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Entrevista al fotógrafo free-lance Benito Pajares

«Los medios españoles no valoran el fotoperiodismo, prefieren nutrirse de las agencias»

Fuentes: Rebelión

Centenares de niños que viven en la antigua Estación Victoria (hoy Chhatrapati Shivaji) de Bombay y su entorno; puede que algunos sean huérfanos y otros huyan de sus casas por los malos tratos u otras causas; muchos se hallan «enganchados» a la cola u otros estupefacientes. Mineros de las explotaciones bolivianas de San José (Oruro) […]

Centenares de niños que viven en la antigua Estación Victoria (hoy Chhatrapati Shivaji) de Bombay y su entorno; puede que algunos sean huérfanos y otros huyan de sus casas por los malos tratos u otras causas; muchos se hallan «enganchados» a la cola u otros estupefacientes. Mineros de las explotaciones bolivianas de San José (Oruro) y Cerro Rico (Potosí). Enfermos de Sida y tuberculosis en el hospital «El Carmele» de Chokue, a 200 kilómetros de Maputo. Pescadores en Madagascar, la vida cotidiana en Montenegro, los combates cotidianos en la región de Donetsk (este de Ucrania), la zona minera de Jharia en la región de Jharkhand (al este de la India), donde se extrae carbón junto a las casas. El Monte Gurugú, el campo de refugiados de Idomeni…

El fotógrafo freelance Benito Pajares ha retratado estos lugares a menudo invisibilizados desde que se adentró en el campo de los reportajes «sociales» en 1992. Seis años después empezó a colaborar en El Mundo, hasta que un tiempo después terminó en plantilla. Los trabajos de fotografía documental los realizaba en vacaciones o durante los permisos que le concedía el periódico. «En cualquier parte del mundo suceden cosas que muchísima gente desconoce», afirma. Es el motivo que le lleva a realizar las fotografías. También considera que, salvo excepciones, los medios de comunicación españoles no valoran el fotoperiodismo, y prefieren -ya que les resulta más económico- nutrirse de material de las agencias de noticias. Benito Pajares ha participado en la jornada de Periodismo y Refugio organizada en Valencia por el Ayuntamiento de Valencia, CEAR-País Valencià, ACCEM y Cruz Roja.

-Trabajaste durante 18 años como periodista en el diario «El Mundo». ¿Valoran los medios de comunicación suficientemente el fotoperiodismo? ¿Hay diferencias entre el estado español y el resto de Europa?

Pienso que no los valoran. Salvo excepciones los medios no envían a sus trabajadores a cubrir esos temas que obligatoriamente, por su importancia, tendrían que publicar. Normalmente se nutren de las agencias de noticias, les sale más barato y se evitan riesgos. Para un fotógrafo que aspira a trabajar de esta forma, le es difícil conseguir trabajo aquí en España. Conozco a compañeros que se han tenido que ir a vender sus trabajos fuera, pues hacerlo aquí es perder dinero. Aunque te lo publiquen, ya que lo que te puedan pagar por ello siempre es infinitamente inferior a lo que te has gastado tu.


Benito Pajares

-Como fotógrafo freelance, recorriste durante más de 20 días el campo de refugiados de Idomeni, en la frontera entre Grecia y Macedonia, que el gobierno heleno empezó a desalojar el pasado 24 de mayo. ¿Qué realidad observaste allí?

Lo que ha ocurrido en Idomeni es un atropello a los derechos humanos. Ha habido personas forzadas a abandonar sus hogares, destruidos por una guerra civil. Esta situación ha sido la vergüenza de Europa. No se puede tener a cerca de 14.000 personas abandonadas a su suerte en unas pequeñas tiendas improvisadas sin los medios necesarios para subsistir, sin alimentos, agua, medicinas y todo tipo de servicios. Personas que han llegado allí con lo puesto y sin dinero para dar de comer a sus hijos, teniendo que mantenerse de las ayudas que varias ONG les proporcionaban, y durmiendo a veces sobre un barrizal cuando llovía o si no sobre las piedras o las vías del tren, sin noticias sobre si se les iba a abrir la frontera o no, llegando a situaciones de verdadera desesperación por impotencia: delante de mí dos jóvenes para llamar la atención de los políticos intentaron quemarse a lo bonzo. Verdaderamente una vergüenza para Europa, que nos tiene que servir para cambiar de actitud hacia estas personas desplazadas por las guerras.

-¿Hay lugares que se convierten en mediáticos, donde los fotógrafos se concentran unos días y después desaparecen para convertirse en zonas de sombra informativa? ¿Puedes citar algún ejemplo?

Idomeni creo que es uno de esos ejemplos. Cuando llegué a primeros de marzo, el lugar estaba plagado de medios de comunicación. Televisiones de todo el mundo enviando noticias que se emitían, también se publicaban informaciones casi a diario. A medida que fueron pasando los días aquello se fue vaciando un poco de periodistas. Las noticias sobre Idomeni prácticamente ya no se publicaban a no ser que ocurriera algún caso excepcional. Era como si todo se hubiera arreglado, y las 14.000 personas que allí estaban ya hubieran solucionado sus problemas y cruzado la frontera. Pero no fue así, nada más lejos de la realidad. La tensión iba creciendo y poco a poco algunos medios tuvieron que volver. Se precipitaron los acontecimientos y la cosa terminó con el desalojo de los campamentos por parte del ejército griego.

 

Benito Pajares

-¿Corre el riesgo el reportero gráfico de desplazarse a las zonas de conflicto porque sabe que allí encontrará fotografías de impacto, y olvidarse del compromiso (si es que existe) con la realidad que retrata?

Salvo en una ocasión no he cubierto guerras, pero no creo que eso sea así. Pienso que para trabajar en las zonas de conflicto hay que tener un valor especial y amor por el trabajo. Puede ser que haya algunos que sí, que lo hagan por realizar el reportaje de su vida, pero pienso que la mayoría están allí porque lo sienten y creen que deben hacerlo. No hay que estar muy cuerdo para arriesgarse a perder la vida por conseguir una buena foto.

-Realizaste una exposición de homenaje a todas las mujeres del Sur, «que con su esfuerzo y tesón lograron sacar a sus familias adelante». ¿Qué aprendiste y que aspectos destacaste en tus fotografías de estas mujeres?

Con esa exposición quise hacer un homenaje a las mujeres del mundo, pues en bastantes países del Sur de cuantos he visitado, las mujeres eran verdaderamente el motor de la casa: cuidando a sus hijos y trabajando a veces de sol a sol en el campo, o en una mina o una cantera, o recogiendo agua todos los días a varios kilómetros de su casa; con una voluntad y sacrificio tremendo, para sacar a su familias adelante; también uniéndose en cooperativas o pidiendo prestamos para iniciar un pequeño negocio….


Benito Pajares

-En un grupo de imágenes que titulaste «Miradas» recopilas rostros que te has encontrado en tus viajes por diferentes países del mundo. ¿Qué buscas reflejar en una fotografía? (John Steinbeck decía de Robert Capa que podía mostrar el horror de todo un pueblo en el rostro de un niño; y que su máquina «atrapaba la emoción y la retenía»).

Ojalá yo pudiera conseguir lo que lograba Robert Capa en sus fotos, pero sí que intento reflejar en los ojos de las personas que fotografío -a través de esas miradas- un poco de sus sentimientos, de los estados anímicos en esos momentos que están frente a mí; y transmitir a quien las vea los mismos sentimientos que he tenido yo a la hora de hacer esas fotos.

-¿Qué realidad observaste en Haití, cuando llegaste a hacer fotografías después del terremoto de 2010?

Mucho dolor. Habían transcurrido ocho meses desde el terremoto, pero a mí me parecía que sólo pasaron unos pocos días, por la situación que encontré. La mayoría de los edificios destruidos continuaban igual. La gente había tenido que abrir sus pequeños comercios entre las ruinas de los antiguos. El desescombro iba muy lento. Familias enteras viviendo en las calles y otras miles de personas conviviendo en campamentos improvisados en unas pésimas condiciones y un alto indice de delincuencia en las calles. Sobre todo por las noches salir era peligroso.

-En febrero de 2014 tomaste instantáneas del Monte Gurugú, donde personas migrantes procedentes de Nigeria, Mali o Camerún esperaban la posibilidad de franquear la valla de Melilla. ¿Es más fácil captar la esencia de la humanidad en los momentos límites, en un contexto de drama intenso?

Bueno, quizá si. Las personas dejamos ver en momentos de dolor o desesperación nuestros sentimientos más profundos; y en nuestros rostros o expresiones los sentimientos que tenemos en los momentos que nos fotografían. En el tiempo que estuve en el Gurugú hubo bastante tensión. La policía marroquí no dejaba pasar a la prensa y realizaba incursiones a diferentes horas del día para controlar los diferentes campamentos. No podíamos estar tranquilos, porque en cualquier momento podía haber una redada y allí peligraban nuestros equipos.

-¿Qué es más importante para el fotoperiodista, los aspectos técnicos de su trabajo y la calidad artística, o más bien la mirada personal y la empatía con la gente que sufre?

Creo que hay que tener en cuenta todos esos detalles para hacer unas buenas fotografías. Ahora bien, en estos temas un buen fotoperiodista puede hacer mejor su trabajo si conoce a la gente, si se preocupa por sus problemas y trata de entenderlos; creo que ese sentimiento ayuda al resultado final de tu trabajo.

-¿Qué te sugiere esta frase: «Si vuestra fotos no son bastante buenas, es que no estáis bastante cerca».

Bueno, ésa es una mítica frase de Robert Capa. Como ya he dicho antes, es necesario acercarte a la gente, empatizar con ellos en la medida de lo posible y tratar de ser uno más, comprender su situación y ante todo respetar sus decisiones, que a veces pueden ser negativas para tus intereses. Como cuando a alguien le moleste que tus estés haciendo fotos, has de entenderlo y retirarte con respeto.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

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