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Venezuela: Medios con libertad incondicionada

Fuentes: Rebelión

Se ofrece pequeño resumen de algunas columnas de opinión publicadas en la prensa venezolana durante la segunda semana de junio de 2006. El día 17 en el diario El Nacional, Andrés Stambouli definió a la política de Hugo Chávez de la siguiente manera: «La búsqueda permanente de la aniquilación de la oposición es una política […]

Se ofrece pequeño resumen de algunas columnas de opinión publicadas en la prensa venezolana durante la segunda semana de junio de 2006.

El día 17 en el diario El Nacional, Andrés Stambouli definió a la política de Hugo Chávez de la siguiente manera: «La búsqueda permanente de la aniquilación de la oposición es una política de gobierno y de Estado, negación absoluta de los valores y ética de la democracia»

Cuesta definir como veraz tal afirmación, asegurar que en Venezuela se busca la aniquilación de la oposición parece ser una falta a la verdad, basta mencionar que muchos de los responsables del golpe de estado de abril de 2002 caminan tranquilamente por las calles.

Ninguno de los responsables del frustrado asalto al poder fue condenado a muerte ni resultó víctima de atentados o asesinatos para-estatales.

A menudo los principales columnistas de la prensa venezolana evidencian su desprecio por sus propios compatriotas. El jueves 15 Milagros Socorro en El Nacional opina: «Que tremendo esfuerzo hay que hacer en Venezuela para conservar algún respeto por las masas. Esas masas que en 1992 se rindieron fascinadas por el teniente coronel que apareció en televisión asumiendo su responsabilidad por el sangriento y fallido golpe de estado….esas masas -quizás masitas porque, sin duda han mermado-…»

(La valorización de estas afirmaciones aparecen al final de la nota).

Otros casos

Rafael Díaz Casanova en su columna de «El Universal» del viernes 16 expresó conceptos como los siguientes: «…estamos enfrentados a un personaje a quien debemos derrotar antes de que él acabe con el país…Democracia es otra cosa y lo que vivimos está mucho más cerca de sistemas abominables y desechados por casi todas las naciones.»

(La valorización de estas afirmaciones también aparecen al final de la nota).

La caratulización de Chávez como un violento dictador también fue promovida por Argelia Ríos en El Universal del mismo día. Primero parafrasea a Chávez en un acto de entrega de fusiles rusos: «Vean ustedes bien lo que estoy empuñando. No es un juguete. Es una Kalashnikov auténtica, cargada para la guerra…Esa es mi propuesta: la toman o la toman».

Según Argelia, en la concepción del gobierno venezolano, un pueblo organizado es un riesgo de insurrección inaceptable. Extraña paradoja, el pueblo venezolano alcanza sus niveles de organización y de concientización más altos durante el gobierno actual.

Más interpretaciones de la autora: «Su promesa (la de Chávez obviamente) es la guerra para perpetuarse en el poder, una guerra para aniquilar a sus viejos y nuevos enemigos».

En sus columnas difícilmente aparezca mención alguna a la guerra de Irak o Afganistán.

Mientras tanto Argelia sigue opinando libremente sin sufrir represalias.

El golpe de estado de abril de 2002 siempre es materia de controversia. La peculiar visión de la asonada oligárquica dispara inexplicables razonamientos como el de Colette Capriles en El Nacional del jueves 15: «En abril de 2002 el Gobierno vio la eficacia del miedo. Lo amaestró y ahora lo usa. Pero siempre puede uno preguntar si no tiene también, el Gobierno, miedo a la democracia».

Una pequeña muestra de cómo se puede tergiversar la historia desde un medio de comunicación masivo.

Lo más sensato hubiese sido que Colette publicara: En abril de 2002 la oposición descubrió la ineficacia de su estrategia golpista. Siempre puede uno preguntar por qué se intentó derrocar a un gobierno elegido por la amplia mayoría del pueblo venezolano, por qué intentaron abolir la democracia en vez de presentar a su candidato para el próximo período constitucional.

Último ejemplo

Para Ildebrando Portillo, quien para no perder las mañas sigue coqueteando con el golpismo desde su columna de El Universal del miércoles 14. Para el colega, Chávez es «un caudillo que arrebata la libertad al pueblo de un modo horrible y doloroso. Por consiguiente, el pueblo que ama la verdad tiene que buscar, a fin de cuentas, su libertad».

A Portillo le vamos a recomendar, al igual que a la colega Ríos y al compañero Díaz Casanova -y con la más absoluta humildad por supuesto-, que lea atentamente los diarios, especialmente el mismo Universal donde suelen publicar, pues el mismo día en el que Portillo denunció que el presidente venezolano arrebata la libertad de un modo horrible y doloroso, una encuesta publicada en la página 4 de la sección 1 del mismo matutino, difundía que un 78 por ciento de los venezolanos apoyan al presidente Chávez.

A los editores responsables de El Universal también me permito recomendarles que no ofrezcan espacios a columnistas que estén disociados de la realidad, pues pueden caer en la tentación de intentar manipular a la opinión pública, una práctica que no se atiene a los principios más básicos de un sistema democrático del que algunos evidentemente abusan.
En la «dictadura» venezolana, como se ve, las opiniones fluyen libremente.