Recomiendo:
0

Un presentador de la TV cubana se marcha a Miami

Fuentes: Insurgente

«Hace unos meses, viendo el canal Cubavisión (que es el que emite espacios de los que podemos llamar «para toda la familia»), me sorprendió el estreno de un nuevo programa sabatino que respondía al pomposo título de La Hora de Carlos. El contenido era el que más o menos se supone para una noche de […]

«Hace unos meses, viendo el canal Cubavisión (que es el que emite espacios de los que podemos llamar «para toda la familia»), me sorprendió el estreno de un nuevo programa sabatino que respondía al pomposo título de La Hora de Carlos. El contenido era el que más o menos se supone para una noche de día festivo, es decir, con entrevistas, música, tono desenfadado y ambiente relajado. Lo malo es que el tal Carlos, apellidado Otero, cumplía a la perfección con las dotes de un conductor idóneo para lo que se supone debe ser un espacio de fin de semana, hecho a la medida de la TV española o la de Miami, es decir, abusando de las preguntas estúpidas, riendo a carcajadas sin ningún motivo excepto el de celebrar ante sus supuestas gracias, mientras el personal que entrevistaba ponía cara de «qué le vamos a hacer». Ni que decir tiene que fue la primera y única vez que contemplé un espacio tan aburrido, a pesar de la calidad de muchos de los invitados a quienes el tal Otero sometió a todo tipo de sandeces en forma de preguntas que pretendían ser originales. Jamás hubo en la TV cubana un espacio tan mal conducido. (…)».

Me dicen que el tal presentador acaba de quedarse en Miami respondiendo a una oferta de un canal gusanero, lo que hace suponer que el mentado Carlos Otero ha cumplido su sueño de trabajar para George W. Bush y la Mafia cubanoamericana de Florida, para seguir con sus programas a lo María Teresa Campos, Ana Rosa Quintana o su prima hermana virtual Julia Otero, a la que podría llamar para pedirle un puesto en alguno de los espacios que la gallega conduce en Barcelona. Por ello, felicito a todos los cubanos que se han liberado de un profesional cuya meta era «ir tras los pasos de Javier Sardá», según confesaba a sus más allegados en el restaurante El Templete, uno de los más caros y exquisitos de la Habana, a donde el personaje en cuestión solía acudir dos o tres veces por semana, para demostrar su poderío económico.

Cubavisión se queda sin Carlos Otero como yo me quedé sin abuela, pero como digo es una noticia que debe alegrar a los espectadores. En la TV de este país, a pesar de que la cultura media es superior a la de cualquier nación europea, también hay errores de programación, achacables en parte a un tímido deseo por complacer a toda la audiencia, incluida a la que cree que en la TV española o americana, los presentadores son inteligentes, valientes, divertidos y audaces. Carlos Otero cumplió a la perfección el papel de un Carlos sevillano, cuyo apellido ya ni recuerdo, que derrama aún su mediocridad e idolatría por Aznar, con la misma alegría que el colega cubano aburría hasta las ovejas con su programa.

En su día, el periodista Randol Peresalas escribió en el periódico Juventud Rebelde, entre otras cosas, lo siguiente:

 «Uno de los problemas que más acusa nuestra televisión es la falta de identidad de algunos de sus espacios habituales, así como también de sus canales nacionales y territoriales. Si bien últimamente esta situación se ha revertido considerablemente -ahí está el ejemplo del Educativo-, lo que se hace notar en el estudio previo y en su puesta en práctica, no es menos cierto que la mayoría de los espacios muestran incongruencias en el diseño global de los mismos».

O que un lector, visitante en la isla, llamado Lucio Donázar señalara:

«En resumen. La TV revolucionaria carece de publicidad. Formidable. Carece por tanto de cadenas privadas. Estupendo. Tiene dos canales educativos. Ejemplar. Pero en el resto de la programación, mantiene unos sesgos peligrosamente mediocres que se agudizan en el fin de semana.  Entretener con inteligencia es una misión que, al parecer, aún no se han planteado las autoridades responsables de ese medio. Ojalá tuviera la misma categoría de la Sanidad y la Educación. Hago voto por ello

Estoy convencido de que ese visitante debía haber visto al tal Otero el fin de semana. Pero de esta ausencia que algunos lamentan (ya se sabe que en esta Cuba de mi alma hay de todo, como en botica), hay que aprender algo que el Director General del medio debería conocer muy bien. Para hacer televisión divertida y desenfadada, como intentó en vano el tal Otero, hay que elegir a profesionales de una pieza, que demuestren salero y gracia, como en su día hizo el líder del grupo Warapo, Amílcar Pérez, en el programa Mi Noche Favorita, utilizando un tono desenfadado, pero no estúpido, unas maneras amables, pero no forzadas, preguntas sencillas, pero no banales, una sonrisa sincera y no carcajadas estentóreas de guataca profesional.

Sin embargo, la TV cubana mantiene especial cuidado en los espacios culturales y divulgativos a la hora de seleccionar profesionales de primer orden, como Manuel Calviño, José Rudiera, Lilieth Heredero, Magda Resik, Carlos Galiano, Pedro Pérez Bethencourt, etc., cuya presencia dota de originalidad, perspicacia, brillantez y humildad, coherencia y rigor a las colaboraciones habituales de estos excelentes informadores, es decir, ninguna de las virtudes con las que el tal Otero se distinguía.

Bien emigrado (ilegalmente) está por tanto el ex conductor de aquel olvidable programa. Mi más cordial enhorabuena a la audiencia de Miami por habernos librado de este personaje. Por favor, sólo pido a quienes le firmen el contrato que lo hagan por muchos años y por mucho dinero. Únicamente así podré estar tranquilo.