Recomiendo:
17

In memoriam

John Pilger, periodista y documentalista radical

Fuentes: Counterpunch / Imagen: Counterfire

Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo

Se apagó una voz de los oprimidos

Una brillante estrella del firmamento de la justicia se ha apagado. Uno de los más grandes periodistas vivos falleció el penúltimo día del año que acabamos de dejar atrás.

John Pilger siempre estuvo del lado de los oprimidos. Denunció al Imperio y todas sus violentas depredaciones –guerra, genocidio, explotación– así como sus interminables mentiras y propaganda.

Hasta su muerte luchó incansablemente por la libertad de Julian Assange, y su último artículo fue un llamamiento a la solidaridad. John dio voz a los invisibles y a los que no tienen voz: los hambrientos, los pobres, los discapacitados, los reclutados, los sancionados y bombardeados, los desposeídos, los refugiados, los sometidos a experimentos químicos, las víctimas de los ajustes del FMI, los golpeados, los que padecen hambruna, los colonizados, los sometidos a genocidio y los silenciados, encendiendo una luz en los recovecos ocultos y oscuros del infierno del Imperio.

Denunció y luchó contra el racismo, la guerra, las privatizaciones, el neocolonialismo, el neoliberalismo, la globalización, la propaganda, la publicidad, la locura nuclear y los golpes de Estado promovidos por Washington. Su filmografía y escritos son una muestra de la incesante criminalidad del Imperio y el Capitalismo.

La British Television Authority le rindió el mejor homenaje que podía rendirle al describirle como «una amenaza para la civilización occidental».

John Pilger también fue profético. En 1970 relató la insurrección de las tropas contra la guerra de Vietnam en The Quiet Mutiny (El motín silencioso).  En 1974, y de nuevo en 2002, denunció que «Palestina seguía siendo el problema«, exigiendo que «su ocupación debía terminar ya». Advirtió sobre el militarismo y el revisionismo japonés. En 2014, advirtió de que Ucrania, un «parque temático de la CIA», estaba preparando «una guerra de guerrillas dirigida por la OTAN que probablemente se extenderá a la propia Rusia». Hace siete años, cuando sólo unos pocos eran conscientes, y aún menos lo expresaban en voz alta –en breves palabras y artículos–, publicó un documental completo y a todo volumen en el que advertía al mundo de que Estados Unidos estaba intensificando su preparación para una guerra con China.

John no sólo fue un periodista de gran capacidad crítica y un cineasta que cambió el mundo: «Camboya Año Cero» está considerado uno de los documentales más influyentes del siglo XX.  También era un artesano, un poeta, un artista: entendía el poder del lenguaje, pero también comprendía, en un medio limitado por el número de palabras, lo que significaba hacer que cada palabra tuviera valor.

Pero lo que siempre me impresionó de John fue su forma de hablar, rica y resonante, como la de un actor de Shakespeare.  Contenía el valor inconfundible e intachable de la integridad moral: una voz que sabe que dice la verdad.

En los próximos días se oirán muchas cosas sobre él –mientras hablamos, los medios de comunicación están sacando del congelador sus obituarios enlatados y preescritos–, pero las propias palabras de John son de lo más esclarecedor.

Sobre la forma de hacer periodismo:

En todas estas formas, el objetivo debe ser averiguar tantos hechos y tanta verdad como sea posible. No hay ningún misterio. Claro que sí, todos aportamos una perspectiva personal al trabajo; es nuestro derecho humano. El mío es ser escéptico ante quienes pretenden controlarnos, de hecho ante toda autoridad que no rinda cuentas, y no aceptar las «verdades oficiales», que a menudo son mentiras. El periodismo es o debería ser el agente de la gente corriente, no del poder: la perspectiva desde el terreno.

Sobre los resultados conseguidos:

… el objetivo de todo periodismo es o debería ser dar a la gente el poder de la información, sin el cual no pueden pretender acceder a determinadas libertades. Es tan sencillo como eso. De vez en cuando se ven los efectos de determinado documental o serie o reportajes. En Camboya, tras la proyección de mi primer film, el público hizo donaciones por valor de más de 50 millones de dólares sin mediara ninguna solicitud; mis colegas y yo pudimos utilizar ese dinero para comprar suministros médicos, comida y ropa. Algunos gobiernos cambiaron su política como resultado. Algo parecido ocurrió tras la exhibición de mi documental sobre Timor Oriental, rodado, en su mayor parte, de forma clandestina… ¿Afectó a la situación en aquel país? No, pero hizo una contribución más a muchos años de incansable trabajo de personas de todo el mundo.

Sobre las redes sociales:

Irónicamente, pueden separarnos aún más a unos de otros, encerrarnos en un mundo-burbuja de smartphones e información fragmentada y comentarios banales. Francamente, creo que pensar es más divertido.

Sobre la política exterior de Estados Unidos:

Rara vez utilizo el término casi respetable de política exterior de Estados Unidos; el término correcto es, sin duda, los designios de Estados Unidos para el mundo. Estos designios han seguido la misma línea desde 1944, cuando la conferencia de Bretton Woods consagró a EEUU como la potencia imperial número uno. La línea ha conocido interrupciones ocasionales como la retirada de Saigón y el triunfo de los sandinistas, pero los designios nunca han cambiado. Son dominar a la humanidad. Lo que ha cambiado es que a menudo se disfrazan con el poder moderno de las relaciones públicas, un término que Edward Bernays inventó durante la primera guerra mundial porque «los alemanes han dado un mal nombre a la propaganda».

Sobre la economía:

Con cada nueva Administración, parece que los objetivos se » tejen» más en el reino de la fantasía y se vuelven más y más extremos. Bill Clinton, todavía conocido por los ingenuos terminales como «progresista», en realidad subió la apuesta de la administración Reagan, con las iniquidades del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA, por sus siglas en inglés) y asesinatos variados por todo el mundo. Lo especialmente peligroso hoy en día es que la deliberada y criminalmente colapsada economía estadounidense (colapsada para la gente corriente) y la indiscutible preeminencia de las parasitarias industrias de «defensa» han seguido una lógica conocida que conduce a un mayor militarismo, más derramamiento de sangre y penuria económica.

Sobre el activismo por la paz:

Los actuales preparativos para una guerra con China son un síntoma de ello, al igual que la invasión de África…. Me parece extraordinario que haya podido vivir toda mi vida sin haber volado en pedazos en un holocausto nuclear provocado por Washington. Lo que esto me indica es que la resistencia popular en el resto del mundo es potente y muy temida por el matón: mira si no la persecución histérica que hace a WikiLeaks. O si no temida, es al menos desorientadora para el amo. Por eso, a los que consideramos la paz como un estado normal de los asuntos humanos nos espera un largo camino, y vacilar por el camino no representa una opción, la verdad.

Sobre el futuro:

Estoy seguro de que si permanecemos en silencio mientras el estado belicista estadounidense, ahora desenfrenado, sigue su sangriento camino, legaremos a nuestros hijos y nietos un mundo con un clima apocalíptico, sueños rotos de una vida mejor para todos y, como dijo el llorado general Petraeus, un estado de «guerra permanente». ¿Lo aceptamos o nos defendemos?

John Pilger, ¡Presente!

N. del T.: En su versión original en inglés, este artículo permite vínculos a todos los temas mencionados, que denunció mediante sus artículos de prensa y sus películas documentales. Puede seguirse su trayectoria personal y profesional en la página que mantuvo hasta su defunción: https://johnpilger.com/. Y todos los artículos en castellano publicados en Rebelión en: https://rebelion.org/autor/john-pilger/

Fuente: https://www.counterpunch.org/2024/01/01/a-voice-for-the-oppressed-john-pilger-radical-journalist-and-documentarian/

El presente artículo puede reproducirse libremente a condición de que se respete su integridad y se cite a su autora, a su traductor y a Rebelión como fuente de la traducción