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Periódicos

Fuentes: inSurGente

Dejé de nuevo La Habana de mi alma hace un par de días. El aterrizaje en la capital del reino borbónico no fue ni mejor ni peor que los habituales, pero de nuevo la contemplación de este Madrid caótico fue lo suficientemente impresionante como para, en un ataque de delirium urbis tremens, espetarle al honrado […]

Dejé de nuevo La Habana de mi alma hace un par de días. El aterrizaje en la capital del reino borbónico no fue ni mejor ni peor que los habituales, pero de nuevo la contemplación de este Madrid caótico fue lo suficientemente impresionante como para, en un ataque de delirium urbis tremens, espetarle al honrado taxista: «Por favor, lléveme de regreso al aeropuerto que quiero volver a Cuba«. La sola visión de miles y miles de coches de todo pelaje, decenas de grúas gigantes instaladas a lo largo de seis kilómetros en la absurda M-30 (ejemplo de cómo no deben hacerse vías de circunvalación en grandes capitales), para soterrarla a ella y una buena parte del arroyo Manzanares, habían hecho mella en mí con la fuerza de un huracán caribeño.

El corajudo alcalde de Madrid, otrora Presidente de la Comunidad, Alberto Ruiz Gallardón, ha prometido a los habitantes de esta urbe 500.000 metros cuadrados de zonas peatonales y jardines, en los predios donde Francisco de Goya y Lucientes se dedicaba a pintar, mientras imagino al ilustre artista pensando que su afrancesamiento no era tan despreciable como se pudiera imaginar. Incluso hay quienes comprendemos muy bien al genial autor de los Fusilamientos y las Majas, lamentando en cierta forma no haber sido dominados por las gentes de Asterix durante unos cuantos años, los justos para no tener que saber de las andanzas del mujeriego y borrachín Alfonso XII, de su ralea borbónica, ni soportar al asesino Francisco Franco… ¡ qué delicia si hubiera podido crecer entre canciones de Lorca, Edith Piaf, Miguel de Molina, Jacques Brel, Angelillo, Brassens y La Argentinita en el Colegio Mayor San Jean L’Evangeliste al lado de Jean Ferrat, Alberti o Leo Ferré, imaginando eróticos momentos con Brigitte Bardot o poder leer sin problemas un libro de Neruda, Malraux o el Marqués de Sade¡.

En fin, dejo las pasiones más altas y me detengo, una vez que llego al hogar familiar, ante el espantoso cuadro formado por unos cuantos periódicos, que mi hija y yerno (les gusta el humor negro) han colocado en la mesa del salón, para ludibrio personal y pasmo de mi menda que hasta hace unos meses sólo leía el Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores, El Habanero y La Gaceta de Cuba. Me froté los ojos con cuidado ante escena tan aterradora, y abrí El País por donde lo suelen abrir buena parte de sus lectores habituales: la páginas del crucigrama y el ajedrez, vecina de cinco o seis dedicadas a cientos de anuncios, en los que otras tantas personas del género masculino, femenino y hasta epiceno, ofrecen sus servicios sexuales por no sé cuántos euros la hora, aunque hay otros muchos lectores que prefieren las que se ocupan del deporte (profesional, claro), la Bolsa de Valores, etc. Por desgracia, ya no existe la palabra escrita de Haro Tecglen, al que aún no han buscado sustituto. No hay altura moral en el catecismo ripaldiano del Jinete Polanco para contratar a profesionales con la honestidad de Eduardo.

Estos días, por ejemplo, se advierte el odio visceral de los diarios españoles hacia el nuevo presidente boliviano Evo Morales, al que acusan de encaramarse «con su verbo populista al balcón donde Chávez y Castro vociferan su antiimperialismo«. Estos gacetilleros no se cortan a la hora de mostrar su vergonzosa manía, en la que figura como pendón y enseña el racismo más rastrero. La zafiedad de la que hacen gala los demócratas firmantes de esos editoriales y artículos varios, es tan grande como las obras que se desarrollan en la M-30 madrileña. No soportan los resultados de las urnas. Los indígenas latinoamericanos no agradan en absoluto en el fuerte donde se divierte el Capitán General Borbón Custer, ni en el territorio comanche de la prensa nazional, donde aprenden la instrucción el cabo Ceberio, el brigada Pedro Jota, el sargento Cebrián, al brigada Ansón, en fin, a la flor y nata de la indecencia periodística nacional. Sus diatribas contra todo aquel indígena que ose ganar elecciones en algún país latinoamericano (utilizando las vías que dicen defender), son tan penosas como vacías de análisis político, pero enormemente ricas en descalificaciones personales, como la de poner en duda las convicciones democráticas del triunfador. O sea, te presentas a una elección, la ganas, pero de momento, como no ha resultado elegido el que deseaban los gachupines arriba mentados, las elecciones hay que cuestionarlas de arriba a abajo. La única democracia que ellos defienden a capa y espada, es aquella en la que es elegido un político fiel a los designios de Washington. El presidente de Evo Morales ya tiene experiencia sobre cómo se las gastan en la prensa de la ¿madre patria?. No ha comenzado aún a gobernar y ya le condenan por haberse declarado antiimperialista.

Desde el fondo de mi corazón deseo que continúe por esa senda, porque también espero que no le ocurra como a Lula, para el que he comprado una brújula y un traje de esos que te hacen invisible, visto que el horizonte que le aguarda no tiene nada de bolivariano, pero sí mucho de democracia vigilada, exactamente como la chilena, a cuya presidenta saludo cortésmente mientras la imagino asesorada por; ¡¡ horror, Felipe González ¡¡. Pobre Allende si levantara la cabeza… Es curioso que los mismos que ovacionan a Luis Ignacio por lo que desea hacer en el plano social (pero que no ha conseguido), son los mismos que desprecian e insultan a Chávez y Morales cuando hablan de justicia y mejor reparto de la riqueza.

A los primeros les aconsejo que se vayan apretando los pantalones, porque las elecciones mexicanas huelen a López-Obrador (oiga, perdone si le ofendo, pero soy posibilista al máximo), las peruanas tienen aroma indígena, y en general, ¡oh, prensa española de tus pecados¡, Latinoamérica entera tiene un brillo en los ojos que denota pasiones incas, aztecas, yanomamis, mayas, garífunas y xincas, nahuizalqueñas, quichuas, otavalas, caranquis, cayambis, kitus, panzaleas, puruhaes, chibuleas, salasacas, guarangas, pero no yanquis, británicas, italianas o rusas.

Todo ello molesta, indigna a los padrinos (en el peor sentido del término) de esa prensa española que vende papel con pomposos nombres de todos conocidos: El País, El Mundo, La Razón, ABC, La Vanguardia, Las Provincias, El Heraldo, Sur, Correo Español o Diario de Burgos, que cuentan entre sus profesionales con excelentes trabajadores, expertos informáticos, diseñadores y técnicos solventes, pero la ideología que defienden sus directores, editorialistas y firmas invitadas (salvo excepciones honrosas como Ramón Chao, Ignacio Ramonet, Maria Toledano, Manuel Talens o Javier Ortiz), es cuando menos retrógada, uniforme y con nítidas connotaciones clasistas. Una actitud grosera, zafia y maleducada, que se ubica en el mismo lado donde pastan Charlton Heston, George W. Bush, Silvio Berlusconi, José María Aznar y demás líderes de la mentira constante, la palabra imprecisa, la sonrisa imperfecta, la mirada torva y el arma engrasada.

Por ello me alegro de saber que en breve regreso a La Habana, con la ilusión de echarle un vistazo a esas poquísimas hojas que forman el Granma, Trabajadores, El Habanero, Juventud Rebelde, La Jiribilla y La Gaceta de Cuba. Al menos, esos medios periodísticos (y sus hermanos en la red) guardan en casi todas sus líneas el principio de la honestidad. Uno no está ya para aguantar en portada militares bocazas, fotos de príncipes con nuevo vástago, goles de Ronaldo, números de lotería, anuncios de prostitución, ganadores de engañosos concursos de televisión, imágenes de Rajoy o editoriales infumables.

En 27 años de «democracia» a la española, el avance más preciso que he visto en los periódicos españoles es, paradójicamente, el constante retroceso ético, cultural y profesional de casi todos ellos. Exactamente lo mismo que en la lamentable pequeña pantalla. Demasiado para mi maltrecho cuerpo.

Lo dicho: como soy egoísta y cobarde, regreso a mi habitación cubana, con mi comida cubana, a mi currelo cubano, con mi sueldo cubano, mi gente cubana, mi prensa cubana, y mi inagotable música cubana.