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El 18 de julio de 1936 suele ser mencionado como el día del “estallido de la guerra civil española”. No hay tal cosa. No fue el “estallido” de un choque entre bandos equivalentes. Sino el momento de un golpe llevado a cabo por militares, con el apoyo indisimulado del gran empresariado, los terratenientes y la Iglesia. Y la activa complicidad de las grandes potencias fascistas.
Una porción significativa de les habitantes de la capital del país aspiran a que su ciudad quede “limpia” de quienes no alcanzan las pautas que ellos creen hacen acreedor a una vida vivible. Son los mismas que hace décadas le dan el voto a quienes casi nunca proporcionan ninguna mejora que no esté dirigida al beneficio capitalista.
La calurosa recomendación de un contacto en redes sociales llevó al autor de estas líneas a la relectura de los textos de Jean Paul Sartre referidos a su temprana estada en el escenario de la revolución cubana. Fue en el inicio de la radicalización que luego llevaría a ese proceso al objetivo de construcción del socialismo. Y a la definición del marxismo como la filosofía que daba sustento a las transformaciones en curso.
El gobierno de Javier Milei intenta recuperarse después de los meses de parálisis y conflictos internos que se autoinfligió en la defensa de una figura intrascendente que combinaba en dosis similares la deshonestidad y la torpeza. Hasta ahora no parecería encontrarse frente a obstáculos decisivos.
Un joven de 31 años, vinculado con organizaciones de izquierda, de nombre Raúl Alterman, fue asesinado el 29 de febrero de 1964 en la ciudad de Buenos Aires. El crimen se relacionaba con otros dos homicidios, cometidos por venganza en esos mismos días. Las otras muertes tuvieron lugar en Rosario, provincia de Santa Fe.


