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Renacionalizar la defensa, clave el proyecto nacional

Fuentes: Rebelión

La cuestión de fondo

En un país dependiente, con un desarrollo económico y social torcido, distorsionado y contradictorio como el nuestro, no existe posibilidad histórica de iniciar un camino hacia un verdadero proyecto nacional sin Fuerzas Armadas consustanciadas con su programa estratégico y con la seguridad nacional.

Esta afirmación, que presentamos como tesis central, no es una consigna militarista. Es una verdad de Perogrullo que la dirigencia argentina, colonizada en su pensamiento, ha decidido olvidar. El estado de inconsciencia general respecto a la importancia inmediata de estos temas no solo profundiza el problema, sino que insufla un espíritu de resignación, derrotismo, conformismo y frustración allí donde debieran reinar el entusiasmo, la lealtad, el orgullo y la moral de combate.

Como advertía el General Juan Domingo Perón en La Comunidad Organizada: «Un pueblo sin conciencia de su destino, es un pueblo que renuncia a su soberanía». Hoy, la Argentina ha renunciado a ejercerla.

El presente artículo propone sistematizar la necesidad histórica de la renacionalización de nuestro sistema de defensa, inteligencia y seguridad.

El falso debate: presupuesto e ideología como coartadas del coloniaje

El discurso dominante, tanto liberal como progresista, ha instalado dos falacias para explicar la decadencia de nuestras Fuerzas Armadas:

1. La falacia presupuestaria: «No hay plata para las FFAA».

2. La falacia ideológica: «El problema es la formación autoritaria en los colegios militares».

Ambas son inventos de liberales militantes del coloniaje, que llenan de excusas y justificaciones su nefasta política hacia las FFAA. A nadie se le ocurriría plantear que los problemas de los trabajadores tienen su causa en los cursos de formación de cuadros sindicales, o que el nudo de los problemas de los sectores económicos está en los planes de estudio de contadores y economistas.

El problema principal de las FFAA argentinas no es presupuestario ni pedagógico. Es funcional y doctrinario: la ausencia total de función nacional, que las hace no solo inútiles, sino lo que es peor y más peligroso, innecesarias.

El economista y pensador nacional Arturo Jauretche ya lo advertía en Manual de Zonceras Argentinas: la inteligencia colonizada convierte los efectos en causas para no discutir el fondo. Discutir si los militares deben estudiar a San Martín o a Clausewitz es un rodeo distractivo cuando no tienen una misión histórica que cumplir.

El presupuesto es una consecuencia, no una causa. Ningún Estado financia un instrumento que ha decidido no usar.

La subordinación doctrinaria: un país sin hipótesis de conflicto con el territorio ocupado

La prueba más grotesca de esta renuncia se cristalizó en la Directiva de Política de Defensa Nacional del macrismo (Decreto 703/2018), que estableció formalmente que la Argentina, el octavo país en superficie del mundo, «no tiene hipótesis de conflicto».

Esta directiva constituye un caso único en la historia militar mundial. Como enseña el prusiano Carl von Clausewitz en De la Guerra: «La guerra es la continuación de la política por otros medios». Un Estado que renuncia a definir sus conflictos, renuncia a hacer política.

Cómo puede un país no tener hipótesis de conflicto cuando:

a) Sufre una ocupación colonial militar efectiva: Gran parte de su territorio insular y marítimo -Islas Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur y 1.600.000 km2 de mar circundante- está ocupado por una potencia de la OTAN. La base militar de Monte Agradable es la mayor base de la OTAN en el Atlántico Sur, con capacidad de proyección intercontinental, cazas Eurofighter Typhoon, y proyección nuclear, a 14.000 km de Londres.

b) Ha sido escenario de una guerra de inteligencia extranjera en su propio suelo: Hemos sufrido dos atentados terribles -Embajada de Israel (1992) y AMIA (1994)- en cuyo encubrimiento participaron activamente la CIA norteamericana y los servicios de inteligencia israelíes. No por casualidad, son los mismos actores que encabezan en el mundo el eje guerrerista que hace años viene incendiando el mundo abierta y encubiertamente con el objetivo de sostener su ilegítima hegemonía, ya degradada.

Por lo tanto, el desmantelamiento y la decadencia de las FFAA argentinas no es un accidente administrativo. Es la consecuencia directa de haber abandonado lisa y llanamente toda pretensión de garantizar la soberanía nacional sobre nuestro territorio, recursos y ciudadanía. Es una política de Estado colonial.

La cesión de la soberanía: puertos, vías navegables y territorio bajo control del Comando Sur

Si la Directiva de 2018 que declara que no tenemos hipótesis de conflicto es la renuncia doctrinaria, la entrega del control de nuestro sistema portuario y fluvial a fuerzas militares extranjeras es la renuncia material.

Lo que denunciamos como «política de seguridad subordinada a la agenda de las grandes potencias» hoy tiene nombre y apellido: la penetración del Comando Sur de los Estados Unidos (USSOUTHCOM) en la Hidrovía Paraná-Paraguay y en los puertos estratégicos nacionales.

No se trata de una hipótesis conspirativa. Se trata de hechos oficiales:

a) La Hidrovía Paraná-Paraguay bajo tutela del Cuerpo de Ingenieros del Ejército de EE.UU. En 2023-2024, el Estado argentino firmó convenios para que el U.S. Army Corps of Engineers -el mismo cuerpo que gestiona la logística militar del Mississippi y que opera bajo doctrina del Pentágono- realice el «asesoramiento y manejo» del dragado y balizamiento de la Hidrovía, por donde sale el 80% de las exportaciones nacionales y entra el 90% del contrabando. Como advirtió el analista nacional Luciano Orellano en Argentina Sangra por las Barrancas del Río Paraná, entregar la llave de nuestra principal arteria comercial es entregar la economía nacional.

b) La Guardia Costera de EE.UU. (US Coast Guard) controlando puertos argentinos. Bajo el eufemismo de «cooperación para combatir el narcotráfico y la pesca ilegal», se ha permitido el patrullaje y la inspección de buques y puertos en Rosario, Bahía Blanca y la Cuenca del Plata por parte de una fuerza que depende directamente del Departamento de Seguridad Nacional de EE.UU. Es la aplicación lisa y llana de la Doctrina de Seguridad Hemisférica que el General Perón denunciaba como la sustitución de las defensas nacionales por una defensa continental al servicio de Washington.

c) El archipiélago de enclaves. Esta cesión no es aislada. Se inscribe en una cadena de enclaves que incluye la base de «ayuda humanitaria» del Comando Sur en Neuquén -a 200 km de Vaca Muerta-, las instalaciones del mismo tipo en Chaco y Misiones, el radar de capitales británicos en Tolhuin, Tierra del Fuego, con capacidad para controlar todo el Atlántico Sur y la Antártida, y la persistente presión para instalar una base logística en Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida.

Como enseñaba el jurista y diplomático Juan Carlos Puig, esto es el modelo perfecto de autonomía heterodoxa invertida: en lugar de ampliar nuestro margen de decisión, cedemos voluntariamente el control logístico de nuestro territorio.

¿De qué sirve discutir el presupuesto de la Armada Argentina si el dragado de nuestros ríos, el control de nuestros puertos y la vigilancia de nuestro mar lo hacen fuerzas extranjeras? ¿Qué soberanía puede ejercer la Prefectura Naval Argentina si la US Coast Guard es la que audita sus procedimientos?

Esta es la forma moderna de la ocupación colonial. Ya no necesitan desembarcar marines. Les basta con controlar los puertos, los ríos y los radares. Como decía el General San Martín: «Cuando la Patria está en peligro, todo está permitido, excepto no defenderla».

Por eso, la renacionalización no es solo recuperar las FFAA. Es, ante todo, desalojar a las fuerzas de ocupación de la administración misma del país.

Los cinco pilares de la renacionalización

Recuperar plenamente su rol de custodias de la soberanía nacional, de nuestra integridad territorial, recursos y orden constitucional, poniéndolas con fuerte protagonismo al servicio del Proyecto Nacional de todos los argentinos, exige medidas concretas y soberanas.

1. Restablecimiento de la hipótesis de conflicto principal: el Atlántico Sur.

La Argentina debe denunciar formalmente el estado de ocupación y declarar como teatro de operaciones Pprincipal la usurpación británica-OTAN en el Atlántico Sur. Esto implica revertir la doctrina de «ausencia de conflicto» y adoptar una doctrina de defensa disuasiva y de proyección. Como decía el General José de San Martín: «Serás lo que debas ser o no serás nada». Sin control del Atlántico Sur, no seremos nada.

Esto conlleva la denuncia de los Acuerdos de Madrid I y II de 1990, que bajo el eufemismo de «paraguas de soberanía», consagraron la sumisión y desmovilización de nuestra capacidad de defensa en la zona en disputa.

2. Reconversión Industrial y Científico-Tecnológica de las FFAA.

Sus inmensas potencialidades en diversas áreas estratégicas de ciencia y tecnología pueden poner a nuestras FFAA a la vanguardia de las estrategias de desarrollo sustitutivo, con fuerte impacto económico y social.

Se debe rearticular el complejo Fabricaciones Militares, FAdeA, INVAP, CITEDEF, Astillero Río Santiago y Tandanor bajo un Consejo Nacional de Defensa para la Producción para la Defensa. El modelo es el que el General Manuel Savio impulsó: la defensa no es gasto, es industria pesada, es acero, es química, es electrónica. Es el multiplicador más potente de la economía nacional.

3. Reorientación de la investigación sobre el ARA San Juan y exigencia de transparencia.

Hay que reorientar objetivamente la investigación sobre el hundimiento del ARA San Juan de acuerdo a las pruebas disponibles que desaconsejan enormemente descartar el ataque británico. Si nos restringiéramos a los protocolos internacionales de investigación del hecho -análisis acústico de la CTBTO, informes de la Armada Rusa, y la negativa británica a aportar datos de sus patrullajes antisubmarinos en la zona- el ataque externo estaría prácticamente probado.

La soberanía exige verdad. Ocultar la causa del hundimiento de 44 marinos es el acto más antinacional de un Estado.

4. Reconducción soberana del Sistema Nacional de Inteligencia.

Aquí juega un importantísimo rol la reconducción de la AFI y otras fuerzas de seguridad, suspendiendo todo tipo de cooperación con agencias extranjeras -CIA, MI6, Mossad, DEA- para revisarlas bajo el tamiz de la reconstrucción de nuestra propia agenda y de nuestra propia capacidad autónoma de decisión.

La doctrina de inteligencia debe pasar de la subordinación a la doctrina de la «guerra contra el terrorismo» importada, a una doctrina de inteligencia nacional basada en los intereses nacionales. Como enseña el politólogo brasileño Helio Jaguaribe: «No hay inteligencia nacional sin un proyecto nacional que defender. De lo contrario, es solo una sucursal de una inteligencia extranjera».

Medidas concretas:

• Auditoría total de los convenios de cooperación firmados desde 1983.

• Prohibición de formación de cuadros en academias extranjeras de potencias extrarregionales.

• Creación de la Escuela Nacional de Inteligencia Estratégica con currícula propia.

5. Registro Público de Agentes y Tropas Extranjeras.

Exigir el registro público de tropas y agentes al servicio de fuerzas extranjeras en el país. Es inadmisible que en territorio argentino operen impunemente bases encubiertas, personal de la DEA, del Comando Sur y contratistas militares privados sin control parlamentario ni judicial. Ningún país en serio lo debería permitir.

El ABC de un país independiente

Algunos pueden considerar políticamente riesgoso avanzar en este conjunto de medidas. Se dirá que es «provocar» a las potencias.

Pero si las miramos con seriedad y serenidad, veremos que constituyen el ABC de la construcción de un país y un Estado independientes, motivo de respeto en el concierto internacional. Lo que es realmente riesgoso, lo que es una aventura temeraria, es continuar con un país desarmado, espiado por sus supuestos aliados y ocupado militarmente por la OTAN.

Como sostenía el politólogo y estratega Juan Carlos Puig en su Teoría de la Autonomía: «La viabilidad de un Estado depende de su capacidad para tomar decisiones no recetadas».

La renacionalización de las FFAA, de inteligencia y de seguridad no es una cuestión castrense. Es la precondición para que vuelva a existir la política, la economía y la Nación misma.

Lo contrario es continuar emparchando tensiones en los marcos de una situación vergonzante de colonialidad realmente insoportable.

Ali Reza Peralta es director de la Academia del Pensamiento Estratégico y su plataforma comunicacional ApeTv.

Fuentes:

1. Perón, J.D. (1949). La Comunidad Organizada.

2. Von Clausewitz, C. (1832), De la Guerra. Libro I.

3. Jauretche, A. (1968). Manual de Zonceras Argentinas.

4. Savio, M. (1947). Doctrina de la Movilización Industrial.

5. Puig, J.C. (1980). Doctrina de la Autonomía Heterodoxa.

6. Decreto PEN 703/2018 – Directiva de Política de Defensa Nacional.

7. Acuerdos de Madrid I y II (1989-1990).

8. Informe Comisión Bicameral Investigadora ARA San Juan (2019).

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.