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Los análisis sesgados de la operación militar de los EE.UU. en Venezuela

Fuentes: Rebelión [Imagen: Trump durante la rueda de prensa posterior a la agresión imperialista sobre Venezuela y el secuestro del presidente Maduro el 3 de enero de 2006, cuya explicación sigue siendo el relato oficial de los hechos. Créditos: Casa Blanca]

En este artículo el autor analiza el relato que los medios de comunicación burgueses difunden en relación con la agresión imperialista a Venezuela y el secuestro del presidente Maduro y su mujer Cília Flores.


La desinformación inicial sobre los bombardeos en la madrugada del 3 de enero en Venezuela, provino principalmente de la rueda de prensa altisonante de Donald Trump, la cual no se sabía realmente si se trataba de un parte militar o de un confuso show televisivo de mal gusto, al puro estilo Far West del presidente de EE.UU. Con posterioridad, hemos ido conociendo información de testigos in situ y periodistas independentes que intentaban arrojan algo más de luz sobre lo que pudo haber ocurrido durante el ataque a distintos puntos de Caracas y sus inmediaciones y el posterior secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa, la diputada Cília Flores.

En los días posteriores a la agresión sigue reinando el caos informativo. Numerosos analistas aventaron la posibilidad de que un gran acuerdo tras bambalinas, entre sectores del chavismo y la administración estadunidense con la mediación de Qatar, para librarse de Nicolas Maduro e imponer un nuevo ejecutivo a las órdenes de Trump. Los hermanos Rodríguez (la actual Presidenta encargada Delcy y Jorge, presidente de Asamblea), Diosdado Cabello (ministro de Interior) y Vladimir Padrino (ministro de Defensa) eran para ellos los principales sospechosos de colaborar en la operación de decapitación de la figura central del poder venezolano.

Sin consultar a nadie sobre el terreno, y pese a que los hechos que se iban conociendo no corroboraban esa posibilidad, esos analistas seguían dando alas a análisis sin pruebas firmes. La verosimilitud esa hipótesis de complot se vio reforzada cuando la administración republicana descartó entregar el poder a la opositora María Corina Machado y empezó a entablar conversaciones con Rodríguez.

Sin embargo, ¿por qué no se construyó otro relato según el cual  la administración Trump no había tenido  el éxito total deseado en la operación de cambio de gobierno? ¿Había motivos para desconfiar de estos sectores del chavismo? ¿Las conversaciones con Trump sobre para otorgarle favores en el reparto de los recursos naturales de Venezuela empezaron realmente con el gobierno interino de Rodríguez o ya existían con Maduro? ¿No hubo enfrentamiento entre los militares estadunidenses y las fuerzas venezolanas? ¿Dónde se dice que Venezuela romperá relaciones con Cuba, China e Irán? ¿La operación militar fue limpia y quirúrgica, como dio a entender EE.UU.? ¿Tenía Trump una solución política para Venezuela? Todas estas preguntas no fueron siquiera plantadas. La hipótesis de un complot palaciego ya es dada como cierta; aunque el peso de las evidencias alejen cada vez más esa posibilidad, el chavismo es, a todas las luces, el colaborador necesario del golpe. 

No obstante, gracias a periodistas sobre  el terreno bien informados se va sabiendo cómo se han desarrollado los hechos. El propia Maduro, en su última entrevista hasta la fecha, le explicó al periodista francés Ignacio Ramonet  mientras conducía  un coche por  Caracas el 31 de diciembre,  que su interés era buscar una vía diplomática con EE.UU. El gobierno de Venezuela ya había intentado, sin éxito, una salida petrolera negociada con la administración Trump, que no abriera mano del control sobre sus recursos naturales, de la misma forma que está planteando ahora el gobierno interino. Además, los miembros del actual gobierno, no sólo rechazaron las exigencias maximalistas de Trump de entregar  la totalidad de los recursos naturales del país caribeño, sino que también exigen la libración de su legítimo presidente secuestrado en Nueva York.  En la fatídica noche del abrumador bombardeo sobre el cielo de Carracas, Ramonet todavía se encontraba a escasos metros de unos de los sitios atacados (el aeropuerto de La Carlota), por lo que pudo corroborar la extrema superioridad militar de la aviación de los EE.UU. sobre los objetivos en Caracas. Ramonet fue testigo directo de la violencia cometida contra Venezuela, incapaz de oponer resistencia al poderío militar del enemigo. La desproporción tecnológica entre las fuerzas estadunidenses y la resistencia militar del ejército venezolano fue abismal.

El venezolano Diego Sequera, del Medio Misión Verdad,  no estaba en la capital en la noche de los ataques, pero volvió inmediatamente buscando entender  la situación. Sequera afirma que no hay nada más distante de la verdad, que lo que cuenta EE.UU. sobre la limpieza de la operación. Los ataques no se limitaron  a objetivos militares,  afectando también zonas residenciales, el puerto de la Guaira, un almacén de equipos de diálisis, el Centro de Matemáticas, Química, Ecología, Físicas, Tecnología Nuclear, del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVC), una guardería en Miranda y la zona del Volcán, donde está ubicada una torre de televisión.  Según este periodista, además de buques de la Armada, participaron en la operación más de un centenar de aviones, helicópteros y drones acompañados de un intenso uso de guerra electrónica.

El periodista brasileño Breno Altman, que ha visitado Venezuela en numerosas ocasiones y tiene contactos en las altas esferas del gobierno venezolano, habló  el mismo día del ataque con diversos miembros del gobierno y directamente con la propia Delcy Rodríguez. Pues bien, sus versiones del ocurrido distan mucho de los relatos de la mayoría de los analistas de la prensa española. Todos ellos excluyen la posibilidad de una traición de los sectores chavistas a su líder. Con base en las informaciones de diversas fuentes venezolanas, Altman sostiene que las defesas antiaéreas venezolanas de fabricación rusa sufrieron un ciber ataque previo a la ofensiva de los EE.UU., impidiendo la reacción contra los atacantes en la noche de de los bombardeos. Visto así, fue semejante a lo que habría pasado al comienzo de la llamada Guerra de los 12 días entre Israel e Irán, cuando fueron silenciadas las defensas aéreas iraníes para dejar paso libre a la aviación enemiga. Se intentó  una operación rápida para generar el caos que permitiría un cambio de régimen, sin éxito en ningún de los casos. Cualquier semejanza entre el caso de venezolano y el iraní, no es mera coincidencia dadas las similitudes en su modus operandi.

Asimismo, la confirmación de más de 80 muertos entre civiles y militares con ocasión de los ataques, desmonta el relato de la entrega sin resistencia del presidente y su esposa. Para disgusto de la administración republicana, el ministro de relaciones exteriores de Cuba Bruno Rodríguez Parrilla, a cuyo país Trump ordenó no entregar ninguna gota más de crudo, estaba en Caracas el mismo 8 de enero, participando con Delcy Rodríguez en el homenaje a las víctimas del ataque estadunidense, incluidos los 32 agentes cubanos de la seguridad de Maduro que resultaron abatidos en combate. Al contrario de lo que exige Trump, el ministro de Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, Yván Gil expresó a través de un comunicado el día 11 de enero su disposición por mantener los acuerdos de cooperación y solidaridad con base a la hermandad con el estado cubano, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas y el derecho internacional.

Las cámaras de la televisión de Telesur fueron testigo del acto del nombramiento de presidenta encargada de Venezuela en el Parlamento, con la presencia de los embajadores de China, Rusia e Irán. No se vio por allí a Marco Rubio, llamado por algunos el Virrey de Venezuela. Por otro lado, la Asamblea nacional ha proclamado a Delcy Rodríguez presidente encargada, a la vez que ha creado una comisión para trabajar por la liberación de Nicolas Maduro y Cília Flores.

¿Porqué los analistas no dicen que la premio Nobel María Corina Machado, pieza clave de los intereses británicos y de la UE, no tiene el 70% del respaldo de la sociedad venezolana que afirmaba la narrativa de la supuesta aplastante victoria electoral? Qué contradicción una candidata con un margen tan alto de aprobación en las últimas elecciones, no tenga apoyos internos para gobernar el país. A pesar de que tenía total apoyo de la UE, de EE.UU. y la mayoría de los gobiernos de Latinoamérica. ¿Dónde andaban los millares apoyadores de Corina Machado, líder indiscutible de la oposición que no salieron a las calles de Venezuela para celebrar la decapitación del chavismo?  ¿No será la actual nobel de la paz un producto de marketing político, más popular  fuera de Venezuela que en su propio país? 

Lo que parece es que la administración Donald Trump no tuvo más remedio que aceptar  los hechos sobre el terreno. En vez de imponer su virreinato como quería, y aceptar un futuro incierto en Venezuela, consideró más beneficioso negociar el reparto de los recursos naturales de Venezuela con quienes realmente están al mando del país: los políticos del Partido Socialista Unido de Venezuela (PUSV), fundado por Hugo Chávez. Nada diferente de lo que ya había propuesto Maduro anteriormente. Porque, como  E.E.UU. bien sabe, tras la desastrosa experiencia de Irak, una cosa es bombardear un país y ofrecer 50 millones de dólares por la cabeza de su presidente, y otra bien diferente administrarlo, imponiendo un gobierno títere sin respaldo popular para saquear sus recursos naturales.

Deducir, a partir de un ataque militar exterior ejecutado con éxito, un gran acuerdo político interno para la defenestración del presidente, es un error inducido por la propaganda mediática occidental, con el que muchos analistas, quizás bien intencionados, se dejaron engañar. Ese argumento, que intenta deslegitimar el chavismo, tiene por objetivo allanar el camino a futuros ataques de EE.UU. a Venezuela.

Con este bombardeo, EE.UU. ha mandado un recado sobre sus intenciones a los dirigentes venezolanos y a sus socios chinos y rusos, pero su debilidad reside en olvidar de que Venezuela tiene un gobierno sólido presente en todo el extenso territorio del país. El ejército de EE.UU. no tiene capacidad de ocupar la geografía de Venezuela, ni tampoco tiene aliados sobre el terreno que puedan gobernar bajo sus directrices. Se ha visto obligado a rebajar sus expectativas y a pactar muchas de sus exigencias con Delcy Rodríguez. De momento es evidente que Venezuela no ha entregado su soberanía, pero ante una amenaza real intentan ganar tiempo con un hábil despliegue diplomático. Los chavistas no son suicidas (más aún cuando su extrema vulnerabilidad aérea ha quedado demostrada), por lo que han abierto un nuevo tiempo de acuerdos comerciales con EE.UU. y sus aliados europeos. El presidente colombiano Gustavo Petro, en su última entrevista con  BBC News,  del día 10 enero, dejó claro a Trump que si finalmente decide bombardear Colombia, tampoco le será fácil controlar el país, cuya orografía montañosa confiere algunas posibilidades de resistencia.

En realidad, la mayoría de los analistas europeos parecen no entender lo que pasa en Venezuela desde que el presidente Hugo Chávez asumió el poder hace casi 3 décadas. Pese a la introducción de mecanismos de participación directa de amplias capas de la población, antes apartada de la toma de decisiones, prefieren considerar el país una dictadura corrupta, incapaz de arreglar sus problemas por ella misma. En la UE siguen dando lecciones de democracia y buena gestión pública a un país que sin dudas tiene sus problemas internos y también enfrenta una oposición de extrema derecha que acude al uso de la violencia siempre que les conviene. Olvidan que Venezuela lleva demasiado tiempo bajo la presión de las sanciones imperiales y aún así fue la economía que más creció en Latinoamérica en el tercer trimestre de 2025, con una proyección de la CEPAL de hasta un 9% del PIB. Los análisis de la crisis venezolana desde Occidente. Es cierto que el perfil opositor de la mayoría de la diáspora venezolana en España tampoco ayuda a separar  los avances reales del chavismo, como cuando en el principio de la década de 2000 los ingresos petroleros permitieron a Hugo Chávez reducir la pobreza extrema en un 73%, y crear programas sociales de sanidad, educación y cultura, del desgaste proporcionado por la continuidad en el poder hasta el día de hoy de la revolución bolivariana. 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.