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Entrevista al fotoperiodista Gervasio Sánchez

«El problema más grave del periodismo es su crisis de identidad»

Fuentes: Ajintem

No puede uno evitar conmoverse cuando tiene delante la fotografía de una mujer que se lanza desconsolada sobre los restos mortales del que había sido su compañero sentimental. Un hombre al que esperó durante días, meses, quizá años, y del que solo tiene ahora un puñado de huesos y un montón de recuerdos. Se llama […]

No puede uno evitar conmoverse cuando tiene delante la fotografía de una mujer que se lanza desconsolada sobre los restos mortales del que había sido su compañero sentimental. Un hombre al que esperó durante días, meses, quizá años, y del que solo tiene ahora un puñado de huesos y un montón de recuerdos. Se llama Erica Patricia Agudelo y su pareja era Elías Fuentes, desaparecido y posteriormente ajusticiado, una víctima más del devastador conflicto colombiano. La cámara registra el momento en el que recibe el certificado de identificación de Elías, cuando lo llora delante de su tumba y cuando los familiares del fallecido dibujan su silueta en un papel con una leyenda que reza: «Aunque nos arrebataron tu vida tu recuerdo permanece intacto en nuestra memoria».

El fotoperiodista Gervasio Sánchez (Córdoba, 1959) ganador del premio Ortega y Gasset de periodismo en la categoría de fotografía viajó por primera vez a Colombia para cubrir las elecciones presidenciales que le dieron el triunfo a César Gaviria en 1990. Llegó en medio de una sangrienta campaña electoral que se había cobrado la vida de cuatro candidatos presidenciales. Seis años atrás, había comenzado su carrera como periodista independiente especializado en conflictos armados. Trabajando como camarero de lunes a domingo en las playas de Tarragona consiguió ahorrar dinero y se montó a un avión con rumbo a Guatemala. Quería vivir, de primera mano, las historias que había leído y que hablaban de miles de desapariciones forzosas a causa de la guerra. Chile, Argentina, Irak, buena parte de África, Perú,

El Salvador y Bosnia-Herzegovina, entre otros, han sido algunos de sus destinos como enviado especial. Sánchez ha captado con su cámara el horror de la guerra. El dolor. La muerte. Y  siempre persisten en su cabeza los relatos de las personas que pasan años tras la huella de un ser querido que les fue arrebatado y de cuya existencia no saben nada. Mujeres como Erica, o como las viudas de Bosnia-Herzegovina, o como tantas familias en Chile y Argentina. Fruto de aquella obsesión es Desaparecidos, un trabajo que le ha llevado más de una década y ha abarcado diez países. Son 255 fotografías que pueden verse en el Museo de Arte Contemporáneo de Castilla y León (MUSAC) hasta el 5 de junio; el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) hasta el 1 de mayo y la Casa Encendida de Obra Social Caja Madrid hasta el 20 de marzo. «Tengo amigos en Colombia que me decían que allí no había desaparecidos..Y fíjate, a día de hoy hay más de 55.000 familias que han dado testimonio de desapariciones forzosas», suelta Gervasio mientras me señala algunas de las fotos de la exposición que se acaba de inaugurar en la Casa Encendida de Madrid. Lleva una mañana frenética. Media docena de entrevistas y dos teléfonos móviles que no paran de sonar. Aún así,  se lo toma con calma. Está acostumbrado. Comenzamos hablando de la guerra y acabamos haciéndolo sobre nuestro oficio. «Nada ni nadie puede justificar que se haga algo que destruya los principios básicos del periodismo. Ni siquiera una hipoteca, la familia o los hijos. Me importa un carajo. El periodismo es sagrado, no se puede violar. Es importante decirlo».  Gervasio Sánchez en esencia. ¿A alguien le sorprende? 

-Dijo usted una vez que desde pequeño le da miedo la muerte. ¿Cómo ha conseguido enfrentarse a ella de manera tan descarada?

En realidad me daba miedo la muerte cuando era pequeño. Pero luego he pasado a su lado tantas veces…

-¿Se acaba uno acostumbrando?
No. Lo que sí es cierto es que con el paso de los años -y no es que  me haya acostumbrado- la veo con más naturalidad. Y  más en la guerra. Yo siempre digo que los muertos son el menor problema de la guerra, porque los entierras y están en el recuerdo de los familiares y ya no son un problema. Los heridos, los que sufren estrés postraumático, los que se quedan bloqueados para siempre, los que sobreviven en medio del caos, creo que para ellos todo eso es peor que la muerte. 

-A veces es tan natural que en algunas sociedades es una forma de vida el estar al borde de la muerte…
De Colombia, por ejemplo, se ha llegado a hablar incluso de la cultura de la muerte. Lo que pasa es que a veces se hace mucha filosofía y mucho exhibicionismo con el dolor ajeno. No creo que la sociedad colombiana sea más violenta que la española. Aquí hubo una guerra civil y cuando se desmoronó todo la gente hizo auténticas atrocidades. Yo recuerdo cuando íbamos a México a descansar de la guerra en Centroamérica y era un lugar muy tranquilo y ahora hay más muertos que en Colombia. Y más brutalidad. ¿Es que de repente los mexicanos se han vuelto más violentos? Simplemente lo que ocurre es que cuando en un país se desintegran los principios básicos de convivencia, desaparecen los equilibrios que permiten a una sociedad vivir en paz. Los que matan en México, los que mataron en Colombia y en la guerra civil española eran como nosotros, no somos tan diferentes. He visto como el conflicto convierte a personas normales en criminales.

-¿Cómo consigue no cruzar la frontera del exhibicionismo y el morbo?
Se trata de mostrar el drama de la guerra con imágenes que puedan obligar a reflexionar. Fotos de cadáveres decapitados o destrozados por las bombas no sirven para mucho. En cualquier trabajo tienes que saber seleccionar lo que captas sin renunciar a contar lo que está pasando. Cuando yo empecé a cubrir las guerras, en los 80, fotografiaba lo evidente, los muertos. Pero lo importante es saber qué pasa con los vivos, cómo aguantan, cómo se defienden de la violencia, qué pasa en las calles. Eso tiene más repercusión que mostrar fotos de muertos. Y es una de las razones por las que me metí en este proyecto.

-El trabajo más duro al que se ha enfrentado en su vida profesional.
Desde que era un joven estudiante de periodismo en Barcelona empecé a tomar contacto con el tema de los desaparecidos. Cada verano trabajaba de camarero en una playa de Tarragona para pagarme los estudios y para irme de un lado a otro. El primer reportaje que hice en Chile fue en el 86, justo después del atentado contra Pinochet. Y en el 88 ya hice uno sobre desaparecidos.

-Inicialmente España no estaba incluida en el proyecto…
Es que yo he trabajado siempre en el extranjero y vuelvo a España para descansar y preparar el siguiente viaje. Pero en 2008 una periodista de Efe me dijo que le parecía una excusa que no incluyera a  mi propio país y le empecé a dar vueltas al asunto. Comencé a contactar con gente y recopilé mucha información. Estoy escandalizado con la falta de interés de la clase política por solucionar el problema de los desaparecidos en España y por hacernos creer que aquí hubo una transición modélica. Ahora he comenzado un proyecto sobre los desaparecidos en España. 

-No siempre sus trabajos son bien vistos en algunos países. En su blog, por ejemplo, le llueven las críticas cuando se refiere a Colombia.
Durante la época de Uribe los colombianos han hecho lo mismo que Israel cuando hay críticas. Pero nadie me va a dar lecciones sobre ese país. Llevo 20 años trabajando allí y me divierte mucho cada vez que escribo sobre Colombia y aparece esta pandilla porque tengo la seguridad de que Uribe irá a la cárcel. Lo dije de Fujimori. Y en el 87, cuando escribí sobre la Caravana de la muerte en Chile, aseguré que este caso salpicaría algún día a Pinochet. Y así fue.

Imposible no entrar en el debate sobre la crisis del periodismo.
Lo veo clarísimo. Lo digo por activa y por pasiva. Estamos obsesionados con la crisis económica del periodismo; hay miles sin trabajo, mucha gente mal pagada…Pero en los 80 nadie me dijo vete a Guatemala, me tuve que buscar yo la vida. Precariedad laboral ha habido siempre, eso es evidente. Y hay una mala planificación en las universidades, muchos chicos han escogido la carrera sin tener verdadero interés, y luego están los gabinetes de prensa, que en mi opinión no tienen nada que ver con el periodismo.

-¿Hacia dónde va entonces?
El problema no es la crisis económica porque se trata de algo coyuntural y cíclico. El problema más grave es la crisis de identidad que se gesta, al menos en España, cuando más dinero se gana con los medios de comunicación. Cuando las multinacionales españolas como los grandes bancos, Endesa, Telefónica, Repsol, El Corte Inglés, entre otros, ponen más dinero sobre la mesa publicitaria y exigen que no se investiguen sus finanzas, que no se entre en políticas laborales; no quieren que sus publicidades vayan acompañadas de reportajes duros. El grupo Prisa, por ejemplo. No se habla de todo el dinero que ha dilapidado por una mala gestión. Solo de que van a cortar, a cerrar medios que podían haberse mantenido solamente con lo que El País, la Ser y Santillana han ganado. Entonces esa crisis de identidad es lo grave. Hemos perdido la confianza del público. Si no investigamos, si hacemos coberturas de mierda, entrevistas pactadas, si tocamos solamente la corrupción del partido opositor y no la del amigo. El País nunca habla de la corrupción del PSOE y El Mundo nunca de la del PP salvo excepciones. Y la gente se da cuenta y cada vez está más cabreada con los periodistas, a los que identifican con personas vinculadas al poder en vez de personas que lo vigilan.

-Ha citado usted muchas veces las palabras de Kapuscinski en el sentido de que el periodismo debe ser incómodo para el poder. Impertinente.
El problema está cuando se produce la fusión, cuando desembarcan poderes extraños al periodismo y lo que se exige a los medios es que ganen más dinero y para eso tienes que tener más publicidad, quitar páginas de reportajes y todo lo que sea conflictivo. Con lo cual el periodismo va cayendo de nivel. Y hoy en día te encuentras a personas en sitios claves con muy baja calidad. Gente fácilmente manejable que cuando se les ordena que no toquen un tema obedecen. 

-Al menos usted es una rara avis que tiene la facultad de poder ser crítico y decir en voz alta lo que piensa…
Siempre he hablado claro. He puesto a parir a la clase política española y he dicho que está repleta de cobardes porque en 35 años de democracia no han sido capaces de abordar un proyecto serio en relación con la Guerra Civil. No me voy a cortar nunca y voy a decir lo que pienso y si a alguien no le gusta que no lo escuche.

-Después de todo lo que ha visto, ¿tiene confianza en el ser humano?
He visto lo mejor y he visto lo peor, con lo cual la balanza acaba siendo equilibrada. He visto a personas haciéndose ricas gracias al dolor ajeno, vendiendo armas…las situaciones más brutales. Y también he visto personas que mueren por no matar. Que se defienden de la brutalidad con dignidad. Si solo viera lo peor sería insostenible.

Fuente original: www.portal.ajintem.com