Recomiendo:
0

Entrevista al escritor Vicente Zito Lema

«Santucho era fiel a sus ideas, coherente con lo que decía y lo que actuaba»

Fuentes: Rebelión

En esta entrevista, el ya fallecido escritor y poeta revolucionario Vicente Zito Lema recuerda a Mario Roberto Santucho.  

M.H.: Quiero que recordemos a Mario Roberto Santucho asesinado el 19 de julio de 1976 y sé que tuviste alguna relación con quien fuera el dirigente máximo del PRT-ERP.

V.Z.L.: Lo conocí, lo recuerdo con mucho respeto y cariño y fui uno de sus abogados defensores junto con Roberto Mattarollo, un periodista y abogado de DD HH también muy querido que tengo en el recuerdo, junto con Rodolfo Ortega Peña, con Eduardo Luis Duhalde que fuera secretario de DD HH en los gobiernos de Néstor Kirchner y de Cristina Fernández de Kirchner, es decir, lo conocí desde mi rol de defensor de los DD HH y conociéndolo a él conocí también a parte de su familia, a sus hermanos, a sus padres, una familia con mucha historia en el interior de nuestro país, con una librería también de las tradicionales. Recuerdo también que conocí tanto a su mujer, su primera mujer, Ana María Villarreal de Santucho, asesinada en Trelew, que fue la madre de sus tres hijas. Su hijo con Liliana Delfino dirige la revista Crisis.

M.H.: Que también se llama Mario, como su padre.

V.Z.L.: Sí. Lo escuche en un muy buen programa en Radio Nacional. Conocí a su hermana Manuela, que se encuentra desaparecida. Estuve muy relacionado con toda la familia Santucho. Siempre los consideré una familia desde el punto de vista humanístico, con ideas renovadoras, de justicia social, de fraternidad, amor y con una gran fuerza en el reconocimiento de la cultura de los pueblos originarios que, ya pasándolo al mundo político, determinan que el propio Mario Roberto Santucho, “el negro” como le decían sus compañeros. Yo nunca lo llamé así porque soy un poco reacio a esos tratos íntimos y además debo reconocer que sentía por él un profundo respeto, un hombre tan coherente con sus ideas y sus prácticas porque ya estoy harto de escuchar discursos revolucionarios, humanísticos, progresistas y conductas que poco tienen que ver con esas ideas que fácilmente se proclaman y que después en la primera dificultad se tiran por la alcantarilla o se esconden bajo conductas que desde el punto de vista ético también entran en juego. Nada de eso pasaba con Mario Roberto Santucho. Fiel a sus ideas, coherente con lo que decía y lo que actuaba. Porque era un hombre que acompañaba con sus actos lo que decía. En una época en que acompañar con los actos las palabras, te ponía de frente a la muerte, porque era una época donde la acción en el marco general del imperio norteamericano y las fuerzas represivas argentinas, se destacaban por el horror que practicaban, por la poca decencia con que se manifestaban.
Frente a ese mundo tan violentamente injusto, Mario Roberto Santucho alza su voz y sus actos, primero fundando un partido político sobre la reivindicación histórica de los pueblos originarios, con esa idea de injusticia histórica y con la idea precisamente de transformar esa injusticia, pero ya no solo para los pueblos originarios, sino a partir de ese inscribirse en una lucha histórica latinoamericana, desde ahí asumir las reivindicaciones de los trabajadores del campo, de los trabajadores rurales en general y, por supuesto, de la clase obrera.
Y también hay que destacarlo, con una propuesta muy original, muy potente en el campo de la cultura donde, por ejemplo, abrevaron y trabajaron con mucha potencia escritores que han sido para mí entrañables amigos como el poeta Roberto Santoro y el escritor, novelista y cuentista inolvidable que fue Haroldo Conti. Y también intelectuales como Silvio Frondizi aportaron sus ideas a la discusión sobre cómo el marxismo, la izquierda se comprometía con la propia historia latinoamericana y con un discurso muy propio en esas raíces que a la vez tomaba tradiciones históricas del marxismo, de la Comuna de París y luego de lo que era esa gigantesca resistencia del pueblo vietnamita contra el imperio norteamericano.
Todo eso estuvo presente en los sueños de Santucho y otros compañeros que también murieron. Y obviamente el impacto que la revolución cubana tiene sobre Santucho y no solo sobre él, que abreva en el socialismo y el comunismo, sino también incluso en las organizaciones revolucionarias del peronismo.
El otro día me pidieron que escribiera sobre Alicia Eguren.

M.H.: La compañera de John William Cooke.

V.Z.L.: Así es, y al escribir sobre ella recordé cómo puso el cuerpo, cómo se había jugado su vida enfrentando en la misma Cuba la invasión norteamericana de Bahía de los Cochinos, donde la habían nombrado Capitana incluso. Santucho también tenía una profunda admiración por Ernesto Guevara y Fidel Castro. Pero si se me permite decirlo, de las conversaciones que tuve con él, creo que una de las personas a las que más respetaba y amaba era a Ho Chi Minh, el gran líder de esa hazaña que marca el Siglo XX de la lucha del pueblo vietnamita.
El PRT y el ERP en las ideas de Santucho creían en la necesidad de enfrentar al imperialismo y a las distintas dictaduras latinoamericanas desde una lucha vista desde ese concepto de lucha del pueblo en su totalidad. Tanto es así que incluso, y a veces podría parecer una cuestión contradictoria, el ERP que forma Santucho, con Gorriarán Merlo y otros compañeros históricos de aquellos años, tiene como lema la lucha de San Martín. En la revista El combatiente, en el costado derecho o a la izquierda no recuerdo bien, estaba el retrato de San Martín y la consigna “A luchar o morir por la Argentina”. Y el profundo rescate que Santucho hacía de las figuras de San Martín, Castelli, Belgrano. Por más que hubo una propaganda terrible, descalificatoria queriendo presentar a Santucho como alguien que venía de afuera, que no tenía nada que ver con su país y su historia, su propio rostro, bien indio, bien de tierra adentro, bien de latinoamericano; recuerdo un discurso que vi por televisión del general Ibérico Saint Jean, descendiente de familia inglesa y con todo su porte rubio, llamándolo extranjero y mostraban la foto de Santucho con todo su cuerpo, rostro y mirada que denunciaba con orgullo sus raíces de haber nacido en esta tierra y tener generaciones y generaciones detrás de él de pueblos originarios.
Santucho es un poco de todo eso. Lo conocí, puedo decir humildemente que me siento orgulloso de haberlo representado, de haber sido uno de sus abogados y más todavía, sin querer jactarme de nada, puedo decir que fui amigo personal.

M.H.: En algún momento te encargó cuidar de su hermana.

V.Z.L.: También. Era una joven muchacha recién recibida de abogada, muy joven, muy tímida y viene a Buenos Aires y quiere trabajar en el campo de los Derechos Humanos y lo veo a Santucho, creo que en la cárcel, viene con toda seriedad a decirme que me tenía que plantear una cuestión personal, un gran favor, me dijo: “yo no creo mucho en los porteños, sé que tienen ideas revolucionarias pero después su práctica…“ y daba vueltas y vueltas hasta que me habla de su hermana que quería venir a luchar en los DD HH y a él le parecía bien pero quería que yo la cuidara para que ningún porteño irresponsable… y yo veía que luchaba entre su pensamiento revolucionario y su rol de hermano mayor que cuida a su hermana menor. Y yo me sentí muy hermanado porque yo también tengo muchas hermanas todas mujeres y entendía lo que me planteaba, así que a los pocos días vino su hermana y la llevé a la casa de mi mamá, se la presenté, le dije que su apellido le podía traer sorpresa porque a veces aparecía en la televisión, pero ella sabía que yo solo defendía gente noble y le pedí que la cuidara como si fuera mi  propia hermana. Mi mamá la recibió con mucho cariño y estuvo un tiempo en casa, hasta que empezó a trabajar como abogada y se pudo ubicar y seguir con su vida. Pero nunca olvido al gran revolucionario buscando las palabras para explicarme.

M.H.: Un “cuida”.

V.Z.L.: Bueno vos dijiste la palabra que yo, como respetuoso de mi amigo, no quería decir. De eso se trata, un revolucionario cuida también.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.