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Estrategias contra el silencio, el olvido y el desfalco semántico

Argentina necesita historiadores con urgencia

Fuentes: Rebelión/Universidad de la Filosofía

Con urgencia de Historia Una «década ganada» [1] es un objeto de estudio enorme y emocionante para quienes aman la Historia y para quienes la respetan. No hay atenuantes. Para ese objeto de estudio hacen falta historiadores que tengan urgencia de saber y de saberse sujetos históricos; que entiendan su lugar ante los hechos y […]

Con urgencia de Historia

Una «década ganada» [1] es un objeto de estudio enorme y emocionante para quienes aman la Historia y para quienes la respetan. No hay atenuantes. Para ese objeto de estudio hacen falta historiadores que tengan urgencia de saber y de saberse sujetos históricos; que entiendan su lugar ante los hechos y ante los dichos; que desplieguen métodos y ciencias urgentes para atender y entender lo objetivo y los subjetivo. Se necesita el concurso de historiadores serios, en cantidad y en calidad. Eso se percibe en Argentina, en todas partes y a todas horas.

Formar historiadores, a la altura de su Historia, es además de proceso lento muy caro. Formarlos con conciencia de su papel histórico y dispuestos a asumirlo no es fácil y siempre es un reto. Formar científicos de la Historia con fundamentos de lucha y con militancia inteligente es, por colmo, urgente. Y la urgencia crece si se mira con detalle el abrumador proceso de cambios inconclusos que tapiza al presente, al pasado inmediato y al futuro que se asoma. Las urgencias tironean, se empecinan y se multiplican porque, a diario, pasan muchas cosas de todo tipo y en todo tono. Pasan cosas que aceleran y pasan cosas que retardan lo avanzado. Pasan a toda velocidad y en cada rincón. Se mueve la Historia y exige quien la cuente. A muchos suena increíble pero hay Universidades Públicas y Gratuitas formando historiadores y haciendo Historia ellas mismas. Es el caso de la UNDAV [2] (Universidad Nacional de Avellaneda) donde los profesores de Historia ejercen su derecho de licenciarse para asumir su lugar en la batalla de las ideas que también es histórica. Ahí se entiende que se impulsa a los historiadores porque eso es un derecho… que estudiar Historia es un derecho y es una responsabilidad.

Era de esperarse. Se veía venir el momento en que fuese insuficiente formar historiadores con los métodos «clásicos», (algunos de ellos vetustos y anacrónicos) se veía el momento en que esos «métodos» comenzarán a flaquear ante el rigor y la velocidad de los hechos que la humanidad desata para luchar contra todo lo que la frena. Era de esperarse que las ciertas herramientas de las cúpulas y las sectas «academicistas», se quedaran cortas y era se esperarse la necesidad y la urgencia de historiadores capaces de ponerse a tiempo con el tiempo que les toca… ocurra cuando ocurra. Cuando el motor de la Historia acelera el paso, muchos caen al precipicio de sus trampas ideológicas.

Era de esperarse, sobre todo, porque un cúmulo de acontecimientos históricos fue desatado con la fuerza de un pueblo que fue devastado y humillado por el neoliberalismo más bestial, pero que ha encontrado vías para resarcirse y superar las taras y las trabas que le han sido impuestas. Y cambió el paisaje. No sólo porque ha surgido un aliento reivindicatorio y dignificante sino porque emergió un poderío político, principalmente (aunque no exclusivamente) en los jóvenes, que tienen claro su papel histórico para frenar, a toda costa, la amenaza letal de los «buitres» internos y externos que se infiltran en la vida democrática camuflados de mil maneras… incluso reformistas. Y todo eso no puede quedarse invisible en la maraña de las trampas mediáticas que pretenden ahogar lo histórico entre páginas de tironeo anestésico y amarillista.

Los hechos son muchos. Son tantos que exceden las fuerzas y las capacidades de los historiadores actuales. Son tantos los hechos y tantos los dichos que las posibilidades de investigación, registro y sistematización (por mencionar algunas) abruman por su cantidad tanto como por su diversidad y su complejidad. Quienes enseñan Historia así como quienes la investigan y la escriben, ven ante sí un período rico en oportunidades para sacudirse las viejas trabas burocráticas y rutinarias que atraparon a la Historia en una red ideológica de inoperancias y traiciones de todo tipo. Está a la vista una oportunidad histórica, de movilizar a la Historia como ciencia para que sirva puntualmente a las tareas del presente y del futuro que nos exigen memoria viva, claridad de contenidos y precisión de acciones en los lugares y tiempos correctos. Es decir al lado de los que luchan por un mundo mejor. Esa es la Historia.

Según se ve hoy, Argentina es un país que no está dispuesto a retornar al saqueo y al hurto al que se la confinó durante los años más infernales del neoliberalismo. Según se ve hoy, el país está nutrido por oportunidades grandes y buenas que no alcanzan por sí solas cuando lo urgente es profundizar lo hecho -con autocrítica y con mano firme- ante lo mucho que falta por hacer. Y eso también es histórico. Hacen falta muchos historiadores, científicos de la verdad y del rigor metodológico. Hacen falta muchos historiadores armados con fortalezas éticas y pegados a las luchas desde abajo. Lo pide a gritos la Historia y lo pide a gritos un pueblo que necesita superar sus contradicciones más hondas para desatar todas sus fuerzas en plena lucha de clases.

Argentina necesita historiadores con urgencia de futuro. Necesita centros de estudio ágiles, motivados y motivantes. Centros de investigación y centros de divulgación que cumplan la tarea de empoderar a los pueblos con el conocimiento crítico de sí mismos, narrando la historia que ellos mismos hacen. Historiadores dispuestos a asumir su papel histórico y a protagonizar una etapa nueva en sincronía con una «década ganada» y muchas décadas de profundización efectiva y autocrítica. Argentina necesita historiadores en el ejercicio pleno de su derecho a saber, a ciencia cierta, lo que debemos saber todos, porque es nuestro derecho, con la seriedad de la lucha y el compromiso de expandir fronteras para entenderse plena y parte de una «Patria Grande», Latinoamericana y mundial. Aunque algunos quisieran que esta Historia se finalizara, hay que informales que la Historia exige todo lo contrario. Y con urgencia.

Notas

[1] Así llaman en Argentina al periodo iniciado el 25 de mayo de 2003. http://www.decadaganada.gov.ar

[2] http://www.undav.edu.ar/index.php?idcateg=163

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.