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Una conversación con Nazanin Armanian y Santiago Alba Rico

«Se creyó que bastaba con invertir lo contado por los medios hegemónicos para obtener la verdad»

Fuentes: Revista Pueblos

El conflicto en Siria ha dejado totalmente al descubierto los vacíos y diferencias en la izquierda y la fragilidad del trabajo de los medios de comunicación alternativos. Nazanin Armanian, iraní refugiada en Barcelona desde 1983, coautora de libros como «Irán: la revolución constante» (Flor del Viento, 2012), y Santiago Alba Rico, residente en Túnez desde […]

El conflicto en Siria ha dejado totalmente al descubierto los vacíos y diferencias en la izquierda y la fragilidad del trabajo de los medios de comunicación alternativos. Nazanin Armanian, iraní refugiada en Barcelona desde 1983, coautora de libros como «Irán: la revolución constante» (Flor del Viento, 2012), y Santiago Alba Rico, residente en Túnez desde 1998 y que acaba de publicar «¿Podemos seguir siendo de izquierdas? Panfleto en sí menor» (Pol.len) comparten habernos acercado, a través de cientos de artículos, realidades distantes y complejas como las de Siria, Irán, Egipto o Túnez. Comparten, también, el haber recibido incontables críticas por algunos de estos artículos, en especial por algunas de las ideas que expresaron sobre Libia, Siria y las intervenciones militares (realizada y posible, respectivamente) de EEUU sobre estos países. En esta entrevista abordamos estas cuestiones, el alcance de las revueltas árabes, la propaganda imperialista, los clichés y la información sobre zonas de conflicto.

-Ocurrió con Libia y volvió a ocurrir con Siria. ¿Será posible superar la brecha que han provocado entre la izquierda los distintos enfoques sobre el conflicto en Siria?

– Santiago: No va a depender de que las izquierdas nos pongamos de acuerdo, va a depender de que haya proyectos apoyados por las poblaciones que nos obliguen a disminuir esas brechas en el Estado español y el mundo árabe. Hay un problema con la izquierda global que tiene que ver con el distanciamiento de las poblaciones, digamos que por razones históricas (algunas verdaderamente injustas, porque las izquierdas han sufrido toda clase de represión, de censura y de persecuciones), pero también por errores. Hay un alejamiento de la calle, de movimientos sociales que no se reconocen en una tradición, en un patrimonio que tenemos que conservar. En la situación de crisis global, económica pero también civilizacional, de valores, la izquierda debería tratar de suturar su relación con las poblaciones, dejar de pelearse y recuperar grandes principios sin los cuales no vamos a conseguir interpelar a estas mayorías sociales.

– Nazanin: Creo que la propia realidad siria pondrá en su sitio a todas esas izquierdas fragmentadas. Llevará tiempo, porque hay mucha mentira mediática, porque la gente no sabe si Bashar Al Assad está torturando a la gente o no. Es curioso que la gente de izquierdas piense que un régimen dictatorial que ha estado cuarenta, cincuenta años en el poder de forma tan brutal, toda la familia, no torture. Más que una crisis sobre Siria es una crisis de la izquierda, que ha perdido los parámetros de análisis social. Ha dividido el mundo entre buenos y malos. Los malos son los imperialistas, pero en muchas cosas Estados Unidos es mejor que los talibanes. Como sociedad, no como imperialista que invade Afganistán. En Estados Unidos existen las ejecuciones, pero no tantas como en Irán o Siria, y aún así los llamamos más reaccionarios que esos regímenes. Hay un problema en la izquierda europea y en la latinoamericana que no hay en la izquierda de Oriente Medio, donde estas cosas se manejan más o menos bien. Hay otro factor, y es que nuestra opinión, desde afuera, no va afectar a la suerte de la población siria. Es un debate que tenemos que resolver entre nosotros, y más que nada por nosotros mismos.

– Veo difícil que la izquierda haga ahora mismo estos ejercicios.

– Santiago. Hay tres ejes en torno a los cuales se construye cualquier proyecto: la fuerza, la información y los principios. En cuanto a las relaciones de fuerza estamos claramente en inferioridad de condiciones. Pero lo malo es cuando estando en inferioridad de condiciones de fuerza de alguna manera se produce una renuncia a estar bien informados, y también a los principios. Estoy de acuerdo con lo que ha dicho Nazanin. Primero, hay que entender que podemos influir muy poco en esa realidad. Es tan asurdo que me acusen de haber justificado no sé qué bombardeos como atribuirse un mérito en el curso de los acontecimientos si es que Estados Unidos sale debilitado. Nos quedan la información y los principios y, si renunciamos a esos dos campos, como hace un sector de la izquierda que prefiere aplicar un esquema a saber lo que está ocurriendo realmente, por una combinación de pereza y dogmatismo, va a ser todo muy difícil.

– Durante un tiempo se habló en todos los medios, de todas las ideologías, de las primaveras árabes. Ahora parece que el término se está rechazando. ¿Qué opináis?

– Santiago. Como fue una etiqueta mediática escogida en un momento dado por quienes construyen la opinión pública, en cuanto la realidad no se ajusta a ese cliché se inventa otro. De las «primaveras árabes» al «invierno islamista», que es una fórmula que se ha consagrado también. Quienes llevamos tiempo estudiando esa zona del mundo desde el compromiso sabíamos que no eran «primaveras». Los medios necesitan narraciones y éstas son simplificaciones. No es que no sean necesarias, lo que pasa es que, cuando quienes narran tienen intereses, comerciales o geoestratégicos, las etiquetas acaban convirtiéndose en epítetos. Sabíamos que eran procesos de larga duración en lugares donde no había condiciones para revoluciones socialistas, con transformaciones de la estructura económica. Hay quienes, después de haber proyectado clichés islamofóbicos, de pronto descubren un mundo desconocido e invertido respecto al primero, descubren que hay dictaduras pero también ansias de libertad, blogueros jóvenes alternativos… Todos esos actores en los que Occidente se puede reconocer. Cuando eso se convierte en un gobierno islamista, hay golpes de Estado, guerras civiles… todo ese entusiasmo resulta vergonzante y se formulan nuevos clichés, también desde la izquierda. Hubo procesos a veces muy duros, otros más pacíficos, pero siempre con alto coste de vidas, podemos discutir mucho si son revoluciones populares.

– Nazanin. La prensa occidental se sorprendió pensando que esa gente había despertado de un sueño muy largo. No es verdad, pues en la mayoría de esos países ya se habían producido movimientos puntuales. La Primavera de Damasco del 2000 fue duramente aplastada. No fue primavera árabe, ni en su momento ni en la consecuencia, si queremos pensar que provocó un cambio radical, profundo, estructural, en los países musulmanes. Para occidente un cambio son unas elecciones cada cuatro años y que el sistema político y económico quede intacto: una fachada democrática ya es una primavera. Pero no ha habido ni esto. La mayoría de estos países han ido hacia una guerra civil o intervenciones extranjeras. Son la misma élite controlando todo.

– Santiago. Disiento un poco. Es verdad que no ha habido cambios estructurales, pero eso no es suficiente para eliminar el término revolución. Hubo movimientos en todas partes, sofocados, pequeños. Ha habido un despertar de conciencias y un depósito de memoria que no podemos desestimar.

– Nazanin. Una revolución tiene éxito cuando hay un cambio estructural. Pero sí ha habido este despertar, lo que es un proceso irreversible. En Irán fue un movimiento popular. Se adueñó la burguesía de él, pero el pueblo iraní ya no será lo mismo: después de treinta y pico años el régimen no lo puede domesticar. Este despertar acerca de que tenemos derecho sobre nuestro petróleo, por ejemplo, es irreversible. Les pueden aplastar, pero ya es imposible devolver a estas masas a los rincones de las cocinas, sobre todo a las mujeres. Podrán conseguir o no sus derechos, depende del equilibrio de fuerzas, pero éstas cambian, nada es definitivo.

– Los medios alternativos han reflejado la brecha de la que hablábamos antes en la izquierda. ¿Cómo creéis que han abordado el tema de Siria?

– Nazanin. La política exterior de España tanto del Partido Socialista como del Partido Popular es la de Bruselas y la OTAN. En la izquierda hay personas, como hemos comentado, que se ponen del lado de Al Assad. A mí me han llamado «agente del imperialismo» por llamar al régimen de Al Assad así, «régimen». Tampoco voy a defender a Gadaffi; voy a defender que haya habido una esperanza de vida de 74 años, la mayor de toda África, que haya habido enseñanza y sanidad gratuitas, pero por eso no voy a llamarlo régimen democrático. Ha sido una dictadura. Por decir estas cosas me pusieron a parir en la red, me expulsaron de la publicación Ojos por la Paz. Sobre Siria existe la misma postura. «¿Cómo puedes llamar a la República siria, régimen sirio?» Para mí lo es, igual que el régimen de Obama. Es un grupo cerrado de poder total. Es un problema que comparte la izquierda latinoamericana. Quiero apuntar que en Rebelión, uno de los diarios referentes para la izquierda latina y española, se nota un cambio, y lo celebro, porque es una fuente importante de información.

– Santiago. Transmitiré a los ex compañeros de Rebelión tu opinión, les animará mucho. Unos les acusan de ser traidores y otros de ser pro régimen sirio.

– Nazanin. ¡Pero somos analistas!

– Santiago. Creo que es otro de los efectos colaterales negativos de las llamadas revueltas o revoluciones árabes. Antes de que empezaran teníamos algunos medios contra hegemónicos, algunos comerciales, algunos alternativos, que parecían que estaban construyendo otro marco de credibilidad. Después de, sobre todo, la invasión de Irak, a partir de las mentiras de Bush y de la cobertura mediática, quebró el marco de credibilidad de los grandes medios a los ojos de la opinión pública europea y latinoamericana. Ese marco hundido fue aprovechado por otros medios: unos que ya estaban en funcionamiento, otros que se crearon.

Teníamos, por un lado, a dos medios grandes, poderosos, económicamente potentes, Al Jazeera y TeleSUR, y, por otro, a los medios alternativos en internet. Con las revoluciones árabes y la brecha de la izquierda, todos esos medios que de alguna manera habían empezado a dibujar una alternativa se han venido abajo, ha quebrado ese modelo. Al Jazeera se convertía en un peón claro de Qatar y TeleSUR de los intereses geoestratégicos de Venezuela, para defender a Al Assad, al régimen iraní o a Gadaffi. Los medios alternativos se enfrentaron a un problema, y es que habían construido su credibilidad en oposición a los hegemónicos. Sin medios para producir información, se creyó que bastaba con invertir lo contado por los medios hegemónicos para obtener la verdad. Pero el poder, cuando no tiene una mentira mejor, utiliza la verdad.

Todo esto ha ido acompañado de una quiebra de principios. Hemos siempre denunciado las mentiras, el doble rasero y las manipulaciones, y sólo hemos sabido responder de la misma forma. Medios como Russia Today o Hispan TV están legitimando las mentiras de la izquierda. Consultan a personas que tienen una cierta autoridad y que encuentran un hueco informativo para un discurso sensato. Pero cuando tú, con un discurso sensato, estás legitimando una política informativa que en la cuestión de Siria se alimenta de los noticiarios del régimen… No voy a creer lo que cuentan los medios hegemónicos, pero tampoco lo que cuenta una dictadura, porque todas las dictaduras mienten. Si hay una dictadura, hay tortura; si hay dictadura, hay mentira.

– ¿Cómo nos informamos?

– Santiago. Hay que fiarse de los pocos periodistas que conocemos, de quienes conocemos su trayectoria, su trabajo, que son comprometidos y que están produciendo información sobre el terreno.

– ¿La publiquen donde la publiquen, aunque no sea la línea general del medio?

– Santiago. Sí, la publiquen donde la publiquen. Hay que tener referentes individuales. El problema es que ha quebrado un modelo, el modelo ilustrado que unía transparencia, espacio público y verdad. Esto lo ha minado el capitalismo, lo ha hecho imposible, aunque debamos defenderlo. Pero, como esa ecuación era imposible, parecía que la verdadera era la contraria. Cuanto más se cuchichea una noticia, cuanto menos se cita o se publica, cuanto más en la oscuridad germina… más verdadera nos parece. Estábamos creyendo cosas absolutamente absurdas e insólitas, porque hay un link que no se sabe quién ha creado sobre cualquier barbaridad.

– Una de las cosas que afectan a los medios alternativos, además de la falta de tiempo y recursos, es la velocidad de internet. Las tecnologías obligan a trabajar muy rápido, las redes sociales obligan a opinar continuamente. ¿Cómo influye esto en el análisis de la información?

– Nazanin. Si no conocemos la situación de un país concreto no podemos opinar. De Siria no me fío de las informaciones. De Irán hablo porque lo conozco, leo en su propio idioma de todas las corrientes del régimen, de la oposición. No sólo sigo lo que dice Petras en Estados Unidos… ¡La principal fuente de información del régimen de Irán es un señor norteamericano que no sabe persa, que no tiene ni idea! Él es referente, llama al régimen de Irán antiimperialista…

– Santiago. Hace falta una labor de cosecha, de recolección minuciosa. Un análisis completo son horas de trabajo, de investigación. El problema, en efecto, es que el tiempo de internet es incompatible con el tiempo del análisis. El tiempo cerebral, el del pensamiento, es el de la sucesión, y el tiempo de internet es el de la inmediatez. La actualidad pura borra la historia, los procesos. No sólo tenemos que estar informados al minuto de lo que está ocurriendo en todos los escenarios, sino que se nos exige que respondamos al minuto. La realidad es muy cambiante, hay que trabajar mucho, estar muy pendiente, pero también tener cuidado de no responder a esta interpelación de inmediatez, que puede llevar a la ruina.

– Nazanin. Nosotros no pintamos nada, pero… esa persona que tiene que decidir si mandar un ejército… Es una ruina.

– Santiago. En el Pentágono hacen proyectos a más largo plazo, planes, tienen sus informantes sobre el terreno. En este sentido, deberíamos hacer un poco eso, porque de otra manera nunca tendremos los datos para poder determinar con un mínimo de lucidez y sentido común. El tiempo que llaman «real» es el más irreal de todos. La noticia del triunfo de la revolución francesa, del derribo de la Bastilla, tardó tres meses en llegar a Haití, donde estaba empezando una revolución. Ahora hay una saturación que exige una reducción de los formatos, que es precisamente el ritmo de la publicidad. La publicidad ha suplantado al análisis de la información, y creo que desde la izquierda deberíamos resistirnos un poco a eso.

– Nazanin. Sí, menos reacciones inmediatas, exponer las distintas opiniones. El debate sobre Siria ha ayudado a que veamos que entre nosotros tenemos unos conflictos ideológicos, políticos. Quienes sean inteligentes dirán «tenemos este problema, ¿de dónde viene?, ¿cómo podemos solucionarlo?» Esto nos ayudará para otras ocasiones.

– A veces también parece que sólo podemos creer a la reportera o reportero que va a la zona en conflicto, que quizás hace cuatro cosas… y que vuelve, en ocasiones, como si ya hubiese entendido todo. ¿Qué ocurre con el periodismo sobre las zonas en conflicto?

– Santiago. Yo viví en Egipto durante la segunda Guerra del Golfo, en 1991, he vivido en Túnez la revolución y he estado en otros países en conflicto. Para entender por qué los medios hegemónicos manipulan o mienten, a veces no hace falta atribuirlo a malas intenciones de grupos que se reúnen en la oscuridad. A veces tiene que ver con que no investiga ningún periodista, con el modelo precario de trabajo. Es imposible pensar ahora en periodistas como Kapuściński, vinculado a un medio y que casi siempre iba con protección. Ahora es un «sálvese quien pueda». Hay un montón de periodistas con muchas ganas de hacer cosas que van a una zona de guerra sin un chaleco, les pagan 90 euros por jugarse la vida… Y estamos hablando de grandes medios.

Y, claro, ¿qué hacen? Hay un tipo en Tailandia cubriendo protestas sin saber la lengua del país. Luego lo mandan a Túnez sin saber ni árabe ni francés. Cuando llega recibe la lista de contactos de quien sale para Pakistán. Todos esos periodistas que están diez días en un país se ponen en contacto con las mismas personas. Nada tiene de raro que al final las versiones se parezcan mucho, porque todos trabajan en condiciones muy parecidas: sin conocimiento del terreno, sin conocimiento del idioma y manejando listas que han heredado.

– Nazanin. Sí, y hay otro factor, que es que tienes que tener formación política para ser buen periodista.

Andrea Gago Menor edita Pueblos-Revista de Información y Debate.

Artículo publicado en el nº61 de Pueblos – Revista de Información y Debate, segundo trimestre de 2014, monográfico sobre comunicación, poder y democracia.