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El mundo por el avieso

Hace 30 años se cerraba el ciclo de terror

Fuentes: Agência Carta Maior

Traducido del portugués para Rebelión y Tlaxcala ( www.tlaxcala.es) por Àlex Tarradellas

Día 24, se completan 30 años del golpe militar en Argentina, que cerró el círculo de regimenes de terror que dominaron a América del Sur. La alianza entre el gobierno de los EUA y las elites militares y de gran empresariado de los países de la región impuso los mayores sufrimientos de los que fueron víctimas nuestros pueblos, desde las masacres de los pueblos indígenas a la esclavitud.

En esta semana, en el día 24, se completan 30 años del golpe militar en Argentina. Con esto se cerraba el círculo de regimenes de terror que dominaron la región, desde los golpes militares en Brasil y en Bolivia en 1964, pasando por los realizados en Chile o en Uruguay en 1973.

Fue el periodo más oscuro de la historia del continente. La alianza entre el gobierno de los EUA y las elites militares y del gran empresariado de los países de la región impuso los mayores sufrimientos de los que fueron víctimas nuestros pueblos, desde las masacres de los pueblos indígenas a la esclavitud. Varios millares de personas fueron ejecutadas, centenas de millares fueron presas y torturadas, sin órdenes legales, otros tantos se exiliaron de sus países. Se cometieron crímenes pudorosos – tortura, secuestro, desaparición, ejecución – en nombre de una «Doctrina de Seguridad Nacional», pionera de las doctrinas de guerra del gobierno de Bush.

Fueron atacados todos los vestigios de democracia social y política, fueron destruidos los sindicatos y los partidos, perseguidos los movimientos estudiantiles, obrero y campesino, reprimidas las universidades y toda forma de pensamiento crítico e independiente. Las economías de la región fueron sometidas abiertamente al dominio del capital extranjero, desnacionalizadas las empresas, privatizado el patrimonio público, desarticuladas las formas de integración regional, mercantilizada la imprenta, se impuso definitivamente el monopolio en los sectores industrial, comercial, bancario, agrario y mediático.

La historia de la región pasó a estar marcada por un antes y un después de las dictaduras militares. Las elites dominantes, a través de esos regimenes de terror, trataron de hacer que las clases populares pagasen caro su atrevimiento de disputar el poder a nuestras sociedades. Quisieron reducirlas a «su lugar» de clases subalternas, exploradas, humilladas, discriminadas y, con la represión que desataron contra ellas, prepararon el camino para los gobiernos neoliberales.

El golpe argentino fue el más sangriento de todos, porque tuvo que enfrentarse con una oposición que, además de la fuerza de las masas, consiguió construir una impresionante fuerza militar. Contando con las tenebrosas experiencias de tortura de la dictadura brasileña – el «palo de arar» fue una de las mercancías de pauta exportadora de la dictadura – y de los fusilamientos de la dictadura pinochetista, la dictadura argentina también aprendió, como la chilena, que no valía la pena detener las personas. Pinochet dijo a Videla que la experiencia del Estado Nacional era negativa, que se sucedían campañas por la liberación de los presos, que desgastaban el régimen. Había que «hacerlos desaparecer».

A partir de allí, los presos que eran interrogados sin capucha sabían que serían fusilados, porque no importaría a sus torturadores ser reconocidos. Millares de personas tuvieron sus cuerpos abandonados en el río de la Plata, en los dos vuelos semanales conocidos como vuelos de la muerte, que eran acompañados siempre por un sacerdote de la iglesia católica argentina.

Fue probablemente éste el destino de Teorinho, el pianista de Vinicius que se encontraba de excursión en Buenos Aires, cuando fue detenido, por engaño, por usar barba, confundido con un líder montonero. Como había sido torturado sin capucha, porque el dirigente montonero sería fusilado, Teorinho fue asesinado para no transmitir su testamento sobre las torturas y sobre los torturadores.

Fueron dos décadas de horror para la región, que todavía no se recuperó de sus efectos. Muchos políticos que participaron de las dictaduras – en Brasil, para citar apenas los que andan por los noticiarios del periódico, como Antonio Carlos Magalhães, Jorge Bornhausen, Marco Maciel, para citar apenas a algunos, mayoritariamente en el PFL (Partido da Frente Liberal) – continuaron impunemente ocupando cargos públicos.

Las amnistías encubrieron los criminales y sus cómplices. Por lo menos Videla y Pinochet tienen que afrontarse con algunas de las consecuencias de sus crímenes. Pero las raíces que los regimenes de terror implantaron – incluida la promoción vergonzosa de algunos grupos económicos – continuaron presentes en nuestras sociedades.

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Emir Sader es profesor de la Universidad de Río de Janeiro (UERJ), coordinador del Laboratorio de Políticas Públicas de UERJ y autor, entre otros, de «A vingança da História» («La venganza de la Historia»).

Versión en portugués: http://agenciacartamaior.uol.com.br/templates/colunaMostrar.cfm?coluna_id=2996