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Venezuela: Vive TV o la comunicación al servicio de una nueva ciudadanía

Fuentes: Risal/Rebelión

Traducido del francés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En muchos aspectos la cadena de televisión comunitaria pública Vive TV, lanzada en noviembre de 2003, es emblemática de proceso bolivariano que desde 1998 está transformando Venezuela. Dando la palabra a la población, participa en la construcción de una «nueva identidad ciudadana», basada en la recuperada dignidad de los excluidos del «antiguo régimen», el respeto de las diferencias y la elaboración de una democracia participativa en la que cada uno podrá encontrar su sitio.

Dos pantallas de televisión, dos mundos radicalmente opuestos. En la primera, una cadena privada de éxito: RCTV, Globovision o Venevision. En ella se muestran personajes de piel blanca, arrullados por la cantinela de los bienes de consumo y que sufren las angustias del amor frustrado, traicionado o fecundo. Para el observador europeo, muy exótico. En la otra, Vive TV, una cadena de televisión comunitaria. En ella se habla de reforma agraria, del programa de alfabetización, de acceso a la sanidad. Los rostros son los de los conductores mestizos de taxi, los de vendedores indígenas, los de jóvenes madres de piel oscura. Se parecen a la gran mayoría de las personas que uno puede cruzarse por las calles, pero se plantea una pregunta: ¿ hablan ambas cadenas del mismo país?

En Venezuela se plantea con una intensidad muy particular la cuestión de la relación entre los media y la sociedad. Los media tradicionales privados (1), en manos de intereses comerciales y relacionados directamente con la antigua oligarquía, han cambiado la objetividad y la deontología periodísticas por una enconada militancia. Asumen el papel de portavoz de una oposición que se niega a aceptar la legitimidad de Chávez y participa a regañadientes en el debate de fondo ya que prefiere la agitación subversiva (2). Desde la llegada al poder de Hugo Chávez en 1998 una cosa estaba clara: que su proyecto -cuyo objetivo era devolver a los pobres y a los excluidos su dignidad y su lugar en la sociedad- no podía apoyarse en los media tradicionales. ¿Hizo por ello que los cerraran?¿Trató de amordazarlos, como se le acusa en la prensa internacional?¿Los amenazó, como gritan a voces Periodistas sin Fronteras y Human Rights Watch? Nada de eso. Desde 1998 en Venezuela no se ha deplorado atentado alguno contra la libertad de prensa. ¿Qué hizo Hugo Chávez? Una de las medidas más emblemáticas de poder venezolano en el ámbito de los media fue incuestionablemente la creación de Vive TV, la cadena comunitaria estatal, en noviembre de 2003.

Mientras que para los media tradicionales privados el 70% de la población -el sector menos interesante para ellos- simplemente no existe, el proyecto de Vive TV es dar la voz a esta «Comunidad de los invisibles». Para la presidenta de la cadena, Blanca Eekhout, el objetivo es «crear un espacio de comunicación vinculado con el desarrollo del «proceso» y la construcción de un nuevo país«. Surgida directamente de la experiencia de los media comunitarios y cooperativos, Blanca Eekhout (que a pesar de su apellido es venezolana de origen) fue contratada por el gobierno Chávez cuando todavía era responsable de Catia TV, una cadena de barrio que emitía en los barrios del oeste de Caracas que fue cerrada en junio de 2003 por un alcalde de la oposición (el único caso probado de censura en Venezuela desde la llegada de Chávez al poder). No se puso ninguna condición política o ideológica al lanzamiento de este proyecto cuyo objetivo era «crear un escaparate nacional para todos los movimientos locales de comunicación local en el país«. Tomó las riendas del proyecto confiada en la voluntad del gobierno de hacer todo para dar al pueblo venezolano los medios de expresarse de manera autónoma.

Unos meses después de su creación, Vive TV emite ya dieciséis horas al día. Los programas difundidos son de lo más variado: cultura, educación, prensa, información, pero también diversión y humor. Se pone el acento en «la experiencia sobre el terreno». Ahí donde la lógica comercial empuja a las cadenas privadas a limitar los rodajes «en exteriores», más caros, Vive TV antepone la formación de equipos y el enriquecimiento individual. En antena, se adopta el tiempo de la lentitud y de la discusión. Así, por ejemplo los músicos que pasan por la emisión Creadores no tienen necesariamente un disco que promocionar. Vienen a tocar su música, pero también a hablar, a compartir su experiencia. Excepción en el paisaje mediático venezolano, Vive TV propone los fines de semana un programa de información sobre la producción de programas: una forma de transparencia sobre el funcionamiento de la cadena y la construcción de la información en general demasiado raro en el sector mediático (tanto en Venezuela como el los demás lugares). Sólo el cuarenta por ciento de los programas se producen internamente con el fin de apoyar la producción nacional independiente, establecer relaciones con las iniciativas locales y asegurar un pluralismo real en los contenidos.

El proceso bolivariano no creó los media comunitarios: las herramientas de la democracia participativa no se imponen de arriba abajo. Por el contrario, fiel a su voluntad de favorecer la iniciativa ciudadana, el gobierno venezolano decidió en 2000 legalizar los órganos de comunicación local que hasta entonces sólo eran tolerados o clandestinos (3). En efecto, la nueva Constitución, que data de 1999, estableció el «derecho a la comunicación» como una de las herramientas cruciales de la «democracia participativa» (4) que ella institucionaliza: «La creación cultural es libre; esta libertad comprende el derecho de producción, de inversión y de difusión de las obras creadoras, científicas, técnicas y humanísticas, e incluye la protección legal de los derechos de autor, hombre y mujer, sobre sus obras […]» (5) Para Hugo Chávez era evidente que si la construcción de una «nueva sociedad bolivariana» debía pasar por la instalación de un nuevo tipo de medio de comunicación, el proceso mismo de elaboración de estos a su vez alimentaría el movimiento de renovación de la sociedad venezolana. Puesto que «definir lo que entendemos por comunicación viene a ser definir el tipo de sociedad en el que deseamos vivir» (6), permitir a la «comunidad» construir los media que crea conveniente viene a ser permitirle reflexionar sobre su identidad. Por lo tanto, la reflexión llevada a cabo en los media comunitarios, emblemática del proceso bolivariano, es la herramienta y al mismo tiempo el resultado del principio democrático participativo.

Al contrario de lo que ocurre en otros lugares, aquí el «proceso» y la retahíla de medidas que lo acompaña son evocados desde el punto de vista de la población. Para Blanca Eekhout hay que «confrontar los discursos políticos con la realidad sobre el terreno«. Así, las personas que pasan por la pantalla y discuten de tales o cuales iniciativas gubernamentales, de tal o cual punto de la actualidad, no son miembros del gobierno ni políticos ni «expertos». Son miembros de la Comunidad. Dan testimonio de cómo viven, día a día, las reformas que están en curso. Comentan simplemente los hechos, lejos de los programas políticos y lejos de las ideologías. Dan su punto de vista, con frecuencia ilustrado, sobre la realidad del país. En resumen, ellos son la voz de esta increíble conciencia política que, más que su líder carismático, hace avanzar al país. En efecto, ¿dónde, aparte de Venezuela, se podrían encontrar la totalidad de los textos legales a la venta en formato de bolsillo sobre puestos instalados a lo largo de las arterias de la capital, entre las piezas de recambio de ordenadores, programas informáticos y racimos de plátanos? O, ¿dónde, aparte de Venezuela, se oiría citar de memoria los artículos de la Constitución del país? O, ¿dónde, aparte de Venezuela, se oiría a los militantes favorables a un proceso que la oposición y la prensa extranjera en general acusa de ser agresivo y violento responder golpeándose con un gesto firme y orgulloso el bolsillo de la camisa que cobija un ejemplar de la «bicha»(7): «tenemos únicamente un arma, nuestra Constitución«?

Si bien Vive TV es una cadena estatal, capaz de emplear a 150 personas, disfruta de una independencia real a todos los niveles. Su responsabilidad es mostrar en la realidad sobre el terreno lo que hace el gobierno. A este respecto se distingue de la otra cadena de televisión pública, Canal 8, atrapada en una lógica guerrera de respuesta a la propaganda de oposición que la condena a la mediocridad periodística. La misión de Vive TV es hacer surgir una crítica sobre el terreno, de personas que están implicadas en el «proceso» en sus aspectos más contingentes. Esta «crítica revolucionaria«, que suele ser más dura que la de la oposición y que muy a menudo reclama que la Constitución se aplique más rápido y mejor, es a fin de cuentas la garante del proceso, la vigía sin la cual el gobierno podría atascarse en una ideología separada de la realidad del país.

Blanca insiste en este punto y lo ilustra con una anécdota que ella presenta como un ejemplo contundente de «democracia participativa» directa…¡y eficaz!: «Estábamos emitiendo un programa concerniente a una de las medidas lanzadas por el gobierno. Una de las personas preguntadas explicaba que, a pesar de lo que había anunciado el gobierno, seguían sin llegar las ayudas prometidas». Blanca se ilumina con una amplia sonrisa antes de continuar. «Dio la casualidad que ese día Chávez estaba viendo el programa por la televisión. Rápidamente descolgó el teléfono y llamó al ministro correspondiente para pedirle que hiciera que avanzaran las cosas«. En unos días la situación e había arreglado. Sin embargo es un éxito difícil de sobrellevar por parte de Vive TV, explican en el seno de la cadena, porque a partir de entonces la gente llama de todas partes para hacer llegar sus problemas. Ahora bien, éste no es el objetivo de la cadena.

Determinar la misión de Vive TV es tratar de responder en primer lugar a unas preguntas fundamentales. ¿Cómo tomarse el tiempo de discutir con la gente?¿Cómo no imponerle unos temas en los que se encuentren prisioneros?¿Cómo no instaurar una relación de «dominio» del periodista respecto a su interlocutor?¿Cómo, por último, estar seguro de estar verdaderamente cerca de la comunidad? Tantas preguntas para las que Vive TV no pretende haber encontrado una única respuesta, sino que esta cadena tiene el mérito de plantear desde un punto de vista fundamental en su óptica de «servicio público».

El programa Venezuela adentro ilustra de manera particularmente interesante esta reflexión. Los diferentes equipos de realización disponen de una semana entera para preparar un tema de media hora. El rodaje sólo empieza al cabo de dos días dedicados a conocer y dar relevancia a los temas sobre los que la gente desea hablar. Una vez de vuelta a los estudios, todo el equipo trabaja en el montaje: cada uno es, por tanto, portador de la identidad global del trabajo en cada etapa de su realización. Cuando el programa se emite nunca aparecen cámaras y micros. Ni tampoco los periodistas. Fue difícil hacer aceptar este radicalismo de la invisibilidad periodística a algunos jóvenes surgidos de formaciones tradicionales según las cuales el grado de visibilidad es para el periodista la medida del talento y del éxito. Pero, para Thierry Deronne, responsable de los programas de información de Vive TV, la cadena se esfuerza por permitir que la gente se exprese de la manera más directa. No se necesitan comentarios «en off», ni presentadores o analistas. Lo ideal sería incluso «darles la cámara para que ellos mismo ofrecieran una imagen de su vida«. Esto sería, continúa, «un verdadero éxito de la democracia participativa«.

Tanto en este aspecto como en otros, el equipo de Vive TV se da los medios de alcanzar sus objetivos. Se impone una breve comparación. En la cadena privada de información sin interrupción Globovision (apodada Globoterror por los venezolanos que no soportan el tono alarmista con el que la cadena trata la actualidad del país) en diciembre de 2002 todavía era posible exclamar en relación a hombres y mujeres negros o indígenas que se veía en la televisión «¿de dónde salen estas personas tan feas? Parece una película de Fellini, sin el talento del italiano (…) parecen hombres de cromagnon (…) monos» (8). Vive TV, por su parte, forma ella misma a los equipos de rodaje que alimentan sus programas. Estas personas salen de los barrios para los que trabajan, última prueba de la proximidad de la cadena con su público y único medio verdadero de dar la palabra a las víctimas del racismo de los grandes media privados: los negros, los indígenas, los mestizos, en resumen: los no blancos.

Como explica Blanca Eekhout «para Chávez, Vive TV representa una primera etapa en la creación de una verdadera televisión latinoamericana a escala del continente«. De la cadena de televisión comunitaria de barrio a la cadena de televisión comunitaria continental sólo hay un paso: la aparición de una misma iniciativa ciudadana y social a escala subcontiental llevada a cabo por el proceso bolivariano y los movimientos sociales en general. El sueño de Bolívar transpuesto al siglo XXI.

Este proyecto tiene más actualidad que nunca en un momento en el que en todas partes del mundo se vuelve a cuestionar la hegemonía de los grandes grupos mediáticos (con mucha frecuencia estadounidenses),. El periodista Tareq Ali lo recordará durante el programa Aló Presidente [9] del 18 de julio de 2004 apelando a la creación de una gran red sudamericana cuya influencia fuera comparable a la de Al-Jazeera en el mundo árabe. Incluso propondrá un nombre: El Bolivar

NOTAS

(1) Es decir, nueve de los diez periódicos nacionales y seis de las siete grandes cadenas de televisión.

(2) Véase Dans les laboratoires du mensonge, Maurice Lemoine, Le Monde diplomatique, agosto de 2002.

(3) Hoy existen en el país una decena de cadenas de televisión comunitarias activas o en proceso de creación.

(4) «Todos los ciudadanos y ciudadanas tiene el derecho a participar libremente en los asuntos públicos, directamente o por mediación de sus representantes electo(a)s. La participación del pueblo en la formación, la ejecución y el control de la gestión de los asuntos públicos es un medio necesario para alcanzar el proceso que garantice un completo desarrollo, tanto individual como colectivo. Es una obligación del Estado y un deber de la sociedad el facilitar la aparición de las condiciones más favorables para su práctica» Artículo 62 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

(5) Artículo 98 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

(6) Mario Kaplún, investigador de ciencias de la comunicación.

(7) Nombre con el que se designa popularmente a La Constitución

(8) Orlando Urdaneta, en Globovisión, el 19 de diciembre de 2004.

(9) Aló Presidente es un programa semanal emitido todos los domingos en el canal estatal Canal 8. Presenta la particularidad de ser presentado y animado en directo por el propio Chávez, sentado tras una mesa de despacho. En el curso de las 5 ó 6 horas que dura el programa, Chávez explica sus acciones, discute con invitados, recibe llamadas de teléfono (de ahí el nombre del programa) de todas partes del país, cuenta la mitología de la que saca imágenes que ilustran la actualidad del país y incluso llega a «cantar cancioncillas». Incomprensible visto desde Europa, este programa no tiene nada que ver con los discursos río de un Fidel Castro. Pierde todo su sentido fuera de la realidad de la situación en Venezuela. Improvisado y relajado, da a Chávez la posibilidad de expresarse directamente con el pueblo. A este último le permite discutir y conversar con el presidente, pero también aprender a conocerlo. En efecto, nadie -por muy buen «comunicador» que sea- podría «interpretar» un papel durante cinco horas. Así, para seguir el curso de su pensamiento, desarrollar su razonamiento ante las cámaras y establecer relaciones improvisadas entre dos ideas Chávez se abre al espectador de una manera real, algo que ningún otro jefe de Estado occidental aceptaría hacer.

Texto original: 

http://www.risal.collectifs.net/article.php3?id_article=1097


 


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