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España

Navidades y telediarios

Fuentes: Rebelión

Hacía tiempo que no encendía un aparato de TV para contemplar (ver completo sería un acto de masoquismo rubalcabesco) un telediario o noticiero a la borbónica, de esos que llenan el tiempo con paja para que su labor manipuladora cumpla el cometido que la dirección exige, como suele acostumbrar en el 99% de las cadenas […]

Hacía tiempo que no encendía un aparato de TV para contemplar (ver completo sería un acto de masoquismo rubalcabesco) un telediario o noticiero a la borbónica, de esos que llenan el tiempo con paja para que su labor manipuladora cumpla el cometido que la dirección exige, como suele acostumbrar en el 99% de las cadenas nacionales.

Lo más divertido son los minutos que se dilapidan en informar a los telespectadores que «está nevando en toda Europa», novedosísima noticia que se ilustra con reportajes en los que se ve un paraje cubierto de copos, una urbe, un pueblo, una autopista o un aeropuerto. Al parecer, el editor de un telediario, considera que la audiencia tiene todo el derecho a ver cómo es la nieve en Londres, mientras algunos viajeros se lamentan de su mala suerte por no haber podido embarcar.

Tras esa conexión, en la que París, Ginebra, Berna o Frankfurt aparecen rebozados de un blanco manto de armiño (que diría el cursi Javier Marías o el lamentable poeta Luis García Montero), se establece contacto con un reportero que comunica a millones de espectadores que «en Pamplona ha nevado, ha llovido y ha salido el sol«, algo impresionante por su originalidad ya que es rarísimo tal latigazo de la naturaleza contra la villa de San Fermín.

No acaba ahí la negrura y caspa informática que conduce en esta ocasión la dulce presentadora Ana Blanco, tan inimaginable en un film erótico como Rubalcaba defendiendo la democracia. Su mirada brilla en el instante en que nos anuncia que Lorenzo Milá va a hablarnos los platos preferidos en la Nochebuena neoyorquina. ¡Qué emoción¡ me digo, mientras el arroz se cuece en la cocina y dos huevos fritos con tomate aguardan lanzarse al plato junto a aquel. A esas alturas, el Telediario se ha comido diez minutos, informativamente hablando, para seguir conectado en el exterior de la península y enterarnos de que los noruegos comen bacalao desde hace 500 años. Ana parece que va a alcanzar el orgasmo cuando asegura que «después de la cena llega a todas las casas un personaje muy especial«, mientras sonríe como si viera la mismo Zapatero; pero no aludía al «Inútil de León«, sino al vikingo Papa Noel, enemigo o compañero de los Reyes Magos, que este año, por aquello de la crisis (pronunciada sin énfasis ni mohín) serán menos generosos con los ciudadanos de todas las edades.

Más emoción viendo otros platos típicos de estas fiestas ennegrecidas por los desalojos, la rebaja de las pensiones, el paro, la no condena de un delincuente como César Alierta porque su actividad mafiosa ya ha prescrito (Supremo dixit) y toda suerte de desgracias, valga el sarcasmo. Ana Blanco da paso al deporte, ese territorio ocupado por las multinacionales y los escándalos, centrado en el fútbol, vía felicitación navideña a los desposeídos y mendigos, en el que las estrellas del balompié, caricaturizados convenientemente, se reúnen para saludar a la audiencia y desearla una Feliz Navidad sin un duro en la cuenta.

Por la pantalla, para animar a los millones de personas que cenarán lo que se pueda, con la rabia en el cuerpo por tamaña manipulación de la realidad, mientras se hurta al espectador la decisión de la directiva de El País por rebajar el sueldo de sus trabajadores en un 50%, la persecución por parte de la policía española, insólita y aberrante desde todos los puntos de vista jurídicos, de la ciudadana francesa Aurore Martin por asistir a mitines de un partido legalizado en Francia, como es Batasuna; la nula información sobre los bonos de deuda que vende el gobierno de ZP, para que los próximos 5 años sus señorías puedan seguir dictando medidas para salvar a los banqueros y empresarios; el silencio absoluto sobre el masivo envenenamiento de civiles en Panamá, por un compuesto químico contenido en un jarabe, que ya costado la vida a 200 civiles y miles de afectados.

Pero, eso sí, un minuto para contemplar, con el rostro crispado de la Dulce Ana Blanco, cómo una decena de agentes venezolanos lanzaban agua contra cien escuálidos que arrojaban a su vez piedras, ladrillos, bolas metálicas y otros objetos. Creía que la noticia radicaba en la posibilidad de que el líquido elemento estuviera en plena ebullición, a 100 grados, pero resulta que era fría.

Me toco el pulso y miro el reloj. Han sido 50 minutos de pánico informativo, de auténtica demostración de lo que no debe ser un espacio en el que se destaque lo más importante de cuanto acontece en buena parte del globo.

Navidades blancas, ordena Oliart, Navidades grises (de los de antes) para muchos, Navidades negras (a lo Obama) para millones de jóvenes y ancianos, de desheredados por los recortes salariales, de miles de mujeres maltratadas, de presos políticos o no, que no pueden beneficiarse de las normas de la Ley Penitenciaria porque, desde Caamaño al Supremo, desde Conde Pumpido al Constitucional se apuesta por un quinquenio de cárcel, represión, ruina económica, golpes a los manifestantes, bestialidad nacional y, para rizar el rizo, Las Gilipolleces del Borbón en el Portal de Belén. Que caiga la mierda sobre todos los culpables.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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