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Milei y los idus de marzo

Fuentes: Huella del Sur

Las últimas semanas han sido jalonadas por varios reveses y clarísimos desaciertos del gobierno argentino. Las denuncias de corrupción ocupan un lugar relevante. Su prestigio aparece en baja y el descontento social da señales de ascenso.

El mes de marzo ha marcado el inicio de una etapa sombría para el gobierno “libertario”. La secuencia arrancó el primer día del mes,  con la inauguración de las sesiones ordinarias en el congreso nacional. El tono irrespetuoso, provocador y chabacano del presidente revolvió muchos estómagos, aún algunos más bien favorables a la actual gestión.

Los mismos que señalaron la escasez de propuestas concretas. Y que el mandatario no habló de los temas raigales que atañen al Estado y la sociedad en Argentina. No faltó el columnista- estrella conservador que saliera en defensa de Myriam Bregman, calificada de “chilindrina trosca” por el presidente. La garra de la diputada no necesita de apoyos como ese pero el dato es significativo.

Una línea de interpretación es que Milei acentuó el escarnio al “enemigo kirchnerista” y a la izquierda para mejor disimulo de los puntos oscuros de su administración. A falta de méritos de la presente gestión, buscaría legitimidad en la convicción de que el tiempo pasado fue peor. Tal vez no se percató de que el tiempo para esa transferencia de responsabilidades está cerca de su agotamiento.

Padecimientos abajo y problemas arriba.

El gobierno nacional atraviesa días problemáticos que lo afectan en los aspectos más diversos. La difusión del  índice de precios al consumidor de febrero confirmó que la lucha contra la inflación está estancada, en el mejor de los casos.  Las barreras monetaria, fiscal, cambiaria, salarial y de apertura de las importaciones, se han mostrado insuficientes frente a la evolución de los precios.

Mientras tanto han dado lugar a un panorama de estancamiento o retroceso económico. Que no es generalizado, tal como atestigua la cifra de crecimiento del producto bruto interno: 4,4% para 2025. Claro que basta una mirada somera para clarificar qué hay detrás de ese porcentaje.

El crecimiento del año pasado está cimentado en intermediación financiera, agronegocios, minería y energía. Sectores que generan pocos puestos de trabajo. Y que en los rubros que producen bienes, éstos tienen una gran proporción de destino exportador. En los ramos que dependen del consumo mayoritario las cifras fueron negativas, como en el comercio y la industria.

Por los mismos días se conoció la evolución del empleo. La desocupación en Argentina alcanzó el 7,5% en el cuarto trimestre de 2025, marcando su mayor nivel desde la pandemia. Esta cantidad representa un aumento de 1,1 puntos porcentuales respecto al mismo período de 2024.

Ya no se trata sólo de reemplazo del empleo formal por trabajos precarios, señalado desde hace tiempo y que continúa su rumbo. Ahora es la caída en la falta de empleo y la creciente dificultad para la subsistencia.

Hay “detalles” que en cierto sentido agravan el cuadro: El Gran Buenos Aires alcanzó un índíce de desempleo situado más de un punto por encima del promedio nacional. Y las y los jóvenes son los más afectados por la desocupación.

La situación de conjunto se refleja en agudas caídas del consumo en supermercados y otros comercios destinados al mercado masivo. Y en la disminución de la actividad en rubros como el de textiles e indumentaria. Entre otros acorralados por la baja del poder adquisitivo. El que se aúna con el ingreso incrementado de bienes importados, favorecido por la apertura económica del gobierno.

La pérdida o precarización del empleo, junto con la disminución del poder adquisitivo de los salarios, para quienes siguen cobrando alguno, llena cada vez mayor lugar en las conversaciones públicas. Las advertencias sobre una circunstancia de “estanflación” parten cada vez con mayor frecuencia no sólo desde analistas cuestionadores, sino de economistas del establishment.

El conflicto salarial adquiere manifestaciones más sonoras en las últimas semanas. Entre otros casos puede señalarse la multitudinaria manifestación docente en Córdoba el 18 de marzo, a la que acudieron más de 10.000 personas. La protesta de maestros y profesores se reprodujo también en otras provincias. Y a escala nacional, entre los profesores universitarios, que fueron a un paro de buena repercusión que seguro tendrá continuidad en otras medidas.

Ocurre más en general que al gobierno parece alejársele la perspectiva de éxito, aún en sus propios términos. Ni la acumulación de reservas ni la llegada de inversiones extranjeras directas lo favorecen.

La guerra en curso agrega incertidumbre. Tendrá un impacto inflacionario. Además de la “huída hacia la calidad” que impondrá el alejamiento de los inversores internacionales de estas playas. Aumentó el “riesgo país”, los funcionarios a cargo la tendrán más difícil a la hora del despliegue de su pasión endeudadora.

Las piedras del escándalo.

En las últimas semanas hemos asistido a la proclamación por parte de Milei de los principios morales como “política de Estado”. Ese alarde de pretendida honestidad y austeridad no pudo darse en oportunidad más desafortunada. Coincidió con sucesos y revelaciones que ponen la ética oficialista en duda. Los que salieron a la luz unos tras otros.

Siguieron dos líneas fundamentales: En primer término el viaje en el avión presidencial de la esposa del jefe de gabinete, que no cumplía ninguna función oficial. Manuel Adorni se enredó una y otra vez cuando trató de defenderse.

Enseguida apareció otro vuelo comprometedor, esta vez en avión privado y con destino uruguayo. Otra vez el ministro coordinador no pudo exponer más que una mezcla de incongruencias y silencios sospechosos. Y un vínculo con opacidades con un empresario televisivo que ha hecho negocios en la televisión oficial.

Una casa en un country a nombre de su esposa y otros gastos incompatibles con el modesto sueldo de funcionario se sumaron a las evidencias de desaguisado reñido con la moral pública.

La otra vertiente escandalosa la proporcionó el “teléfono delator” del financista de cabotaje Mauricio Novelli, gestor de la estafa con la criptomoneda “Libra”. Lo más preocupante que surgió de la filtración periodística del peritaje judicial fue la de pagos al presidente y su hermana por variados conceptos.

Traspaso de sumas modestas por promoción de los negocios de Novelli cuando el líder “libertario” era diputado. Y, sobre todo, un borrador de contrato en el que se prevé un traspaso inicial de cinco millones de dólares al ya presidente por su implicación activa en la promoción de la criptomoneda. Abundaron además detalles obscenos como el propósito de Novelli de festejar la concreción del negocio con una avalancha de gastos millonarios.

Algunos observadores consideran el affaire de los vuelos de Adorni como algo anecdótico. Y al caso Libra como un renuncio susceptible de ser factor de desprestigio a mediano plazo, pero cuya complejidad técnica disminuye su impacto público inmediato.

Tal vez se pueden relativizar ambas consideraciones. La foto en pandemia en el cumpleaños de Fabiola Yáñez hizo más en contra del gobierno anterior que otras cuestiones de mayor peso estructural. Podría ocurrir ahor algo similar. El “deslome” neoyorquino de Adorni ha sido una fuente de masivas ironías que tal vez queden en la memoria colectiva.

Los vericuetos del mundo krypto disminuyen su opacidad cuando comienzan a circular cifras millonarias atribuibles a actos de corrupción. Sumadas a evidencias del perfil de runfla de rasgos mafiosos de los “amigos presidenciales” que organizaron el timo.

El presidente viajero y sus dislates.

Otro campo de constataciones molestas en los días de marzo lo ha constituido la política exterior. O mejor expresado, el alineamiento automático y sobreactuado con las decisiones de Donald Trump y su aliado israelí. Que mal disimula la carencia de cualquier atisbo de política internacional propia. Se sumaron algunas performances presidenciales en su soñado rol de líder de las ultraderechas a escala mundial.

El “Escudo de las Américas” fue una reunión de mandatarios latinoamericanos obsecuentes hacia Donald Trump, que se reunieron una vez más para rendirle pleitesía. El jefe de Estado de nuestro país se encargaría luego de generar barbaridades en su torno, aún por encima de sus prácticas habituales. Comenzó cuando hizo al país parte del conflicto con su “Estamos ganando la guerra”, una irresponsabilidad autoevidente.

Siguió al autodenominarse “el presidente más sionista de la historia” en medio de consideraciones acerca de que Irán es el mayor enemigo de nuestro país. Completó la escalada el trader financiero que oficia de canciller. Pablo Quirno manifestó la disposición de Argentina de enviar recursos bélicos a los escenarios de conflicto. Pareciera que el ministro no tiene presente como terminó la audacia de Carlos Menem cuando mandó naves al Golfo Pérsico.

Lo saliente es que no está claro el destino de esta guerra. Si breve o prolongado, si exitoso para el gigante norteamericano y en qué medida. O si contiene el germen de una derrota resonante.

Mientras tanto hay políticos de nuestro continente, con Milei a la cabeza, que lo apuestan todo al triunfo de la injustificable agresión encabezada por Trump. Quien por añadidura da muestras cada vez más palmarias de que no tiene un mínimo de claridad estratégica acerca del rumbo del episodio bélico.

Integrados a la excursión estadounidense, las mayores patronales de capital local estuvieron en el show Argentina Week, en Nueva York. Aún con una presencia del empresariado estadounidense que algunos percibieron como poco nutrida. Desde Alejandro Bulgheroni a José Luis Manzano.

Algunos hasta anunciaron inversiones, como Marcelo Mindlin. Hasta hubo periodistas que dieron la interpretación de que el asunto Adorni había tapado la importancia de lo que fue un éxito.

Lo cierto es que nada de eso producirá alivio en la economía local. Ni siquiera hizo cesar las reprensiones al mandatario argentinos desde medios “proempresa”. Allí le reprochan su pelea pública con algunos de “los empresarios más importantes del país”, Paolo Rocca y Javier Madanes Quintanilla sobre todo.

En cuanto a los gobernadores provinciales, una mayoría de ellos acompañó a Milei al show. No tuvieron reuniones con el presidente. Fueron destratados. Cada uno procuró atar negocios con los empresarios estadounidenses por su cuenta. Magro saldo.

Habrá que ver si eso los hace variar de actitud. Es muy probable que prosigan en el talante de sumisión al gobierno. Por lo menos hasta que la cercanía de las elecciones del año próximo les imponga alguna definición.

Con el “opoficialismo” vergonzante no será fácil ganar sufragios. En varias jurisdicciones provinciales avanza el conflicto social. En el ya mencionado campo docente y en el del empleo público en general.

El propósito de proyección internacional del liderazgo “libertario” no se detuvo en el “gran país del norte”. El presidente viajó después a Chile para asistir a la asunción presidencial de otro ultraderechista, José Antonio Kast. Luego de una fugaz estada en nuestro país se dirigió a España y después a Hungría.

No lo llevó a esos dos destinos ninguna misión oficial. Sólo el afán de exhibirse en congregaciones internacionales de la ultraderecha. Reafirmación ideológica y pretensión de notoriedad entre sus correligionarios del mundo.

La reflexión suscitada en los medios locales estuvo acorde con esta etapa de sombras. La ironía que más circuló es la de que tenemos un mandatario que viaja por el mundo y en breves intervalos “visita” al país en el que encabeza el poder ejecutivo.

Señales de pérdida de consenso.

Es sabido que es relativa la confianza que puede brindarse a las encuestas en nuestro país. De cualquier manera cabe prestarles atención cuando son unánimes. Prácticamente todas marcan ahora una pérdida de sustento del gobierno: Menor confianza en el futuro, caída de la imagen presidencial.

 Se responsabiliza cada vez más a la gestión actual y no a la anterior de la mala situación del presente. La corrupción, el salario que no alcanza y el desempleo emergen como preocupaciones crecientes.

Cuando los estudios se dirigen al universo digital los resultados van en la misma línea. Se prodigan las menciones negativas al oficialismo. Aumenta la presencia favorable de las figuras más alejadas del oficialismo. Con Myriam Bregman a la cabeza, a tomar nota. Se percibe también un “silencio” de los influencers de la extrema derecha a la hora de la defensa frente a los crecientes escándalos.

Claro que todo esto oficia como una foto. No está establecido que vaya a ser duradero. Y menos aún irreversible. Lo innegable es que marca por lo menos un aletargamiento de la buena fortuna que pareció acompañar al gobierno desde las elecciones de octubre del año pasado. Tanto en el terreno económico como en el político, amén de lo relativo de esa separación.

El cuarto menguante gubernamental recién da lugar a algún síntoma de desperezo por parte de la principal oposición. Ocupa aún un lugar mayor la apuesta al resultado deletéreo del deterioro económico que a la construcción política por la positiva. Salvo que se tome como tal al efecto “tren fantasma”. El que propicia la unidad contra el mileísmo con cualquiera, dentro y fuera del peronismo.

Ya hemos señalado que el descontento social avanza. La voz de trabajadoras y trabajadores que pierden su empleo fortalece presencia y escucha favorable frente a la injusticia flagrante. El sendero de los paros, incluidos los de carácter general, puede abrirse paso. En los ámbitos barriales con sus asambleas crece otra vez la solidaridad con los más atacados. Les jubilades, por ejemplo

Algunas afrentas hacen mella por su impronta desalmada. Entre los apaleamientos casi cotidianos a la protesta social, tuvo lugar en los últimos días una nueva agresión policial contra quienes defienden a discapacitados y discapacitadas. No faltó quien quedó acorralado en su silla de ruedas frente a la represión. Postales nefastas que acaso no se releguen al olvido.

50 años de memoria y lucha.

Lo que seguro está guardado en la memoria y se volcará a las calles es el medio siglo que se cumple desde el inicio de la dictadura genocida. La que contó con el sustento decisivo de las grandes empresas, los políticos de la derecha y las autoridades eclesiásticas.

Además de la condena perenne a ese régimen sangriento, campean hoy ciertas coincidencias con el presente. Es indiscutible el “parecido de familia” del plan económico conducido por José Alfredo Martínez de Hoz con las políticas actuales.

A 50 años de distancia y en un mundo muy diferente, el sentido de clase de ambos momentos es el mismo: La ofensiva del gran capital contra la clase trabajadora. Y la pretensión de los dominantes hacia el silenciamiento perpetuo de la movilización social y de las conciencias cuestionadoras. De “los zurdos”, en términos coloquiales.

Le suma fuerza a la evocación movilizada del aniversario el inaudito intento de reivindicación de la acción dictatorial por parte del gobierno actual. Que no se priva de proyectos de indulto a los genocidas.

Cabe insistir, los ideólogos “libertarios” no se quedan en “negacionismo”, mucho menos en la teoría de los dos demonios. Celebran la orientación política y socioeconómica y el derramamiento de sangre que hizo la dictadura. Tal vez algún nuevo video provocador, similar al del año pasado, subraye una vez más esas posiciones inadmisibles.

Por todo eso, resulta más que relevante que los espacios públicos de todo el país se llenen de manifestantes en pro de la memoria, la verdad y la justicia. Que hoy son también voces portadoras de la protesta del presente. Contra el atropello regresivo de las políticas en curso en todos los campos de la sociedad, la economía y la cultura.

Si se consigue un 24 de marzo “como nunca” será un síntoma elocuente de que puede suscitarse un cono de sombras prolongado. El que afecte al transcurso y las perspectivas futuras del huracán reaccionario que ha sacudido a la sociedad argentina. La que parece tomar conciencia de que no se encuentra frente a “locuras” individuales ni a una “pesadilla” pasajera.

La ingrata experiencia no será superada por el mero transcurso del tiempo ni corregida por el sentido del voto en el próximo turno electoral. Requiere un combate estratégico de largo alcance, que no deje capacidad de recuperación a la ofensiva reaccionaria. Una contraofensiva cuya denominación conceptual e histórica no es otra que lucha de clases.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.