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Entrevista a Miguel Arturo Albizures, miembro de la asociación Comunicarte de Guatemala

«Hacemos comunicación popular y estamos en el movimiento social; no somos profesionales»

Fuentes: Rebelión

El colectivo Comunicarte surgió en 1990 con el fin de recoger y difundir la memoria histórica de la guerra civil en Guatemala (1960-1996) y acompañar al movimiento social en sus demandas, sobre todo en la defensa de los derechos humanos. En 25 años Comunicarte no ha recibido ningún apoyo institucional para el centenar de documentales […]

El colectivo Comunicarte surgió en 1990 con el fin de recoger y difundir la memoria histórica de la guerra civil en Guatemala (1960-1996) y acompañar al movimiento social en sus demandas, sobre todo en la defensa de los derechos humanos. En 25 años Comunicarte no ha recibido ningún apoyo institucional para el centenar de documentales producidos, de hecho, el colectivo se autofinancia a partir de los trabajos audiovisuales que realiza para las organizaciones sociales.

«Hacemos comunicación popular, nos formamos en su día en la pura práctica y formamos parte del movimiento social», destaca el coordinador de Producción y uno de los fundadores de Comunicarte, Miguel Arturo Albizures, quien también es coordinador en Guatemala de la Red Centroamericana de Comunicación Popular y responsable de Producción de la Coordinadora Latinoamericana de Cine y Comunicación de los Pueblos Indígenas (CLACPI). En 2008 se produjo un atentado en su domicilio, donde se encontraba su hijo, que sobrevivió a los ocho disparos realizados. Achaca los hechos al trabajo para la recuperación de la memoria histórica. Miguel Arturo Albizures ha participado en un acto público en Valencia organizado por Entrepobles-País Valencià, CEDSALA y Perifèries.

-¿Qué trabajo realiza la organización Comunicarte?

-Hacemos reportajes y entrevistas para la dignificación de las víctimas. Por ejemplo, el ejército salía a la calle en la capital el 30 de junio para celebrar el día de las Fuerzas Armadas. Pero HIJOS, organización nacida en 1999 para batallar contra el olvido y el silencio, y que durante años montó la llamada marcha de la memoria, consiguió con otros movimientos sociales detener ese desfile. En Comunicarte hicimos un reportaje sobre esa lucha, salimos con ellos y filmamos los enfrentamientos con el ejército. Nosotros pertenecimos a organizaciones revolucionarias en tiempos del conflicto armado, y ahora estamos en los movimientos sociales. Esto nos abre las puertas al trabajo, allí donde no llegan los medios convencionales. Entramos en las asambleas, en las discusiones sobre posibles acciones, y tenemos acceso porque formamos parte de esas luchas. También opinamos.

-¿Qué aspectos deberían repetirse, para evitar que cayeran en el olvido, sobre la guerra civil en Guatemala?

-En las ciudades los golpes afectaron más bien a personas, pero fue en el campo donde se perpetraron las matanzas colectivas. El 13 de noviembre de 1960 se produjo un levantamiento militar que dio inicio a la guerra. El 29 de diciembre de 1996 se firmó la paz entre el gobierno y la URNG. La consecuencia de la guerra se cifra en 250.000 muertos y 45.000 desaparecidos. Hubo movimientos de desplazados, por ejemplo, del Quiché a San Marcos, y de allí a Ciudad de Guatemala. Según el informe de esclarecimiento histórico, más 30.000 personas llegaron a vivir en la montaña entre la guerrilla y el ejército, en las comunidades en resistencia. Unas 100.000 personas se refugiaron en México y otros lugares a causa de las masacres, la mayoría (626) durante el gobierno de Ríos Montt.

-¿Se ha cumplido lo establecido en materia de memoria histórica por los Acuerdos de Paz de 1996?

-En los Acuerdos de Paz de 1996 se dice que hay que dar a conocer lo que ocurrió durante la guerra. Sin embargo, cuando ves un libro de texto del Ministerio de Educación, sólo encuentras unas pocas líneas. No se profundiza en la cuestión de las masacres ni tampoco en cómo afectó a la población civil los enfrentamientos entre el ejército y la guerrilla. Hay una necesidad de saber quiénes fueron los responsables y las víctimas, en el 94% de los casos obra del ejército, según las investigaciones de la comisión de esclarecimiento y la iglesia católica.

-¿En qué espacios prioriza Comunicarte el trabajo de divulgación sobre lo que ocurrió durante el conflicto armado?

-Últimamente en los institutos públicos de enseñanza. Primero nos reunimos con los directores, sobre todo en los municipios del departamento del Quiché, a quienes ofrecemos el material audiovisual sobre las causas y consecuencias de la guerra. Vamos a los centros educativos un equipo de Comunicarte y proyectamos los vídeos, acompañados de la organización de derechos humanos que trabaja en el territorio. Nuestra iniciativa es bien recibida. Normalmente se sabe de la guerra por el testimonio de familiares o vecinos, o porque en el municipio murió alguna personalidad importante. Pero nosotros aportamos cifras, o informamos de que las masacres también se dieron en otros departamentos.

-¿Qué audiovisuales proyectan en las escuelas?

-Vídeos como «Dos erres. Una mirada al fondo del pasado», de 1997, realizado por Comunicarte y la organización de derechos humanos Famdegua (Familiares de detenidos y desaparecidos de Guatemala). Se trata de un documental de 22 minutos en el que se recoge la tarea de exhumación de fosas y el trabajo de los forenses durante varios días. En las exhumaciones aparece un pozo lleno de cadáveres (más de 250, de los que 66 eran niños) asesinados por el ejército en diciembre de 1982. El documental habla por sí mismo. No hace falta que digamos nada. Se incluyen también los testimonios de familiares de las víctimas. Durante la sesión en el instituto, algunos escolares nos preguntaron por la identidad de los cadáveres. Les mostramos las fotos que nos dio la maestra de la escuela de la comunidad, fotografías de escolares vivos que luego fueron exhumados de las fosas.

-¿Qué métodos y objetivos os planteáis para grabar los documentales? ¿A través de qué canales se emiten?

-Tenemos el apoyo de la gente de nuestra organización que se encuentra en los departamentos. Lo fundamental es buscar la verdad, que las personas digan aquello que sienten. Lo que quieren que se sepa. Por eso no utilizamos la voz en off, porque es la oportunidad de ellos. En la comunicación comunitaria es muy importante dar la voz a los silenciados. Por otro lado, nosotros no tenemos acceso a los grandes medios, por eso utilizamos sobre todo Internet y las televisiones locales.

-¿En qué proyectos trabaja actualmente Comunicarte?

-Estamos elaborando reportajes sobre las movilizaciones actuales en Guatemala, las últimas manifestaciones contra la corrupción en la que está implicada la clase política. Estuve en las protestas de mayo en Ciudad de Guatemala. Vamos acumulando material con el fin de sumarlo al de otros medios «alternativos», y finalmente hacer un trabajo audiovisual sobre el movimiento #Renuncia Ya. En el blog de Comunicarte hemos colgado fotorreportajes que hablan por sí solos.

-¿Qué audiovisual destacarías del centenar de documentales producidos por Comunicarte?

-El documental, premiado en Cuba, del año 1995 sobre una masacre perpetrada en una comunidad, Panzos, en 1978. En esta comunidad que luchaba por la tierra, la mujer que encabezaba la resistencia, Mamá Maquín, es asesinada junto a otros campesinos. El ejército les dispara cuando se encontraban en la plaza. El reportaje incluye las exhumaciones de las fosas comunes y la labor de los forenses. El trabajo de identificación puede durar un año, y después los restos vuelven a inhumarse.

-¿Qué formato elegís para los documentales?

-Intentamos que no pasen de 20 minutos. Si el reportaje dura más, el contenido se pierde ya que no hay más información de relieve, y la gente se aburre en los videoforos. Además la esencia se pierde. Cuando llegamos con la cámara, la gente tiene ganas de hablar y contar las cosas. Nosotros sólo escuchamos. Preguntamos pocas veces. Por otro lado, hacemos comunicación popular, nos formamos en su día en la pura práctica. No somos profesionales. Yo aprendí en 1987, cuando trabajaba en una central sindical y nos donaron una cámara de vídeo. La misma persona que hizo la donación me enseñó a encender y apagar la cámara. En un periodo de fuerte represión, me fui a grabar a las ciudades con otros dos compañeros, Boris Hernández y Estuardo Álvarez.

-Por último, ¿cómo ha evolucionado con los años la tarea de Comunicarte?

-Hoy se mantiene la base del grupo de 1987, con el apoyo de los departamentos, donde colaboran personas a quienes les damos una acreditación para que puedan informar. Lo importante es que en la década de los 90, nosotros, que aprendimos a editar en la práctica, llevamos los vídeos a Amnistía Internacional y han servido a las organizaciones sociales en los juicios; por ejemplo, las grabaciones del asalto de la embajada de España en Guatemala, en enero de 1980. O como prueba en los procesos de desalojo y represión. Los forenses también han utilizado nuestras imágenes en su trabajo. En 1990 organizamos el primer taller para movimientos sociales, en concreto, al Comité de Unidad Campesina (CUC) y grupos de mujeres y derechos humanos.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.