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Un escenario global nuevo

Fuentes: Rebelión

El resultado de las elecciones del pasado 7/11 en Estados Unidos trasciende ampliamente el simple cambio en la correlación de fuerzas de ambas cámaras. Significa en primer lugar una revolución en la conciencia de buena parte del pueblo de aquel país, que va más allá de un rechazo transitorio. Se ha dicho basta a la […]

El resultado de las elecciones del pasado 7/11 en Estados Unidos trasciende ampliamente el simple cambio en la correlación de fuerzas de ambas cámaras. Significa en primer lugar una revolución en la conciencia de buena parte del pueblo de aquel país, que va más allá de un rechazo transitorio. Se ha dicho basta a la mentira, a la ocultación sistemática de los hechos, a las intrigas con ribetes mafiosos que procuraron silenciar las voces críticas a la criminal aventura de Irak. Algunas madres,de los cerca de 3 000 jóvenes- según cifras oficiales- sacrificados en Irak, en diversas entrevistas, realizadas a propósito de las elecciones, expresaron junto a su dolor, una clara conciencia del engaño que había llevado a sus hijos a la muerte y su repudio a la estrategia tramposa del miedo aplicada por el gobierno para acallar toda protesta contra la guerra.

Con las reservas de un pronunciamiento en el que participó apenas un 40,4 por ciento de los habilitados para votar, el categórico rechazo a la política encarnada en la figura del presidente Bush, aunque los arquitectos estaban detrás del sillón presidencial, supone el principio del rápido fin de un personaje que ha resultado el símbolo de la decadencia de la otrora primera potencia universal y,más importante obviamente, de una política que atañe al mundo entero.

(Resulta inevitable recordar aquí el vaticinio del investigador noruego Johan Galtung, el mismo que anunció el colapso de la ex-Unión Soviética diez años antes de que ocurriera, que pronosticó, a principios del milenio, el fin del imperio americano, como tal. En un plazo de 25 años, que reducía a 20 en el caso de que George Bush fuera reelecto tal como ocurrió.)

La obligada renuncia de Donald Rumsfeldt,una de las figuras más repudiables del elenco que ha puesto en práctica la política diseñada para la guerra contra Irak, es a estas alturas irrelevante. Muchos creen en Estados Unidos, que el vicepresidente Dick Cheney, eminencia gris de aquella y el propio Bush, deberían renunciar o ser «renunciados» mediante alguno de los mecanismos constitucionales previstos. Pero ese extremo no está contemplado por los vencedores, que están lejos de formar un bloque unido respecto a la Guerra de Irak -muchos de ellos la apoyaron- y que la única tarea que podrán encarar es encontrar, si ella es posible, la forma menos humillante de enmascarar la derrota..

Es de interés rescatar algunos hechos recientes que, sin relación directa de causa-efecto, prologaron la histórica derrota electoral de los neocon estadounidenses, pero que ahora adquieren relevancia.

Por primera vez desde su creación en 1948, el Estado de Israel , poseedor de uno de los ejércitos mejor armados del mundo, poseedor también de armamento nuclear (sin que la «Comunidad Internacional» se haya inquietado por ello) sufre una derrota militar frente a Hizbolá en la reciente guerra del Líbano. Esta derrota se inscribe en un clima de descontento popular por un creciente rechazo a una política de terror indiscriminado contra la población civil palestina, que no hace más que alimentar la espiral de violencia, también entre los militares por la forma en que fue conducida la guerra y -para no ser menos que el imperio protector – por escándalos de corrupción de todo tipo que involucran entre otros al propio primer ministro Edhu Olmert y al presidente de la República.

Por primera vez también el presidente Bush admite las semejanzas entre la situación en Irak y la guerra de Vietnam. (Lo que seguramente no alcanza a percibir, es que Estados Unidos está hoy, internamente y en relación al concierto mundial, en condiciones notablemente más desfavorables de lo que estaba cuando la derrota en Vietnam. Y por tanto las consecuencias serán también mucho más onerosas).

El otro gran criminal de guerra llamado Toni Blair, el que aterrorizó a su pueblo con la posibilidad de un ataque nuclear de Saddan Hussein en menos de una hora, para «justificar» la invasión de Irak, ahora propone recurrir al «eje del mal» Irán y Siria, para salir del laberinto. (No es descartable que haya hecho la propuesta para evitarle a Bush la humillación de tener que hacerla ).. Y para apuntar otro dato significativo, hasta el mismo Olmert dijo, en su reciente visita a Estados Unidos, , estar dispuesto a hablar hasta con Hamás. De la soberbia a la humildad, podría titularse ese capítulo.

La situación en Afganistán se ha vuelto crítica para las fuerzas ocupantes con el resurgimiento de los talibanes,a los que hace cinco años se había dado por derrotados.

Y obligará seguramente a corto plazo a revisar su participación a los países de la UE que tienen efectivos allí. Observadores imparciales testimonian que todos los afganos están ahora unidos contra los ocupantes.

Sorpresivamente el deterioro del ecosistema y en particular los efectos del calentamiento del planeta, un tema que la Administración Bush había desestimado con tanta soberbia como ignorancia, ha adquirido importancia primordial, en la agenda mundial, después que un grupo de expertos publicara un informe advirtiendo de las consecuencias para la economía mundial, causadas por el cambio climático. Los desastres sobre los seres humanos, no importaban.

La obstinada negativa de aquella, reiterada en Nairobi estos días, a no suscribir el Protocolo de Kyoto, coloca al país una vez más en contra del sentir unánime de la opinión internacional y de los organismos científicos independientes.

La catástrofe electoral del neoconservadurismo «americano» ha tenido un doble efecto en el exterior. Los vasallos mediáticos, que defendieron la Guerra de Irak, silenciaron los crímenes contra los derechos humanos en la base que el imperio usurpa a Cuba en Guantánamo, en las prisiones irakíes y en las cárceles de la CIA en países de la Unión Europea , han quedado «con las ruedas para arriba». Ahora escriben sobre el deterioro del medio ambiente en China, o sobre los viajes interespaciales.

Al mismo tiempo, personalidades como la del jurista internacional sueco Hans Corell denuncia públicamente, como ya lo hiciera Hans Blix, otro sueco honorable, la violación de todas las reglas internacionales del derecho por parte de la Administración Bush y advierte al gobierno de su país, muy»proamericano», sobre en qué condiciones se pondrá en práctica su declaración de «reforzar los vinculos transatlánticos».

Nada garantiza que los sufrimientos inenarrables que han causado los promotores de esta»cruzada contra el terror y por la democracia» , al pueblo iraquí en primer lugar pero no sólo a él, estén próximos a terminar. Pero una nueva correlación de fuerzas en el mapa mundial, que se dibuja ahora, puede alentar la posibilidad de una aproximación a la paz. Que será con justicia y con la restauración plena del derecho internacional, pisoteado por Estados Unidos y sus «aliados,» o no será. Lo único seguro es que los sueños de dominio universal de una élite de fanáticos, corruptos e incompetentes, han quedado sepultados.