Rosa Miriam Elizalde


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El veredicto de la abrumadora mayoría de los países que integran Naciones Unidas en favor del levantamiento del bloqueo a Cuba, emitido el miércoles contra el gobierno de Estados Unidos, es más que una victoria diplomática de la isla que llega puntualmente cada año desde 1992, salvo en 2020, cuando la resolución del gobierno de La Habana no se presentó por el auge de la pandemia.

La insistencia con que funcionarios del gobierno de Estados Unidos repiten que Cuba no es una prioridad, recuerda una canción de Ricardo Montaner que le dice más o menos lo mismo a un amor desdeñoso. Sólo que en el caso que nos ocupa los hechos desmienten las palabras.

Peor que olvidar la historia es retorcerla para avivar el resentimiento. Lo dice el historiador británico Peter Brown y del otro lado del Atlántico, en el hotel Biltmore de Miami, piden considerar la invasión a Cuba.

Recuerdo los epitafios escritos por adelantado hace 30 años. Mientras se desmoronaba la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, los sabios de la tribu vaticinaban que Cuba no resistiría sin el oro de Moscú ni podría soportar la entropía del socialismo real con el añadido de las presiones estadunidenses. Con la pala en alto, los enterradores esperan, escribió en 1992 el escritor uruguayo Eduardo Galeano.

«Clandestina», un pequeño negocio privado que vende ropa con diseño nacional en La Habana vieja, colgó este mensaje en Facebook el 7 de noviembre: se acabó el drama. Resumió en cuatro palabras la sensación colectiva de alivio ante la noticia de que habrá nuevo presidente en Estados Unidos a partir del 20 de enero.

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