La forma álgida del debate electoral en el país se asocia directamente a los fracasados intentos por salir de la crisis estructural que se viene arrastrando, cuando menos, desde inicios de los ochentas. Debido a su profundidad, la salida no se resuelve nombrando un nuevo partido en la presidencia, o con algunas transformaciones en el régimen político, aunque tales cambios parecen apuntalar las apuestas en una dirección específica. Aún con esto, algunos procesos electorales son entendidos como eventos definitorios, y en consecuencia se disputan con exacerbada pasión.
Para ilustrar estas afirmaciones, nos aventuramos a un rápido recorrido por cuatro grandes momentos de la historia republicana y sus procesos políticos, para señalar cómo el régimen de tipo ultraconservador se ha renovado y ajustado, de tanto en tanto a las necesidades de la acumulación de capital, y desde allí ubicar la identidad entre el trumpismo y la campaña de Abelardo De la Espriella.
- Los “orígenes”: la crisis de fines del XIX
Hacia mediados del siglo XIX la muy joven república de Colombia se orientó por el cauce liberal radical, dando lugar a una organización política altamente descentralizada. Tal orden encuadraba con la producción agropecuaria para la exportación, realizada en las grandes haciendas donde imperaba la “ley gamonal del fuete”. Pero vino la crisis mundial de los ochenta, cayeron las exportaciones y el tinglado interno se desbarajustó.
La salida llegó de mano de las formas conservadoras, que lograron una recentralización del orden político en nombre de “dios, la patria y el orden”. Tales ideas se plasmaron en la Constitución de 1886 donde el catolicismo se elevó a valor ordenador de la sociedad, en torno al cual debía girar la familia, la educación y la economía; más o menos en el mismo orden que actualmente defiende De la Espriella. Es decir, se era profundamente conservador y retrógrado en términos culturales y políticos, pero liberal en términos de comercio, aun cuando al Estado se le adjudicaba cierta función para propulsar la economía hacia un capitalismo todavía esquivo para el “país”.
La victoria de los conservadores y su hegemonía política perduró hasta 1930, aaunque la construcción de país todavía debía pasar por el desangre de múltiples guerras, entre ellas la de los Mil Días, punto en el cual los liberales radicales fueron definitivamente derrotados.
- Liberales vs conservadores: 2.0
La crisis mundial que se inició en 1929 y se extendió en los primeros años de los treinta, vino a facilitar el cambio en el puesto de mando. Sin embargo, también fue apuntalada por la profunda crisis moral y política de los conservadores, quienes para sostenerse no dudaban en realizar masacres en masa, como lo hicieron en 1928 en las bananeras. Pero además, ese cambio vino empujado por un capitalismo industrial creciente, que reclamaba un espacio y en especial formas de apoyo para consolidarse, vertiente que fue bien interpretada por los liberales, que ya habían hecho su curso de moderación en las dos décadas pasadas.
De esa manera, desde lo económico, las clases con poder se identificaban en la urgencia de consolidar el capitalismo, pero se diferenciaban sobre cuál debía ser el soporte principal para facilitarla: el libre comercio externo y la vieja hacienda o la industria manufacturera orientada al consumo interno. La disputa entre las dos visiones de las élites se extendió durante las siguientes dos décadas, presentándose bajo sus ropajes culturales y políticos como una lucha de vida o muerte entre: conservadores amantes de la constitución, del orden y de Dios o, los liberales-masones y comunistas. Insignes representantes de los partidos fueron Laureano Gómez y Alfonso López Pumarejo, en su orden, quienes hilvanaron ardorosos discursos, que al tornarse creencia entre las masas terminaron en violencia desenfrenada.
Laureano siempre fue un vehemente defensor de una ideología que podría resumirse en la fórmula: Dios, patria, familia, orden y Estado, es decir, fiel escudero de los “valores fundacionales” de la Constitución de 1886. Bajo tales fundamentos se identificó a plenitud con la dictadura de tipo fascista de Francisco Franco en España (1936-1975), en medio de la cual literalmente se “destripó a la izquierda”, mediante la cárcel, la tortura y asesinato descarado de más de 300 mil militantes de izquierda, alentando incluso prácticas totalmente vejatorias en su contra. Es decir, actuó en nombre de su tradición, y gobernó en consecuencia sosteniendo en una mano el crucifijo, mientras con la otra enterraba el puñal.
Y no recordamos esto en vano, porque Laureano en su posición de anticomunista promocionó las bandas de pájaros o paramilitares. Una herencia cultural y política legada como padre a Álvaro y Enrique Gómez, y pareciera que también como abuelo a Enrique Gómez Martínez, jefe político de Abelardo De la Espriella, quien en forma directa está promocionando el resurgimiento del paramilitarismo, al plantear que los reservistas entren a funcionar como bandas de choque y control en varias áreas y temas en el país.
Por su lado, en López Puramejo se encarnó, por así decirlo, la necesidad del reformismo progresista del momento, a través del cual la burguesía industrial se abrió paso en el país. Se le recuerda tanto por las tibias reformas de los años treinta, como por haber reculado en pleno, ante el ataque de los conservadores en 1936. Petro, no pocas veces, se ha parangonado con Pumarejo, en especial cuando ha afirmado que el país requiere más capitalismo, frase en la cual sintetiza su progresismo.
Nótese entonces, que en el comparativo entre perspectivas y personajes pareciera levantarse una especie de paradoja temporal o histórica. No es que el país lleve varias décadas que no logra mirar hacia adelante, sino que, por el contrario, como los cangrejos avanza políticamente y culturalmente hacia atrás, en su creciente aturdimiento por lograr una salida a su crisis.
- La crisis en curso y su postergación
La crisis actual tiene sus raíces temporales en los inicios de los ochentas, cuando se “fundió” el motor de impulso capitalista que fue la industria manufacturera. Desde entonces, el capitalismo descansa cada vez más en formas cuasi-parasitarias que sostienen la ganancia mediante modalidades asociadas a la superexplotación de la mano de obra y de las potencias naturales: narcotráfico, contrabando, explotación petrolera, minería, construcción, ganadería y agricultura extensivas. Todas estas actividades se apalancan en la apropiación privada del presupuesto nacional, lo cual debe entenderse en una doble vía. Por un lado, la evasión y elusión de impuestos (100 billones) y la corrupción directa sobre el presupuesto de gasto (50 billones). Por otro lado, el acceso privilegiado a negocios como salud (100 billones aanuales), pensiones (45 billones aanuales) y el servicio bancario de la deuda pública (110 billones aanuales), sin contar el acceso privilegiado a otros contratos con el Estado.
Es decir, ante la ausencia de un capitalismo competitivo y vigoroso, ha sido bienvenido un capitalismo rentista, de élites, mafias, politiqueros y paracos. Se trata de una forma retrógrada que logra sostenerse, a su manera, mediante su anclaje en la política. Por eso la disputa electoral se convierte en una cuestión de vida o muerte para algunos sectores capitalistas, especialmente aquellos que dependen de esas rentas.
- La constituyente neoliberal
La crisis era más que evidente a fines de los ochenta, de modo que, tras una pugna encarnizada con tres candidatos asesinados -dos de ellos de izquierda (Jaramillo y Pizarro)-,las fuerzas se “decantaron” por la salida de ultraderecha, en cabeza de Gaviria. “Curiosamente” como parte de la salida de la crisis se desarrolló la constituyente, de la que en forma mágica brotó una Constitución neoliberal. Se dijo que con ella, el Estado se adaptaba y modernizaba supuestamente mirando al futuro, cuando en realidad sólo se reencauchaban las viejas reglas del libre comercio del siglo XIX.
En el discurso justificador se afirmó que la economía es sinónimo de competencia, por tanto, no debía ser estorbada con criterios normativos o de ética. Es decir, que los negocios son negocios y en ellos sólo importa la ganancia, con lo cual sus impactos sobre la pobreza o empleo son más bien colaterales. Además, se impuso ideológicamente como norma que el Estado es ineficiente y por tanto impede el sano crecimiento de la empresa privada. En consecuencia, debía reducirse lo máximo posible, implicando el cierre de ministerios y la venta a precio de sus empresas.
Fue así que, a cuenta de modernizar y salir de la crisis, extensas propiedades de la nación fueron saqueadas y entregadas a precio de ganga al capital privado. Empresas del sector eléctrico, de la minería, salud, pensiones, educación, tierras, comunicaciones o banca fueron el botín con el que se sostuvo temporalmente la élite capitalista nacional o extranjera. Lo triste es que la magia del neoliberalismo no hizo más que acentuar la crisis, presentando entre 1998 y 1999 su peor racha, mientras en medio de ella varios cientos de miles de familias perdieron sus ahorros y viviendas.
En ese contexto, la medicina de choque -que ya era evidente que estaba acelerando la muerte y sufrimiento del paciente- vino a ser reduplicada bajo el reforzamiento de la ultraderecha, mediante la forma del uribismo, que en la práctica era una nueva versión de laureanismo. Bajo el paraguas de la seguridad democrática se prometió acabar la guerra en cien días, no obstante, ocho años después la guerra continuaba siendo una realidad inocultable. Siendo eso sí, uno de los resultados centrales que se afectaron sensiblemente fueron los derechos de los trabajadores, diezmados a fin de incrementar las ganancias capitalistas. Ese cambio drástico fue posible mediante la extensión de los paramilitares y los falsos positivos, que impusieron el nuevo orden bajo la ley la motosierra y el fusil.
Curiosamente esta vez la medicina parecía obrar tal como lo predicaban los ideólogos de la economía, a pesar de que el procedimiento consistía en mutilar al paciente. No obstante, sólo se trató de una casualidad que respondía a una coyuntura internacional, por cuanto los precios de las materias primas presentaron un tremendo ciclo de crecimiento favorable en sus precios. Así, durante 2003 a 2014 pareció que la crisis era cosa del pasado y que la fórmula de la prosperidad era: neoliberalismo + paramilitares.
- El rebrote de la crisis
Tratándose de salud existe cierto miedo al rebrote de una enfermedad, en tanto que las medicinas ya no obran en el cuerpo como antes. Esto fue lo que sucedió en el periodo 2015-2019, cuando volvió a ser evidente que la crisis apenas se había paliado mediante la baja los salarios y con los altos precios de las materias primas. Sin más saber e inventiva, la burguesía se mantuvo aplicando las viejas fórmulas, incluso en el difícil periodo de la pandemia.
Fue así que el cúmulo de problemas reventó con toda su fuerza en las protestas de 2019 y 2021, en tanto los costos fueron cargados con más saña sobre las condiciones de vida del proletariado y demás sectores populares. El hartazgo se hizo protesta, y la protesta se transformó en propuesta de cambio; en una agenda que planteó reformas sustantivas y transformadoras en áreas cruciales como empleo, pensiones, salud, educación, tierras, alimentos, energía y medio ambiente. De este hilo, por así decirlo, es que se colgó en forma oportuna Petro, convirtiéndola en su progresismo de factura liberal, la que fue puesta en la escena política como si se tratará de una alternativa realmente factible como salida a la crisis.
Entre fines de 2022 y 2023, esa iniciativa pareció tener ciertas probabilidades de avance, cuando parte de la gran burguesía dio señas de ceder en sus ventajas, ante el temor de que el país se encaminara hacia transformaciones radicales. Pero, a poco que el movimiento social cedió en sus formas de lucha y fue domesticado para esperar que los cambios provinieran del Congreso, en esa misma medida fue creciendo el reacomodo de la burguesía y su ultraderecha.
De aquí, que en principio sólo impusieron recortar las aspiraciones de reformas, luego avanzaron a imposibilitarlas, y desde allí se lanzaron a cercar y quebrantar al mismo gobierno progresista, con lo cual reprodujeron la misma fórmula que le habían aplicado a López en 1936. Con ello, el resultado ha sido que la crisis sólo tendió a crecer y expandirse, pero ahora ventajosamente la ultraderecha encuentra la oportunidad de endosársela al gobierno progresista, toda una lobotomía social que pretende presentar los problemas como si vinieran de hace cuatro años.
- La actual disputa
Es así, que la crisis sólo se ha postergado y en medio de ella la respuesta neoliberal y liberal-progresista han demostrado en la práctica que no funcionan para alcanzar una salida real. Por eso, la pregunta es la misma, ¿cómo salir de ella?
Es en este punto donde el país intenta ser arrastrado nuevamente a caminar de para atrás, al ser tirado por otro reencauche de la vieja ultraderecha, esta vez disfraza de salvadora de la patria. Esta intención es la que contiene el programa de De la Espriella, si así le puede llamar a su inactiva de “país milagro”, en cuanto por un lado mantiene la línea de librecambismo de factura neoliberal, manteniendo al país como fuente de materias primas básicas para los EEUU. Pero, el credo neoliberal se complementa con el rancio discurso laureanista de dios-patria, familia y Estado, por supuesto promovido al calor de la represión y el anticomunismo, condición básica bajo la cual pretende renovar las bandas paramilitares usando para ellos descaradamente a los reservistas.
Este contexto ideológico le permite su identidad y articulación con la ampliación de la hegemonía estadounidense que adelanta Trump. Es así que la corriente MAGA descansa en la patria norteamericana, a la cual le juró lealtad De la Espriella en 2022, y a partir de ese principio rector hacen depender las relaciones comerciales (proteccionismo) y políticas con el exterior. Pero a esa condición se le suma un conservadurismo cultural expresado en la defensa de los valores cristianos y de la familia nuclear patriarcal, procurando someter a las mujeres a las más antiquísimas relaciones de servidumbre y atacando en consecuencia las diferencias de identidad, como si se tratara de darle realidad al “Cuento de la Criada”, ideas que se sintetizan en la corriente “Alt-right”.
En consecuencia, como muchas personas lo están aclarando, De la Espriella es un espantajo prefabricado, según las necesidades del capital y del imperio. De aquí que su discurso de defensa de la patria solo consista en una gran estafa, porque en realidad quiere reversar al país al nivel de colonia. Y en ese propósito Donald Trump ha sido muy explícito, no sólo sobre Venezuela, sino también sobre Colombia, tal como lo revela su mapa donde fija lo que son sus áreas y fronteras de su seguridad nacional, que inician en Groenlandia y terminan en la amazonia de Colombia.
Por estas razones, es fundamental que el Pacto Histórico, como proyecto y partido, decida si se mantendrá unido y fuerte junto al pueblo colombiano. A la vez, resulta importante que aproveche la ventana de oportunidad que se abrió después el 31 de mayo, en tanto la derecha ya se aproximó a sus límites en votos. De aquí que el Pacto pueda ampliar su votación hacia el centro, pero también hacia el campo popular, si sabe unirse a otras organizaciones y movimientos sociales para ganarse a las grandes barriadas, donde habitan las mayorías del proletariado sobrante.
Para que esto suceda con mayor efectividad, también es necesario, a la vez que una oportunidad, que el movimiento social y popular se fortalezca en este contexto. Y esto sólo será realmente posible en la medida que un auténtico programa de transformación social sea anclado entre las masas proletario populares. En este sentido, se ha elevado una propuesta que juzgamos coherente con lo que debe ser una postura progresista, en el sentido de valerse de la reforma, pero en un sentido transformador; la que descansa en el impulso de una nueva estructura productiva sobre la base de una Economía de Fondos Públicos, que articule y desarrolle grandes cadenas de producción con carácter social, en áreas como alimentos y agricultura, insumos agropecuarios, vivienda, cuidado de la primera infancia y la tercera edad, entre muchas otras[1].
A todo ello, es necesario y vital que se retome y
fortalezca la senda de la lucha que traía el movimiento social hasta 2022,
porque sólo de esta manera pueden plantarse cara a los atropellos y
barbaridades que con fiereza se preparan.
[1] https://www.centropraxis.co/_files/ugd/ce68dd_310f11bc75b84acb828adac5fe8c806c.pdf
Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.


