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Entrevista a Veruscka Cavallaro, periodista venezolana y productora de ViVe-Televisión

«No me interesa entretener ni que me entretengan, yo quiero comprometer y que me comprometan. Para eso estamos haciendo esta revolución»

Fuentes: Rebelión

Periodista comprometida, la venezolana Veruscka Cavallaro empezó a trabajar en ViVe Televisión en agosto de 2004 como analista de contenidos e información y desde hace dos años, en ese mismo medio, comparte tareas de producción en la elaboración de tres programas: «Real y Medio», «Desde la base» y «La hora de los mangos». Ha trabajado […]

Periodista comprometida, la venezolana Veruscka Cavallaro empezó a trabajar en ViVe Televisión en agosto de 2004 como analista de contenidos e información y desde hace dos años, en ese mismo medio, comparte tareas de producción en la elaboración de tres programas: «Real y Medio», «Desde la base» y «La hora de los mangos». Ha trabajado también en Venezolana de Televisión y en TeleSur y colabora en el programa de Radio Nacional de Venezuela «Pasión por el discurso». Actualmente está elaborando un estudio sobre la televisión, cuyas potencialidades revolucionarias defiende en esta entrevista con una convincente combinación de pasión y buenos argumentos.

1. ¿Cuándo nace Vive-TV?

Formalmente ViVe nace el 11 de noviembre de 2003. Ese es el día que celebramos cada cumpleaños del canal pero el embrión de ViVe se gesta, a mi parecer, en el Golpe de Estado de 2002. Recuerda que la noche del 11 de abril de 2002 las fuerzas fascistas cerraron a Venezolana de Televisión -televisora estatal, nuestra hermana mayor, por decirlo de alguna manera. En ese instante miles de venezolanos quedamos expuestos a la manipulación, tergiversación y mentiras de los medios de difusión golpistas. Como si se tratara de una misma estación los canales bloquearon la información de lo que sucedía en las calles de Venezuela y cada uno, en un evidente acuerdo, transmitieron horas de dibujos animados y, como si se tratara del mismo programa repetido en cada una de esas pantallas -acá lo llamamos cadenas-, todas dieron vivas y salves al dictador designado: Pedro Carmona Estanga (para entonces el presidente de FEDECAMARAS).

Fue una crisis de apenas horas, quizás 48, pero fue suficiente para que todos entendiésemos -funcionarios de gobiernos, militares patriotas, estudiantes, chofer de tránsito, curas comprometidos, madres, hermanos, hijos- la importancia de tener un medio de información de cobertura nacional al servicio de la causa revolucionaria; y también entendimos, ese 11 de abril, lo vulnerables que nos volvía, mediáticamente, que fuese uno solo el canal del Estado. La Revolución Bolivariana nunca contó, ni contaremos, con las empresas privadas de difusión masiva, somos contrarios a los intereses de clase de los dueños de los medios comerciales.

2. ¿Con qué objetivos nace?

El nombre de ViVe es la contracción de una frase: Visión Venezuela (por eso sus dos «v» son mayúsculas). Teníamos que contarnos a nosotros mismos quiénes éramos (porque se nos estaba olvidando), qué estábamos haciendo (para sorprendernos y darnos fuerza) y qué queríamos hacer (para soñar juntos). Y todo eso -para que tenga sentido, para que sea real- no se puede decir desde un estudio de televisión. La pantalla de ViVe es para que nos regalemos nuestras historias de vida y lucha desde nuestros espacios. Desde la parroquia, el barrio, la calle, el patio, la enramada, la cocina hacemos nuestros programas.

Y además nace para desmontar a los medios de difusión, la maquinaria de entretenimiento; en ViVe se develan los valores, los atropellos, las injusticias y las políticas del sistema capitalista. Sí, hablamos mucho del capitalismo y, también, del socialismo, de la integración Latinoamericana, de los movimientos sociales, de la tenencia de la tierra, de nuestras culturas ancestrales, de nuestro patrimonio histórico, artístico, natural; de biodiversidad y de ecología. ViVe nació para los temas y para las personas que estábamos vedados en la televisión.

Fíjate, en ViVe no vas a encontrar anoréxicos modelos de publicidad vendiendo la muerte en un hermoso empaque; tampoco reinas de belleza que nos aseguren que la meta de una mujer es ser quirúrgicamente otra; ni periodistas y presentadores estrellas que re-elaboran el mundo según las necesidades del mercado. Pero sí disfrutarás, durante toda su programación, de las historias y saberes de campesinos, trabajadoras, indígenas, afrodescendientes, militantes, pescadores, albañiles.

ViVe es una televisora esencialmente educativa. Y educa para la liberación.

3. Pensamos en la televisión como en una cosa que se ve y no como en una cosa que se hace. ¿Quién debe hacer la televisión?

Sí, es muy común que la gente no piense que detrás de una imagen de TV hay camarógrafos, directoras, sonidistas, productoras, editores, electricistas, choferes y muchos otros y otras que hacen posible, con su trabajo, que esa imagen exista y que esa imagen se vea. La tele siempre se piensa como una cadena de imágenes que parecen brotar de la nada.

Es gracioso cómo me haces la pregunta. Hace unos días conversé con una amiga -ella es realizadora- sobre ese tema, así como lo planteas. Discrepamos en nuestros puntos de vistas y las diferencias se centraron en la estética del producto final -cosa que le preocupa mucho a los realizadores- más que el objetivo del programa.

Si la televisión es para todos, entonces la deberían poder hacer todos los quisieran hacer televisión. A mi me gusta mucho el lema de Catia TV -una TV comunitaria de Caracas- «no vea televisión, hágala». Es mucho más fácil que en una TV comunitaria la gente tenga las puertas abiertas para que «haga» televisión; la televisión es un pretexto para la organización de la comunidad. Hay como resultado un programa en la parrilla pero lo que más importa es que ese espacio físico se convierte en un lugar de debate y de encuentro para los vecinos.

En ViVe comenzamos un proyecto que busca que las comunidades intervengan más activamente en la producción de los programas: Los Consejo Populares de Comunicación (CPC). Y cuando digo más activamente hablo del manejo del equipo técnico por que, por ejemplo, en los programas en donde trabajo como productora son las comunidades quienes generalmente proponen los temas.

4. ¿Cómo debe hacerse?

Mira, Santiago, yo creo que la televisión sólo debe existir con los fines que persigue ViVe. Los Estados responsables deben preocuparse por la educación ciudadana y de sus ciudadanos. Creo que la televisión no debe estar en manos privadas pero, además, debe ser verdaderamente pública.

Te puedo decir cómo hacemos los programas donde yo participo: conversando. Se conversa muchísimo tras de cámaras y, luego, se sigue conversando frente a ellas. Si un Consejo Comunal quiere mostrar los logros de estar organizados conversamos con la Ley de Consejos Comunales en la mano; leemos los artículos que se están cumpliendo con sus acciones, visitamos la cancha deportiva que se recuperó con el crédito otorgado al Consejo Comunal -aprovechamos y hacemos tomas del espacio y de las personas que estén disfrutando de él-. Si el Consejo Comunal nos llama porque está molesta con una institución del Estado que no ha cumplido con sus obligaciones, nos sentamos a conversar del problema, de cuáles han sido las acciones que ha emprendido la comunidad para resolverlo, nos aseguramos -correspondencias en mano- que hayan agotado las instancia y, allí, decididos, el canal y la comunidad solicita a la Institución que asista al programa para tratar conjuntamente, en una mesa de discusión, el conflicto. A veces se llega a acuerdos, a veces no.

¿Cómo se debe hacer televisión? Asumiendo que cada programa es una responsabilidad con los otros y con la expectativa de aprender algo nuevo. Se necesita tiempo para la producción de programas así, la relación es de compañeros, no puede ser invasiva; se debe escuchar los planteamientos de quienes nos invitan y se debe tener tiempo para llegar a acuerdos de cómo vamos a abordar la temática en tan sólo 45 minutos.

¿Cómo se debe hacer televisión? Pensando en el mejor provecho para el que hace el programa -la comunidad que nos llama- y para los que luego lo verán. Siempre digo en esas reuniones -que son varias antes de grabar- que recuerden que tenemos la oportunidad de contarle a otras comunidades, del resto del país, cómo han alcanzado la realización de sus proyectos o cómo han resuelto ellos ante un conflicto determinado; que lo que decimos en las pantallas les servirá a los otros para animarse o para entender la lógica de los procedimientos cuando se enfrenten a una institución. Es importante que la gente se sepa modelo para los otros, se llenan de orgullo.

5. Algunas personas con las que he hablado coinciden en que Vive es una buena televisión pero que es «aburrida». ¿Puedes defender el aburrimiento? ¿Crees que hay que hacer concesiones a formatos más «divertidos», pero potencialmente peligrosos, o tratar más bien de reivindicar las largas duraciones -las del análisis y la narración? ¿Se puede hacer eso desde la televisión?

Tendría que pedir, en primer lugar, que me definan «aburrido» y que me definan «divertido». Hace unas horas mantuve una conversación telefónica con una persona que estimo mucho. Me decía que ViVe era demasiado «aburrido» y que, por ejemplo, si había dos programa, uno de ViVe y otro de la BBC, con una comunidad a las márgenes del río Arauca él prefería ver el de la BBC. Yo no desestimo la labor de los documentalistas pero, justo en este momento, estoy presentando un trabajo que tiene que ver con la construcción del mensaje; allí está la diferencia. Los documentales tienen una estructura que se hila -de situación a situación- mediante la voz en off del realizador o carteles escritos. El realizador ha reflexionado la realidad que presenta, él plantea la problemática a través de los protagonistas y edita las acciones para facilitar la comprensión del gran público. Un documental, generalmente, es un producto predigerido por el realizador y el editor. El conflicto lo debe presentar el drama mostrado, no se lo debemos acusar a los otros obligándoles a un proceso reflexivo innecesario.

Pensar implica un esfuerzo que, en algunos casos, puede «aburrirnos» -sobre todo si estamos cansados-. En la realización de nuestros programas jamás he tenido que actuar como mediadora que predigiere la realidad para contarla. Mi trabajo consiste en ayudar a la comunidad a priorizar: que eso que quieren decir lo puedan decir en 45 minutos. Nada de lo que tiene que hablar la comunidad es innecesario pero a veces hay muchas cosas y, por razones de tiempo, no caben todas. Si ese es el caso, en consenso, acordamos que lo que se sale del tema central sólo se nombre (sin tratarlo a fondo) o lo dejemos para otro programa (que acordamos allí mismo). Exponer toda la problemática hace denso un programa, es verdad, pero la razón de ser de ViVe es mostrarnos tal cual somos y eso implica la totalidad de nuestras realidades. Y eso sucede en nuestros conversatorios -que son el género de programas que produzco- o nuestros documentales.

La otra cosa que vuelve «aburrido» a ViVe es la estructura narrativa, que casi siempre es lineal. En ViVe hay pocos «saltos» narrativos y el tiempo es bastante «real». Los programas de cocina en ViVe son muy bonitos y mientras se hace un sabroso «chivo en coco» se conversa de política, de la situación de la comunidad, de cómo le quedaba de bueno a la abuelita el chivo y de los médicos de «Barrio Adentro». Y entre el aderezo y las políticas del ALBA hicimos un chivo en coco que está para chuparse los dedos.

Después de los talleres que hicimos con los cubanos en el marco del convenio ALBA, en La Hora de los Mangos -uno de los programas donde produzco- entendimos que podíamos incluir pequeñas entrevistas de calle para reforzar la discusión y que si hacíamos tomas de los alrededores (que previamente se editan y se musicalizan según el tema del programa) el programa ganaba más realidad.

Y los cubanos -Salvador, Roger y Rita, que son hermosísimas personas con las que nos escribimos cada vez que podemos- entendieron la razón por la que no llevamos guiones -sugirieron hacer, entonces, escaletas para agilizar el trabajo-; y porqué no descartamos y, por el contrario, defendemos fieramente la presencia de desdentados, de manos sucias de grasa o tierra. Estos, los pobres, los feos, los sucios, los mal hablados siempre fuimos omitidos por no ser telegénicos, sin importar si teníamos algo que decir.

Convengo en que los «saltos» son un buen recurso narrativo siempre y cuando no implique sacrificar el ritmo necesario para la reflexión, y también creo que podemos usar más imágenes que refuercen el tema; como nos dijo Salvador: somos muy «argumentativos». Si habla un grupo de costureras es bueno mostrar acciones dentro de su trabajo. Hace poco hicimos un programa en donde conversábamos del Banco de la Mujer -que es un gran proyecto del proceso revolucionario: préstamos de bajo interés para los más pobres-, pues conversamos haciendo pan, ellas eran beneficiarias de los créditos del Banco.

Y debo insistir: qué se entiende por «divertido» y cuál es el objetivo de «entretener» a las personas. La verdad es que no me interesa entretener ni que me entretengan, yo quiero comprometer y que me comprometan. Para eso estamos haciendo esta revolución.

6. Hablemos no de la televisión sino del espectador. ¿Cómo imaginas tú al espectador del socialismo? Has explicado cómo se hace la televisión. ¿Cómo crees que se hacen los espectadores?

En el socialismo no puede haber espectadores. En el socialismo no podemos conformarnos con mirar lo que los otros hicieron. La pasividad de los televidentes, los espectadores, la audiencia y los consumidores -todos sinónimos- son muy apropiados para el sistema capitalista y sus políticas de mercado. El socialismo precisa ciudadanos. La televisión se debe entender como un servicio público y en la Red de Medios Públicos -radios y televisoras estatales- hablamos de usuarios, les hablamos a los usuarios de nuestros medios. En el socialismo debemos participar de todo y, en materia de medios de difusión masiva, tendríamos que estar presentes en todos los procesos: desde la realización de programas hasta la supervisión crítica de lo que se difunde.

En la Ley de Responsabilidad Social para Radio y Televisión, acá en Venezuela, se prevé la conformación de comités de usuarios, aún no hay un movimiento de usuarios que hagan supervisión a la programación pero creo que al final se desarrollará. El debate sobre la importancia de los medios de difusión está abierto y es continuo; además que no está restringido a académicos y especialistas… es para todos y se hace en los cafés, las paradas de autobuses, los mercados, en fin, se desacralizó la suprema sapiencia de los medios omnipotentes. Yo espero que un día muy próximo los usuarios restrinjan las funciones de los medios -de manera conciente- a las educativas; porque, y lo he dicho en otros lugares, mientras informa y recrean, educan. Hay que dejar de pensar en ellos como «recreativos» o «informativos»; los medios nos forman en una manera de entender el mundo y debemos aspirar a que sea en la construcción de ciudadanía no podemos seguir permitiendo que lo hagan en función de las necesidades de mercado.

Enlace a ViVe-TV: http://www.vive.gob.ve/