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¿Por qué baja la tasa de natalidad?

Fuentes: Rebelión

Milei ha emitido una nueva andanada de falsedades. Esta vez adjudicó a la ley del derecho a la interrupción voluntaria del embarazo (IVE), sancionada en 2020 la baja de la tasa de natalidad en nuestro país, “esa locura de los pañuelitos verdes”.

La tendencia a la baja de la tasa de natalidad es un fenómeno que trasciende a la Argentina y es anterior a la ley mencionada. Es mundial en las últimas décadas y ya está abriendo crisis demográficas en algunos países donde los adultos mayores superan la tasa de natalidad y ponen en riesgo la sustentabilidad de esas sociedades. Efectivamente en Europa es de 1,34, en EEUU es 1,66, cifras inferiores a la tasa de reproducción que es de 2,1. En nuestro país comenzó hace más de una década. Entre 2000 y 2026 descendió 47%. Estamos por debajo de la tasa de reproducción: 1,2. La mayor reducción, sin embargo, se dio en el embarazo adolescente que la ley del IVE permitió revertir con educación y provisión de anticonceptivos. Se trataba de embarazos no deseados y gracias a la IVE, la educación sexual en las escuelas, la provisión de anticonceptivos en los centros públicos de salud, se ha logrado que existan menos niñas madres. Y eso está muy bien. Lo que Milei no puede explicar es por qué el resto de las generaciones de mayores ya desde décadas anteriores no proyectó tener hijos.

Siempre existieron personas que prefirieron postergar su decisión de tener descendencia e incluso la descartaron como proyecto de vida. Su extensión en número en la actualidad, sin embargo, tiene causas ajenas a una decisión personal. Y está directamente relacionada con la crisis actual del capitalismo que hace sombrío el futuro para las nuevas generaciones. Los planes de ajuste que arrojan a millones a la miseria, la inestabilidad laboral y la desocupación creciente, la crisis habitacional, la falta de seguridad social, la carrera armamentista y las guerras, la crisis ambiental, son algunas de las causas por las cuales muchos jóvenes descartan como proyecto de vida el tener descendencia.

Esto ocurre en momentos en que el desarrollo de la ciencia y la tecnología podrían poner en manos de la humanidad la solución de todas las necesidades y permitir el desarrollo pleno de nuestra especie, el disfrute de la cultura, el arte, las relaciones humanas, en armonía con nuestro hábitat. Entonces, tener hijas o hijos sería parte del disfrute de la vida. Pero la causa de la baja de la tasa de natalidad no es personal, es del sistema en el que vivimos. En esta etapa histórica el capitalismo para sobrevivir necesita destruir. Su lógica no es el bienestar de los pueblos sino la ganancia de unos pocos. Es el cáncer que puede llevar a la humanidad a su destrucción y a la del planeta. Solo una planificación social democrática de la economía, que elimine la propiedad privada de los medios de producción, y los haga públicos, es decir al servicio de toda la sociedad podría revertir este drama. Eso solo lo pueden hacer quienes han sido arrojados fuera de la apropiación privada de los recursos, las fábricas, los bancos: los que solo poseen su fuerza de trabajo, la clase trabajadora. La tarea es urgente. Todo intento de atajos seudo reformistas, de conciliación con capitalistas de menor rango, nos devuelve como Sísifo a la rueda que nos seguirá comiendo una y otra vez. Pero tal vez en estos tiempos no haya otro ciclo.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.