Recomiendo:
0

Mayo de 1810, mayo de 2008

El problema sigue siendo el mismo

Fuentes: Rebelión

El pasado miércoles fue 21 de mayo. Hace 198 años comenzaba una semana clave para la historia del Río de la Plata. Años anteriores en Europa, el Imperio francés al mando de Napoleón Bonaparte invadió al Imperio Español y tomó prisionero a su Rey dando el golpe final al siempre mal administrado Imperio Español. Además, el […]


El pasado miércoles fue 21 de mayo. Hace 198 años comenzaba una semana clave para la historia del Río de la Plata. Años anteriores en Europa, el Imperio francés al mando de Napoleón Bonaparte invadió al Imperio Español y tomó prisionero a su Rey dando el golpe final al siempre mal administrado Imperio Español. Además, el Virreinato del Río de la Plata tuvo que enfrentar dos invasiones llevadas adelante por el Imperio Británico. Para repeler sendas invasiones, los criollos pudieron integrar milicias populares y combatir en defensa de su territorio, esto produjo un comienzo de toma de conciencia sobre su dependencia no sólo del Imperio Español, sino de otros que podían volver a atacar.

En el plano económico, el Imperio Español imponía un sistema comercial denominado Monopolio, según el cual sólo algunos comerciantes ibéricos podían sacar del Virreinato los productos y estas mercancías sólo podían ser vendidas a España. Esta situación privaba de obtener beneficios económicos a una clase media alta de criollos, en su mayoría comerciantes y hacendados. Estos sectores formaban la burguesía liberal, que podríamos calificar de «progresista» para la época. En contraposición a esta burguesía, el poder económico y político era detentado por los españoles que de forma oficial dominaban el comercio monopólico y también el prospero contrabando que caracterizó al Río de la Plata.

La burguesía criolla venia acrecentando su poder económico y político, éstos habían logrado forzar un tratado de libre comercio por cuatro meses, el cual se termina con fecha 19 de mayo de 1810. Todo este proceso fue acompañado por la decadencia del imperio español hasta su caída final.

De este modo, al expandirse en el Río de la Plata la noticia de la caída de la «junta de Sevilla», último reducto de poder español en Europa, los criollos comienzan la acción revolucionaria forzando al Virrey Cisneros a llamar a un cabildo abierto para el día 22 de mayo. Sólo por invitación especial es posible concurrir a aquel cabildo. En él quedaron reflejadas las dos posturas más influyentes de la época. Por un lado, los defensores del Monopolio y del gobierno español, en este grupo se plegaron obviamente los españoles y también la iglesia Católica.  Por otro lado, se agruparon quienes querían el libre comercio y que se forme una nueva junta de gobierno, aquí en pleno se encontraba la burguesía comercial criolla, abogados, intelectuales y otros profesionales y también los hacendados criollos. Después de largas deliberaciones gana la elección la línea criolla y el cabildo decide formar una junta de gobierno, pero coloca al frente de la misma al Virrey Cisneros.

Esta situación encolerizó a los grupos de criollos más radicalizados, encabezados por Frencht y Berutti que forzaron un nuevo Cabildo abierto esta vez para el día 25 de mayo. Otra vez las largas discusiones dilataban una resolución, hasta que los grupos más radicalizados que contaban con el apoyo de las milicias populares deciden entrar al Cabildo, forzar la renuncia de Cisneros y que se forme una nueva junta, compuesta por criollos revolucionarios, de los cuales el mayor exponente sería Mariano Moreno.

De este modo, muy esquemáticamente narrado se produjeron los sucesos de mayo de 1810, a los cuales se les suele atribuir la denominación de «Revolución de mayo». Si utilizáramos en su sentido estricto el concepto «revolución» como lo utilizan los académicos, cabe decir que lo que sucedió en el Río de la Plata no fue una revolución, sino más bien un cambio de manos del poder político, para logran con este cambio, mudar definitivamente de manos el poder económico, el cual pasaría de manos de los españoles a manos de la alta burguesía criolla. Esto no impide denominar como revolucionarios a algunos de los protagonistas y en especial a Mariano Moreno. Rápidamente se evidenciarían las diferencias dentro de la Primera Junta, entre los «morenistas» y los más conservadores que seguían a Cornelio Saavedra.

Según, el historiador Felipe Pigna «En el Plan de Operaciones, Moreno propuso promover una insurrección en la Banda Oriental y el Sur del Brasil, seguir fingiendo lealtad a Fernando VII para ganar tiempo, y garantizar la neutralidad o el apoyo de Inglaterra y Portugal, expropiar las riquezas de los españoles y destinar esos fondos a crear ingenios y fábricas, y fortalecer la navegación. Recomendaba seguir «la conducta más cruel y sanguinaria con los enemigos» para lograr el objetivo final: la independencia absoluta. Moreno encarnaba el ideario de los sectores que propiciaban algo más que un cambio administrativo. Se proponían cambios económicos y sociales más profundos.»

Indudablemente esto no pasó y la economía y la política del Río de la Plata pasaría de depender del Imperio español para estar en manos de del Imperio Británico. Desde nuestro nacimiento como territorio independiente, tanto nuestros dirigentes políticos como las clases sociales dominantes, sean terratenientes, comerciantes, banqueros y luego industriales fueron construyendo una nación que se ajuste a sus negocios, y para ellos la forma más fácil fue atar nuestro destino a potencias extranjeras, como periferia exportadora de materias primas. Esto sigue intacto.

Hoy se intenta reducir la realidad de más de 40 millones de habitantes a un conflicto de solo dos contendientes. Además, esos contendientes tapan sus propios matices y diferencias internas en pos de una lucha por el dinero. Ambos contendientes intentan apropiarse de la preciada identidad nacional, en un país donde el nacionalismo es muy berreta y se reduce a un imaginario mitológico del pasado,  en tiempos de mundiales de fútbol al consumo de camisetas o al estupido y vacío grito de patriotismo del ejército más vendepatria y genocida de América Latina . El gobierno se autodenomina «nacional y popular» pero no ha realizado ninguna reforma de fondo que beneficie al pueblo. El autodenominado «campo» se pone la escarapela, bien argentina, para que los dejen mandar todo afuera sin restricciones.

Adolfo Pérez Esquivel, Premio Nóbel de La Paz, ha escrito sobre el conflicto que «Ganan millones pero no se conforman, quieren más, más y más, no les interesa el daño ambiental, las consecuencias de los monocultivos y la reducción de los bosques naturales, el uso indiscriminado de los agro-tóxicos  para la salud y la alimentación de la población. El gobierno en todo esto fue permisivo, ambicioso con tal de lograr más retenciones del agro. Por lo tanto son socios en generar la desgracia ajena y hoy están enfrentados a ver quien se queda con el pedazo más grande de la torta.» Además, Pérez Esquivel agregó que «otros actores, en este escenario conflictivo, son los pequeños y medianos productores rurales que integran la Federación Agraria Argentina, a quienes siempre hemos acompañado solidariamente porque son campesinos que ponen el hombro y el alma en el trabajo del campo. Pero tenemos que decirlo, nos preocupa que hoy son aliados de los terratenientes y de las grandes empresas transnacionales que están destruyendo el medio ambiente y transformándonos en un país sojero y que su ambición va dejando un territorio devastado por la especulación financiera.»

En el medio de una batalla por las multimillonarias sumas que genera la superexplotación de la tierra y en la cual los dos contendientes parecen estar dispuesto a todo, está el laburante de siempre, el obrero y el empleado, la ama de casa y el jubilado, en fin, el asalariado. Ese al que todos los días el salario, ya de por sí escaso, se le cae a pedazos, ese que no tuvo la dicha de nacer con y no puede exponer orgulloso escritura alguna, ni siquiera de ningún lotecito de 2 x 2, ese que también laburó de sol a sol todos los días, pero que no pudo obtener propiedades ni jugando al conocido juego de mesa titulado, claro, «el Estanciero».

Los medios transmiten las 24 horas en vivo desde el corte de Gualeguaychú, pero no desde el desalojo a las fábricas recuperadas por los obreros, el gobierno quiere gastar millones en un tren bala, pero no en un tren para todos.

En el medio, queda el asalariado, me digo yo en voz alta, pero por la ventana entra un grito de uno que pasa en un carro juntando cartones y me dice: que me decís de los desocupados, de los marginados, de los que nacen de tercera generación de desnutridos, de los que viven de la basura, de los sin techo y lo sin tierra, de los pibes desnutridos con familias destruidas por la miseria y una sistemática marginación de la educación, del trabajo, y en fin, de la vida. Yo me quedo sin palabras, qué puedo contestarle, creo que nada, me sale decir que los responsables son los políticos, y sí, esa es la respuesta más fácil, me reprochó con razón el hombre, insatisfecho. Entonces, pienso un rato y digo: también habría que revisar cómo se fue conformando históricamente este sistema político, y sé que este sistema siempre estuvo al servicio de los intereses del poder económico, entonces, la culpa también es del poder económico, que es como una fiera siempre hambrienta de sangre humana, la cual busca con desespero chuparle al trabajador la sangre, el alma y el trabajo y con ese trabajo ganar fortunas y concentrar riqueza, propiedades y poder.

Ahí te acercas más a la respuesta, pero todavía te falta, me dijo el cartonero y emprendió su lenta marcha por la calle. Me quedé pensando un largo rato, hasta que me acordé que empecé hablando acerca de los sucesos de mayo de 1810, si fue o no una revolución, si fueron o no revolucionarios, y recordé un pensamiento de Mariano Moreno, que dijo «Si los pueblos no se ilustran, si no se vulgarizan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que vale, lo que puede y lo que debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y después de vacilar  algún tiempo entre mil incertidumbres, será tal vez nuestra suerte mudar de tiranos sin destruir la tiranía.»

¡Eureka! me dije, y pegue un salto sobre el sillón, si actualizamos el pensamiento de Moreno encontramos la respuesta a tan intrincado asunto: El problema en el 1800 era la tiranía,  es decir, lo que está de fondo, hoy el problema sigue siendo la base, sólo que lo que hoy está de fondo es un sistema capitalista que enfrenta otra de sus cíclicas, periódicas, recurrentes, crisis y otra vez, no sabe como afrontarla sin hacer público que otra vez la salida a la crisis será más desocupación, hambre y miseria. La triste verdad es esa: estamos no sólo ante un conflicto sectorial, estamos ante una nueva crisis y hay dos opciones: o se continúa hasta que este modelo económico explote o aguante a los tumbos con todos más o menos adentro, o se empieza a patear a más gente afuera del sistema, otra vez. Es así y ya se teorizó hace mucho, así «sale» de las crisis el capitalismo, no tiene otra forma.

La otra salida, como proponía Moreno, es destruir la tiranía, es decir, cambiar el sistema, empezar a plantearnos si hay o no alternativas al capitalismo. Para eso decimos rotundamente que sí, que hay, y que habría que mirar más a Cuba, si se quiere educación y salud pública de calidad, o echar un vistazo a Evo Morales y sus movimientos sociales para ver cómo están recuperado el patrimonio nacional mientras aguantan los embates de la derecha racista, y por que no, dar una ojeada un poquito más profunda a Chávez, no a su lado mediático, sino a sus medidas de gobierno, las nacionalizaciones y el apoyo a la auto gestión obrera.

En la semana de mayo, los pensamientos de algunos de sus protagonistas pueden rebelarse como una luz sobre tanta confusión. En el plano estrictamente político, el modelo de país no se ha tocado y parece no ser ni discutido, tal vez porque ni siquiera son diferentes el modelo de país del gobierno del modelo del llamado «Campo». Como escribió el lunes pasado en Página 12 Eduardo Aliverti, «es cierto que el Estado fue desmembrado en su poder regulador de los desequilibrios sociales, pero también es cierto que no puede remembrárselo metiendo mano en un solo sector. Y el Gobierno no da signos de querer afectar más allá de la renta agraria. Lo que hace es bueno para empezar, pero no alcanza para seguir. La derecha argentina, y sobre todo sus referentes campestres aunque ya no sean la oligarquía tradicional, es proverbial en el salvajismo de sus apetencias.» A lo mencionado, Aliverti agregó «Los K pueden tener, y tienen, todas las insuficiencias ideológicas que se quiera, además de espeluznantes defectos operativos. Pero lo que tienen enfrente da ganas de vomitar. Gente que en nombre de sus chacras habla de que hay una dictadura civil, que se pone la escarapela por una tonelada de soja, que se horroriza por el vestuario presidencial pero no por cómo los agronegocios se copulan a la Argentina.»

Si se quiere al menos reformar el papel del Estado y lograr una mejora en la vida de los sectores marginados, no puede siquiera ponerse en discusión el derecho del Estado a intervenir en la economía. El Estado debe intervenir, eso es lo primero, luego debemos discutir cómo interviene y a favor de quién. Y en ese plano, no hay dudas, debe ser a favor de los sectores sociales más vulnerables y desprotegidos, como proponían los ideales de los revolucionarios burgueses de mayo de 1810: igualdad, libertad y fraternidad, esperemos que estos ideales se cumplan, pero en serio, porque hasta aquí, sólo parece que se lucha por la libertad de empresa, olvidando todo lo demás.

—————

Nicolás Panizza es Prof. en Historia – Lic. en Periodismo.