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El periodista Pascual Serrano publica Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo (Akal)

Propaganda oficial y voces silenciadas en la guerra de Ucrania

Fuentes: Rebelión

Suma 135 días de detención en Polonia. El periodista y politólogo Pablo González Yagüe (Moscú, 1982) ha cumplido más de cuatro meses en prisión provisional, sin la posibilidad de ejercer el periodismo, comunicarse regularmente con la familia y su abogado de confianza.

La situación (de “silencio total”) está produciéndose “con el beneplácito del Gobierno de España, que más allá de las tres visitas consulares, ha seguido poniéndose de perfil, permitiendo a Polonia vulnerar hasta 18 artículos de la Carta de Derechos Fundamentales de la UE”, denunciaron compañeros y familiares el pasado 7 de junio en el blog y redes sociales (@FreePabloGonz).

El 28 de febrero Pablo González fue capturado en la ciudad de Przemysl (frontera de Polonia y Ucrania), cuando informaba acerca del conflicto en este país de la Europa Oriental; colaborador de medios como Público, La Sexta y Gara, sobre el reportero pesa la acusación de espionaje a favor de la Federación de Rusia. Sin embargo, “no se ha presentado una sola prueba incontestable en su contra”, critican los grupos de apoyo.

No se trata del único caso que afecta a la libertad de información. En marzo el Consejo de la UE, que representa a los gobiernos de los Estados miembros, aprobó la “suspensión urgente” de las actividades de radiodifusión de los medios estatales rusos RT-Russia Today y Sputnik “en la UE o dirigidas a ésta”.

El alto representante de la UE para Asuntos Exteriores y Políticas de Seguridad, Josep Borrell, recordó el 2 de marzo: “Ya habíamos impuesto sanciones anteriormente a la dirección de RT, en particular a su redactora jefe, (la periodista Margarita) Simonian”. El 3 de junio el Consejo prohibió en la UE otros tres medios rusos: RossiyaRTR/RTR Planeta; Rossiya 24/Russia 24 y TV Centre International.

Una de las herramientas para problematizar la verdad oficial es el último libro del periodista Pascual Serrano, titulado Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo, publicado en junio por Akal.

Entre las claves del ensayo destaca la siguiente, en palabras del autor: “La campaña actual sobre la guerra de Ucrania no sólo se ha destinado (…) a considerar válidas las versiones de Estados Unidos y la OTAN sin necesidad de más investigaciones y pruebas, sino también a atacar a cualquiera que las ponga en duda”.

Entre los ejemplos mencionados por Pascual Serrano, figura la masacre en la ciudad ucraniana de Bucha, cerca de Kiev, de la que los medios informaron –con imágenes de víctimas civiles- en abril.

El Kremlin rechazó las acusaciones que relacionaban al ejército ruso con la matanza de Bucha. El periodista recuerda que llegó a calificarse de “negacionistas” a quienes pedían una investigación independiente; además se omitieron los adjetivos “presunto” y “supuesto”, utilizados en otras informaciones.

Tal vez otros hechos y reflexiones tampoco han suscitado interés, o considerado un bulo. Por ejemplo, las declaraciones del jefe de las tropas de protección radiológica, química y biológica de Rusia, Igor Kirillov, recogidas por la agencia Tass el 7 de marzo: “El Ministerio de Defensa ruso ha llamado repetidamente la atención sobre los programas biológico-militares que el Pentágono está implementando en el espacio postsoviético”.

En el caso de Ucrania, detalló Kirillov, “se creó una red de más de 30 laboratorios biológicos. Algunos de ellos son laboratorios de investigación y otros, sanitarios-epidemiológicos”.

La Embajada de Estados Unidos en Kiev da cuenta, en su página Web, de la colaboración entre el Programa de Reducción de Amenazas Biológicas del Pentágono y el Estado ucraniano.

Así, “el Departamento Sanitario-Epidemiológico (SED) del Comando Médico del Ministerio de Defensa de Ucrania recibió cuatro laboratorios móviles de la Agencia de Reducción de Amenazas de Defensa (DTRA)” del Pentágono, “con el objetivo de reforzar el sistema de vigilancia epidemiológica en las Fuerzas Armadas de Ucrania”.

En Prohibido dudar pueden leerse noticias como la difundida por la agencia Efe el pasado 11 de marzo: “La OTAN ‘rastreó’ la trayectoria de vuelo del dron que se estrelló en Zagreb”; la agencia cita como fuentes a la Alianza militar y al Gobierno de Croacia; el teletipo apunta que la aeronave no tripulada (de fabricación soviética) sobrevoló -además de Croacia- otros dos países de la OTAN, Rumanía y Hungría.

El primer ministro Croata, Andrej Plenkovic, subrayó que el “incidente” revela la necesidad de una colaboración mayor en el marco de la organización militar. Sin embargo, en las tres últimas líneas, el comunicado señala que tanto Rusia como Ucrania declinan su responsabilidad en el lanzamiento; y en el segundo párrafo, que las autoridades croatas están realizando una investigación.

El también autor de Desinformación (2009) y Traficantes de información (2012) dedica un aparatado a las voces silenciadas que rompen el discurso único; entre otras, la del director del Institute of Security Policy de Shanghai, Lanxin Xiang, entrevistado por el periodista Lluís Amiguet en La Vanguardia (La invasión de Ucrania no tiene justificación pero sí causas, 14 de marzo).

Una de las razones apuntada por el geoestratega chino es que Putin “no puede permitir que instalen bases militares de otra superpotencia en su frontera; ¿permitió Kennedy que la URSS instalara sus misiles en Cuba? Casi inicia una guerra nuclear para impedirlo (…) ¿Se imagina a Biden permitiendo que China instale una base militar en Panamá?”.

Otra voz disonante del consenso, destaca Pascual Serrano, es el Centre Delàs d’Estudis per la Pau; según una de sus investigadoras, Tica Font, “creo que no se ha hecho una verdadera apuesta diplomática para evitar el conflicto”; asimismo, “en dos años veremos que el material bélico que ahora está en manos de la población civil, acabará en manos de las mafias y el crimen organizado” (programa Solidaris, Catalunya Ràdio, 25 de marzo).

Prohibido dudar incluye -en las conclusiones- el testimonio del papa Francisco, que el 10 de abril en la plaza de San Pedro, pidió el cese de la guerra en Ucrania, y una tregua para lograr la paz mediante unas negociaciones; por el  contrario, la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, del Partido Demócrata, afirmó -tras un encuentro con el presidente Zelenski en Kiev- que Estados Unidos apoyará a Ucrania “hasta obtener la victoria” en el conflicto (Efe, 1 de mayo). 

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.