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El periódico español del Grupo Prisa hace un alarde de manipulación y cinismo

«El País» de la infamia

Fuentes: Insurgente

Día 26 de diciembre. Página 5, titular: «El FBI ha instalado detectores de radiación nuclear en mezquitas sin orden judicial»; subtítulo: «La Casa Blanca reconoce que la operación de espionaje electrónico es de gran amplitud». Gran titular de Contraportada a cuatro columnas: «El ‘Gran Hermano’ cubano»; subtítulo: «Castro colocará GPS en coches estatales para vigilar […]

Día 26 de diciembre. Página 5, titular: «El FBI ha instalado detectores de radiación nuclear en mezquitas sin orden judicial»; subtítulo: «La Casa Blanca reconoce que la operación de espionaje electrónico es de gran amplitud». Gran titular de Contraportada a cuatro columnas: «El ‘Gran Hermano’ cubano»; subtítulo: «Castro colocará GPS en coches estatales para vigilar que ahorren gasolina».

El País habla al parecer sobre dos hechos de espionaje del estado contra los ciudadanos: uno de ellos en Estados Unidos, el otro en Cuba. Por supuesto el ciudadano que lee u ojea el periódico tiene ocasión de comparar ambos hechos y, sobre todo, de comprobar la exquisita objetividad de este periódico de «tendencia progresista». La realidad encubierta detrás de la información suministrada es sin embargo muy diferente. También lo es, naturalmente, el juicio posible sobre la moralidad de Falsimedia.

La noticia procedente de los EEUU es realmente un caso de espionaje policial ilegal, masivo y anticonstitucional. Sin embargo el diario reduce enormemente su importancia, la noticia completa es cuidadosamente manipulada.

El titular -pieza fundamental de toda noticia- tal como está redactado parece una información más sobre «pequeñas irregularidades» policiales que favorecen la vigilancia antiterrorista contra grandes atentados. Aunque coloca a los lectores ante un hecho gravísimo de criminalización de un colectivo religioso ninguna palabra apunta en esa dirección. La repetición en los medios de noticias sobre la utilización de los lugares para el culto musulmán como escenario de llamadas incendiarias a la yihad y para el reclutamiento terrorista, justifica el hecho de espionaje del FBI tal como está publicado en El País. Tampoco la ausencia total de incitaciones a la violencia desde las mezquitas de EEUU sometidas a vigilancia antiterrorista provoca ningún escándalo mediático en Falsimedia.

Por lo demás la parte fundamental de la información -que confirma la criminalización y señala un atentado contra la seguridad de personas que pueden ser secuestradas, detenidas y enviadas a Guantánamo o centros similares- es escondida tras los titulares. El espionaje se ha realizado también por rastreo electrónico, vigilancia directa y violación clandestina de domicilios, en todas las casas habitadas por musulmanes en las zonas sometidas a vigilancia: Washington y algunas otras grandes ciudades como Nueva York, Chicago, Seatlle, Las Vegas, Detroit. Miles de hogares han sido allanados por todos los medios posibles. Como no es muy probable que una vigilancia intensiva de este tipo mantenida durante años pase desapercibida, es seguro que las familias musulmanas se han sentido perseguidas, violentadas, humilladas y señaladas como criminales. Si funcionase bien la memoria de Falsimedia, El País nos recordaría que decenas de miles de personas de esta religión, ciudadanos o no de los EEUU pero con residencia legal, fueron interrogadas sin orden judicial y muchas de ellas encarceladas clandestinamente durante meses en territorio estadounidense.

La noticia procedente de Cuba no tiene nada que ver con ningún espionaje policial sobre los ciudadanos. En Cuba, el gobierno ha lanzado una campaña contra la corrupción, contra los robos de gasolina y otros carburantes y contra la utilización indebida de bienes públicos por miembros de la burocracia estatal. Presentada esa realidad con objetividad informativa, el efecto en España puede ser demoledor. La corruptocracia borbónica no puede soportar que «el castrismo» movilice recursos estatales y humanos en la lucha contra el fraude. La realidad cubana es mucho menos soportable como contraste cívico cuando el estado cubano convierte la campaña contra la corrupción en una tarea educativa. Son los jóvenes cubanos -11.000 trabajadores sociales que también se ocupan de tareas tan granhermanísticas como el cuidado de ancianos o de enfermos crónicos, o de actividades como el estímulo a la creación cultural, o la distribución a las familias de bienes entregados gratuitamente por el estado revolucionario- los que se van a ocupar del control de los recursos públicos.

Sólo un titular como el que corona esta noticia, y el comienzo de la misma que redacta el pequeño canalla, Mauricio Vicent: «No estamos en 1984, sino en los finales de 2005, pero es igual: El Gran hermano te vigila. Al menos en Cuba», pueden deformar de esa manera la realidad, convertir una campaña contra la corrupción, con métodos anunciados y compartidos por la población, en ejemplo universal de control político dictatorial.

La comparación de titulares y contenidos entre ambas noticias, que necesariamente va a realizar el lector, tiene la función de profundizar el engaño sobre Cuba, y de encubrir al Gran Hermano global.

El problema de la dictadura, la gran amenaza para el mundo, el ataque sistemático y general a los derechos humanos, el detestable sistema policial y carcelario -nos dice una y otra vez El País-, no está en EEUU sino en Cuba.