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Entrevista a Carlos Manuel Juárez, periodista mexicano amenazado

«Tengo miedo, pero no terror»

Fuentes: La Marea

Entrevista al autor de Vivir con el narco, que se encuentra temporalmente en España para «tener un respiro» tras haber sido amenazado por sus trabajos sobre corrupción, narcotráfico, violencia medioambiental, derechos humanos y desapariciones forzadas.

 

Carlos Manuel Juarez. Foto: Óscar Martínez López / AVC Noticias.

Se llama Carlos Manuel Juárez, es periodista y procede de Tamaulipas, México. Tiene 33 años y es autor de varios libros y reportajes como Vivir con el narco o La muerte de Ronnie no fue natural. Ahora se encuentra en España, país al que llegó para «tener un respiro» después de haber recibido amenazas por sus trabajos sobre corrupción empresarial y política, narcotráfico, violencia medioambiental, derechos humanos y desapariciones forzadas, un asunto que salpica a organizaciones criminales, pero también a la policía y el ejército.

Los ataques y amenazas contra periodistas son el pan de cada día en México. Sin ir más lejos, en 2017 México fue el país con más periodistas asesinados de todo el mundo (13, en total), por delante de naciones como Siria, Iraq y Yemen.

Juárez reside ahora en Barcelona gracias al programa de acogida temporal de Taula per Mèxic, una asociación catalana que trata de proteger y ayudar a periodistas y defensores de los Derechos Humanos mexicanos. A su paso por Madrid y a punto de cumplirse un año del asesinato del reportero Javier Valdez Cárdenas, este joven periodista recibe a La Marea para hablar sobre su trabajo, el turbulento presente de quienes ejercen el periodismo en México y el futuro de este país.

¿A qué se deben las últimas amenazas que ha recibido?

Recibí dos amenazas, aunque no estuvieron directamente ligadas al narcotráfico, sino a un grupo criminal vinculado con casos de corrupción. En México el umbral entre delincuencia, políticos y empresarios es muy difuso. Hice un reportaje que incluía a políticos y empresarios y eso motivó la amenaza. Retiramos el reportaje de la web y el asunto quedó cerrado, no tocamos más el tema.

¿Tal cual?

Sí, por seguridad de todos. El reportaje implicaba a un despacho contable con bastante reconocimiento social, y que formaba parte de una trama financiera del ex gobernador Javier Duarte, que fue extraditado de Panamá a México. Fue el tema más arriesgado, aunque antes ya había sacado otros en los que yo mismo subestimé el nivel de amenazas. En esta ocasión fueron más directos, y por eso estoy acá.

Para contextualizar, ¿cómo actúan los periodistas en México cuando reciben amenazas? ¿Pueden acudir a la policía?

En México lo último que piensas es en acudir a la policía o a la Procuradoría [institución que controla a la policía de investigaciones], hay una desconfianza completa en las autoridades. Lo que sí nos sirve mucho es tender redes entre periodistas, con la familia y con amigos. Yo acudí a Artículo 19, una ONG internacional que protege la libertad de expresión. Pertenezco a esta ONG y ellos me guiaron en el tema legal. En México tenemos un mecanismo de protección a periodistas y al principio dudé en si era mejor entrar o no, porque eso implica darle tus datos al Gobierno, pero gracias a Artículo 19 decidimos dar el paso y dejar constancia de que yo estaba amenazado, para que si me pasa algo en el futuro, quede constancia.

Usted vuelve el mes que viene para cubrir las elecciones, ¿cómo va a garantizar su seguridad?

La verdad, es algo que he pensado muy poco. Hay algo que tengo muy claro: tengo miedo, pero no tengo terror. Hay cosas que no me paralizan. He hecho las cosas bien, no soy un periodista corrupto, no tengo miedo a que me criminalicen. Tengo miedo por mi familia y por mi pareja, pero sabernos personas íntegras y cabales da confianza para andar por la vida. Aprovecho para decir que la Taula per Mèxic hace un trabajo muy importante. Yo soy el tercer periodista que viene a España, pero antes vino Alberto Escorcia, experto en seguridad digital que había participado en investigaciones muy importantes y fue atacado. También vino Martín Durán, periodista de Sinaloa, la casa del Cártel de Sinaloa. Durán era cercano a Javier Valdez y también estaba muy amenazado. Es triste que existan estas situaciones que nos fuerzan a salir de nuestro país, por eso los trabajos de la Taula son tan importantes. El apoyo del Ayuntamiento de Barcelona a este proyecto es una forma de reconocer lo que está pasando en México.

¿A qué se agarran los periodistas en México para seguir trabajando en circunstancias así?

Yo creo que no cambiará de golpe todo, pero sí poco a poco. Pensar que no va a haber un cambio es triste, creo que hay cosas que no pasan tanto por pensar en un cambio rotundo, sino que en temas como el de los desaparecidos, en el que he trabajado mucho, alivia ver que puede ayudar a las familias a que sus casos se sepan. Cuando estos casos salen en un medio y las familias reciben apoyo por redes sociales, o se conocen entre sí y se reconocen entre sí como un mismo problema, se conforman colectivos, y en este tema de la violencia ha quedado claro que es importante que los medios acompañen estos procesos porque esto permite que los colectivos se conformen y se enfrenten a situaciones tan difíciles como esta.

Por primera vez, la Corte Interamericana de Derechos Humanos ha decidido investigar un caso de desaparición en el que está implicado el Ejército mexicano. ¿Qué representa?

Me parece importante que pase esto. El caso Alvarado es muy relevante porque a nivel internacional se piensa que el crimen organizado es el único que mata, secuestra y genera desapariciones, pero en México el ambiente es tan turbio que a veces los mismos policías son los que secuestran, o los militares hacen desaparecer gente. Darse cuenta de eso ha sido un proceso largo, y hay trabajos que lo explican muy bien. Por ejemplo, Cadena de Mando es un trabajo periodístico que demuestra que hubo una época en la que los militares tenían la orden de matar a cualquier detenido, eran ejecuciones extrajudiciales. El caso Alvarado sentará un precedente a nivel internacional, dejando constancia de que se puede juzgar a militares implicados en este tipo de crímenes. Piensa que en México hay 34.000 desaparecidos en los últimos ocho años, desde que [el expresidente] Calderón inició la guerra contra el narco. Tamaulipas, el Estado del que vengo, es el que registra más desaparecidos, con 6.000 desapariciones denunciadas, aunque se habla de más de 7.000 casos. Es un problema urgente y hasta ahora las personas con familiares desaparecidos son las que han empujado para que se creen leyes, son ellos los que buscan sobre el terreno.

¿Por qué no hay más presión internacional sobre el gobierno de México a este respecto?

México ha sido un país sordo y cínico en el contexto internacional. Fíjate en el caso de los 43 desaparecidos de Ayotzinapa. El tema atrajo mucha atención internacional, pero cuando el gobierno de México se vio contra la pared, decidió descalificar todo el trabajo del Grupo Interdisciplinario de Expertos Internacionales que fue a estudiar el caso Ayotzinapa. El gobierno rechazó su informe y expulsó a esos expertos del país. A parte también la ONU, el propio Alto Comisionado para los Derechos Humanos en México, Jan Jarab, ha hecho múltiples señalamientos a diferentes gobiernos, a nivel estatal y federal, pero ni al presidente y ni a los gobernadores les interesa cumplir con esos llamamientos internacionales.

El PAN de Calderón fue el que destapó el avispero. Ahora gobierna el PRI, ¿qué responsabilidad tiene en todo esto?

Por un lado omitió responsabilidad, por otra parte actuó con estas mafias y grupos criminales, que crecieron al amparo y al mismo tiempo que ciertos grupos políticos. Por ejemplo el Cártel del Golfo, que es el cártel histórico de Tamaulipas y empezó en los años 30, primero con contrabando de whisky, luego cocaína y después sus delitos se diversificaron, siempre estuvo acompañado de políticos. La prueba más clara es que actualmente el gobernador de Tamaulipas entre 1999 y 2005, Tomás Yarrington Rubalcaba, y su sucesor, Eugenio Hernández Flores, están detenidos, el primero por delincuencia organizada y delitos contra la salud, el segundo pendiente de un proceso de extradición porque una corte de Texas le acusa de blanqueo de dinero, desvío de fondos públicos y colusión con el crimen organizado.

Año electoral en México y todo apunta a que podría ganar Manuel López Obrador. ¿Cree que si lo hace, la situación podría cambiar? ¿Es usted optimista al respecto?

No soy muy optimista con Obrador, porque él también tiene sus lados oscuros. Creo que va a haber dos factores importantes: por un lado, un ambiente positivo y esperanzador en la gente si gana Obrador, pero también habrá que pensar qué tipo de oposición tendrá, quién vigilará sus acciones. De momento es el único de los cinco candidatos que plantea abrir un proceso de paz, una salida distinta a esta violencia, y creo que ahí se abre una ventana. Pero tendrá que ir acompañada de una explicación clara. Una de las propuestas principales de Obrador es acabar con la corrupción, pero su explicación es vaga: dice que como él no es corrupto, nadie en su gobierno lo será. Habría que esperar. Hay gente alrededor de él que es interesante, pero también hay muchos priistas. Se dice que MORENA, el partido de Obrador, es el basurero del PRI. Es por eso que uno no se puede fiar totalmente de Obrador. Habrá que prestar atención al rol de la sociedad civil y cómo se organiza para vigilar al gobierno y exigirle.

A nivel social, ¿hay consciencia del problema que supone tener a tantos periodistas asesinados y amenazados?

Yo creo que no. Este tema se hizo muy evidente con el asesinato de Javier Valdez el 15 de mayo de 2017. Nos dimos cuenta de que la sociedad no arropa a los periodistas, pero esto es recíproco. El grueso de la gente no distingue entre medios y periodistas, los mete a todos en la misma bolsa, y en estados como Tamaulipas la gente dejó de ver la realidad en los medios de comunicación. Por ejemplo, la gente veía que había balaceras, pero los medios informaban de tal o tal construcción. De ahí la falta de respaldo. Además, en contextos como Tamaulipas, con 14.000 muertos en los últimos 12 años, hay tantos asesinatos horribles, de doctores, de niñas, de periodistas, que al final no importa.

Usted escribió sobre violencia ligada a empresas, en concreto sobre una filial de ACS, propiedad del español Florentino Pérez. ¿Puedes hablarme un poco al respecto?

Ese es un reportaje que hice con Daniela Rea, editora y periodista mexicana que ha trabajado mucho el tema de la violencia desde el lado de las víctimas. Hicimos el reportaje en San Fernando de Tamaulipas, municipio símbolo de la barbarie. Allí en 2010 hubo una masacre en la que murieron 72 migrantes, después en 2011 fueron asesinados otros 192s, y en 2017 unos reos se escaparon de la cárcel con la consigna de matar a Miriam Rodríguez Martínez, una de las activistas más importantes del tema de desaparecidos, que buscaba a su hija. En ese municipio en 2017 PEMEX [empresa estatal petrolera de México, en proceso de privatización] adjudicó un bloque petrolífero a Iberoamericana Hidrocarburos, filial del Grupo ACS. Empezaron a extraer con métodos convencionales y después con fracking, una técnica que estaba prohibida. En el reportaje mostramos cómo convive una industria tan poderosa como la petrolera con la industria de la muerte y el crimen. Cuando fui a campo no pude explicarme cómo ambas industrias convivían sin tocarse ni hacerse daño. En medio, una población rural muy pobre que al principio vio la llegada de esta empresa como una oportunidad, para vender comida a los trabajadores y demás. Pero un día el crimen organizado, el Cártel de los Zetas, le dijo a esa gente que o pagaban un millón de pesos [43.000 euros] o los matarían. La gente se fue y abandonó esos terrenos. Ese es el panorama de la región, allá la violencia ha desarticulado las voces críticas, y las que quedan prefieren guardar silencio por miedo.

Sobre el terreno, ¿cómo se articularían el poder empresarial y los cárteles? ¿Hay acuerdos no escritos de convivencia?

Yo seguiré indagando en esa cuestión. Hasta ahora lo que tenemos es contexto y preguntas. Por la experiencia de México, hay empresas que han llegado a pactos no escritos con la delincuencia para que los dejen trabajar. En los momentos más álgidos de la violencia en Tamaulipas, no había una sola empresa que no pagara para que los dejaran en paz. Me parecería raro que no hubiera algún tipo de trato que permitiera los negocios de Iberoamericana de Hidrocarburos.

Desde un lugar como España, ¿cómo se puede apoyar a los periodistas mexicanos?

Lo primero, informar sobre lo que está pasando. Entiendo que es difícil dar espacio y profundidad a lo que sucede en lugares como Tamaulipas en los medios extranjeros. Además, la situación española actual no es fácil, donde también hay represión a la libertad de prensa. También debemos crear redes, explicar acá lo que pasa en México y viceversa, para abonar una idea clave: la violencia es superlativa en México porque llega a la muerte, pero acá en España tampoco estamos totalmente alejados de eso, de esa represión.

Fuente: https://www.lamarea.com/2018/05/09/periodista-mexico-amenazado-borrador/