Como denunció el periodista vasco en agosto, la persecución polaca en su contra no afloja. Este jueves la Fiscalía ha solicitado formalmente una orden de arresto internacional al no comparecer al juicio en su contra. Pablo González reside en Rusia tras 900 días encarcelado en durísimas condiciones.
La Fiscalía polaca ha solicitado formalmente una orden de arresto internacional con distintivo rojo contra el periodista vasco Pablo González, después de que éste no compareciese en el juicio contra él. González reside en Rusia, su país natal, después de haber sido excarcelado por un canje de prisioneros que lo rescató de 900 días de durísima reclusión por acusaciones que remarca como infundadas.
Según ha explicado a EFE la magistrada portavoz del Tribunal de Distrito de Varsovia, Anna Ptaszek, González no ha acudido a la vista judicial ni ha respondido a las citaciones enviadas por correo electrónico a varios domicilios, por lo que la Fiscalía ha solicitado su detención.
En el artículo que publicó en NAIZ en marzo pasado dando cuenta detallada de su situación y agradeciendo el apoyo, Pablo González ya denunció que «soy la única persona de todas las que fuimos liberadas cuyo caso no ha sido cerrado. El expresidente Biden firmó amnistías para los presos que salieron de sus cárceles, y varios países europeos encontraron fórmulas legales para liberar y exonerar a los suyos. Rusia hizo lo mismo. Solo en mi caso sigue existiendo un proceso zombi. Hacen todo lo posible para mantenerme lejos».
Este jueves la Fiscalía ha solicitado una orden de arresto internacional que ahora tendrá que ser vista y decidida por el Tribunal de Apelación, en un plazo de en torno a un mes.
Pablo González está acusado, sin que conste prueba alguna en un sumario absolutamente opaco, de actuar para la inteligencia militar rusa (GRU) entre abril de 2016 y febrero de 2022 en territorio polaco. Se enfrentaría por ello a una pena de prisión de entre 3 y 15 años.
En el artículo de marzo, González detallaba el infierno pasado en prisión, recordaba la falta de garantías judiciales en Polonia y resumió así lo ocurrido: «Me han atacado de múltiples maneras: por ruso, por vasco, por ser de izquierdas, por no simpatizar con el régimen de Kiev. Me han juzgado y sentenciado por quien soy. Las acusaciones que me lanzan no tienen nada que ver con espionaje, sino con el simple ejercicio del periodismo, en especial del periodismo de investigación».


