El siguiente texto forma parte del libro ’30 años de Rebelión. Información alternativa y emancipadora’
1996 fue un año bisiesto. El 1 de enero fue lunes. Naciones Unidas decidió que ese sería el Año Internacional para la Erradicación de la Pobreza. Fue el año en que el PP de José María Aznar ganó por los pelos al PSOE de Felipe González, el superordenador Deep Blue venció por primera vez al ruso Garry Kasparov en una partida de ajedrez y en Los Ángeles (California), el informático indio Sabir Bhatia lanzó el sitio web Hotmail.com, el primer correo electrónico gratuito.
Ese mismo año los servicios secretos israelíes asesinaron a Yahya Ayyash, activista de Hamás y el Congreso de Estados Unidos aprobó la Ley de Sanciones a Irán y Libia, mediante la cual establecía medidas de boicot económico contra estos dos países.
Ese año nació Rebelión.
Un periodista y un informático, compañeros de militancia del barrio y muy comprometidos con los movimientos de izquierdas en América Latina, llevaban tiempo hablando de la nefasta calidad de la información que los medios de comunicación convencionales ofrecían sobre la realidad. El informático le contó al periodista que Internet ofrecía la posibilidad de crear un medio de comunicación escrito sin necesidad de recursos económicos y con muy poca complejidad tecnológica. Le preguntó si creía posible crear un equipo de personas solvente que pudiese aportar contenidos con regularidad. Pronto se unieron algunas personas más. Otro informático, otro periodista y un cantautor, compañeros con afinidad política y convencidos del sentido del proyecto se embarcaron e inventaron Rebelión.
Se diseñó una portada en la que aparecía la niña morena de ojos oscuros que siempre ha estado presente en las diferentes versiones de la web. Se perfilaron las mínimas secciones y se buscó servidor. En aquel momento la organización IEPALA estaba montando Eurosur y Sodepaz Nodo50. Este último se estaba retrasando y se quería empezar ya, así que el equipo decidió apostar por Eurosur. Siempre fue un aliado fundamental para Rebelión y un apoyo sólido en algunos momentos de dificultad.
Rebelión se presentó en la Fiesta del PCE de 1996.
Se empezó a funcionar. Todo era nuevo y aparecían dudas en cada paso e infinitos tropiezos informáticos. Cómo saber que quien te escribía era quien decía ser. Qué hacer cuando te pedían contactos. Cómo contrastar la información que llegaba. Poco a poco se fue conformando una red de colaboradores, organizaciones y fuentes que se fueron añadiendo a Internet. La fuerza de los acontecimientos convirtió Rebelión en un diario.
Echando la vista atrás, hay algunos hitos que se han quedado grabados. Uno fue casi al principio, al informar sobre la propuesta de paz de las FARC en Colombia, Rebelión fuese acusada de ser un medio afín a la guerrilla. Empezaron a llegar amenazas al correo y nos aconsejaron extremar la precaución, no viajar al país y que, sobre todo, algunos compañeros no usasen sus nombres y se pusiesen pseudónimos. Eurosur recibió y rechazó las presiones para expulsar a Rebelión del servidor. Una cosa más que agradecer.
Con cada crisis internacional crecían las visitas y aparecían decenas de colaboraciones de personas, algunas no eran conocidas y otras eran referencias para nosotras. Personas que habíamos leído y seguíamos desde hacía tiempo querían escribir en Rebelión. También algunos de los fundadores se fueron convirtiendo en firmas muy reconocidas. Ni unas ni otras esperaron nunca ninguna compensación económica y Rebelión continuó creciendo, alimentada por una enorme cantidad de trabajo no monetizado.
Todas las personas que hemos participado de una u otra forma tenemos en la memoria el intento de golpe de Estado contra el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela en 2002. Ese fue uno de los momentos en que se necesitaba más que nunca una información diferente. Rebelión fue el enlace entre Venezuela y el mundo en un momento en que se cortaron las comunicaciones. Fue el momento de mayor despegue y quizás también el instante en el que el equipo que lo coordinaba fue consciente de que el sueño que lo había impulsado tomaba forma y adquiría todo su sentido.
Se fueron incorporando más personas al equipo. Casi ninguna éramos periodistas. Recibíamos unas indicaciones que eran casi como una biblia. Mantener el criterio de privilegiar la información y los análisis que no tenían cabida en otros medios, contrastar lo que queríamos subir, poner siempre la fuente original y enlazar esa fuente cuando las piezas habían sido tomadas de otros medios digitales. Las secciones fueron creciendo, unas veces se abrían por el propio interés de quien las iba a mantener, otras porque la propia coyuntura obligaba a hacerlo.
Otro empuje inconmensurable fue el increíble equipo de traducción que se incorporó al proyecto. Se traducía con una enorme calidad de muchísimos idiomas. Los y las traductoras tenían mucho criterio político al seleccionar las piezas que traducían. Se autoorganizaban entre ellas y luego enviaban los textos a quien tenía la responsabilidad de la sección a la que iban dirigidos. Fueron, de facto, tan importantes para el proyecto como los propios editores.
Haciendo un ejercicio de memoria, hay algunas cuestiones que nos parecen que merecen comentario. La primera es que la opción por un medio de información desmonetizado y activista es meditada y consciente. Desde el principio, no se movió dinero, no se pagó nada salvo el alojamiento en el servidor, que además era poquito porque nos hicieron un precio amigo. La programación, el diseño de la base de datos y el soporte informático lo hacían miembros del propio equipo, no se pagaban contribuciones ni sueldo alguno.
Rebelión no tiene sede. Un equipo de personas que desde sus ordenadores y en sus casas colaboran para hacer un periódico. Es el testimonio vivo de que no es el capital el que crea la riqueza, informativa en este caso, sino la capacidad de trabajo de las personas. Profesionalidad, militancia y calidad pueden ser conjugadas a la vez.
La segunda es que Rebelión fue y es un medio que funciona de forma más o menos horizontal. Es verdad que quienes más trabajaban tenían más peso, pero debido a su mayor presencia. A quienes metíamos menos tiempo no nos parecía mal. En cualquier caso nos hacíamos oír y nuestras voces pesaban.
El método de trabajo pivotaba sobre los responsables de sección que se encargaban de mantener los contenidos y valorar los textos que se envían para ella. Además, cada responsable contribuía en lo que podía a las secciones del resto.
Llegamos a crear un conjunto de reglas, las menos posibles, que pudiesen resolver discrepancias a la hora de publicar algún texto o enfocar algún proceso político. Obviamente, había que escuchar y aceptar las consideraciones que hacía el resto del equipo a la sección que cada persona coordinaba. Las dudas sobre la publicación o no de un texto, o la petición de retirada de algo publicado se resolvían mediante un referéndum que era vinculante. La mayor parte de las veces sirvieron para llegar a acuerdos más o menos de consenso. En algunos casos no funcionaron, en nuestra opinión, no tanto por los desacuerdos en sí, sino por las tensiones que provocaban algunas relaciones cuando se dañaban. Como sucede siempre, algunas personas se alejaron y fueron entrando otras nuevas.
Anualmente, se celebraba una reunión presencial. En una de estas reuniones nos pillaron las elecciones en las que Aznar perdió el gobierno en favor de Zapatero. Casi no pudimos hablar de nada de lo que llevábamos en el orden del día. Estuvimos todo el tiempo pendientes de cubrir las noticias que nos venían llegando de todas partes.
Esas reuniones fueron importantes para crear lazos que iban más allá del trabajo común en Rebelión. Muchas veces venían parejas, hijos e hijas de los miembros del equipo y el trabajo sesudo y la toma de decisiones se combinaba con las cenas, los paseos, los juegos y muchas, muchas risas. También, de vez en cuando alguna que otra lágrima. Durante muchos años los encuentros anuales fueron para nosotros un evento muy deseado.
La tercera es la constatación de lo difícil que es hacer periodismo alternativo. Entre muchas personas activistas se ha instalado una enorme pereza y hay gente que deja de leer cuando se sostiene una idea que no comparte o no aparece la afirmación que desea encontrar. Sorprende, y sucede en cada medio alternativo, que cada vez que sale un artículo polémico, por más que esté bien escrito y sea correcto en el trato, si no gusta lo que dice, se sucede una cascada de mensajes y protestas. Es una cuestión que los y las lectoras hemos de hacernos mirar.
La cuarta es que la independencia de los medios no es solo una cuestión de no depender económicamente de algún determinado poder. Cuando se establecen lazos con colaboradores habituales cuesta muchísimo decir que no. Evitar el conflicto con alguien a quien aprecias o que tiene un ego del demonio conduce a incluir textos que no deberían estar. También la proximidad a diferentes procesos políticos puede empujar a sobreiluminar determinadas visiones y a tratar de oscurecer críticas. Es humano y lo único que protege de esa falta de independencia es contar con un equipo plural y una construcción colectiva honesta. No pocos problemas vinieron de esa interacción delicada, artesanal y extremadamente frágil si la orientación de algunas de las personas hacia lo común y lo colectivo no es sólida.
Nosotros salimos hace ya algunos años. Nos fuimos embarcando en otros proyectos y en algún momento supimos que ya no teníamos que estar allí. Algunos de nuestros mejores amigos siguen al pie del cañón. Manteniendo viva esta pequeña maravilla. De otros nos distanciamos aunque conservamos el afecto y el respeto que se siente por aquellos junto a los que construiste algo de lo que te sientes orgulloso.
Rebelión fue uno de los primeros medios alternativos y abrió brecha para toda una constelación de información rebelde que existe hoy y que entonces era difícil imaginar.
Comenzamos 2026. EE.UU. ha intervenido militarmente en Venezuela. Irán está en llamas. El pueblo palestino sufre desde hace más de dos años una situación de genocidio atroz. Puede que la coalición de gobierno que conforman PSOE y Sumar caiga. La mal llamada inteligencia artificial y las redes sociales en manos de supervillanos de cómic milmillonarios posibilitan un control descomunal.
Treinta años que, mirando desde arriba, son una especie de ciclo distópico en el que todo lo feo es más superlativo.
Mirando a ras de suelo, sin embargo tenemos cosas que celebrar. Seguimos necesitando otra información y Rebelión sigue siendo un milagro. Abrir la página y ver a la niña de ojos oscuros que te mira desde el rincón superior izquierdo de la pantalla es saber que hay lugares en los que seguir haciendo pie.
Toño Hernández es ingeniero técnico industrial. Trabajó en diversas empresas de servicios informáticos. Fue socio trabajador de Garúa Sociedad Cooperativa, entidad de la economía social dedicada a las transiciones socioecológicas. Con respecto a Rebelión, fue fundador y estuvo vinculado al mantenimiento técnico del medio durante años. Coyunturalmente fue responsable o corresponsable de algunas de las secciones como por ejemplo Venezuela o Ecología Social.
Yayo Herrero es socia trabajadora de Garúa Sociedad Cooperativa y profesora universitaria. Se vinculó a Rebelión en 1997 y participó en el equipo durante varios años. Fue responsable de las secciones de África, Otro mundo es posible y corresponsable de Ecología Social.
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso de las autoras mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


