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El criterio de la objetividad en el periodismo

Fuentes: Rebelión

El criterio de la objetividad en el periodismo ha servido para las mejores causas y también se ha manipulado para las peores. Jorge Ricardo Mazetti, periodista revolucionario argentino quien fundó hace 50 años en La Habana la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina y fue su primer director general, definió la pauta que al respecto […]

El criterio de la objetividad en el periodismo ha servido para las mejores causas y también se ha manipulado para las peores.

Jorge Ricardo Mazetti, periodista revolucionario argentino quien fundó hace 50 años en La Habana la agencia latinoamericana de noticias Prensa Latina y fue su primer director general, definió la pauta que al respecto seguiría la agencia como «objetiva, pero no imparcial».

En un artículo del experimentado periodista estadounidense Chris Hedges titulado «The Creed of Objectivity Killed the News» (El credo de la objetividad mató a las noticias), que denuncia aspectos interesantes acerca de la forma en que se manipulan los principios de la libertad de opinión y de prensa en Estados Unidos, se pueden apreciar algunos peligros a los que conduce el error de confundir ambos términos.

Advierte Hedges en este trabajo recién aparecido en el portal «Truth Dig» que el credo de la objetividad y el balance, formulado a inicios del siglo XIX por los propietarios de periódicos para lograr mayores ingresos de los anunciantes, ha acabado por desarmar y paralizar a la prensa.

Este credo de objetividad se hace conveniente y provechoso como medio para evitar verdades desagradables o enojosas a las estructuras de poder de las que dependen los medios noticiosos para acceder a la información… y a las ganancias. Transforma a los reporteros en simples observadores neutrales, proscribe la empatía, la pasión y la demanda de justicia por parte de los periodistas. Se les permite observar, pero no sentir o hablar con voz propia. Se les exige actuar como «profesionales» y considerarse a sí mismos desapasionados y desinteresados científicos sociales.

«Tan exaltada imparcialidad fortalece el papel de las exangües jerarquías burocráticas que son la enfermedad del periodismo estadounidense», dice Hedges.

«La sola noción de que, para reportar un acontecimiento dado, todo lo que uno debe hacer es reportar lo que digan ambos bandos y con ello ha hecho usted un buen trabajo de periodismo objetivo, debilita la prensa», ha escrito el finado columnista Molly Ivins, citado por Hedges. «La objetividad no existe, y la verdad -esa pequeña cabrona resbalosa- tiene el raro hábito de situarse siempre en un lado o en el otro, muy raramente se sitúa claramente a mitad de camino entre dos puntos de vista opuestos».

Afirma Hedges que esto ocurre porque la mayor parte de las tramas no tiene dos lados, sino 17 o más, y también porque no tiene sentido, para el lector que se cite a una parte llamándola «gato» y a la otra diciéndole «perro», cuando en verdad lo que hace crujir el monte es un «elefante».

Dice el trabajo que muchos lectores, oyentes y televidentes acuden a la ultraconservadora cadena Fox News sólo porque es la única que dice algo diferente de los demás órganos de la prensa corporativa. Esta abyecta falla moral deja relegados y sin voz a un creciente número de estadounidenses. El alza de una despiadada oligarquía sitúa a la prensa tradicional en el lado equivocado de una creciente división clasista.

«El elitismo, el descrédito y la falta de credibilidad de la prensa -y hablo del número menguante de órganos que tratan de reportar noticias- son el resultado directo de esta sostenida y deliberada desintegración del corazón moral de los medios», escribe Hedges.

«Yo he escrito, como muchos otros reporteros, cientos de artículos noticiosos y conozco que los reporteros comienzan con una colección de datos, declaraciones, posiciones y anécdotas, y luego eligen aquellas que crean el «balance» requerido por las normas del periodismo diario. Mientras más se acomode la información a las versiones oficiales – las de Wall Street, el Congreso, la Casa Blanca o el Departamento de Estado- más probabilidades de difusión tendrá la noticia».

El periodista cita varios ejemplos de las exigencias que establece el control oficial de la prensa en los Estados Unidos:

-Si se menciona a un palestino furioso porque su tierra le ha sido ocupada por un colono israelí, hay que balancear señalando que Israel necesita proteger su seguridad y hablar de la guerra contra el terror.

-Si se acusa a Estados Unidos de «torturas», hay que decir «abusos».

-Si se manifiesta que Iraq se ha convertido en un infierno para su pueblo tras la ocupación, hay que recordar lo malo que era Saddam.

-Si un dictador cualquiera nos apoya hay que llamarlo «hombre fuerte». Si es nuestro enemigo debe llamársele «tirano» o «miembro del eje del mal» y, por sobre todo, «terrorista».

-Y si las instituciones encargadas de nuestra protección abusan del poder, debemos recordar a los lectores, oyentes y televidentes que se vive en una era peligrosa en la que así debe ser la lucha por destruir a nuestros enemigos.

Según Hedges, cuando el reportaje depende del nivel de acceso a la fuente que el periodista pueda lograr, es muy difícil desafiar a quienes lo conceden o lo niegan. Es esa la razón por la que gran parte de los reporteros de prensa en Washington han devenido en cortesanos. La necesidad de ser incluidos en las listas de los autorizados a estar en las conferencias de prensa y de lograr entrevistas con funcionarios del gobierno y de los negocios, así como la posibilidad de conocer sobre filtraciones de información y obtener rápido acceso a los documentos oficiales, acaban con la autonomía periodística en Estados Unidos.

 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.