Recomiendo:
0

Apuntes sobre capitalismo, comunicación, redes y resistencia

Campo periodístico, televisión y mercado: la comunicación como dominio (2)

Fuentes: Nodo 50

La información convencional, la de los Medios de Comunicación de Masas (MCM), se basa fundamentalmente en la agenda política institucional, que restringe la noción de sistema político al gobierno y su administración, sin incorporar a otros actores y a sus demandas. Es lo que en ciencia política se conoce como opción por el polo elitista: […]


La información convencional, la de los Medios de Comunicación de Masas (MCM), se basa fundamentalmente en la agenda política institucional, que restringe la noción de sistema político al gobierno y su administración, sin incorporar a otros actores y a sus demandas.

Es lo que en ciencia política se conoce como opción por el polo elitista: el protagonismo se reserva para ciertos actores selectos, individualizados y a sus instituciones formalmente representativas. Fuera, o en el margen, se coloca al conflicto y los actores colectivos que, para salir en escena y adquirir existencia mediática, suelen recurrir a la resistencia, la desobediencia masiva, incluso a la violencia 3.
Lo extraordinario cotidiano  

Junto a la actividad parlamentaria cómo ámbito de acción exclusivo de la política, en los últimos años se aprecia una deriva clara por parte de los MCM hacia el amarillismo sensacionalista y los sucesos. Lo social reducido al formato de espectáculo mediático juega su papel en tres niveles:

  • generación de una demanda informativa sobre lo real en el límite de la racionalidad
  • construcción predefinida de audiencias
  • elaboración de un relato falsamente desideologizado sobre la naturaleza social del mundo 
  • El suceso es algo para todos los gustos, no escandaliza a nadie, de la misma manera que podría escandalizar a todos. Es punto de encuentro y, por tanto, genera consenso 4. Para extender al máximo el espectro de la audiencia, para llegar «al gran público», hay que respetar una ley y un método que funciona perfectamente: limar las asperezas del discurso, redondearlo, rebajar los contenidos problematizadores, potenciar lo binario, lo intrascendente y anodino. Cuanto más aspira a extenderse un proyecto mediático, más debe ajustarse a las categorías de percepción del receptor. Por ejemplo, lo cotidiano presentado como extraordinario (o lo extraordinario cotidiano, como nos explicara Bourdieu) permite presentar como noticiable el hecho de que en invierno hace frío o que las olas de calor nos afecten en verano, perros que han atacado a sus vecinos o la periódica fascinación histérica por las rebajas. Un modelo que se levanta sobre la reproducción formalizada de lo inane, difícilmente nos explicará o nos permitirá comprender las causas de una huelga, de la violencia machista, o el origen de una guerra. 

    Entre el hecho preciso sobre el que empieza a trabajar un periodista y la realidad reelaborada que se presenta como una pieza dentro de un bloque de contenidos, se impone un espacio informativo con carga política, ética o ideológica. La tendencia imperante hacia la homogeneización, la banalidad y la superficialidad no parte necesariamente de una estrategia consciente e individualizada (ésto nos permite salvar a algunos profesionales de la misma manera que no exculpa de responsabilidad directa y personal a otros): se da dentro de una máquina o proceso productivo informacional que parte de cierta base base cultural, que comparte unos valores políticos y éticos , un criterio de selección, una idea sobre lo socialmente relevante y un estilo en el tratamiento (político) de la información. El conjunto es coherente, es campo o estructura periodística en la que sólo es posible un tipo muy preciso de resultado (información) y, a partir de él, una concepción conservadora (y reaccionaria) sobre la realidad social. 

    La hegemonía de la TV en el campo arrastra al conjunto de medios al modelo de superficialidad informativa y la banalidad cultural, que ha cristalizado en la basura y exhibicionismo que impera. Hoy el ritmo, la ley, el paso, lo marca la TV que reorganiza al resto de medios en torno a su agenda y a su estilo. El peso relativo de la TV es impresionante y, con independencia de las tiradas o las audiencias de otros tipos de medios, su formato es hegemónico e indiscutible. La concepción de la información impuesta por la televisión y, dentro de ella, por la tendencia al amarillismo captador de audiencias, se impone al conjunto del campo periodístico, desciende desde la pantalla y se hace con la prensa escrita y la radio: representación de la vida en un contexto de falso vacío político, anécdotas y sucesos. En combinación actúa la publicidad política donde tienen su espacio el adoctrinamiento antiterrorista, la defensa de la integridad del Estado, la cuestión nacional en clave españolista, la nueva religiosidad monárquica y las coletillas recurrentes acerca de la democracia y el estado de derecho. Libro de estilo de obligado cumplimiento para el profesional de los medios, que oculta formalmente y pone en evidencia, al mismo tiempo, las carencias en términos de legitimidad de un régimen constituido como diseño de la tecnocracia franquista.

    La racionalidad como simulacro  

    Los MCM recurren a categorías analíticas propias para acercarse a la realidad. Estructuras conceptuales que organizan lo percibido, definen lo visible y lo invisible como condición de posibilidad o de existencia. El resultado de la selección se presenta en una deliberada re-contextualización (en realidad, el contexto amplio de un hecho prácticamente desaparece): no hay explicación ni causas que vayan mas allá de la mera reconstrucción de lo estrictamente inmediato (en el tiempo y también en el espacio), casi siempre el testimonio de un «testigo» aderezado en algunas ocasiones por la opinión de un «experto» 5. En ambos casos, se escenifica un simulacro de explicación articulado sobre ideas preconcebidas o lugares comunes que en ningún caso amplían o estimulan la reflexión racional: la interacción hilada sobre dos elementos que trabajan con ideas ya procesadas (pre-juicios) es un acto que sólo puede definirse como comunicativo, en tanto que cuenta con los dos elementos de la definición canónica -emisor y receptor-, pero en ese contexto la comunicación, entendida como interacción racional, es apariencia y simulacro. 6 

    Si tal como nos incitan los MCM, nos limitamos a simular actividad racional, no sabremos nunca el por qué de ciertas cosas ni la verdadera dimensión de muchas otras. ¿De dónde surge la criminalidad nazi-fascista? ¿Cómo se explica la violencia contra las mujeres? ¿Cómo se entiende la persistencia de violencia política en una «democracia ejemplar», oficialmente dotada de instituciones orientadas a la superación e integración del conflicto? ¿Cómo es posible este tipo de realidades en un estado que se presenta como la quintaesencia de lo democrático? 

    De la misma manera, los hechos noticiables con origen político-económico son presentados como catástrofes o inclemencias naturales seriadas, de tal forma que la realidad se reconstruye en forma de noticia como una ristra de acontecimientos organizados en la parrilla de programación, sucesión de hechos independientes, en condiciones de generar determinada sensación de conjunto (aprobación, miedo, rechazo, inseguridad, ira). Se describe, se incide sobre los aspectos más espectaculares, se prepara un espacio para el entendimiento en el que nada de lo que ocurre se explica, nada de lo que se cuenta se comprende: la información mass-mediática se selecciona, se procesa y se emite de forma que «deje intactas las estructuras mentales» 7 levantadas en un juego maniqueo que entiende la vida y sus acontecimientos como la obligada contraposición dual de lo bueno frente a lo malo (PSOE-PP, PP-PSOE, oriente-occidente, legal-ilegal, dialogantes-violentos, demócratas-terroristas) 8. La posición de las palabras o de las cosas en relación a otras palabras y a otras cosas, el matiz, el grado, sencillamente, no existe. 

    En el régimen de producción y circulación que impera, la volatilidad de lo producido es condición de supervivencia del sistema mismo. La información convertida en mercancía se produce en las factorías del espectáculo para ser consumida en el mercado mediático. El acontecimiento, unidad de producción y medida de los MCM, circula a alta velocidad y caduca en el momento en que es desplazado por el siguiente en la cadena de montaje de lo real que constituyen las redacciones, editoriales o productoras. En una secuencia vertiginosa, ocupan su tiempo y su espacio, estallan ante los ojos de la audiencia, y desaparecen tan rápidamente como irrumpen en escena. Sin hilos que los hilvanen, sin relaciones de tipo causal entre unos y otros, sin tiempo (que desaparece en el vértigo), y, por lo tanto, sin historia y sin memoria, «nada puede ser recordado ni nada puede ser explicado… el tempo del acontecimiento es incompatible con el tempo del pensamiento» 9.

    Espiral autorreflexiva  

    Con los dispositivos de agregación comunitaria tradicionales desaparecidos o en vías de extinción (la familia, el barrio, la escuela, la fábrica, la universidad, la iglesia), ¿no son hoy los MCM el dispositivo comunicativo capaz de predefinir la trayectoria de la acción colectiva de millones iniciativas individuales, delimitando su imaginario, seleccionado lo real entendido como lo visible, tejiendo y destejiendo códigos y valores que nos permitan pasar por el mundo sin la menor inquietud por comprender o desmontar su lógica? ¿No son, pues, los medios el instrumento, y la comunicación el escenario privilegiado para la disputa y el combate político hoy? ¿No son acaso ellos lo más parecido a la idea que solemos tener de el poder, entendido como máquina o conjunto de reglas, creencias, técnicas y dispositivos para la dominación y la gobernabilidad? 

    Se hace imposible el gobierno sobre las clases y el dominio de su resistencia sin un plan y un conjunto de medios para la comunicación política, de la misma manera que a día de hoy es inconcebible el diseño de un plan de resistencia contra el capitalismo sin medios para la comunicación insurgente. Definir nuestro propio escenario para la comunicación y la insurgencia es una tarea que nos marcamos y que está más allá del análisis de la lógica comunicativa del poder y de su rechazo. Nuestros reductos en la la red (una red extensa y tupida, pero una red invisible para la mayoría) hacen posible la supervivencia a pesar y por encima de los MCM. 

    Pero supervivencia deviene con facilidad en costumbre y el hábito es parte del acomodo. Pasados casi 10 años desde Seattle y el primer Centro de Medios Independientes ¿no deberíamos acaso asumir la necesidad de romper la rutina contrainformativa y definir otro juego comunicativo en el que superemos el cansino «minuto a minuto» de nuestra rutina militante? Presentar recurrentemente lo cotidiano como algo extraordinario, sustituyendo la reflexión y crecimiento político colectivo (desde la crítica, el debate, el análisis y el juego enriquecedor de la teoría y la práctica) por la narrativa irreflexiva acerca de lo que llevamos haciendo de la misma manera desde hace años 10, ¿no viene a reproducir el modelo de banalidad y descontextualización que caracteriza a la repelente prensa burguesa

    Sobre los límites y las posibilidades de nuestro trabajo (los dispositivos de comunicación movimentistas) seguiremos escribiendo en breve. Hasta aquí un intento por comprender la lógica de la comunicación como dominio, y la capacidad de ésta para habitar las fisuras de nuestra práctica política. Superar este estadio debería ser posible si fuéramos capaces de pensar en lo que hacemos, sin dejar de hacer aquello en lo que pensamos, avanzando hacia adelante y hacia arriba en una espiral autoreflexiva que nos salve de la advertencia de Bengoa: «en un escenario en movimiento permanente, lo que no sirve para avanzar, sólo consigue hacernos retroceder» 11

    Notas  

    1 Intervención en las Jornadas organizadas por la Fundación de Investigaciones Marxistas y la Universidad Complutense de Madrid en la primavera del 2005 tituladas ¿Para quién trabajamos? Trabajo intelectual y precariedad laboral. Todas las ponencias han sido publicadas recientemente en el número 25 de Papeles de la FIM. Este texto es continuación de «Campo periodístico, televisión y mercado: la comunicación como dominio» y hace referencia a algunas cuestiones de actualidad que han ocurrido tras las Jornadas. 

    2 El neoliberalismo concede generosamente a un nuevo tipo de institución paraestatal la gestión de la sensibilidad social: son las ONG 

    3 Hace tiempo que en Europa el recurso a la violencia política esta muy vinculado a las necesidades de visibilización del conflicto. La derrota del estado frente al aparato militar de la revolución ya no es un escenario predecible. Las organizaciones armadas de corte independentista (las únicas activas hoy en Europa) aspiran a forzar procesos de diálogo cuyo resultado sea el reconocimiento de derechos colectivos. La destrucción del estado y la toma del poder no forman parte ya de su estrategia. 

    4 Bourdieu, P. (1997): Sobre la televisión. Anagrama. Barcelona. 

    5 «Hay también serviciales bustos parlantes que eximen de la responsabilidad de buscar a alguien que tenga verdaderamente algo que decir». Bourdieu, P. Obra citada 

    6 «Y, por el contrario, el pensamiento es, por definición, subversivo: para empezar ha de desbaratar las ‘ideas preconcebidas’ y luego tiene que demostrar las suyas» Bourdieu. Obra citada 

    7 Bourdieu, P. Obra citada. 

    8 Algunos medios contrainformativos reproducen esta simplificación conservadora de la conflictividad política y social. Suelen reducir la riqueza de las prácticas y los discursos dentro de la izquierda a una simple contraposición entre reformistas y revolucionarios , entre puros y contaminados, como si el campo de la revolución fuese un todo químicamente puro en el que se está o no se está. Sin ser plenamente conscientes, reproducen y forman parte del paradigma de la superficialidad simplificadora hegemónica. 

    9 Alba Rico, S. (2004): «Televisión: cinco ilusiones y una propuesta». Revista Archipiélago nº60, Madrid 

    10 Un ejemplo de esta rutina conservadora son las crónicas conocidas como ¿Minuto a minuto¿ por las que se caracterizan algunos medios contrainformativos. Leyendo una leemos todas. Se reduce un fenómeno de máximo interés como es la movilización política, al relato banalizante, superficial y repetitivo que convierte todas las manifestaciones en una sola.

    11 Nekane Bengoa. «Reformismo radical republicano»