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Sobre el documental del golpe en Venezuela “La revolución no será transmitida”

El golpe que nunca existió o mirando hacia atrás con ira

Fuentes: Cádiz Rebelde

A los hombres y mujeres que fueron tiroteados, heridos o asesinados por francotiradores  fascistas en el Puente Llaguno. A los que se  atrevieron a defender al pueblo y por ello  fueron difamados por los medios de  comunicación golpistas y encarcelados durante  un año. Para ayudar a mantener la Memoria. El día 11 de abril de […]

A los hombres y mujeres que fueron tiroteados,

heridos o asesinados por francotiradores

 fascistas en el Puente Llaguno. A los que se

 atrevieron a defender al pueblo y por ello

 fueron difamados por los medios de

 comunicación golpistas y encarcelados durante

 un año.

Para ayudar a mantener la Memoria.

El día 11 de abril de 2002, se produjo en Venezuela un golpe que secuestró y trasladó a un lugar secreto al presidente democráticamente elegido, Hugo Chávez, e implantó inmediatamente una dictadura tras la liquidación de todos los poderes del estado. Dos días más tarde una masiva reacción popular que había ido creciendo de manera imparable desde el día siguiente al golpe, apoyada por varias unidades militares que no se plegaron a la autoridad de la junta golpista, restituyeron en el palacio de Miraflores al presidente constitucional.

Simbolizando y demostrando la enorme vitalidad de la democracia directa, «participativa y protagónica» puesta en marcha por la constitución bolivariana, una multitud anilló el palacio presidencial, alentó la toma del mismo por la guardia militar que se había mantenido leal a Chávez, provocó la huída despavorida de los ministros y gorilas del efímero dictador Carmona, exigió el rescate de su presidente, y lo aclamó y arropó cuando regresó a Miraflores.

Justo un año después del fracaso de ese golpe de estado de características claramente fascistas, fue presentado en Caracas el documental «La revolución no será transmitida» (1) de los cineastas irlandeses Kim Bartley y Donnacha O’Brian que inmediatamente cosechó grandes éxitos en festivales de cine documental y causó una fuerte impresión en todo el mundo. No era para menos: en él se proporcionan imágenes y secuencias que aclaran la trama, los agentes principales, los cómplices, el desarrollo del golpe, su programa, y el «guión mediático» que sirvió para que la televisión privada venezolana actuase como estado mayor golpista, y la Falsimedia(2) exterior lo hermoseara y lo trasladara -nada menos que como «movilización democrática»- a la opinión pública.

El documental tiene un valor histórico extraordinario porque ofrece un testimonio directo de los hechos que posteriormente fueron ocultados o deformados por los grandes medios de comunicación tanto venezolanos como internacionales. Reconstruye no sólo la historia de los hechos sino también del un enorme fraude informativo.

El testimonio de los cambios

«La revolución no será transmitida» comienza dando testimonio de la explosión de la actividad política y del crecimiento de las organizaciones populares en la Venezuela bolivariana. Hay un pueblo -entre el 70% y el 80% de la población del país, los «pata en el suelo», los «zambos», los «terrúos»-, anteriormente marginado, que nace realmente ahora, y lo hace en un marco constitucional que se ha hecho para ello. Ese elemento esencial de la constitución bolivariana, y del funcionamiento continuo de la democracia «participativa y protagónica», es expresado con sencillez y claridad: «Primero hay que leer, saber lo que se está leyendo… matizar la constitución», «nos interesa muchísimo la política», «es un gobierno que nos hace participar».

Ese es el fondo del enorme conflicto político de Chávez con la oligarquía venezolana.

La clave política inmediata son las 48 leyes aprobadas en diciembre de 2001 -especialmente la ley de Hidrocarburos y la Ley de Tierras-, y particularmente el esfuerzo del gobierno por romper el control de esa oligarquía sobre los enormes beneficios de la industria petrolera y sobre un proceso -en fase muy avanzada desde los últimos gobiernos de la IV República- de privatización encubierta. La batalla que conducirá al golpe se inicia con el nombramiento de un nuevo presidente de la enorme empresa petrolera, PDVSA.

Las primeras imágenes filmadas por Kim Bartley y Donnacha O’Brian resumen sin rodeos las líneas generales del conflicto político, y la ejecución por la llamada «Coordinadora Democrática» de un golpe de características políticas similares al chileno de 1973. El documental muestra también el apoyo expreso de la administración Bush a los golpistas.

Además de esa visión general del proceso «La revolución no será transmitida» nos muestra varias secuencias inolvidables.

La «buena moral» racista y el «gran pánico»

Una de las partes más significativas del documental de los cineastas irlandeses es aquella en la que aparece desenmascarado el discurso público, desvergonzado, de la oligarquía movilizada para el golpe y la represión.

En una de las reuniones en las urbanizaciones del Este de Caracas, dirigentes locales de los partidos de la oposición extienden el pánico al pueblo organizado en los círculos bolivarianos, alertando contra esa gente que va a llegar y «no con piedras», «algunos vienen con granadas»; y contra «domesticas involucradas en círculos bolivarianos». Así las cosas se enseña a los «pacíficos vecinos» el manejo de armas de fuego.

En la misma reunión filmada, una señora de la alta burguesía -de unos cuarenta años, rubia platino teñida, collar de varias vueltas muy aparatoso- explica ante la cámara la filosofía «democrática» y las razones para la furibunda rebelión de la oligarquía venezolana:

«El pueblo no sabe lo que es el sacrificio ni lo que es adquirir las cosas y por eso no les da importancia ni les da valor.

Nosotros no vamos a abandonar nuestro país que es el objetivo de estas personas que quieren que nosotros nos vayamos de aquí y le dejemos este país a gente que no tiene preparación; gente que no tiene valores y que no ha luchado por obtener cosas, mientras que nosotros somos personas que hemos luchado por lo que tenemos y no se lo vamos a dejar tan fácilmente.»

Otra de las mujeres presentes explica cuál era la situación antes de la llegada de Chávez:

«No había miedo, todo el mundo era feliz, trabajaba, se trabajaba, se divertía, se vivía».

Excluido el pueblo, ese ochenta por ciento que «no sabe lo que es el sacrificio», no puede extrañar el recuerdo del edén perdido en el que «todo el mundo era feliz».

La trama. La «masacre de Puente Llaguno

Otras de las secuencias capitales son aquellas en las que las cámaras por un lado y la propia oposición por otro, demuestran y confiesan el desarrollo minucioso del plan del golpe, desde el comienzo de la manifestación opositora del 11 de abril hasta la detención del presidente Chávez, pasando por el hecho clave de la provocación criminal de Puente Llaguno, que los medios falsifican y transmiten como «la masacre ordenada por Chávez».

Ante el espectador sorprendido aparecen primero las imágenes montadas y reproducidas cientos de veces por las televisiones privadas en las que un grupo de «pistoleros chavistas» disparan desde el puente contra una «manifestación desarmada», e inmediatamente una secuencia en «traveling» en la que se ve la avenida abajo totalmente desierta. Sobre el puente yacen los cadáveres de gente bolivariana y sus compañeros no disparaban sobre ninguna marcha que no había seguido el itinerario bajo Puente Llaguno, sino contra los francotiradores apostados en los edificios próximos. La secuencia montada por Venevisión -uno de los Cuatro jinetes del permanente Apocalipsis mediático venezolano- combina imágenes ocurridas en distintos lugares y en distinto tiempo.

Las imágenes manipuladas y repetidas cientos de veces por los grandes medios de comunicación fueron utilizadas como prueba de cargo y detonador del golpe de los generales contra el «presidente asesino». (3)

El reportaje explica como se montó el escenario. La marcha opositora, manipulada y estimulada de manera muy violenta, cambió de itinerario después de llegar al final previsto para continuar durante varios kilómetros buscando un enfrentamiento con las miles de personas que protegían el palacio de Miraflores. En el camino, que sólo podía estar previsto por la oposición, aparecen los francotiradores… Entretanto los medios fabrican las imágenes que van «definiendo los sucesos del 11 de septiembre» según el guión previsto: declaraciones de un grupo de mandos militares que hablan de asesinatos horas antes de los primeros disparos… violencia chavista… masacre ordenada por Chávez… (4)

A confesión de parte…

En un momento del documental la voz de Donnacha O’Brian nos advierte que después del golpe, en un programa de televisión: «todo fue revelado».

Asistimos perplejos a una transmisión en «cadena de todos contra Chávez» de una mesa redonda con presencia de representante de las cadenas de televisión venezolanas: Globovisión, Venevisión, RCTV, Televen, y de alguno de los principales golpistas militares y civiles, bajo el rótulo: «Venezuela recupera su libertad».

Con autocomplacencia -aquél 12 de abril triunfante- los medios descubren el Plan golpista y se atribuyen la autoría y la dirección del mismo entre parabienes, risotadas de regocijo y gestos cínicos que vienen a decir: ¡Ahora podemos decirlo todo!

«¡Gracias medios de comunicación…! «Nosotros necesitábamos a Chávez en Venezuela» (tenía previsto un viaje oficial), por eso planificamos las declaraciones del general Nestor González el día 10 de abril llamando a la rebeldía militar y a la desobediencia al Presidente. «Es entonces cuando nosotros activamos el plan definitivo». «Tú puedes decirlo porque fue dentro de tu casa». «Nosotros»… «nosotros»… «nosotros»… repiten los directores de los medios de comunicación mientras se gratifican con agradecimientos mutuos: «Gracias Globovisión… gracias RCTV, gracias Venevisión… gracias Televen…»

Más tarde se demostraría también que la declaración de la junta de generales fue grabada antes de la realización de la marcha opositora…

¿Qué golpe? La brutalidad del fascismo

Otra de las secuencias memorables del documental es la de la toma de posesión de Carmona.

En primer lugar por la presencia de los líderes, organizaciones y partidos de la «Coordinadora Democrática», de los medios de comunicación, de la CTV, de algunos gobiernos estatales y municipales de la oposición, de la jerarquía católica, de los futuros «militares honorables» de la Plaza de Altamira, de todos los que han mantenido la «credibilidad democrática» en los medios de comunicación internacionales durante el sabotaje e intento de golpe petrolero de los siguientes meses de diciembre y enero, y en los sucesivos intentos desestabilizadores: «firmazos» y «reafirmazos» sin control alguno, falsificación de firmas en el proceso de petición del referéndum, demencial acusación de fraude en los resultados de la consulta que reafirmó por enorme mayoría a Chávez.

La lectura del decreto de constitución del gobierno de unidad nacional es de una ferocidad y brutalidad casi grotesca.

«Para restablecer la justicia, la igualdad… decretamos la suspensión de los diputados de la Asamblea nacional, del presidente y magistrados del Tribunal Supremo, del Fiscal General, del Contralor General, del Defensor del Pueblo, de los miembros del Consejo Nacional Electoral…»

El nombramiento de cada poder suspendido era coreado con un rugido de ¡Fuera, fuera!

Después discursea Carmona sobre «el amplio mandato que recibimos del pueblo» e invoca «la comprensión de la comunidad internacional de que este es un proceso de amplias raíces populares». A continuación añade: «El país se encamina a la recuperación de su normalidad institucional». El espectáculo es terrible y bochornoso.

Nada de esto había ocurrido -según Decreto de Verdad de Falsimedia- cuando horas más tarde los flamantes miembros de la junta «cívico-militar» salieron de estampida.

Desde dentro de Miraflores

Otra parte inolvidable del magnífico documental-testimonio son los hechos rodados en el interior del palacio de Miraflores. Nadie que vea «La revolución no será transmitido» dejará de evocar el terrible drama de La Moneda en Chile.

Nadie dejará de celebrar un final diferente.

Notas

(1) En título original del documental es «The Revolution will not be televised». Ha sido traducido como «La revolución no será retransmitida» o «La revolución no será televisada».

(2) Con el término «Falsimedia» me refiero al conjunto -económico, orgánico y funcional- de los grandes medios de comunicación.

(3) El periodista que recibió el premio Príncipe de Asturias por este reportaje tramposo, Luis Alfonso Fernández, de Venevisión, confesó en el juicio que tuvo lugar meses después de los hechos, que las imágenes estaban manipuladas y que él no conocía la causa del montaje manipulado ni el responsable del texto que hacía una descripción totalmente falsa de los hechos. «La masacre de Puente Llaguno» fue una de las piezas fundamentales para la «justificación» del golpe.

(4) Hace unos meses, el 13 de abril de 2004 fue presentado en Venezuela, tras un largo y minucioso proceso de investigación, un documental producido por PANAFILMS y el cineasta Ángel Palacios «LLAGUNO: CLAVE DE UNA MASACRE», en el que se analizan, con un gigantesco aporte de documentación fílmica y fotográfica, los sucesos que culminaron el golpe de estado. Se puede descargar en la red en la Sección «Multimedia» de Radio nacional de Venezuela: http://www.rnv.gov.ve/noticias/