El odio de la libertad toma a menudo la máscara de su defensa. (J.F.Revel)
Todo empezó negándose a replicar la tradición del Post de apostar por un candidato y ha terminado en un acuerdo millonario con Melania Trump para producir un documental sobre su vida privada. Seguro que Trump no vuelve a echar pestes de Amazon, como hizo en 2018
Hay un libro de Martin Baron que ha dado la vuelta por las redacciones y por las mesillas de noche de periodistas de todo signo. En las memorias de Baron como director de The Washington Post -el diario del Watergate, oh-my-God -, ofrece un relato “inspirador” de Jeff Bezos, propietario del diario, y toca desde la perspectiva de su oposición a Trump los conceptos de la libertad de expresión, la noción de verdad, la profesión periodística, la presión empresarial y el auge del totalitarismo. Frente al poder, que así se titula, trata sobre “la misión trascendental de los periodistas de poner al descubierto las irregularidades de los poderosos”.
Baron cuenta en el capítulo titulado “El propietario” cómo Bezos “no tenía la intención de imponer su visión política a nadie. Aunque habitualmente era muy cauteloso con sus opiniones en una ocasión me reconoció alguna inclinación libertaria, pero se presentaba como un hombre pragmático y sin ideología” -relata Baron- “daba la impresión de que Bezos tenía aversión a los políticos que se comportaban imprudentemente”. Pues ya no. Ayer dirigió una carta a todo el staff del Post en la que comunicaba los nuevos cambios en la sección de opinión del diario, unos cambios que han llevado al director de Opinión del prestigioso medio a decir que no, que por ahí no pasaba, lo que le honra. Lo que sigue es un fragmento de la carta, el más enjundioso:
“Le escribo para informarle sobre un cambio que se avecina en nuestras páginas de opinión. Vamos a escribir todos los días apoyando y defendiendo dos pilares: las libertades personales y el libre mercado. Por supuesto, también cubriremos otros temas, pero otros publicarán los puntos de vista que se opongan a esos pilares.
Hubo un tiempo en el que un periódico, especialmente uno que fuera un monopolio local, podría haber visto como un servicio el llevar cada mañana a la puerta del lector una sección de opinión de base amplia que buscaba cubrir todos los puntos de vista. Hoy, Internet hace ese trabajo“.
David Shipley ha dado un paso al lado porque tales premisas son inasumibles para un diario que se precie. Bezos, que en el primer mandato de Trump intentó oponerse a su sindiós, incluso asumiendo las putadas que el gobierno le hacía en sus empresas, ha claudicado. El Post sólo llevará opinión borreguizada a partir de ahora. El Post, el diario con el que tantos periodistas de todo el mundo han soñado alguna vez, pasará a ser una hoja parroquial al servicio de la ideología practicada por el Cesar norteamericano. El individualismo supremo, cobijado bajo el epígrafe de las libertades y el mercado salvaje, el mundo en compra y venta, según el espíritu trumpista. Ya no habrá profesores, intelectuales, periodistas que puedan ofrecer otros puntos de vista a sus lectores, criticar estos presupuestos o darle a los acontecimientos otro enfoque. A partir de ahora los lectores del Post sólo tendrán como alimento intelectual todos los días el mismo menú de forraje: el forraje que quiere el poder.
Habrá quien piense que si un periódico, su propiedad, tiene una línea editorial eso significa que sólo tendrá lectores que compartan esa línea editorial y que estos sólo querrán leer lo que les reafirme en sus ideas únicas, ya que cualquier planteamiento diferente les romperá los esquemas o les desagradará. Ya lo dice Bezos: que sean otros los que publiquen otros puntos de vista diferentes. Esa forma de ver las cosas, tan opuesta a los principios de una sociedad abierta y tolerante, en la que la diversidad de opiniones enriquece y aporta incluso cuando no se comparten, es su tributo al trumpismo que predica la mayor libertad de expresión… para los que piensan como él. Lo mismo que le sucede a Musk, que ya ha planteado cercenar los comentarios aclaratorios de la comunidad porque desmienten la mitad de las barrabasadas que él y los suyos se inventan. A la par, es un paso más en el afán polarizador de la sociedad que tan buenos resultados les da a los nuevos sátrapas. No hay nada más liberador que comenzar el día leyendo a los que piensan diferente a ti. Ahora los lectores del Post tendrán que buscar esa confrontación intelectual en un segundo medio, cosa que, por cierto, hace tiempo que algunos diarios españoles han obligado a hacer también a sus lectores críticos.
No ha hecho ni falta que Trump, en su carrera desbocada para asesinar la democracia norteamericana, haya mostrado su “predisposición a restringir las libertades civiles incluidos los medios de comunicación”, como señala Linz. Bezos se ha puesto la venda antes de la herida. El diario será mono-opinativo y, como es obvio, esa única identidad editorial acabará permeando rápidamente la información, aunque él no lo diga en su circular. Todo empezó negándose a replicar la tradición del Post de apostar por un candidato y ha terminado en un acuerdo millonario con Melania Trump para producir un documental sobre su vida privada. Seguro que Trump no vuelve a echar pestes de Amazon, como hizo en 2018, diciendo que perjudica a la economía real porque ahora Bezos le va a dar opiniones reales, como a Real-Donald le gusta.
Fue una suerte para Martin Baron haber editado las memorias antes de esta nueva andanada; el hombre que cuando Trump, tras su primer advenimiento, dijo que “estaba librando una guerra con los medios de comunicación”, le respondió: “Nosotros no estamos en guerra. Estamos trabajando”. Una idea realmente inspiradora que muchos profesionales del periodismo han orillado.“Muchos compañeros periodistas abrazaron con entusiasmo la idea de que no deberíamos pensar en nosotros mismos como soldados sino como profesionales que simplemente estamos haciendo nuestro trabajo” dice en el epílogo del libro. ¡Cuanto mejor le iría al periodismo de hacerle caso!
En el Post no estaban en guerra, pero Bezos los acaba de meter en una trinchera. Todo se pega.
Fuente: https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/bezos-apunala-pluralidad_129_12087378.html