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Censura

Fuentes: Radio chango

Como no soy un especialista de las técnicas de información, habré de limitarme a mi experiencia personal, basada en cerca de medio siglo de práctica del periodismo, tanto en Francia como en España. La lección que saco de esta mirada hacia atrás es que nuestra profesión se ha ido adaptando a la evolución del capitalismo, […]

Como no soy un especialista de las técnicas de información, habré de limitarme a mi experiencia personal, basada en cerca de medio siglo de práctica del periodismo, tanto en Francia como en España. La lección que saco de esta mirada hacia atrás es que nuestra profesión se ha ido adaptando a la evolución del capitalismo, si es que no la ha precedido. En dos palabras, que cuando empecé, en 1960, la censura la ejercían los gobiernos, y ahora está en manos de los empresarios. Ya hace unos cinco o seis años, el primer ministro francés, Lionel Jospin, declaró, en un arranque de sinceridad que le fue muy reprochado, que los gobiernos no podían hacer nada contra las multinacionales; y esta apreciación se refiere también a la prensa.

Yo empecé a trabajar en 1960 en la Sección en español de Radio Francia, que ahora se llama Radio Francia Internacional. En el equipo figuraban también Mario Benedetti, Mario Vargas Llosa, Severo Sarduy otros escritores conocidos; pero esto es anecdótico. La Censura, preliminar, la ejercía el Ministerio de Relaciones Exteriores, el Quai d’Orsay, que nos daba los boletines informativos y comentarios en francés. Cada sección (inglés, alemán, español, etc…) se limitaba a traducirlo, sin salirse de la raya. Lo mismo hacía la BBC. Fernando del Paso, que trabajó en este organismo inglés, para venir luego con nosotros, me contaba que allí se hacía lo mismo. A él le interpusieron una queja oficial por haber añadido «el presidente electo Salvador Allende», cuando lo de electo no figuraba en el texto oficial del Foreing Office.

A veces, raras, el control se le iba de las manos al poder. En cierta ocasión, allá por 1966, vino a vernos un colaborador de Radio La Habana, llamado Claude Haquin. Nos propuso, oficialmente, que participásemos en un concurso radiofónico internacional organizado por Cuba. Lo hicimos clandestinamente -«De la Bastilla a Moncada»-, ganamos el primer premio, y la dirección nos prohibió acudir a La Habana a recibirlo. A nuestro director de entonces, André Camp, le costó el cargo. A mi no me pasó nada porque inmediatamente se produjo Mayo del 68 y el gobierno hubo de tragarse muchas cosas. Y aproveché esto para desplazarme a Cuba a recibir el premio, tarde, pero mejor que nunca.

Este periodo de intervención directa y descarada del los gobiernos duró hasta la llegada de François Mitterrand al poder en 1981. Desde entones, cada redacción elabora sus propios boletines informativos. En esa fecha me nombran director del Servicio para España y América latina, y puedo asegurar que no hubo ninguna intervención del gobierno. Sólo tuve un problema con un periodista que me quisieron imponer, a lo que me negué rotundamente a menos que ese periodista se sometiese a las pruebas habituales, las superase y me diesen un presupuesto especial. Excuso decir que no se habló más del asunto.

En esos años también estaba encargado de las emisiones en gallego de Radio Francia. Las dirigí y realicé durante dos o tres años, en pleno franquismo. Por las antenas pasaba gente como Celso Emilio Ferreiro, José Luis Méndez Ferrín,, Manuel María, José María Castroviejo y otros intelectuales gallegos, casi todos comprometido en la lucha antifascista. Era embajador de España entonces José María de Areilza, conde de Métrico, el «libera»l franquista, quien intervino ante el gobierno francés y logró suprimir las emisiones gallego, y de paso también las que se hacían en eusquera y en catalán.

Ya que estamos en el tema de la radio, diré que en aquellos momentos yo ejercía de corresponsal suplente de Radio Nacional de España. Quiere decir esto que cuando Angel Roselló, el titular, caía enfermo o tomaba vacaciones, yo lo sustituía. Sucedió que me tocó hacerlo cuando en julio de 1969, Franco propuso a Juan Carlos como su sucesor con título de Rey. Aquel día íbamos a realizar un multiplex, con los corresponsales de Paris, Roma, Londres, y Nueva Cork. Dirigía el programa desde Madrid Victoriano Fernández Asís, falangista notorio. La víspera nos anunciaba siempre el tema del día siguiente, y teníamos que preparar una revista de prensa sobre lo que se comentaba en cada país de este evento. Cada cual expuso su visión, hasta que me preguntó! ¿ Y en París que se dice, Chao? – Pues aquí no encontré ningún comentario. Hombre, algo habrá, ¿no? -Pues no; no se habla nada de eso. Al día siguiente, en directo, el señor Asís fue preguntando a todos, uno por uno, lo que se decía en cada país, menos a mi, que permanecí mudo. Nunca más me volvieron a llamar para sustituir a Roselló.

Fue un caso flagrante de censura dictatorial, pues excuso decirles que no me había establecido contrato ni nada.

Antes, allá por 1967, era yo corresponsal del diario «El Alcázar». He de aclarar cuanto antes que no se trataba del Alcázar ultraderechista de hoy, sino de un periódico de derechas, como todos, pero que pertenecía al Opus Dei aperturista, deseoso de entrar en Europa y jugaba la carta liberal. En 1968 me di a conocer en España gracias al Mayo francés. Yo conocía a los cabecillas de ese movimiento, Cohn Bendit, Sauvageot y otros, y publiqué sendas entrevistas que dieron mucho que hablar. Tanto, que el entonces ministro de Información, Manuel Fraga Iribarne, falangista opuesto al Opus Dei, decidió retirar el periódico de las manos del Opus Dei para entregarlo a sus amigos, la Hermandad de los Defensores del Alcázar de Toledo, ultraderechistas, que todavía lo siguen sacando hoy, aunque nadie se acuerde ya del Alcázar de Toledo. Inmediatamente dimití, y lo hice a tiempo, porque de todas maneras me hubieran echado.

No sé como calificar esta censura. De todas formas gubernamental, pero ya indicaba intereses políticos de cierto grupo de presión, de lucha intestina en el franquismo : falange contra Opus Dei.

Después de mi dimisión empecé a escribir en a Voz de Galicia, periódico de La Coruña que dirigía Francisco Pillado, persona íntegra y progresista, simpatizante del Partido Socialista Popular creado en aquellos años por Enrique Tierno Galván, el futuro alcalde de Madrid. Mantenía yo una crónica semanal muy extensa titulada «Paris a los cuatro vientos». Ahí también llegaron las luchas políticas y el brazo de Manuel Fraga Iribarne. Se montó un complot contra el director, manejado por el ministro Fraga, y llevado por María Victoria Armesto, periodista del diario, miembro de la familia de los propietarios y su marido, el conocido periodista de derechas, aunque trataba de hacerse pasar por liberal, Augusto Assía. Entre Fraga y la pareja desbancaron al director Pillado, que se jubiló y tuvo la valentía de empezar a estudiar piano, y yo me largué a modo de solidaridad con él.

Vemos que en este caso la censura política se unió a la empresarial.

Sufrí otra censura, esta vez vos presuntuoso. Al regresar de Cuba, después de recoger el premio de Internacional de Radio La Habana, escribí cinco artículos sobre mi estadía en las Islas. Lo digo en plural porque uno de ellos versaba sobre la Isla de Pinos, que acaba de ser convertida en Isla de la Juventud. ¿Dónde publicarlos? Tenía varias opciones en España, y decidí ofrecérselos al diario de los sindicatos verticales (falangistas) Pueblo. ¿Por qué? Porque me acordé de Jean-Paul Sastre, nada menos: él, en vez de publicar sus artículos sobre Cuba en su revista, Les Temps Modernes, lo hizo en «France-Soir», diario popular que tiraba a un millón de ejemplares. Pero no todo el mundo es Jean Paul Sartre, y Pueblo – el de mayor tirada de España – me publicaron los dos primeros artículos. A partir del tercero (precisamente sobre la Isla de la Juventud), intervino la censura y se desplomó mi ilusión existencialista. Después supe que había una intervención directa el ministro de Información, don Manuel Fraga Iribarne, del que voy a decir unas palabras, pues aparece demasiado a menudo en esta charla.

A don Manuel lo conozco desde pequeño. Somos del mismo pueblo de Villalba, y su casa estaba a cincuenta metros de la nuestra. Resulta que yo, desde adonde me llega la memoria, fui un niño prodigio del piano. A los seis años mi fama se extendía por la comarca, y a los diez di el primer concierto en el Circulo de las Artes de Luego. Manolito Fraga, ya abogado prometedor, iba a escucharme tocar a la galería de mi casa, y como ya era un personaje influyente, me consiguió becas para ampliar estudios, primero en Madrid, y luego en París. En cuanto llegué a la capital francesa nuestras posiciones políticas empezaron a divergir, sin que nunca se resintieran nuestras relaciones personales. Y así puedo decir que Fraga Iribarne fue la persona que más me ayudó en mi carrera pianística, y la que más me perjudicó en la periodística.

Por ejemplo, con la revista «Triunfo». Me hizo daño a mí, a la revista, a los lectores y a la democracia. Ya sabrán ustedes que Triunfo fue la publicación antifranquista más importante de España, por su tirada y su contenido.

Hubo un momento en que Fraga se vistió de demócrata y suprimió la censura. La prensa mundial elogió esta medida progresista. En realidad fue peor: se suprimió la censura gubernamental, que era demasiado zafia e inculta, y se recurrió a la censura penal. Todo director de periódico, todo periodista tenía libertad para escribir y publicar lo que quisiera, pero cualquier individuo o sociedad podía llevarlo a los tribunales. Con esta sencilla pirueta legislativa acabó con «Triunfo». Se le aplica dos veces sendas condenas de tres meses de cierre y la consabida multa por dos artículos : un titulado «El Matrimonio en España», y el otro una pregunta : ¿»Estamos preparados para el cambio»?

O sea, que de la censura dictatorial, pasamos a la censura de clan, para llegar a la censura judicial.

Pero la evolución sigue, y este mismo año, Tanto Ignacio Ramonet como yo hemos sido victimas de la censura empresarial:
Ambos llevábamos dos años escribiendo sendos artículos semanales en la Voz de Galicia. De pronto en el mes de mayo, el propietario del periódico fuerza la dimisión del director, Bieito Rabido. Inmediatamente, la misma semana, dejan de publicarnos, sin explicaciones, ni a nosotros ni a los lectores.

He de decir que La Voz de Galicia se mostró abanderada en España de una tendencia que ya era común en Francia : Serge July, promotor notorio del Mayo del 68 francés, fundador y director del diario «Liberation», fue puesto de patitas en la calle por diferencias ideológicas por el accionista principal, el multimillonario Edouard de Rothschild, accionista mayoritario desde abril de 2005, así como Alain Genestar, director de Paris-Match, quien salió catapultado por haber publicado en portada una fotografía de Cecilia Sarkozy en compañía de su entonces amante. Cecilia es nieta del compositor Isaac Albéniz, por lo único que me es simpática. Porque además, Cecilia es la esposa del ministro del Interior, el amigo íntimo de Arnaud Lagardère dueño de la revista.

Y así, al mismo tiempo del avance del capitalismo hacia el neoliberalismo, asistimos a una progresión simultánea, paralela, de la prensa. Es la única conclusión que saco de esta experiencia personal, así como una satisfacción : según las últimas encuestas, La Voz de Galicia perdió cinco mil lectores en los últimos cinco meses. Moraleja, la gente no es idiota, y el monstruo devora a sus lacayos.

Cuando creía que el punto de censura alcanzado por La Voz de Galicia era insuperable, me sale un periódico de la prensa llamada libre que lo sobrepasa Se trata de El Heraldo de Miami, versión en castellano del Miami Herald, ambos resueltamente agresivos contra Cuba. Se puede leer en Internet: todos los días sale algún critico, y ahora se ha descubierto que, además, corrompido. Hace unos dos meses se acaba de descubrir que la docena de periodistas más implacables y fustigadores de Cuba estaban, en realidad, retribuidos por el Departamento de Estado norteamericano: cada vez que escribían lo que fuera contra Cuba, les daban un cheque del gobierno de los Estados Unidos, además de su sueldo normal, por supuesto. También, de la misma forma, colaboraban con Radio Marti y con TV Marti, ambas del Estado.

Ahí tenemos a unos periodistas, pagados por su patrón, vueltos a pagar por el Estado para inventar patrañas, y que no dudan en intervenir a modo de propaganda política.

¿ Qué medida toma el director del periódico, un cubano-norteamericano de derechas y anticubano llamado Jesús Díaz?

Pues este señor reacciona como un profesional, de forma correcta, expulsando a esa docena de periodistas por falta profesional grave.

En este momento, el sistema funcionó bien, de forma ejemplar. Pero la segunda parte es distinta : la presión de la comunidad cubano-americana fue tan fuerte, que los anunciantes protestaron :¿Como es posible que expulsen a los defensores de la libertad ? Y amenazaron con retirar la publicidad para asfixiar económicamente el periódico. Así que, dos semanas después, Jesús Díaz tuvo que dimitir. El propietario del Heraldo escribió una carta a la comunidad cubana para disculparse, y los prevaricadores han sido reintegrados. Ahí siguen, de propagandistas ejemplares y oficiales del Departamento de Estado. Esta es la libertad de prensa.