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Hacia una Democracia Postcapitalista

Cómo defendernos frente a la imposición ideológica de la agenda mediática dominante

Fuentes: Rebelión

Los pasados 26 y 28 de abril, la CGT celebró en Sevilla las Jornadas sobre Comunicación y Propaganda, en las que tuve la oportunidad de participar junto a los profesores Miguel Vázquez Liñán y José Candón, así como los abogados Alejandro Alcoholado y Luis de los Santos. Los contenidos de las sesiones giraron en torno […]

Los pasados 26 y 28 de abril, la CGT celebró en Sevilla las Jornadas sobre Comunicación y Propaganda, en las que tuve la oportunidad de participar junto a los profesores Miguel Vázquez Liñán y José Candón, así como los abogados Alejandro Alcoholado y Luis de los Santos. Los contenidos de las sesiones giraron en torno a la ideología impuesta por la agenda mediática a manera de propaganda del sistema, sobre todo en relación a determinadas propuestas políticas, como ocurre con el anarquismo. El análisis de determinados casos sirvió para profundizar en los ejes de actuación que, con ayuda de los medios, sirven para construir un imaginario colectivo difícil de transgredir debido a su potencial persuasivo.

Autores como David Harvey y Éric Toussaint han puesto ya de manifiesto las formas en que se deslizan las estrategias de poder que contribuyen a la disolución de la conciencia de clase, que van desde el ataque a las fuerzas sindicales hasta la perversa presentación de los oprimidos como si fueran opresores. De esta forma, siguiendo a Toussaint, se intenta presentar la lucha trabajadora y los derechos labores conseguidos como «instrumentos de opresión usados por los privilegiados, que tienen un trabajo bien retribuido, contra los que tienen el coraje de aceptar el trabajo precario que les ofrecen». De hecho, recientemente, Joan Rosell, presidente de la patronal española manifestó que era necesario quitar derechos a a los trabajadores con contrato indefinido para poder incrementarlos a los temporales. Siguiendo esta tónica de ataque, el propio Rosell argumentó hace apenas unos días que el concepto de trabajo fijo y seguro era algo propio del siglo XIX. Trasciende así la idea de un mundo laboral precarizado como opción única para mantener los medios de producción. Entendemos, por ello, que la lucha de clases en la actualidad, frente a lo que significó en el pasado, se plantea ahora de arriba abajo, es decir cómo una lucha que implica que la clase dirigente usurpa de manera paulatina derechos adquiridos por los trabajadores en el último siglo.

De esta forma, se trata de una nueva fase que podríamos denominar post neoliberalismo, caracterizado por una profundización en los valores del capital que agudiza el comercio en servicios y la liberalización financiera. Para Noam Chomsky, esto se traduce en una mayor privatización de servicios básicos como educación, salud, energía, agua y otros recursos, lo que implica «poner la vida humana a disposición de irresponsables tiranías privadas creadas por el Estado». En el caso de la liberalización financiera, la existencia de un «senado virtual» de inversores y prestamistas es la que conduce «referendos, uno tras otro» respecto a políticas gubernamentales.

Junto a este análisis estructural, resulta imprescindible hablar del espacio de las ideas. Es verdad que movimientos como el 15-M, Occupy London, Occupy Wall Street O Nuit Debout, recientemente, han dado muestras del lo que McChesney califica como «agotamiento» del sistema. Pero la existencia de estas movilizaciones, no aparta las intenciones del aparato dominante para insistir en el consentimiento de la clase media y la uniformación del pensamiento. Para ello, será necesario articular un proceso aniquilador de la conciencia crítica para que triunfen los valores afines al sistema y se aparten aquellos que tienen que ver con el interés general. Esto implica un diseño mental y cultural, en el que los medios de comunicación cumplen una importante tarea. Es evidente que el proyecto legal y programático de la educación es también fundamental, junto con el servilismo que las instituciones universitarias o la elite intelectual está ejerciendo. Pero, además, son los medios de comunicación los que construyen una agenda de significantes y signicados que marca nuestra «alimentación cultural e informativa». A nivel individual, cuesta reconocer que la mayor parte de nuestras opiniones son, en realidad, impuestas por la superestructura, pero tal y como ha reflexionado Eva Illouz buena «parte del material cultural contemporáneo que recibimos adopta la forma de consejo, admonición y receta» lo que influye de manera directa en la autoconstitución del yo y la comprensión de si mismo en virtud de esta «literatura de consejos».

De todas esta cuestiones, tratamos en las Jornadas sobre Comunicación y Propaganda que CGT celebró en Sevilla el pasado mes de abril. La intención fundamental fue, además del debate, abrir vías de reacción frente a la imposición ideológica, algo que se tradujo en dos cuestiones claves: la reflexión propia que aporté desde un punto de vista académico-activista, y las propuestas recogidas entre el público asistente como parte de la movilización colectiva.

Por mi parte, planteé las siguiente vías de defensa:

-Desobediencia periodística. Cuestión que quedó articulada en torno a varias consideraciones. Por un lado, la asociación profesional como clase trabajadora, algo que se podría realizar mediante la afiliación sindical. También consideramos imprescindible la reivindicación de la aprobación del llamado Estatuto de la Profesión Periodística, poderosa arma para los trabajadores informativos frente a la patronal. Por último, en este bloque destacamos la necesidad de repensar modelos alternativos cooperativos, siguiendo el ejemplo de La Marea o eldiario.es.

-Abrir el debate ante los poderes públicos y privados. De esta manera, creemos interesante plantear la posible regulación de los medios, tal y como se ha planteado por parte de Podemos, sin que ello implique una limitación de la libertad de las empresas ni del derecho a la información. Establecer restricciones a la propiedad, evitar la concentración o abuso de mercado, y proteger la imparcialidad en medios públicos son medidas de sentido común que redundarían en una recuperación de la credibilidad hacia el periodismo.

-Desobediencia ciudadana. Por un lado, es necesario que la ciudadanía crea en la importancia y necesidad de unos medios libres e independientes, lo que implica desarrollar una mentalidad crítica que puede venir a partir de la alfabetización mediática. Además, pensamos que, frente a evidentes casos de manipulación informativa, es necesaria la movilizacion o la creación de un organismo que sirva de defensa del interés ciudadano a ser informado de manera veraz.

Junto a estas consideraciones, este artículo pretende recoger también las propuestas que el público asistente realizó como parte de la estrategia de defensa ante las directrices mediáticas. De especial valor resultan así las siguientes estrategias de empoderamiento que fueron consideradas:

1.- Organización de base entre la clase trabajadora, también entre la profesión periodística, para defender derechos básicos laborales que eviten la precariedad y el reforzamiento del papel del informador frente a la empresa. Relacionado con ello, se planteó trasladar al debate académico la lucha laboral para insistir en la mentalidad crítica.

2.- Crear medios de comunicación propios y alternativos, reivindicando el papel que los comunitarios pueden tener a la hora de contribuir a ampliar el pluralismo idelógico, social y cultural.

3.- Utilizar las nuevas tecnología para hacer llegar contenidos resignificados que permitan alcanzar a una población cada ver más amplia. No se trata de renunciar a las bases del pensamiento crítico, sino de hacerlo más fluido a través de recursos audiovisuales actualizados.

4.- Buscar qué contenidos se quieren comunicar desde la base para formular una educación política que sirva como contraposición a la propoganda del sistema.

Las Jornadas, que terminaron con la presentación de la Guía Antirrepresiva elaborada por CGT, parecen ser el primer paso de futuras colaboraciones dirigidas a agitar el compromisio político y social en unos momentos determinantes para el pensamiento de izquierdas. El próximo 26 de junio, las elecciones pueden llevar al poder a fuerzas políticas que hunden sus raíces en la movilización ciudadana iniciada hace cinco años. Pero la participación social no acabará ahí, sino que debe permanecer viva para seguir respaldando los cambios que conduzcan a una Democracia Postcapitalista, en palabras de Robert. McChesney, para lograr un sistema de medios libre, sin censura, descentralizados y no comerciales.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.