Alberto Pinzón Sánchez

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He recibido varios correos de mis amigos que me piden aclarar un poco más, mis opiniones acerca de la posibilidad de usar o aplicar la categoría gramsciana de Crisis de Hegemonía a la situación actual en Colombia.

El presidente venezolano será garante del proceso de paz entre el Estado colombiano y el ELN.

¿Es como dice el presidente Petro, la mezcla de oro ilegal y cocaína lo que está matando a los colombianos? O ¿hay algo más de fondo, más estructural, que mueve el espiral del histórico sifón sangriento?

El complejo y contradictorio proceso histórico de la Guerra y la Paz en Colombia, desde hace más de 200 años, es decir desde su inicio como Estado Nación integrado en el mercado mundial capitalista, ha sido un largo proceso de despojo capitalista violento sobre las clases explotadas y subordinadas

Así como las nubes tienen en su interior el agua y la tormenta, el capitalismo lleva en su interior la guerra, y en ninguna otra parte del mundo la Historia muestra esta intrincada relación, que cada día cobra mayor actualidad, como en Colombia.

La “reñida” elección presidencial de Gustavo Petro en Colombia, ha llegado al Pueblo Trabajador de la mano de grandes expectativas y esperanzas. Emociones, que cuando no logran sustento en la realidad, se evaporan prontamente convirtiéndose en desilusión y desprestigio.

Aclaración innecesaria: Ciertamente, la elección de Gustavo Petro como presidente de Colombia es un hecho positivo en la ensangrentada historia de Colombia, pero las esperanzas que su gobierno ha generado en la población trabajadora, no implica que se deba renunciar al REALISMO que cualquier análisis crítico, dialéctico e independiente haga de la actual realidad colombiana.

En Colombia, la crisis de legitimidad y de hegemonía del orden establecido ocurrida en 1948 se resolvió con el magnicidio de J. E. Gaitán y la coerción ilegitima y brutal desplegada por el Estado.

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