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Los medios occidentales normalizan la limpieza étnica de Líbano al dar la versión israelí

Fuentes: Rebelión

Traducido del inglés para Rebelión por Beatriz Morales Bastos

En octubre de 2024, al cabo de año de la guerra genocida de Israel contra la Franja de Gaza y el consiguiente ataque a Líbano, el ejército israelí hizo lo siguiente: invitó a periodistas de los principales medios de comunicación occidentales a una incursión al arrasado sur de Líbano acompañados de personal militar israelí que iba a explicar la destrucción provocada por Israel a favor de este, aunque los medios occidentales nunca han necesitado mucha ayuda en este sentido.

Varios periodistas de New York Times, Washington Post, Associated Press, Reuters, BBC, Fox News y unos cuantos otros invitados especiales se apuntaron a la excursión al otro lado de la frontera. Como señalan Habib Battah y Christina Cavalcanti en una investigación para Public Source (27/8/25), se trataba de un «complicado híbrido entre el viaje “empotrado” tradicional y el tipo de viaje publicitario con todos los gastos pagados que los periodistas denominan “viajecitos pagados”, “regalitos” y “montajes”».

No importa que sea totalmente ilegal la entrada de periodistas o de cualquier otra persona en Líbano desde Israel (¿qué más da otra invasión ilegal desde un país que desde que prácticamente su fundación ha estado invadiendo Líbano?). Como destacan Battah y Cavalcanti, estos profesionales de los medios de comunicación también se estaban empotrando «en un proyecto nacional de una extraordinaria violencia transnacional», organizado por una «potencia militar ocupante extrajudicial, un punto fundamental que todos ellos iban a omitir en sus reportajes».

Tras entrar en Líbano con el ejército invasor, la periodista del New York Times Isabel Kershner (10/13/24) informó de la sorprendente noticia de que la población había almacenado todo tipo de armas que se podrían utilizar para repeler a un ejército invasor.

Sin duda a los israelíes les tocó la lotería con la cobertura, puesto que los periodistas descubrieron muy excitados botas y cascos que supuestamente pertenecían a Hezbola, una clara prueba de que este grupo había estado tramando un malvado ataque a Israel. La corresponsal de New York Times en Jerusalén Isabel Kershner, una veterana profesional en llevar a cabo ataques periodísticos preventivos contra Líbano, no defraudó con su trabajo (13/10/24), «Just Over the Border From Israel, a Hezbollah Cache of Explosives and Mines» [Un alijo de explosivos y minas de Hezbola justo al otro lado de la frontera con Israel].

Y en un reportaje empotrado tras otro los periodistas elegidos por Israel transmitieron fielmente la cansina y absolutamente ilógica idea de que en cierto modo Hezbola era el agresor en este asunto, a diferencia del ejército [israelí] que se dedicaba con ahínco a masacrar a miles de personas en Líbano al tiempo que llevaba a cabo la estrategia de tierra quemada.

«Avisos urgentes de evacuación»

Public Source: Israel's Willing Propagandists: What the Media Won't Tell You When It Embeds With the Military
El medio Public Source se pregunta (8/27/25): «¿Estar empotrado en una fuerza invasora ilegal, una que ataca sistemáticamente a periodistas y los asesina, puede ser alguna vez un “método justo» de recopilar información o una práctica periodística ética?».

Aunque la cobertura empotrada de octubre de 2024 fue una de las muestras más ridículas de la relación especial de los medios de comunicación corporativos occidentales con Israel, estos siguen haciendo un excelente trabajo a la hora de ofrecer una idea aséptica de la brutalidad israelí, aun cuando sus reporteros no están viendo físicamente la región desde el interior de un vehículo blindado israelí. Desde marzo de este año Israel ha matado a al menos 3.613 personas en Líbano y desplazado a 1.2 millones, ha destruido totalmente pueblos y aparte de eso ha expandido la política ecocida puesta a punto en la Franja de Gaza.

La destrucción en el lado israelí no ha sido ni remotamente comparable y un artículo reciente de Reuters (5/31/26) que había tratado de sugerir cierta simetría viene ahora con este prefacio: «Se ha corregido este artículo del 31 de mayo para eliminar una referencia a los decenas de miles de israelíes desplazados por el fuego de Hezbola, en el párrafo 3».

Como ocurre en Gaza, donde el genocidio continúa a ritmo acelerado a pesar de haberse declarado un alto el fuego (FAIR.org, 10/21/25), los medios tienden a informar de «altos el fuego» en Líbano sin preocuparse en destacar el hecho de que no hay alto el fuego cuando Israel continúa destrozando el país y asesinando a la población, al tiempo que prepara el camino para apropiarse de gran cantidad de territorio con sus insidiosas y así llamadas «órdenes de evacuación», unas «órdenes» que se han centrado en la población chií, mientras que Israel advertía a las comunidades cristiana y drusa que no permitieran a sus vecinos chiíes refugiarse en sus poblaciones (New York Times, 4/1/26).

El periodista libanés Habib Battah, coautor de la antes mencionada investigación de Public Source, me sugería que esa órdenes se deberían llamar más correctamente «directrices de limpieza étnica». Pero, por supuesto, eso sería excesivo para los medios corporativos y así es como se nos informa de las «avisos urgentes de evacuación» y las «órdenes de evacuación a gran escala», como si fueran una especie de anuncio de un servicio público, de un aviso de incendio o de cualquier otra tarea israelí fundamentalmente legítima en vez de algo absolutamente ilegal, además de francamente psicópata. A fin de cuentas, desde un punto de vista legal y moral, no se puede ir simplemente ordenando a la población de otros países que abandone sus hogares, a menudo solo para bombardearla cuando obedece.

Y también está el asunto de la «Línea amarilla» o «zona de seguridad», otro término más como los utilizados en Gaza (FAIR.org, 5/19/26) para designar la parte del sur de Líbano que Israel ocupa actualmente de forma ilegal. Pero a Israel nunca se le ha dado muy bien eso de permanecer dentro de unas líneas y sus últimas «órdenes de evacuación» abarcaban no menos de una quinta parte de todo el país, mucho más allá de la propia Línea Amarilla establecida por el propio Israel.

Como me indicaba Battah, el hecho de que los medios acepten y utilicen ese vocabulario arbitrario crea unas «estructuras artificiales» y un sentido de orden, cuando en realidad «no hay líneas amarillas, no hay color amarillo ni color alguno, simplemente hay invasiones ilegales». Y dado que los medios se han comprometido a ofrecer una idea aséptica del comportamiento de Israel en vez de cuestionarlo, «la colonización se normaliza».

«Advertencia a los residentes»

Reuters: Hezbollah rejects ceasefire plan declared in Washington, Israel keeps up strikes
El titular de Reuters (6/4/26) hace a Hezbola responsable por no aceptar el alto el fuego de Israel, a pesar del hecho de que desde el anuncio del alto el fuego Israel ha llevado a cabo 3.500 ataques aéreos.

El entusiasmo de los periodistas por acatar las órdenes de Israel es aún más desconcertante teniendo en cuenta que Israel es en estos momentos el asesino número uno de periodistas en el mundo. Por ejemplo, un artículo reciente de Associated Press (5/29/26) redujo la destrucción del sur de Líbano a simplemente «combates actuales en el sur de Líbano entre tropas israelíes y combatientes de Hezbola».

Un artículo de Reuters del 4 de junio culpaba a Hezbola por haber «rechazado» el último plan de «alto el fuego» con la mediación de Estados Unidos, un alto el fuego que, claro, habría dado prácticamente luz verde a Israel para apoderarse directamente del sur del Líbano. Reuters se abstuvo de mencionar las miles de víctimas libanesas desde marzo, pero concedió a Israel el habitual espacio para defender los estragos que causa: «En un aviso a los residente del sur [de Líbano], el ejército israelí afirmó que iba a seguir atacando las instalaciones de Hezbola».

Esto no quiere decir que los medios corporativos no informen de la destrucción, los desplazamientos y las masacres en Líbano; lo hacen y a veces de forma compasiva. Pero al no trazar una imagen consecuente y adecuadamente contextualizada de lo que realmente está ocurriendo en el país, en la mayoría de los casos acaban simplemente legitimizando los crímenes de guerra de Israel.

Imaginen por un momento que Hezbola hubiera asesinado a miles de israelíes en tres meses y ocupado el norte de Israel y que al hacerlo hubiera arrasado ciudades de 5.000 años de antigüedad y bombardeado todo sin piedad, desde viviendas hasta ambulancias, desde lugares declarados Patrimonio de la Humanidad a estudiantes universitarios y activistas mediomabientales que protegen las tortugas marítimas. Basta con decir que oiríamos hablar mucho más de la atrocidad de todo ello y que no se permitiría a Hezbola afirmar ad nauseam que su objetivo eran «instalaciones militares».

Después de casi tres años del genocidio que oficialmente ha matado a unas 73.000 personas palestinas y ha dado a Israel la oportunidad de mostrar al mundo su verdadera cara, es una verdadera abominación que todavía se permita a los altos cargos israelíes insistir (sin que los medios apenas repliquen) en que solo atacan a «terroristas» o «infraestructuras terroristas». Si estos altos cargos israelíes afirmaran que dos más dos suma ocho o que Elvis Presley viven en una cueva en Madagascar, ¿los medios corporativos también informarían de ello sin pestañear?

Al dar por bueno lo que afirma Israel, en esencia los periodistas acaban dando validez a los asesinatos en masa y a la ocupación, como ocurre en el artículo corregido de Reuters del 31 de mayo, que defiende abiertamente la toma por parte de Israel de un castillo de 900 años de antigüedad que no está en absoluto situado cerca de la imaginaria línea de color: «La toma del castillo de Beaufort ha proporcionado a las tropas israelíes un punto estratégico sobre gran parte del sur del Líbano y el norte de Israel, desde donde se han lanzado ataques contra zonas residenciales israelíes».

«Un agente de Irán en sus fronteras»

CNN: The war that never ended: Israel seizes moment to finish fight against Hezbollah, Iran’s proxy in Lebanon
CNN (3/13/26) informó que «Israel considera que debe establecer una sólida defensa militar para proteger a la población civil del agente de Irán en sus fronteras». Los lectores de CNN no podrían saber que Israel ha matado a cien veces más población civil que Hezbola en el conflicto entre ambos desde 2023.

Por supuesto, la falta de contexto y omisión deliberada por parte de los medios de información relevante facilita que la propaganda israelí se convierta en «noticias». Un truco muy práctico es recodar siempre, siempre, siempre a la audiencia que Hezbola es «un poderoso grupo chií apoyado por Irán», como afirma BBC (5/28/26).

CNN publicó el 13 de marzo un analisis ubicado Tel Aviv con el título: «La guerra que nunca acabó: Israel aprovecha la ocasión para poner fin a la lucha contra Hezbola, el agente de Irán en Líbano». Más adelante el análisis justifica la idea de Israel de que «tiene que establecer una sólida defensa militar para proteger a la población civil del agente de Irán en sus fronteras».

Pero aunque mencionar que Hezbola está apoyado por Irán es prácticamente una exigencia para los medios occidentales, nunca se considera necesario calificar en absoluto la propia orientación de Israel, como, por ejemplo: «La guerra que nunca acabó: el psicópata Estado genocida respaldado incondicionalmente por una superpotencia mundial aprovecha la ocasión para poner fin a su enfrentamiento con Hezbola».

Y respecto a por qué empezó este enfrentamiento, de alguna manera los medios nunca tienen la suficiente energía para explicar que Hezbola debe su propia existencia a la apocalíptica invasión de Líbano por parte de Israel en 1982 que acabó con la vida de decenas de miles de personas libanesas y palestinas, y que llevó a la creación de este grupo. En efecto, el largo historial de invasiones de Líbano por parte de Israel (por no mencionar su ocupación del sur de Líbano durante 22 años, que acabó con ignominiosa expulsión de Israel por parte de la resistencia libanesa encabezada por Hezbola) parecería ser un contexto bastante importante para entender la guerra actual. Pero aquellos periodistas que se molestan en ofrecer un poco de información previa lo hacen de la manera más ambigua y superficial posible, como la explicación del New York Times (6/3/26) de que «Hezbola, la milicia chií respaldada por Irán, mantiene desde hace décadas, de forma discontinua, un conflicto con Israel».

Una intervención en NBC Newsdel13 de mayo titulada «En pleno alto el fuego el ejército israelí intensifica la destrucción de viviendas en el sur del Líbano» ofrece un resumen con circunloquios de los orígenes de Hezbola: «El grupo, formado a principios de la década de 1980 mientras una guerra civil asolaba el Líbano, se creó con el apoyo de Irán y su objetivo era expulsar al ejército israelí del territorio libanés». El artículo continuaba hablando de algunos detalles de la actual destrucción en el sur de Líbano, incluidas unas imágenes de un vídeo publicado en X el 24 de abril en el que se ve a dos excavadoras destruyendo paneles solares en la localidad fronteriza cristiana de Debel, donde una foto del mes pasado mostraba a que un soldado golpeando una estatua de Jesús con algo parecía ser un hacha.

El ejército israelí afirmó en unas declaraciones a NBC News (que muy bien podrían entrar en la categoría de «no hay manera de justificar esto») que «el daño provocado a los paneles solares no es acorde a los valores del ejército y que se habían tomado medidas disciplinarias». Desde aquí esperamos que los periodistas de los medios corporativos tengan un día el valor suficiente para pedir cuentas a Israel acerca de cuestiones más trascendentales.

Belén Fernández es autora de The Darién Gap: A Reporter’s Journey through the Deadly Crossroads of the Americas e Inside Siglo XXI: Locked Up in Mexico’s Largest Immigration Center, entre otros libros. Es articulista de opinión enAl Jazeera.

Texto original: https://fair.org/home/western-media-normalize-ethnic-cleansing-of-lebanon-by-viewing-it-through-israels-eyes/

Esta traducción se puede reproducir libremente a condición de respetar su integridad y mencionar a la autora, a la traductora y Rebelión como fuente de la traducción.