Xulio Ríos

Artículos

Ante el relevo en la Casa Blanca, hay quien se afana en propagar la idea de que China y EEUU están encerrados sin remedio en una confrontación ideológica y geoestratégica esencial. Que si Washington quiere evitar, en definitiva, la disminución fundamental e irreversible de su estatus mundial, si ansía incluso conjurar el desmoronamiento de la civilización occidental, actualmente en peligro mortal, no tiene otra opción que radicalizar las represalias contra China y destruir de raíz su sistema político.

Desde 1949, el PCCh, fundado en 1921, es la columna vertebral del sistema político chino. Tras más de 70 años en el poder, la sociedad china se debate entre el orgullo por los logros del país bajo su gestión y el escepticismo respecto a la viabilidad última de un modelo a contra corriente de las tendencias democratizadoras globales. Algunos elementos deben tenerse especialmente en cuenta para comprender su persistencia, actual estatus y desafíos.

Trump se despide del cargo despachándose a gusto contra China: desde imposición de nuevas sanciones a altos funcionarios y empresas hasta la supresión de las “autolimitaciones” en los intercambios con Taiwán o acusaciones a la carta ya nos refiramos a la religión, derechos humanos, Hong Kong, Tíbet o Xinjiang.

Prácticamente in extremis respecto al objetivo planteado de su conclusión en 2020, la UE y China lograron suscribir el pacto bilateral de inversiones en medio de críticas y no poco escepticismo.

Taiwán, más incluso que las tensiones en el Mar de China meridional, se ha convertido en un referente muy actual del conflicto sino-estadounidense. A la espera de conocer los contornos de la actitud de la Administración Biden, durante el mandato de Donald Trump, el acercamiento entre Washington y Taipéi ha marcado una diferencia sustancial con respecto a administraciones anteriores desde la normalización de los vínculos diplomáticos (1978).

En buena parte de la sociedad china siempre ha existido una cierta admiración por “Meiguó”, los Estados Unidos, literalmente “país hermoso”. Incluso entre las élites se puede hablar de una especie de sana envidia hacia el poder y el desarrollo de dicho país. El viaje que Deng Xiaoping realizó a EEUU en enero de 1979, en plena guerra fría con la URSS, fue decisivo para certificar el sentido inicial de la reforma y apertura que China iniciaba entonces para dejar atrás el maoísmo.

China 2021 (y VIII)

El próximo año será de especial importancia en el proceso de modernización de China, señaló el Buró Político del PCCh en una de sus últimas reuniones de 2020, reclamando esfuerzos para garantizar un buen comienzo del periodo del XIV Plan Quinquenal (2021-2025) y excelentes logros para celebrar el 100º aniversario de la fundación del PCCh. En la misma sesión, los máximos dirigentes chinos subrayaron su adhesión a la nueva filosofía de desarrollo, la “circulación dual”, reclamando esfuerzos para formar un nuevo paradigma así como enfocarse en el impulso del crecimiento de alta calidad.

China 2021 (VII)

La seguridad y la defensa han ganado relevancia en la agenda china en paralelo a su vasto programa de modernización de las fuerzas armadas y a la paulatina concreción de sus intereses en este ámbito, circunstancia que activa la reacción de terceros, en especial de EEUU, temeroso de verse irremediablemente desplazado.

China 2021 (VI)

Tras un año de enorme complejidad en las relaciones bilaterales China-EEUU, el cambio de administración en Washington despierta la esperanza de un cambio de rumbo.

China 2021 (V)

Para China, y desde hace ya algunos años, la cuestión ambiental se ha convertido en un asunto de la máxima importancia, inseparable de la transformación de su modelo de desarrollo. Entre las “tres duras batallas” enunciadas por el liderazgo chino se incluye la lucha contra la contaminación, lo cual la señala rotundamente como una prioridad política.

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