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Entrevista a Horacio Tarcus, cofundador y actual director de CeDInCI

Defender la memoria de las luchas

Fuentes: Contretemps

El CeDInCI, el Centro de Documentación e Investigación de la Cultura de Izquierdas, es un centro documental fundado hace más de veinte años en Argentina, cuya misión es preservar, conservar, estudiar y difundir las producciones políticas, sociales y culturales de la izquierda y la cultura latina y de los movimientos sociales latinoamericanos.

Hoy comienza una nueva etapa, ya que se realizan los preparativos para trasladar toda su rica colección documental a un nuevo edificio en el centro de Buenos Aires.

El CeDInCI lanza así un llamamiento internacional de donaciones dirigido a activistas de izquierda, con el fin de reunir los medios suficientes para trasladar las colecciones y equipar este nuevo centro. Más detalles con acceso a la página de donaciones, en el siguiente enlace: https://cedinci.org/media/sede/sede_fr.html

Horacio Tarcus, nacido en Buenos Aires en 1955, es uno de los fundadores y actual director de CeDInCI. Doctor en historia, investigador del Conicet en Argentina y profesor de la Universidad de Buenos Aires, es autor de varias obras (entre ellas El marxismo olvidado en la Argentina, 1996; Diccionario biográfico de la Izquierda Argentina, 2007; Los exiliados románticos, 2020) y dirige la Biblioteca del Pensamiento Socialista de Siglo XXI ediciones. Nos cuenta más sobre la historia de CeDInCI, sus logros y sus perspectivas.

Contretemps: ¿Quienes tuvieron la idea del CeDInCI y cómo nació?

Horacio Tarcus: En 1996, en la Introducción a mi primer libro, El marxismo olvidado en la Argentina: Silvio Frondizi y Milcíades Peña, hice pública por primera vez la necesidad de crear un centro de documentación que tomara el modelo de los centros europeos de historia social.

Yo había tenido la fortuna de viajar a Europa en 1983 y en 1992, ocasiones en las que pude consultar los fondos de la BDIC (Bibliothèque de Documentation Internationale Contemporaine) de Nanterre, el CERMTRI de París, la Fundación Pablo Iglesias de Madrid y poco después el IISG (International Institute of Social History) de Amsterdam. Allí me encontré con otros investigadores latinoamericanos que constataban la misma paradoja: todos hacíamos grandes esfuerzos para costearnos una estadía que nos permitiera consultar en Europa documentos latinoamericanos. Estos centros habían preservado lo que las bibliotecas nacionales latinoamericanas, o las bibliotecas universitarias de nuestro continente, no habían podido, o querido, conservar. En nuestros países no se había consumado el proceso de profesionalización de las antiguas bibliotecas anarquistas, socialistas o comunistas.

En aquellos viajes me interesé por la historia de los centros europeos de historia social, recuerdo mis conversaciones con Robert Paris, con Geneviève Dreyfuss-Armand  (luego directora de la BDIC), con el fundador  y director de la Fundación Pablo Iglesias, Aurelio Martín Nájera. En esos diálogos nació la primera idea de crear un centro de historia social en Buenos Aires, pero recién lo hice público en mi libro de 1996, entendí que entonces estaba en condiciones de enfrentar el desafío. Es así como durante 1996 y 1997 convoqué en mi propia casa a una docena de historiadores y de antiguos militantes que atesoraban en sus casas colecciones de prensa y documentación histórica para darle forma al proyecto. La propuesta era reunir la documentación que habíamos reunido durante años como militantes y/o como historiadores en un espacio público, desprivatizarla, volver público en definitiva lo que había sido público. Algunos se sumaron, entusiastas; otros se mantuvieron en la senda de la apropiación documental individual. Es una pulsión muy arraigada en nuestra cultura: las grandes bibliotecas y los grandes archivos personales tienen larga tradición en Latinoamérica. Los estadounidenses y los europeos se asombran cuando entran a nuestras casas y se encuentran con bibliotecas personales descomunales. En los países donde las bibliotecas públicas y universitarias funcionan bien, los investigadores tienen en sus casas bibliotecas razonables, de mil, dos mil, tres mil ejemplares, los libros que uno necesita subrayar, marcar, llevar a clases, prestar a un colega. Lo demás, las colecciones de revistas, se consulta en las bibliotecas públicas.

En suma, la creación del CeDInCI fue una invitación a los militantes-coleccionistas y a los historiadores-acumuladores y privatistas a crear un espacio común, donde nuestros acervos estuvieran abiertos, no sólo a nuestros pares, sino también a nuestros alumnos. No sólo abierto a nuestros conmilitones, sino a aquellos que iban a leer críticamente las publicaciones de nuestra corriente política. Muchos colegas y militantes respondieron positivamente, sumándose al proyecto o bien donando sus acervos. Otros, como te digo, siguen fijados a su fetiche.

Contretemps: Si son militantes los fundadores y/o las personas que trabajan ahí, ¿qué vínculos hay con organizaciones de izquierda en Argentina? ¿Qué vínculos con organizaciones internacionales de izquierda?

Horacio Tarcus: El CeDInCI fue fundado en 1997 por historiadores y cientistas sociales. Abrió sus puertas a la consulta pública en abril de 1998. Casi todos contábamos pasados militantes en diversas corrientes de las izquierdas. Manteníamos, y mantenemos hoy, compromisos sobre todo con movimientos sociales antes que con partidos políticos, pero la institución se propuso desde sus inicios un espíritu ecuménico. Era la condición indispensable para albergar donaciones provenientes de militantes anarquistas, socialistas, comunistas, trotskistas, maoístas, guevaristas, peronistas de izquierda, cristianos de izquierda, apristas de izquierda, feministas, reformistas, etc. Un centro anarquista alberga documentación del movimiento anarquista y recibe los legados de los anarquistas que van falleciendo. Lo mismo sucedía con los centros socialistas. Nuestra apuesta, desde la apertura del CeDInCI en abril de 1998, fue albergar las diversas tradiciones de las izquierdas y los movimientos sociales, sin jerarquías ni exclusiones. Un fondo de archivo de un militante anarquista de las primeras décadas del siglo XX es tan bienvenido como el de un defensor de los derechos humanos de la década de 1970 o el de una activista lesbiana de comienzos del siglo XXI.

Los vínculos del CeDInCI con las corrientes políticas argentinas no son fáciles. Más allá de algún éxito electoral, la izquierda argentina vive una crisis muy fuerte. Desde luego que es un fenómeno global, pero que en Argentina se muestra de modo más acusado porque nuestra izquierda quedó muy anquilosada. No estoy hablando de la izquierda intelectual, de los pequeños grupos que editan libros o revistas, allí se puede reconocer una renovación interesante. Me refiero a los antiguos aparatos políticos de corte leninista (comunistas, trotskistas, maoístas…), que hablan todavía el lenguaje militante del pasado, con escasa sintonía con los jóvenes que animan los nuevos movimientos sociales.

Digamos entonces que las cúpulas partidarias recibieron con recelo el nacimiento del CeDInCI. Se comprende: con nuestra iniciativa perdían su monopolio archivístico, el control sobre su propio pasado. Algunas corrientes trotskistas crearon sus propios CeDInCIs, sin llegar demasiado lejos, porque no creen, como creemos nosotros, que la construcción de la biblioteca y del archivo constituye en sí mismo un compromiso militante. Ellos los piensan como la antesala del ingreso al partido.

Ahora bien, esto vale para las cúpulas partidarias, no para los militantes, que aprovechan muy bien el acervo del CeDInCI. La militancia social interesada en ir un poco más allá de su presente inmediato, en descubrir sus tradiciones históricas, encuentra un espacio de consulta y un lugar de referencia. Todavía recuerdo la irrupción de militantes que animaban el movimiento piquetero de los años 2001 y 2002 en busca de textos históricos útiles para entender qué era, por ejemplo, el autonomismo. Recuerdo algunos hurgando en los textos del operaísmo italiano, otros buscando en Rosa Luxemburg, otros descubriendo el situacionismo.

Pero más allá de esa coyuntura crítica, el militante actual encuentra en el CeDInCI una puesta en perspectiva de su propia familia política. Mientras su partido o su movimiento le proporciona un programa de acción para el presente, el CeDInCI le ofrece una historia de su tradición. Y con una ventaja adicional: su tradición aparece formando parte de una familia política y social, no en forma autocentrada, sino integrada en una cultura de izquierdas más amplia. El militante trotskista que viene al CeDInCI puede comprender que hay vida más allá del trotskismo.

Quiero decir: más allá de una docena de consignas de acción, más allá del programa del presente, el CeDInCI intenta ampliar el horizonte militante, reponer otras dimensiones de la acción colectiva, como aquellas que tienen que ver con las imágenes y los imaginarios políticos, con las prácticas rituales de entonar colectivamente un himno o corear conjuntamente una serie de consignas, con una antropología urbana que permita entender la conquista de la calle en marchas y movilizaciones. Cada ciclo histórico configura y reconfigura los modelos militantes, cada uno ofrece una relación específica entre vida pública y vida privada. Desde el nombre mismo de nuestro centro, estaba claro que su programa de investigación no se limitaba a estudiar la letra de los programas políticos, a analizar discursivamente las ideologías, sino a descifrar las prácticas, a comprender la opacidad de las instituciones, a sospechar de la plenitud de las identidades. La noción de cultura de izquierdas que está en nuestro nombre condensa ese programa entres palabras.

Contretemps: ¿Cómo entró el CeDInCI en la historia reciente de Argentina, en particular sucedió algo en el Argentinazo ? Después, con lo que transcurrió bajo los Kirchner (de lo que conozco, conflicto con el campo al final del gobierno de Cristina, la victoria de Macri, los conflictos que desato su llamada al FMI, el tarifazo, las luchas actuales en contra de la megaminería e incluso el resurgimiento de una extrema derecha de cuna neoliberal y protofascista, pero obviamente que hay seguro mucho más por decir)

Horacio Tarcus: Sin lugar a dudas, el estallido del campo de estudios sobre la historia reciente (y también la expansión del campo de estudios de historia de las izquierdas), en Argentina y en toda América Latina, estuvieron estrechamente ligados a procesos sociales profundos, como el de la elaboración en la memoria colectiva de la experiencia de la represión bajo las dictaduras militares. Cuando te decía que recién en 1996 y 1997 sentía que estábamos en condiciones de crear un centro de historia social en la Argentina fue porque nuestro país vivía en esos años una transformación cultural importante. Hacia 1983 y 1984, en los albores de la recuperada democracia argentina, habíamos asistido a la emergencia —como parte de un proceso más vasto de elaboración colectiva de la experiencia traumática de la última dictadura militar— de una importante masa de literatura testimonial acerca de las experiencias de la represión, la cárcel, la tortura, la desaparición y el exilio.

El sujeto privilegiado de esta literatura no era tanto el militante como la víctima de la represión ilegal, paraestatal. Si bien se da por supuesto que la víctima era un activista político, su experiencia militante sólo podía aparecer en esta literatura de modo sublimado y elíptico. Sólo en la segunda mitad de la década de 1990 hemos visto emerger un nuevo campo de testimonios, menos centrados en la represión y cada vez más en las propias prácticas militantes de las décadas de 1960 y 1970. La militancia política comienza a recuperar un primer plano y se la puede considerar en su positividad.

Aquellos hombres y mujeres cuyos rostros y cuyos nombres a menudo sólo conocíamos como víctimas de la represión militar o paraestatal, a partir (aproximadamente) de 1996 comenzamos a reconocerlos como activos militantes de las izquierdas, con sus siglas, sus periódicos y sus puestos específicos de lucha. El primer momento tuvo como libro paradigmático el Nunca más (1984); el segundo momento, los tres gruesos volúmenes de La Voluntad (1997-98).

En este contexto de creciente interés colectivo por las experiencias del pasado reciente, muchos historiadores, sociólogos, politólogos, historiadores del arte y otros cientistas sociales, especialmente los de las nuevas generaciones, comienzan a abocarse profesionalmente a la problemática de las experiencias militantes del pasado reciente. Desde inicios del siglo XXI, ese renovado interés por las experiencias militantes del pasado reciente comenzó a proyectarse también sobre un pasado algo más remoto, y temas como la cultura anarquista de comienzos del siglo XX, las vicisitudes de los combatientes argentinos en la guerra civil española, la experiencia del movimiento antifascista o la formación de la nueva izquierda, ganan progresivamente interés entre los investigadores jóvenes e incluso los lectores.

No sólo se ha ampliado el foco de interés, sino también las perspectivas de estudio, pues los nuevos abordajes no sólo han recuperado el avance que representó la historia social de los años 1960 y 1970, sino también las innovaciones que en tiempos recientes representaron los estudios de género, los estudios culturales, la nueva historia intelectual y la historia de los intelectuales, las nuevas perspectivas que ponen el foco en la relación entre arte y política, o los estudios sobre los procesos de construcción de la memoria y de las identidades colectivas.

En suma, una nueva generación de investigadores, munida de nuevas herramientas teóricas y metodológicas, buscó comprender su presente histórico interrogándose primero sobre lo que ha dado en llamarse el pasado reciente; pero no tardó en descubrir que para comprender dicho pasado reciente (digamos el periodo que va del golpe militar de 1966 a la recuperación democrática de 1983), debía que remontarse, al menos, a un ciclo histórico más extenso, que remitía a 1917, sino a 1890 (por referir dos fechas emblemáticas). No podía desentrañarse el sentido de la llamada nueva clase obrera de fines de los años 1960 sin inscribirla en el ciclo de la clase trabajadora argentina abierto a fines del siglo XIX.

Asimismo, aunque la llamada nueva izquierda de los años 60 y 70 tuviera su punto de partida identitario en su diferenciación con la vieja izquierda, es ininteligible sin ella. Así como el Movimiento por los Derechos Humanos no nació con la última dictadura militar, sino que tiene una extensa historia previa, como atestiguan instituciones como el Socorro Rojo, los Comités por la Libertad de Sacco y Vanzetti, o la sección argentina de la Liga por los Derechos del Hombre. El CeDInCI acompañó e impulsó esta renovación historiográfica, que no fue privativa de la Argentina, pues en otros países latinoamericanos, con sus obvias diferencias, se vivieron procesos semejantes, de modo que estos últimos veinte años recibimos en Buenos Aires a centenares de investigadores de todo el continente.

Contretemps: ¿Qué se puede encontrar en el CeDInCI ?

Horacio Tarcus: Hoy el CeDInCI ofrece a la comunidad académica y a un amplio abanico de lectores una de las mayores bibliotecas latinoamericanas especializadas en historia social, política y cultural de América Latina. Asimismo, dispone a la consulta pública miles de colecciones de las más importantes publicaciones periódicas producidas en nuestro continente por organizaciones políticas, culturales, gremiales, estudiantiles, de derechos humanos, de mujeres, de reconocimiento de la diversidad sexual (movimiento LGTBQ+), etc. En estos últimos diez años se ha convertido en el principal centro de referencia en el campo de estudios sobre las izquierdas y los movimientos sociales de América Latina, recibiendo asiduamente investigadores no sólo de la Argentina sino también provenientes de las más diversas universidades de América y Europa.

Actualmente, la Hemeroteca del CeDInCI alberga 9.793 colecciones de publicaciones periódicas, comprendiendo diarios, periódicos, revistas culturales, políticas y periodísticas, suplementos culturales de diarios, fascículos, boletines gremiales, gacetas estudiantiles, etc. Buena parte de estas colecciones son únicas y de difícil acceso e incluyen desde las publicaciones fundacionales del movimiento obrero argentino (La Protesta, La Vanguardia, etc.) hasta revistas y periódicos de nuestro presente. Este universo incluye una colección muy exhaustiva de las revistas culturales argentinas, desde Martín Fierro hasta Punto de Vista, pasando por Nosotros, Sur, La Biblioteca y Pasado y Presente. La colección de publicaciones internacionales incluye títulos emblemáticos como Critica sociale (Milán), Le devenir social (París), Revista Socialista (Madrid), Amauta (Lima), New Left Review (Londres), Ruedo Ibérico (exilio español en Francia), Les Temps Modernes (París), Libre (París), Zona abierta (Madrid), Argumentos (Bogotá), Cuadernos politicos (México), etc. En 2015, la colección de prensa obrera del Cono Sur del CeDInCI fue declarada por la UNESCO Patrimonio Documental de América Latina y el Caribe.

La Biblioteca posee un estimado de 160.000 volúmenes. Dado el ingreso permanente de donaciones, hasta el presente se ha logrado catalogar un 70% del total. El catálogo bibliográfico del CeDInCI supera actualmente los 100.000 registros, que corresponden a unos 85.000 títulos de libros y unos 15.000 títulos de folletos.

El Área Archivos resguarda 160 fondos de archivos personales, entre ellos de figuras socialistas como José Ingenieros, Nicolás Repetto, Juan Antonio Solari, Enrique Dickmann; anarquistas como Salvadora Medina Onrubia, Luis Danussi y Herminia Brumana; comunistas como Héctor P. Agosti, Córdova Iturburu y Raúl Larra; de intelectuales de izquierda como Milcíades Peña y Silvio Fondizi; de militantes feministas, como Hilda Rais y María Elena Oddone; o el activista gay Rafael Fredda. Dispone también de 41 colecciones temáticas (como la Colección Ernesto Che Guevara), 2000 pines políticos, 2.200 afiches y 6.000 fotografías. La colección de volantes supera las 20.000 unidades. Esta área atesora además un centenar de obras de arte originales de reconocidos artistas plásticos (León Ferrari, Carlos Alonso, Ricardo Carpani, Abraham Vigo, Domingo Onofrio, Lino Palacio, etc.).

El Centro posee una colección de 300 discos antiguos, ya sea de pasta o de vinilo, que registran himnos partidarios o canciones políticas.

El objetivo general del CeDInCI consiste en la recuperación, preservación, investigación, puesta en valor y divulgación pública de la variada producción documental de las izquierdas y los movimientos sociales latinoamericanos. Su universo documental abarca desde publicaciones especializadas de la cultura letrada hasta variadas manifestaciones escritas y visuales de la cultura popular (como diarios sindicales, boletines estudiantiles, volantes, afiches, pines, testimonios orales, etc. y todo tipo de producción efímera, un patrimonio altamente vulnerable y con alto riesgo de desaparecer por la inexistencia de iniciativas oficiales o privadas que favorezcan su preservación).

Todos los fondos del CeDInCI se encuentran catalogados en sistemas integrados de software libre y código abierto y pueden ser consultados libremente en internet: Biblioteca/Hemeroteca (http://catalogo.cedinci.org/) y Archivos y Colecciones particulares (http://archivos.cedinci.org/). Además el CeDInCI cuenta con un Banco de Imágenes digitalizado de publicaciones, folletos, fotos y afiches al que también se accede de forma gratuita desde su sitio web (http://imagenes.cedinci.org/).

Contretemps: Entiendo que el CeDInCI se dedica a mantener la memoria de las luchas y de las culturas subalternas, en particular en Argentina pero no solo. ¿Qué pasos tuvieron para cumplir con ese papel de transmisión militante? (supongo que ahí entran los programas de investigacion, el perfil del público, investigadores o no, que vienen al CeDInCI, las jornadas dedicadas a tal o tal tema).

Horacio Tarcus: El CeDInCI es un centro bifronte, que busca contribuir con su acervo y sus actividades al desarrollo de la investigación histórica más rigurosa, y al mismo tiempo intenta incidir con otras iniciativas y en otro registro en el campo de la opinión pública y de la memoria. Fuimos impulsando nuestra propia agenda historiográfica a través de jornadas, seminarios de posgrado, talleres, cursos y conferencias de asistencia libre, ediciones de libros y publicaciones periódicas, y en los últimos años a través de una serie de sitios digitales.

En principio, las jornadas bianuales de historia de las izquierdas, que convocamos en forma ininterrumpida desde el año 2000. Sus temas han sido los exilios latinoamericanos, la prensa política, las revistas y los proyectos editoriales de las izquierdas; el problema de la circulación internacional de los saberes y de las ideas fuera de lugar en Latinoamérica; el rol de la correspondencia en la nueva historia intelectual; los marxismos latinoamericanos; los 100 años de la Revolución Rusa; los problemas de la historiografía de las izquierdas y la cuestión de la biografía colectiva y los diccionarios obreros. Además, el CeDInCI organiza sus propios congresos sobre archivos personales y de historia social, y coorganiza con otras instituciones las históricas jornadas de historia reciente.

Asimismo, el CeDInCI desarrolla el Programa de Posgrado en historia política y cultural de las izquierdas y los movimientos político-culturales del siglo XX, cuyo objetivo es ofrecer un área de formación especializada en el estudio de la cultura de izquierdas desde un punto de vista interdisciplinar y con un fuerte acento en aspectos teórico-metodológicos concernientes al acceso, utilización y construcción de fuentes y corpus documentales.

El CeDInCI alberga además equipos que llevan adelante programas específicos y sitios asociados a su sitio web principal. En 2016 inauguramos un Portal de revistas latinoamericanas, bautizado AméricaLee como homenaje a una antigua casa editora de cultura libertaria (http://americalee.cedinci.org/). Ofrece ediciones facsimilares de colecciones de revistas latinoamericanas, con acceso libre y gratuito. Las colecciones son enriquecidas con índices exhaustivos y estudios preliminares elaborados por prestigiosos investigadores. Al día de la fecha (enero de 2022), AméricaLee ofrece más de 270 colecciones completas de revistas latinoamericanas, entre las que destacan títulos como Pasado y Presente, La Rosa Blindada, Cristianismo y Revolución, Literatura y Sociedad, Los Libros, Arturo, Imago Mundi, Che, Arte Concreto, Barataria (La Paz), Análisis (México), Clave (México), Cuadernos colombianos (Bogotá), El Zorro de abajo (Lima), Sech (Santiago de Chile), Correspondencia Sudamericana (Buenos Aires / Montevideo), etc. Sobresale la colección del diario anarquista La Protesta, longeva voz libertaria iniciada en el año 1897.

En septiembre de 2020 el CeDInCI inauguró un nuevo sitio llamado Diccionario biográfico de las izquierdas latinoamericanas. Movimientos sociales y corrientes políticas (http://diccionario.cedinci.org/). Se trata de una obra colaborativa, abierta y en proceso de construcción permanente que reúne, articula y divulga perfiles biográficos de hombres y mujeres que han desarrollado activismos en el espectro político, social y cultural de las izquierdas latinoamericanas. Si bien se trata de una obra inspirada en los diccionarios del movimiento obrero internacional como los producidos para el continente europeo desde la década de 1950, este proyecto busca redefinir su objeto conforme a los espacios y los tiempos propios de América Latina. Asimismo, se propone ampliar la noción de compromiso militante más allá de los partidos de izquierda tradicionales y el movimiento obrero clásico, considerando la relevancia de movimientos agraristas y campesinos, movimientos de mujeres, estudiantiles y ecologistas, llegando hasta las militancias sexo-genéricas contemporáneas. En este escaso año y pico de vida el sitio ya ha recibido más de medio millón de visitas.

Otro espacio es el Programa de Investigación del Anarquismo en Argentina. En los últimos años, la investigación académica sobre el anarquismo en el país recibió un impulso fundamental gracias a la posibilidad que brindó esta institución de consultar fuentes que antes solo estaban disponibles en bibliotecas y archivos del exterior. Como resultado, no solo se han multiplicado las tesinas, tesis, artículos y libros que abordan algún aspecto del anarquismo y la experiencia libertaria, sino que progresivamente se han formado espacios de intercambio y discusión entre investigadores, artistas, docentes y comunicadores.

Quisiera destacar que desde hace años el CeDInCI ha incorporado mediante donaciones y a través de la propia búsqueda una gran cantidad de material documental relacionado con los movimientos de mujeres, los feminismos y los activismos sexogenéricos. A su vez, recibe con frecuencia valiosos fondos  de archivo y numerosas consultas para donar libros, revistas u otros materiales pertenecientes a militantes y activistas con preocupación por el destino de sus papeles. Con el fin de dar una respuesta institucional a esas demandas en el año 2016 se creó el Programa de memorias políticas feministas y sexo-genéricas. Este programa inauguró hace pocos meses su propio sitio, con libre acceso a boletines, afiches, fotografías y demás documentos relativos a estos movimientos (http://cedinci.org/sexo-y-revolucion/).

Los investigadores del CeDInCI han llevado su agenda historiográfica a diversos eventos, pero te diría que nuestra propuesta historiográfica principal está anclada en el horizonte documental que logramos poner a disposición, y en la organización que le dimos a la biblioteca, a la hemeroteca y al archivo. Borges decía que el orden de una biblioteca es una manera silenciosa de ejercer el arte de la crítica. Nosotros podríamos parafrasearlo diciendo que la disposición del acervo del CeDInCI ha sido un modo silencioso de ofrecer una propuesta historiográfica renovadora.

Contretemps: ¿Por qué aportar hoy al CeDInCI ?

Horacio Tarcus: Aportar al CeDInCI es fortalecer un espacio que desde hace 24 años viene evitando que el patrimonio de las clases subalternas latinoamericanas se pierda, se privatice, se fragmente.  Es apostar a que se consolide una institución independiente en un continente que se caracteriza por devorar a sus instituciones. Es colaborar con un centro que, a contrapelo de todos los intereses privatistas, trabaja desde hace un cuarto de siglo en convertir el patrimonio documental de los subalternos en parte del bien común, haciéndolo accesible en forma gratuita, sin publicidad, sin exclusiones, a todos y a todas los que quieran consultarlo. Aportar desde Francia, desde Europa, desde el llamado primer mundo, es contribuir a establecer una relación menos colonial entre los poderosos centros de documentación europeos y los escasos centros latinoamericanos.

Fuente: Contretemps. Revue de Critique Communiste