tema, no por casualidad, est siendo objeto de una intensa y creciente discusin. Si hacemos una rpida consulta al Google y miramos el nmero de pginas existentes, a finales de Julio de 2008 sobre el "Socialismo del siglo XXI" veremos que aparecen listadas aproximadamente ms de 1.200.000 pginas que responden a dicho ttulo.

Dado el volumen de la bibliografa existente nos limitaremos a examinar algunas ideas que nos parecen centrales y que quisiramos dejar como aporte para un futuro trabajo de elaboracin colectiva. No tienen pretensin alguna de exhaustividad sino que, por el contrario, deben ser comprendidas como una parcial contribucin a un debate en curso tendiente a lograr una definicin cada vez ms precisa del horizonte socialista de las luchas emancipatorias de nuestra poca.

Abordaremos esta reflexin a partir de una distincin tripartita entre:

1. Los valores y principios medulares, que deben vertebrar un proyecto que se reclame como genuinamente socialista.

2. El programa de ese proyecto, es decir, el trnsito desde el universo de los valores a la agenda concreta de la construccin del socialismo y las polticas pblicas requeridas para su implementacin.

3. Finalmente, el tema del "sujeto histrico" (o los sujetos) de ese proyecto, y sus caractersticas distintivas.

Valores

Se trata de un tema clave, porque un proyecto socialista no puede manifestar la menor ambigedad axiolgica en relacin a su crtica intransigente y radical a la sociedad burguesa. A la luz de las experiencias que tuvieron lugar durante la fase "keynesiana" del capitalismo no se puede alimentar la menor ilusin acerca de la capacidad de lograr reformas profundas y sobre todo duraderas en la estructura de este tipo de sociedad. La involucin que sufri a consecuencia de la contrarrevolucin neoliberal a partir de los aos 1980s demuestra, ms all de toda duda, que los avances que se haban producido en los aos de la posguerra -y que dieran lugar a mltiples teorizaciones sobre "el fin de las ideologas", el agotamiento de la lucha de clases, las virtudes de la irrestricta movilidad social ascendente, el triunfo de la democracia liberal, etctera- estuvieron muy lejos de ser irreversibles.

Esta reversin ha confirmado, una vez ms, la extraordinaria resiliencia del capitalismo y su capacidad para retornar a la "normalidad" de su funcionamiento explotador, expoliador y opresivo una vez que se disipan las coyunturas amenazantes que, en los aos de la posguerra, le obligaron a hacer pasajeras concesiones a las clases subalternas. Componente estratgico de esa coyuntura fue la amenazante presencia de la Unin Sovitica. Y es que a pesar de su doctrina oficial de la "coexistencia pacfica", justamente criticada por el Che en numerosas intervenciones orales y escritas, la sola existencia del ejemplo sovitico y posteriormente de la revolucin china oblig a las burguesas metropolitanas a aceptar reivindicaciones que antes de 1917 hubieran sido respondidas apelando a los servicios de la gendarmera.

Dicho lo anterior es preciso subrayar que un socialismo renovado de cara al siglo veintiuno no puede quedar reducido a la construccin de una nueva frmula econmica, por ms resueltamente anti-capitalista que sta sea. El Che tena toda la razn cuando dijo que "el socialismo como frmula de redistribucin de bienes materiales no me interesa." 3 De lo que se trata es de la creacin de un hombre y una mujer nuevos, de una nueva cultura y un nuevo tipo de sociedad, caracterizado por la abolicin de toda forma de opresin y explotacin, el primado de la solidaridad, el fin de la separacin entre gobernantes y gobernados y la reconciliacin del hombre con la naturaleza.

Proyecto

El apartado anterior analiz, brevemente, la problemtica de los valores y destac la incuestionable superioridad tica del socialismo en relacin al capitalismo, tema que no debe olvidarse pese a que muy a menudo se lo deja de lado. Veamos ahora el proyecto y un caso especial: "la planificacin central" de la economa, que en el pasado fue interpretada como consustancial con el socialismo y que hoy aparece claramente como producto de una poca no existiendo razones irrebatibles para que sea mantenida en el futuro.

Si en el marco del desplome del estado zarista, la Primera Guerra Mundial y la salvaje agresin perpetrada en contra de la joven repblica sovitica la socializacin de la economa fue asimilada con la total estatizacin de las actividades econmicas, en la actualidad esa receta no slo es inadecuada sino, adems, contraproducente para la consolidacin de un proyecto socialista en las condiciones actuales de la economa mundial.

Si el modelo de la estatizacin total de la economa fue una necesidad impuesta por determinadas circunstancias esto no significa que deba ser la nica alternativa de un proyecto socialista. Y esta conclusin es vlida an si se tiene en cuenta que en su tiempo ese modelo fue altamente exitoso porque hizo posible un formidable desarrollo de las fuerzas productivas y convirti al pas ms atrasado de Europa de comienzos del siglo veinte en una gran potencia industrial y militar. Sin embargo, sus logros en una fase de industrializacin extensiva no fueron suficientes para responder eficazmente los nuevos desafos planteados por la tercera revolucin industrial, con el desarrollo de la microelectrnica, las telecomunicaciones, la informtica y todas las aplicaciones industriales derivadas de estos adelantos cientficos y, gradualmente fue perdiendo terreno ante sus rivales capitalistas hasta llegar a su inglorioso derrumbe final, cuando todo el edificio poltico construido por la primera revolucin proletaria de la historia, un acontecimiento extraordinario en la vida de las naciones, se desplom sin un solo disparo, y ante la increble indiferencia de la poblacin.

El tema de la magnitud e implicaciones de estos grandes cambios econmicos mereci una aguda observacin del Comandante Fidel Castro en su discurso del 17 de Noviembre del 2005 en la Universidad de La Habana conmemorando el sexagsimo aniversario de su ingreso a esa casa de estudios. Dijo en esa oportunidad que "somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economa -y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el pas- es una ciencia exacta y eterna, y que existi desde la poca de Adn y Eva. Se pierde todo el sentido dialctico cuando alguien cree que esa misma economa de hoy es igual a la de hace 50 aos, o hace 100 aos, o hace 150 aos, o es igual a la poca de Lenin, o a la poca de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin."

Fidel tiene razn: la economa de hoy no es la de hace cincuenta aos atrs. No lo son ni el paradigma productivo, ni las modalidades de circulacin de las mercancas, ni las caractersticas del sistema financiero ni el entrelazamiento mundial del capital y el de ste con los estados de los capitalismos metropolitanos. Por lo tanto, las polticas econmicas del socialismo deben necesariamente partir del reconocimiento de esas nuevas realidades. Y, al mismo tiempo, tener la humildad y la sensatez necesarias como para desconfiar de frmulas librescas, pret a porter, que se presentan como vlidas para todo tiempo y lugar para la construccin del socialismo. En esa misma pltica a los universitarios Fidel deca que "uno de nuestros mayores errores al principio, y muchas veces a lo largo de la Revolucin, fue creer que alguien saba cmo se construa el socialismo." Leccin esta importantsima, no slo por provenir de quien proviene sino porque desafa la tendencia pertinaz en la izquierda de reducir la construccin del socialismo a la aplicacin de una receta, un modelo, una frmula.

Sujetos

Claramente, en plural. No existe un nico sujeto -y mucho menos un nico sujeto preconstituido- de la transformacin socialista. Si en el capitalismo del siglo diecinueve y comienzos del veinte poda postularse la centralidad excluyente del proletariado industrial, los datos del capitalismo contemporneo y la historia de las luchas de clases sobre todo en la periferia del sistema demuestran el creciente protagonismo adquirido por masas populares que en el pasado eran tenidas como incapaces de colaborar en la instauracin de un proyecto socialista.

Campesinos, indgenas, sectores marginales urbanos eran, en el mejor de los casos, acompaantes en un discreto segundo plano de la presencia estelar de la clase obrera. La historia latinoamericana, desde la Revolucin Cubana hasta aqu, ha demostrado que, al menos en los capitalismos perifricos el exclusivismo protagnico del proletariado industrial no fue confirmado por los hechos. Baste recordar la caracterizacin del "pueblo" hecha por Fidel Castro en La Historia me Absolver, o el papel de esas masas populares urbanas y rurales en los levantamientos que tuvieron lugar en Bolivia y Ecuador (que se tradujeron posteriormente en las victorias electorales de Evo Morales y Rafael Correa), o el herosmo de esas masas en la derrota del golpe de estado de Abril del 2002 en contra de la Revolucin Bolivariana para apreciar, en toda su magnitud, la multiplicacin de los sujetos de la resistencia y oposicin al capitalismo.

Para finalizar, no podramos dejar de examinar esta problemtica sin cuestionar la falsa oposicin que suele plantearse entre partidos y movimientos sociales. Lamentablemente, en los ltimos tiempos esta oposicin radical se arraig muy profundamente en el imaginario de numerosos actores sociales y polticos de Amrica Latina y el Caribe. La consecuencia fue que mientras los partidos polticos de izquierda fueron todos ellos satanizados y considerados sin hacer distingo alguno -y por lo tanto cometiendo una enorme injusticia con algunos que lucharon ejemplarmente contra las dictaduras que asolaron a nuestros pases en los aos setentas y ochentas- como aparatos burocratizados, desmovilizadores y claudicantes, los movimientos sociales fueron exaltados como excelsas organizaciones inmunes a las deformaciones burocrticas, las ambiguedades, los personalismos y las mezquindades que segn esta poco feliz interpretacin caracterizaran a los partidos de izquierda de la regin. Dems est decir que esta simplificacin no resiste el menor anlisis y que cualquiera mnimamente informado sobre la realidad sociopoltica de nuestros pases sabe que los vicios que se achacan, muchas veces con justa razn, a los partidos tambin afectan, en mayor o menor medida, a los movimientos sociales. Sus proclamas a favor de la horizontalidad y el "basismo" no siempre encuentran una traduccin real en la vida concreta de los mismos y no pocas veces son un discurso divorciado de los hechos. Y las "nuevas formas de hacer poltica" con que los movimientos sociales muchas veces se presentan en la escena pblica para diferenciarse de la vieja politiquera partidaria suelen ms pronto que tarde dar lugar a la resurreccin de odiosas prcticas que se crean exclusivas de los partidos.

En otras palabras: partidos y movimientos representan dos modos de articular los intereses del campo popular, modos que no son contradictorios sino complementarios entre otras cosas porque juegan en distintos escenarios: los partidos en el marco de las instituciones polticas y los movimientos en el seno de la sociedad civil. Si estos demostraron poseer una potencial capacidad para establecer una conexin ms estrecha con su propia base y representar de manera ms inmediata sus intereses, adolecen en cambio de una enorme dificultad a la hora de sintetizar la multiplicidad de particularismos que ellos encarnan en una frmula poltica y en una estrategia unificada que pueda enfrentar con xito la estrategia unificada de la burguesa. Tanto los partidos como los movimientos parecen ignorar que sta jams apuesta todas sus cartas en un solo escenario sino que continuamente combina tcticas y estrategias que utilizan tanto los canales institucionales (las elecciones y todas las instituciones polticas del estado) como los canales extra-institucionales: la calle, las movilizaciones, la propaganda poltica, los medios de comunicacin de masas, los sabotajes, lock-outs patronales, fuga de capitales, huelga de inversiones, chantajes sobre los gobernantes, etctera. En una palabra, la burguesa no se enfrenta con los falsos problemas que suelen paralizar al campo popular, esterilizado y desmovilizado en improductivas discusiones acerca de si movimientos s o movimientos no, o partidos s o partidos no. Profunda conocedora del poder y sus secretos, la burguesa utiliza todas las armas disponibles en su arsenal haciendo caso omiso de sus caractersticas, mientras sus opositores se desangran dirimiendo primacas entre unas y otras y quedando por eso mismo a merced de sus enemigos de clase.


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