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Telemadrid: pseudoperiodismo y pseudociencia

Fuentes: Crónica Popular

El pasado 6 de octubre la cadena pública Telemadrid emitió un reportaje dentro del espacio Dossier Telemadrid, reportaje que llevaba el título Los rostros de la violencia callejera (http://www.telemadrid.es/programas/dossier-telemadrid/dossier-tm-los-rostros-de-la-violencia-callejera); un genuino ejercicio de propaganda y manipulación. Qué hacía yo viendo Telemadrid y cómo fui capaz de tragarme semejante bodrio (aunque no entero, que conste) son […]

El pasado 6 de octubre la cadena pública Telemadrid emitió un reportaje dentro del espacio Dossier Telemadrid, reportaje que llevaba el título Los rostros de la violencia callejera (http://www.telemadrid.es/programas/dossier-telemadrid/dossier-tm-los-rostros-de-la-violencia-callejera); un genuino ejercicio de propaganda y manipulación. Qué hacía yo viendo Telemadrid y cómo fui capaz de tragarme semejante bodrio (aunque no entero, que conste) son preguntas demasiado escabrosas que tiene que ayudarme a responder mi psicoanalista; de momento dejo aparcado mi masoquismo para centrarme en algunas consideraciones que creo que merece el reportaje.

En este caso, quiero referirme a los servicios que viene prestando la psiquiatría a la derecha más extrema de nuestro país. Y aquí, como se sabe, hay una larga tradición que se remonta a la psiquiatría del régimen franquista, con Vallejo Nájera a la cabeza. Por cierto, que, como también se sabe, Antonio Vallejo Nájera, el «Mengele español», tiene todavía calle en Madrid, a pesar de que lo prohíbe la Ley de Memoria Histórica, que, pese a ser bastante impresentable, al menos podría cumplirse por parte de nuestro gobierno. No es que me caiga del guindo y piense que el Partido Popular va a cumplir la Ley de Memoria Histórica, pero como el primer argumento que tiene siempre que las cosas no van a su gusto es que «hay que cumplir las leyes» (véase el tema Cataluña u otros que no se ciñen al guión del partido), creo que si no quiere cumplir esta, debería derogarla, que para eso tiene una mayoría más absolutista que absoluta, lo cual le da todavía más margen para hacer lo que quiera con ella, sin que sirva el mal ejemplo de no cumplirla.

Pero volvamos al publirreportaje de Telemadrid. Hablaba antes de los servicios que la psiquiatría ha prestado tradicionalmente a la derecha, y, por extensión, al poder, que es el lugar natural de la derecha, sobre todo cuando es abusivo. No quiero decir con esto que en otras órbitas ideológicas los psiquiatras no hayan echado una mano al poder: los críticos del estalinismo también eran objeto de atención de psiquiatras prestos a certificar su mal estado mental, que además tenían que reconocer en sus vergonzosas declaraciones de arrepentimiento. También hay una buena tradición en Estados Unidos, donde la «drapetomanía» era el diagnóstico para los esclavos que querían huir. En la época, la drapetomanía se definía como el «ansia de libertad» de los esclavos. Seguro que aquí en nuestro país durante el franquismo había muchos «drapetómanos». Esa etiqueta ya quedó obsoleta; ahora el DSM, la clasificación universalmente aceptada de trastornos psiquiátricos, se ha actualizado y, por ejemplo, es de plena actualidad el «trastorno de oposición desafiante», que podría aplicársele a todos los miembros de la PAH y a casi todos los que salimos con frecuencia a manifestarnos. Incluso a lo mejor podrían aplicárselo a Noam Chomsky o a Michael Moore, que, como todos sabemos, no deben de estar muy bien de la cabeza. Seguro que también Marx y Mandela, y el Che Guevara, tenían algo de eso.

En estas claves se mueven los comentarios que hace el psiquiatra forense José Cabrera en el citado publirreportaje. En los primeros minutos, se permite pontificar que «casi el 80% de ellos» [se refiere a los que participan en movilizaciones] presentaría trastornos de personalidad disocial»… ¡con un par! Para que ponderemos mejor la calidad del reportaje, la voz en off nos dice que de estos manifestantes «no ha sido fácil encontrar sus imágenes, pero tras una ardua investigación periodística, les mostramos a muchos de ellos con las manos en la masa». El caso es que yo diría que las imágenes que se ven en el presunto reportaje las ha proporcionado, tras esa «ardua» investigación «periodística», la policía… ¡menudo trabajo de investigación! Por supuesto, no se desaprovecha la oportunidad de identificar protesta con delito al emplear la expresión «con las manos en la masa».

Poco después, la voz de la ciencia habla de nuevo por boca del doctor Cabrera, ahora refiriéndose a Alfon, el peligroso joven de Vallecas acusado por la policía de llevar explosivos en su mochila el día de la huelga general de noviembre de 2012. «El perfil: sujeto que básicamente no ha conseguido ningún objetivo estructurado en su vida social, laboral, ya sea de pareja o con su propia familia, y que necesita proyectar ese rencor que ha ido acumulando en un grupo que sustituye a su familia». Esta parrafada es ya alucinante. Está hablando de un joven de 21 años «que no ha conseguido ningún objetivo estructurado». El comentario, para ser consecuente, podría aplicárselo el doctor Cabrera a miles y miles de jóvenes (y menos jóvenes) que han salido del país a ver si consiguen algún objetivo «estructurado», como un empleo, y a millones en este país que tampoco lo consiguen y que, incluso consiguiendo un empleo, no consiguen salir de la pobreza con los sueldos de miseria que se les pagan. El objetivo «estructurado» de conseguir empleo o vivienda parece que lo tienen más que difícil millones de jóvenes en este país… A ver si va a ser un problema social, en vez de individual, doctor Cabrera, a ver si va a ser la sociedad la que está desestructurada. Pero el doctor no se queda aquí, sino que se permite hablar de lo que Alfon ha conseguido o no ha conseguido en materia de pareja incluso… ¡con 21 años! Y ahora viene la conclusión «científica»: ¡necesita proyectar todo ese rencor!… y ¡claro! por eso acude a manifestaciones y hace huelgas y protesta… ahora lo vemos nítido, gracias a este brillante análisis «científico».

En fin, parece que para estar sano y no caer en alguna de las categorías del DSM hay que contemplar imperturbable como un lama las injusticias y atropellos que vemos diariamente. Y si te despiden o desahucian a alguien de tu alrededor, nada de salir de manifestación a juntarse con psicópatas…. tranquilito en casa y a ver Telemadrid, las soluciones a nuestros problemas vendrán solas, sin necesidad de moverse y de juntarse con los demás.

Por mi parte, dado que he ido a alguna manifestación en apoyo a Alfon, e incluso estuve en la Audiencia Provincial de Madrid hace unas semanas concentrándome el día de su juicio (al que, sorprendentemente, faltaron los policías que eran los principales testigos porque «estaban de permiso»), el reportaje me ha dejado muy inquieto, ya que lo mismo mi estado mental es preocupante. Quizás debería ir a la consulta del doctor Cabrera, a ver qué me diagnostica y qué terapia me prescribe.

Para mí que Alfon y su familia lo que tendrían que hacer con este señor y con este presunto reportaje «periodístico» «de investigación», según sus perpetradores, es ir al juzgado de guardia. Es indignante que un señor, por mucha corbata y mucho título que exhiba, se permita comentarios de esta calaña haciéndolos pasar por observaciones científicas, y en una televisión que, encima, nos vemos obligados a pagar con nuestros impuestos. Aunque es muy probable que el doctor Cabrera no lea este artículo, yo le aconsejaría que analizara, con un poco más de rigor científico si le es posible, a los psicópatas que nos gobiernan y a los que dirigen el mundo, que nos están llevando a un desastre monumental y encima quieren anestesiarnos con basura informativa.

Y una postdata: soy perfectamente consciente de que ni toda la psiquiatría ni todos los psiquiatras responden a este modelo: ahí están los González Duro, Castilla del Pino y otros muchos que no denigran así la ciencia ni la profesión.

Fuente: http://www.cronicapopular.es/2014/10/telemadrid-pseudoperiodismo-y-pseudociencia/

Pedro López López es Profesor de la Universidad Complutense