La guerra por el relato sobre Palestina no se libra solo en Oriente Medio. Se libra también aquí, en España, en espacios mucho más cercanos y aparentemente neutros: universidades privadas, artículos de opinión y redes sociales donde se construyen marcos ideológicos que luego se presentan como análisis objetivo. Es una batalla silenciosa, pero constante, en […]
La guerra por el relato sobre Palestina no se libra solo en Oriente Medio. Se libra también aquí, en España, en espacios mucho más cercanos y aparentemente neutros: universidades privadas, artículos de opinión y redes sociales donde se construyen marcos ideológicos que luego se presentan como análisis objetivo. Es una batalla silenciosa, pero constante, en la que el discurso se produce, se legitima y se exporta con una eficacia cada vez mayor.
En ese circuito encaja la figura de Ángel Manuel García Carmona, profesor en la Universidad CEU San Pablo, ingeniero de formación y activo articulista en medios digitales y plataformas internacionales. Su caso no es anecdótico ni marginal. Es representativo de una forma de intervenir en el debate público que ya no distingue entre docencia, opinión y militancia ideológica.
Quien recorra sus textos encontrará un discurso sin zonas grises. Israel aparece sistemáticamente como una pieza central del orden occidental, mientras que el progresismo es presentado como una amenaza cultural que deriva en formas contemporáneas de antisemitismo. En ese mismo esquema, el Gobierno de Pedro Sánchez no es tratado como un adversario político más, sino como un actor que debilita ese supuesto bloque occidental. No hay ambigüedad ni matiz: hay alineamiento.
Ese alineamiento no se construye de manera improvisada. Se apoya en una mezcla reconocible de referencias religiosas, económicas y geopolíticas. La Biblia y el Magisterio católico se combinan con el pensamiento ultraliberal de la Escuela Austriaca, donde nombres como Friedrich Hayek o Jesús Huerta de Soto funcionan como pilares teóricos. En torno a este último, además, se ha señalado en el debate público su vinculación como supernumerario del Opus Dei, lo que conecta ese discurso económico con entornos católicos conservadores. Ese mismo eje aparece proyectado a nivel internacional en figuras como Javier Milei, que no solo se declara admirador de Huerta de Soto, sino que ha incorporado a su discurso referencias al judaísmo y al estudio de la Torá, integrando religión, mercado y geopolítica en una misma narrativa.
Este entramado ideológico no se queda en el ámbito nacional. García Carmona publica en The Times of Israel, un medio fundado en 2012 por el periodista David Horovitz y financiado en sus inicios por el inversor estadounidense Seth Klarman. Lejos de ser un simple blog, se trata de una plataforma internacional con fuerte presencia en el debate político global sobre Israel. Su sección de blogs permite a colaboradores publicar sin el mismo filtro editorial que las piezas informativas, pero dentro de un marco claro: amplificar discursos que encajan con la defensa del Estado israelí en el contexto internacional. El propio medio advierte que las opiniones son responsabilidad de los autores, pero eso no elimina el hecho de que se trata de un espacio donde se seleccionan voces y se refuerzan determinadas narrativas. No es neutralidad; es orientación.
En sus textos publicados allí, el conflicto de Oriente Medio no aparece aislado. Se conecta con otros escenarios geopolíticos en una misma lectura global. Ucrania, Rusia, Europa y España forman parte de un mismo relato en el que Vladímir Putin es presentado como amenaza estructural, mientras que Volodímir Zelenski aparece como símbolo de resistencia en clave occidental. En ese esquema, Israel ocupa el lugar de pilar estratégico en Oriente Medio, y la política exterior del Gobierno español se presenta como un factor de desalineación. No se trata de análisis independientes, sino de una narrativa que conecta conflictos distintos para reforzar una misma visión del mundo.
Las redes sociales completan el cuadro. En plataformas como X, su actividad se inserta en un ecosistema donde coinciden marcos discursivos con actores como Acción y Comunicación sobre Oriente Medio, uno de los lobbies más activos en la defensa jurídica y mediática de Israel en España. No es necesario que exista una relación formal para identificar la dinámica. La coincidencia en argumentos, la interacción constante y la amplificación mutua dibujan una red de afinidad ideológica que funciona sin necesidad de organigramas visibles. Es la forma contemporánea de la influencia: distribuida, flexible y coherente.
Pero hay un elemento que transforma completamente el alcance de este fenómeno y que rara vez se menciona. García Carmona no es solo articulista. Es profesor. Y en el contexto actual, eso significa algo muy distinto a lo que significaba hace apenas una década. Hoy, cualquier alumno puede acceder a sus redes sociales, leer sus artículos, seguir sus posicionamientos en tiempo real y observar cómo interviene en debates políticos. El aula ya no es un espacio cerrado. Se ha extendido hacia fuera, hacia el entorno digital donde el profesor también actúa como productor de contenido ideológico. No es necesario afirmar una influencia directa para comprender el cambio: la figura docente se ha convertido en un nodo visible dentro de la conversación pública.
A todo esto se suma el uso de elementos culturales como refuerzo del mismo marco ideológico. Conceptos como el llamado “homocayetanismo”, presentes en debates recientes, reflejan intentos de reconfigurar identidades dentro de discursos conservadores donde la geopolítica —y en particular el conflicto en Oriente Medio— actúa como eje organizador. La identidad deja de ser un espacio autónomo y pasa a integrarse en una narrativa más amplia sobre Occidente, seguridad y orden cultural.
El error sería pensar que estamos ante un caso individual. No lo es. Es un ejemplo de cómo funciona hoy la producción de relato político. Universidad, medios digitales, plataformas internacionales y redes sociales operan como partes de un mismo circuito donde las ideas no solo se expresan, sino que se construyen, se refuerzan y se proyectan.
Y en ese circuito, el conflicto de Oriente Medio ya no es solo una cuestión geopolítica. Es una herramienta central en la disputa ideológica contemporánea.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


