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La tercera desaparición esta en marcha

Fuentes: Rebelión

El compañero Jorge López fue desaparecido por segunda vez el 18 de setiembre de 2006; hoy hace apenas 37 días. Sin embargo, centímetro a centímetro, las informaciones sobre el secuestro y desaparición de Jorge, van siendo objeto de olvido de los medios de prensa para que la «nueva política» recupere el terreno perdido y el kirchnerismo […]

El compañero Jorge López fue desaparecido por segunda vez el 18 de setiembre de 2006; hoy hace apenas 37 días. Sin embargo, centímetro a centímetro, las informaciones sobre el secuestro y desaparición de Jorge, van siendo objeto de olvido de los medios de prensa para que la «nueva política» recupere el terreno perdido y el kirchnerismo se declare victima de una nueva conspiración en su contra.

Están desapareciendo al compañero López por tercera vez.

Los organismos de DDHH aliados al kirchnerismo, pasados los primeros momentos de conmoción por este caso, han renovado los acuerdos políticos con el presidente y el gobernador de la provincia de Buenos Aires.

Las posturas de conformidad que manifiestan con una  investigación paralizada, procuran sacar el «tema López» de las calles, impidiendo que el reclamo siga desenmascarando al gobierno nacional y al provincial, como participes necesarios, hasta aquí, en la parálisis en la que se encuentra la causa. La opción, tanto de Bonafini como de Estela de Carloto, es privilegiar los discursos oficiales por sobre la movilización popular. La afirmación de que el  «estado va a investigar hasta las últimas consecuencias la desaparición de López» va a terminar en una lamentable farsa, porque tiene como único objeto regenerar ilusiones democráticas en la población, las que se han visto resentidas por los acontecimientos registrados en el último mes y medio, plagados de amenazas a jueces, fiscales, testigos y militantes populares de la causa de los Derechos Humanos.

La salida que ofrecen los organismos, cooptados por el kirchnerismo, en medio de este cuadro son enormemente antipopulares y están condenadas a la impotencia por dos razones:

La primera tiene que ver con que se trata de reestablecer la creencia en una salida oficial a esta crisis; sea mediante la duplicación de las recompensas  o la ilusión de que las formaciones del estado, infectadas de «procesismo» tanto en sus estructuras de funcionamiento como en sus integrantes, sirvan para investigar la desaparición de un testigo clave en declarar al proceso dictatorial como un acto de genocidio.

La segunda por el intento de que este caso no supere las limitaciones oficiales y se impulse como un gran movimiento nacional que movilice al conjunto de los sectores sociales, fundamentalmente al movimiento obrero, hasta que el compañero López aparezca con vida.

La reaparición de las patotas, con o sin uniforme, son cada vez más ostensibles; se realizan de cara a la prensa demostrando que tienen la suficiente impunidad como para apalear a trabajadores, diputados, abogados e inclusive a los propios periodistas.

El conflicto en el Hospital Francés marcó un importante punto de coincidencia entre la represión oficial y la tercerizada. La convergencia entre los «Tuta» Muhamad y la guardia de infantería de la federal no es un episodio casual, los antecedentes sobran para el análisis del hecho represivo que sin embargo no despertó ningún repudio de los «organismos borocotizados» más allá de considerarlos como un hecho «lamentable para la democracia».

Como si esto de por si no tuviera peso propio, San Vicente vuelve a marcar un punto de inflexión en la reaparición de las patotas pejotistas. El acto destinado al transporte de los restos del general Perón al mausoleo Duhalde, iba a contar con la presencia del presidente y terminó en un escándalo. Las patotas que se disputaron un lugar junto al escenario, volvieron a demostrar los argumentos que están dispuestos a usar para que la «nueva política» los tenga en su nómina.

La descomposición de la política de los DD.HH. del gobierno Kirchner, a partir de la desaparición del compañero López, se hace más que evidente en esta guerra de pandillas. La burocracia sindical cae en la cuenta de los momentos que se avecinan, y las diferentes camarillas tienen la intención de mostrarse como una  fuerza de choque confiable, para el futuro control sobre el movimiento obrero. Dirimen sus conflictos de la única forma posible, en términos burocráticos, pero no con el objeto de conspirar en contra del gobierno nacional, sino en el marco de una derechización de éste, lo que les da una nueva oportunidad para aparecer en la agenda de la «nueva política».

Kirchner ha logrado que sus gárgaras sobre la defensa de los Derechos Humanos, la transversalidad y la lucha contra los pobres, reciba numerosas adhesiones al cobijo del superávit fiscal.

La «unidad» de clases que K ha alcanzado tiene estas dos fuentes. El espanto provocado por la rebelión de diciembre de 2001, que ha hecho que de conjunto los sectores reformistas y reaccionarios se apeguen a sus políticas, aun a costa de tragarse varios sapos; y el sostenimiento de la devaluación y el saqueo de los ahorristas implementado por Duhalde-Lavagna.

Pese a los discursos preelectorales, el presidente Kirchner viene ejerciendo una fuerte transferencia de ingresos, que según la consultora del ultra kirchnerista Artemio López, es peor hoy que la que se registraba en los 90. «El 10% de la población más adinerada hoy gana un 25,9% más que el 10% más humilde»; mientras que -asegura Equis-  «en mayo de 1994 el 10% más favorecido de la población que tiene algún ingreso percibía una suma que superaba 19,03 veces lo recibido por quienes estaban ubicados en la parte más baja de la pirámide social».

La política de subsidios, de regímenes de excepción y de beneficios históricos a los inversores capitalistas (ley de hidrocarburos) le han permitido ejercer un gobierno con un carácter «bonapartista» chato. Esta transferencia al estilo «Hood Robin» es lo que posibilita que los desaguisados económicos de un De Vido, en el ámbito de «retornos» por la contratación de obra pública, sean piadosamente dispensados por la «patria contratista».

Pero este clima de bonanza empieza a agujerearse y con ella los acuerdos de precios y salarios.

La desaparición del compañero López se instala en medio de una crisis de alcances explosivos. Los dueños de los chupaderos reclaman derecho de admisión en la lucha política y exigen el final de los juicios. El jugueteo discursivo no sólo los afecta los intereses de la derecha hacia el pasado, sino en el presente (Patti, por ejemplo, no ha podido asumir aun su banca en el Congreso de la Nación). Jorge López es el mensaje para que la crisis no se desemboque. En realidad, las molestias del presidente están más referidas a las marchas que la izquierda y los sectores de la ciudadanía democrática vienen realizando que a la propia desaparición del compañero, por la que Kirchner «ruega» en cada uno de sus actos pero no hace nada en concreto.

No se puede permitir que la desaparición del compañero Jorge sea incorporada a los discursos oficiales, con el beneplácito de los organismos borocotizados, mientras las patotas siguen golpeando trabajadores. Ayer las patotas de la federal desalojaron una estación de servicio autogestionada por sus trabajadores en la paternal, con los mismos métodos usados en Las Heras o en el Francés.

La aparición con vida de Jorge López es una causa del pueblo argentino, no dejemos que lo desaparezcan por tercera vez.


Daniel Cadabón es Delegado de base de Suteba La Plata.

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