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Represión y asesinatos de las fuerzas represivas del Estado en democracia

Fuentes: Editorial Virginia Bolten

Millones de personas coparon las calles para recordar las personas detenidas-desaparecidas en la última dictadura cívico-militar-eclesiástica que cumplió 43 años este último 24 de marzo en este territorio nombrado Argentina. Ya en el camino a la movilización, jóvenes gritaban en el subte «¡Macri, basura, vos sos la dictadura!» seguido por el clásico «¡30 mil compañeros […]

Millones de personas coparon las calles para recordar las personas detenidas-desaparecidas en la última dictadura cívico-militar-eclesiástica que cumplió 43 años este último 24 de marzo en este territorio nombrado Argentina.

Ya en el camino a la movilización, jóvenes gritaban en el subte «¡Macri, basura, vos sos la dictadura!» seguido por el clásico «¡30 mil compañeros detenidos desaparecidos, presente!». Los cantos también hacían memoria a los intentos frustrados del presidente de cuestionar la cantidad de personas desaparecidas durante el período dictatorial, mientras señoras dejaban caer las lágrimas de un dolor colectivo, tan presente en las calles argentinas y en cuerpo social de un pueblo que no olvida, no perdona y no reconcilia con los verdugos, basura de la historia -como decía el periodista desaparecido Rodolfo Walsh-.

Los relatos de les sobrevivientes de este período histórico dan cuenta de desapariciones forzadas, torturas, plan sistemático de apropiación de niñes, asesinatos, manipulaciones mediáticas y jurídicas, persecuciones y encarcelamiento a militantes políticos, endeudamiento del país, sistemáticas violaciones a los derechos humanos. Lo que parece ser una película del pasado, que debe ser acordada para que no se repita, también interpela un presente no muy distinto.

El gobierno de Mauricio Macri es una evidencia que el período llamado democracia aún guarda algunas prácticas utilizadas en la dictadura. Lo más emblemático -además de perceptible por el conjunto de la sociedad- son las medidas tomadas por la Ministra de Seguridad, Patricia Bullrich. Una entusiasta de la represión a la protesta social y de línea «mano dura» contra toda y cualquier forma de crítica hacia el gobierno. El retorno del enemigo interno a través de la persecución y asesinato de militantes, la amenaza a les luchadores sociales que denuncian el hambre y el deterioro de las condiciones de vida impuestas por el retorno al Fondo Monetario Internacional, a las políticas de ajuste y sumisión a los órganos financieros internacionales, la ampliación del cuerpo represivo estatal y el acercamiento con los gobiernos de Israel y Brasil, dejan una pregunta sin respuesta sobre lo que sería -de hecho- la democracia.

Durante el gobierno de la alianza CAMBIEMOS se incrementó notablemente la represión del Estado de la mano de Bullrich a medida que deterioró la economía. La Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional (Correpi) denunció el incremento de asesinatos por parte del Estado y sus fuerzas represivas; en el año 2018 asesinaron a 1 personas cada 22hs. Asimismo, hubo un incremento de más del 50% de personas privadas de su libertad. Se agudizó la criminalización de las personas migrantes y se incrementó fuertemente el dinero destinado a máquinas de matar.

América Latina vive una realidad de golpes blandos que no se permite caracterizar como dictadura propiamente dicha, el hecho de no haber un cambio de régimen, sin embargo, no puede ser el factor único que desvele la cara represiva y violenta de los estados con el objetivo de manipular la verdad y cometer crímenes de lesa-humanidad. La partidización jurídica, que pasa por encima de todo lo que es conocido como «republicanismo» y que pone en duda el pacto democrático, se vale de la desinformación y pavimenta el camino para el ascenso de un neo-fascismo cuyo impacto ya se puede sentir en el tejido social y que es agravado por la última -y tal vez más importante- crisis del capitalismo.

Como ejemplo se puede citar a Bolsonaro en Brasil -que cuenta con la simpatía de Bullrich-, pero también Trump en Estados Unidos y Netanyahu en Israel, ambos considerados aliados estratégicos de Macri. No es de menor importancia que todos estos gobiernos estén alineados sobre la intervención golpista en Venezuela. Otro cuestionamiento que queda dando vueltas es: ¿actualmente el cambio de régimen es necesario para la implementación de gobiernos autoritarios?

A pesar de todo el avance de los que desean retirar derechos y golpear a los sectores más vulnerables de la sociedad, la respuesta del pueblo aún da esperanzas que se pueda apelar a alguna ética que restaure la práctica política y devuelva al pueblo su lugar, el de hacedores de su propia historia. Lo que preguntamos desde Virginia Bolten es: ¿No hay una legitimación a partir de esta democracia de prácticas dictatoriales?

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.