El siguiente texto forma parte del libro ’30 años de Rebelión. Información alternativa y emancipadora’
Fue cuando el capital no había colonizado Internet y un ordenador, un servidor, una conexión y algo de inteligencia y de organización bastaban para crear un medio de comunicación que uniera a personas colaboradoras de diferentes países, que diera voz a individualidades colectivas y a colectividades individuales hasta ese momento mantenidas en silencio por la corriente principal, esa que se había arrogado el derecho a imponer su verdad.
Tuve entonces la suerte de formar parte de un medio vivo y digno de confianza. La palabra monetarizar no designaba nada, ni tampoco la palabra seguidores. En cuanto a nuestras condiciones materiales, la mayoría teníamos trabajos que nos permitían disponer de algo de tiempo libre para leer los textos que llegaban, valorarlos, discutirlos y, en su caso, publicarlos.
Treinta años después hay medios que continúan el camino aun cuando las condiciones han cambiado y la mayoría requiere alguna viabilidad económica. Al mismo tiempo, hoy el entorno digital no se limita a rodear a las publicaciones de Internet, sino que las cerca. Hay que atravesar un océano de intereses, rentabilidades, compras y microcompras de prebendas, puntos, publicidad, opiniones sobornadas, informaciones inventadas; cuando, al fin, el texto fiable asoma, su valor ha caído tanto que podría desaparecer.
Pero aquí estamos, recordando lo que fue y continúa. Sin idealismo, con la certeza exacta de que pudo hacerse, puede hacerse, lo hacen todas aquellas cabeceras que avanzan contracorriente, sin optimismo y con terquedad, acompañadas para que el camino siga siendo posible.
Agradezco a un conjunto de relaciones y de acciones, y a una dirección: www.rebelion.org, también porque nos hizo y nos hace volver a recordar a Idea Vilariño, quien suele ser evocada como poeta del amor desairado y sin embargo y además escribió: «Uno está vivo/ vivo/ y algún día se muere/ y/ luego se pudre./ Y qué […]». «Hay algunos/ hay muchos/ que mueren en la cama/ —no veo la ventaja—/ pero por conseguirlo/ hay quienes por la vida/ van meneando la cola hasta arrancársela». […] «Hay que elegir con decisión/ porque hay/ dos vidas y dos muertes posibles/ y porque hay/ diferentes maneras de pudrirse».
Este «hay que elegir» hoy se calificaría de poco complejo por la corriente dominante. Sin comprender, acaso, que la paradoja chestertoniana según la cual es preciso amar el mundo y al mismo tiempo no confiar en él, es también una elección, tal como lo es elegir odiarlo lo suficiente para cambiarlo y, al mismo tiempo, amarlo lo suficiente para pensar que merece ser cambiado.
Belén Gopegui. Nace en Madrid 1963. Licenciada en Derecho por la UAM, alumna de filosofía de Juan Blanco. En 1993 publica su primera novela La escala de los mapas (1993), participa en colectivos como la Escuela Popular de Prosperidad y en www.rebelion.org, milita y procura no desvincularse de los espacios que se enfrentan a la desigualdad y a la destrucción. Algunos de sus libros son: La conquista del aire—llevada al cine con el título de Las razones de mis amigos—, Lo real, El Padre de Blancanieves, Deseo de ser punk, Existiríamos el mar; cuatro novelas que abordan Internet desde ángulos distintos: Acceso no autorizado, El comité de la noche, Quédate este día y esta noche conmigo y Te siguen; libros de los llamados infantiles y juveniles, El balonazo, El día que mamá perdió la paciencia, Fuera de la burbuja o Las nubesfuria; la conferencia Ella pisó la Luna, ellas pisaron la Luna; una selección de textos titulada Rompiendo algo; el ensayo El murmullo, a partir de su tesis doctoral en Humanidades; y un ensayo menor titulado Pequeñas heridas mortales. De tanto en tanto escribe artículos en diversos medios.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


