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El Pentágono pagaba a periódicos iraquíes por publicar textos favorables a los EEUU

Fuentes: Peace Reporter

Traducido para Rebelión por Ciro Gonasti

La guerra de las palabras

La situación en Iraq no es tan trágica como la que reflejan los periódicos, repiten desde hace tiempo los portavoces de la administración Bush. Pero no se imaginaban que el Pentágono se estuviese empleando a fondo para cambiar esta tendencia. Para compensar la lista sin fin de ataques suicidas, secuestros que a menudo terminan con una ejecución y homicidios sectarios, el departamento de Defensa estadounidense ha pensado, en efecto, en librar una nueva guerra, hecha esta vez de palabras. Los Angeles Times ha descubierto la existencia de un fondo millonario establecido para colocar en los periódicos iraquíes artículos escritos por soldados estadounidenses, haciendo creer a los diarios que se trataba de textos periodísticos independientes.

La idea de normalización

El objetivo era el de dar de Iraq la imagen de un país en vías de normalización, utilizando historias no completamente falsas pero en cualquier caso con un corte favorable al trabajo de las tropas estadounidenses. La intermediaria era la Lincoln Group, una de las empresas contratadas por Washington para el cometido de la llamada «comunicación estratégica». Hombres de la empresa Lincoln -escribe el Times citando a algunos oficiales que han pedido permanecer en el anonimato- se presentaban en las redacciones de los periódicos, cuya proliferación en los últimos años no impide que se encuentren en graves dificultades económicas, y pagaban al contado y sin recibo. De esta manera erán publicados artículos de título «Los iraquíes siguen viviendo a pesar del terrorismo», «el viento del desierto sopla hacia un Iraq democrático» o «Más fondos destinados al desarrollo de Iraq». A menudo estos textos contenías testimonios anónimos de soldados estadounidenses. Por lo demás, la Lincoln pagaba a una decena de periodistas iraquíes a fin de que escribiesen artículos complacientes con las fuerzas de ocupación. Según el Times. Muchos directores ignoraban este intercambio.

Los precedentes

Hace precisamente tres días el secretario de Defensa Donald Rumsfeld había exaltado la nueva libertad de la prensa iraquí, que a su juicio proporciona una «válvula de escape» a la población. Pero no es la primera vez que el Pentágono se ve implicado en un caso de injerencia en el campo de la información. A principios de este año la administración Bush ya había sido vapuleada por una comisión interna estadounidense por haber pagado a periodistas estadounidenses con el propósito de crear apoyo a sus políticas y por haber distribuido en los EEUU documentales y películas sin especificar que la fuernte era gubernamental: una práctica que la comisión definió como «propaganda secreta». Y en el 2002 el Pentágono, tras las revelaciones de algunos órganos de la prensa, se había visto obligada a cerrar la Oficina de Influencia Estratégica, creada el año anterior para colocar historias falsas en los medios de comunicación internacionales.

Las reacciones.

El descubrimiento del Times ha provocado reacciones contradictorias en los EEUU. Si algunos miembros del Congreso han pedido ya la apertura de una investigación, hay quienes sólo tienen dudas sobre la eficacia de tales prácticas. «No creo que haya nada de moralmente equivocado… la única duda que tengo es si sirve para algo», dice Daniel Kuehl, un analista de la Nacional Defense University. «El programa es importante para compensar la desinformación provocada por la insurgencia, y las historias se basan todas en hechos reales», sostiene el teniente coronel Barry Jonson, un portavoz de las fuerzas estadounidenses en Iraq. Patrick Butler, vicepresidente del Internacional Center for Journalists de Washington condena en cambio la iniciativa del Pentágono: «Es absolutamente equivocado que el gobierno haga esto, es indefendible desde un punto de vista ético». Abdul-Zahra Kaki, el director de Mada, considerado uno de los diarios iraquíes de más autoridad, bromea al respecto. El Times refiere que en julio un emisario de la empresa Lincoln pagó 1200 dólares al periódico para que publicara una historia que él le había proporcionado. «Si hubiese sabido que eran estadounidenses, habría pedido mucho más», dice Kaki.


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