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¿Derechización extrema del global-imperial?

Fuentes: Rebelión

Sionista, antichavista, apologista de la Europa del capital y el mal social, servil amante de las grandes corporaciones capitalistas, sólido publicista del bipartidismo realmente inexistente,… ¿puede derechizarse aún más el mal panfleto diario del global-imperial de don Cebrián? Pues parece que sí. Don Antonio Caño, un amigo muy cercano al presidente de PRISA y corresponsal […]

Sionista, antichavista, apologista de la Europa del capital y el mal social, servil amante de las grandes corporaciones capitalistas, sólido publicista del bipartidismo realmente inexistente,… ¿puede derechizarse aún más el mal panfleto diario del global-imperial de don Cebrián?

Pues parece que sí. Don Antonio Caño, un amigo muy cercano al presidente de PRISA y corresponsal de El País en Washington, parece que ha metido la pata informática y, en un correo que ha enviado a quien no pensaba enviar, ha cargado contra la actual dirección del periódico y ha comentado los planes presidenciales del grupo de una mayor derechización de la publicación. Sin máscaras.

¿Más aún? ¿Es posible? No será fácil desde luego. Pero queda aún la política informativa incendiaria, el abandono de viejas caretas moderadas y cultas, el rostro democrático roto en mil pedazos reaccionarios.

Una muestra de lo que puede llegar (y que de alguna ya ha llegado) podemos leerla en uno de los editoriales del pasado lunes 17 de febrero. Veamos la infamia. Venezuela es el tema. De nuevo.

«Venezuela no puede mantener por mucho tiempo la violencia callejera y dialéctica exacerbada de la última semana sin resquebrajarse», señala el «pacífico y conciliador» comentarista. La muerte de tres jóvenes a manos de pistoleros, comenta sin indicar nombres ni circunstancias, «sin identificar al final de manifestaciones antigubernamentales -además de decenas de heridos y centenares de detenciones- han llevado a punto de ebullición a una sociedad económicamente castigada» (por quién, por quiénes?) y «políticamente dividida entre detractores y partidarios del presidente Nicolás Maduro y su heredado régimen socialista unipersonal». A ver, a ver. ¿Régimen socialista unipersonal? ¿A una República democrática con amplia presencia de negocios privados y medios ultraderechistas se la designa como Régimen, como Régimen socialista, como Régimen socialista unipersonal?

Maduro, no el presidente Maduros sino Maduro a secas, «que obtuvo en noviembre por simple mayoría parlamentaria poderes especiales para gobernar durante un año por decreto», está utilizando esas muertes. ¿El presidente bolivariano está utilizando esas muertes? ¿El o la «oposición» histérica? En todo caso, ¿para qué? Pues para multiplicar la represión. «No solo en las calles, mediante las fuerzas de seguridad y las temidas y oscuras milicias progubernamentales», que los de El País llaman a veces parapoliciales, «sino también impidiendo la difusión de lo que ocurre mediante la censura y el control o la asfixia de la radio, la televisión y la mayoría de los periódicos». Miren, vean los medios de la derecha y verán de qué hablan. ¿Asfixia de los medios intoxicadores? Por favor… Y si así fueran, ¿no sería razonable?

Tan grave para la convivencia venezolana como el arbitrismo presidencial en un país sin contrapoderes institucionales reales, se señala, es el lenguaje totalitario (¿totalitario?) y «de combate de Maduro y sus más directos colaboradores (empeñados en la denuncia permanente de conspiraciones de dentro o de fuera), elevado a la categoría de único argumento político». En la semana que acaba, prosigue el editorial, «caracterizada por la violencia callejera, el presidente ha acusado a sus rivales «fascistas» de preparar un golpe de Estado y al ex presidente colombiano Álvaro Uribe de financiarlos». ¿No es el caso? ¿Uribe es un alma bendita y democrática de Dios y del pueblo colombiano? ¿No ha habido nunca intentos de golpe de Estado en Venezuela? ¿USA mira neutralmente todo lo que está sucediendo al lado de la oligarquía venezolana?

Lejos de investigar seriamente las muertes del miércoles y exigir las oportunas responsabilidades, asegura el editorial, el régimen (¿qué Régimen?) «se embarca en una escalada de represión y burda propaganda». El heredero de Chávez, aseguran, «fue elegido en abril pasado por un estrecho margen», en unos comicios denunciados como fraudulentos por la oposición (sin ningún fundamento probado olvidan añadir y sin recordar las muertes causadas en los enfrentamientos que organizaron), aglutinada entonces en torno a Capriles. El «entonces» es más que significativo. «La situación caótica de Venezuela (rica en petróleo), donde la escasez se acentúa, la inflación oficial ronda el 60% y los delitos violentos campan a sus anchas, ha radicalizado a una parte de los adversarios de Maduro, que consideran insuficientes los métodos moderados». ¿Métodos moderados los de Capriles? ¿No es esto una forma de abonar lo más derechista y más fascistoide de la «oposición» venezolana, de la nueva impresentable alternativa?

En contra de las tesis dialogantes de Capriles, progresivamente aislado, otro golpe en la sien de El País, Leopoldo López, un economista, apuntan, educado en EE UU, por tanto prudente y conocedor de los asuntos importantes, «a quien el régimen ha puesto en busca y captura por considerarlo golpista y culpable de un rosario de delitos- abandera una actitud más determinada y la presión contra el régimen en la calle». ¿Una oposición más determinada? ¿Presión contra el Régimen en la calle? ¿Pero no es eso precisamente lo que están denunciando las autoridades venezolanas? ¿Se imaginan lo que diría el global-imperial si la oposición española de izquierdas tuviera comportamientos similares? ¿Leen alguna denuncia contra la violencia dirigida por la oposición de derecha extrema?

Queda la estocada al final: «Venezuela no va a recuperar su perdido centro de gravedad con el asalto a las libertades democráticas y el silenciamiento de la realidad que encarna Maduro». ¿Asalto a las libertades democráticas? ¿Dónde? Y menos, añaden, «con el lenguaje de vencedores y vencidos impuesto por el presidente y sus correligionarios». ¿Hablan en estos términos? Si se quiere preservar en el país latinoamericano, sentencia el editorial, «el supremo bien de la convivencia, urge un decidido paso atrás en esta alarmante escalada de la tensión». ¿Paso atrás? ¿Por parte de quién? ¿Hacia donde? ¿Hacia el golpe de 2002?

Ya nos hacemos idea de qué quiere decir derechización extrema del global-imperial. A la altura del ABC, La Razón, La Vanguardia… Lo peor de lo peor. ¡Y se las dan de demócratas y de defensores de la justicia social! ¡Qué rostro! Por debajo de todo ello, negocios, cuentas de resultados y servilismo de vasallos.

Notas:

[1] Miren qué persona tan tolerante, ecuánime y admirable; miren que escribía uno de estos días don Antonio: » ¡Metroscopia: 90% de españoles quiere más pactos PSOE-PP. Todos menos fanáticos de ambos lados, que son los que más se escuchan.» ¿Será esta pieza el futuro director del global-imperial?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.